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Los resultados muestran que existe una preferencia en usar oraciones copulativas con el verbo ser que con los verbos estar y parecer. De acuerdo con Fernández Leborans (2000), desde el punto de vista semántico, existe una distinción entre los verbos ser y estar que se puede expresar en términos de cualidad/estado:

… en las oraciones con ser copulativo, el hablante atribuye una cualidad al sujeto independientemente de una circunstancia, de forma que la información que transmiten es válida en momentos distintos al de la enunciación. Por el contrario, las oraciones con estar expresan estados o situaciones, necesariamente determinados por una circunstancia que no puede ser ignorada por el hablante…y la validez de la información está circunscrita al momento de la enunciación. (p. 2366)

La razón que se aduce es que el verbo ser es, en español, el verbo copulativo puro, semánticamente vacío, insensible al tiempo y al aspecto semánticos; su función característica es la de unir, en relación de predicación oracional, un predicado no verbal con su sujeto, por lo que sirve de soporte para la realización de los morfemas de tiempo, aspecto, número y persona gramaticales, irrealizables en el predicado no verbal. Y, precisamente, la ausencia de especificación aspectual, o relativa al ‗modo de acción‘, hace de este verbo el instrumento gramatical idóneo para construir predicados oracionales que refieren a ‗propiedad‘, y no a ‗estado‘. En términos generales, las oraciones copulativas con ser contienen predicados ‗estables‘ –predicados ‗gnómicos‘ o predicados ‗de individuo‘ (PI)-, distintos de los predicados ‗episódicos‘ (PE). Los PI sirven para caracterizar un individuo como tal, de modo que expresan propiedades estables, concebidas al margen de cualquier determinación espacio-temporal interna o intrínseca, es decir, sin implicación de cambio; contrariamente a los PE, que se refieren a estadios o episodios, con la consecuente implicación de cambio y limitación espacio-temporal (Fernández, 2000: 2366).

En los relatos analizados, las oraciones con ser copulativo29 que se emplean son copulativas de „caracterización‟ (o ‗propiedad‘). De acuerdo con Fernández (2000: 2368-

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La Gramática descriptiva de la lengua española (2000) distingue las oraciones con ser copulativo de las oraciones con ser predicativo (p.2366), y dentro de las primeras, distingue las copulativas de ‗caracterización‘ (o ‗propiedad‘) de las de ‗identificación‘ (p.2368).

2369), se considera atributo de ‗caracterización‘ o ‗propiedad‘ toda expresión que predica del sujeto algún tipo de característica (cualquier tipo de cualidad o rasgo diferenciador, de individualización), permitiendo así su individualización en el universo del discurso. Este atributo puede ser relativo a cualidades: físicas, psíquicas, morales, etc., o a otros rasgos de caracterización (materia, origen o procedencia, posesión o pertenencia, adscripción a una clase, finales o benefactivas).

Las categorías que pueden funcionar como atributo en las oraciones copulativas de ‗caracterización‘ identificadas en los relatos son las siguientes: sintagmas adjetivos, sintagmas nominales, sintagmas preposicionales y sintagmas adverbiales, como se aprecia a continuación:

Sintagma Adjetivo: (57a) ―todo lo del negro es regalado o es robado‖ (Orlando-10). Sintagma Nominal: (57b) ―[ese hotel] es un espacio ajeno a ti‖ (Nelson-3).

Sintagma Preposicional: (57c) ―eso es pa‟negro‖ (Ana-12). Sintagma Adverbial: (57d) ―[él] estaba muy negro‖ (Pedro-8).

Los atributos de caracterización están categorialmente representados por adjetivos léxicos (57a) y participios adjetivos (57b). Entre los que hallamos adjetivos calificativos (57c) y adjetivos relacionales clasificativos (57d). Los segundos sirven para caracterizar al sujeto por su pertenencia a una determinada clase. Tales adjetivos, léxicamente recategorizables en sustantivos por su denotación de ‗clase‘, expresan, entre las nociones caracterizadoras más frecuentes: nacionalidad, lugar de nacimiento, religión, clase social, partido político, institución o escuela, etc. (Fernández, 2000:2370).

(58) a. ―mis hijos son blancos‖ (Orlando-14)

b. ―[todo lo del negro] es regalado o es robado‖ (Orlando-10) c. ―[yo] era inteligente…‖ (Merly-4)

Asimismo, el atributo de caracterización está categorialmente representado por sustantivos sin determinación (58a) y por sintagmas nominales indefinidos (58b) y definidos (58c):

(59) a. ―… mi mujer es afro‖ (Orlando-14)

b. ―[cabello tinturado] es un disfraz‖ (Merly-10) c. ―[yo] era la blanca de la familia‖ (Merly-2)

Es importante anotar que, de acuerdo con Fernández (2000: 2371), el atributo representado por el sustantivo sin determinación (59a) sirve para caracterizar, distinguir o individualizar al sujeto en el universo del discurso por su pertenencia a una determinada clase, pero no en calidad de espécimen o ejemplar, sino de modo que la ‗clase‘ o ‗categoría‘ denotada se asigna al sujeto como un singular ‗distintivo‘ (social). Mientras que el atributo representado por el sustantivo con artículo indefinido (59b), distingue al sujeto como ejemplar del conjunto designado y, poseedor, por tanto, de las propiedades comunes a todos los individuos del conjunto.

Fernández enfatiza que el sustantivo sin determinación es un atributo de caracterización objetiva. Sostiene que la atribución de clase o especie mediante un sustantivo sin determinación se aplica generalmente a seres humanos y tiene que ver con distinciones socioculturales, con roles o funciones sociales; el sujeto es distinguido por adscripción a un prototipo de clase o ‗categoría‘ socialmente convenido (profesión, cargo, rango, oficio, etc.). Estos sustantivos poseen, de hecho, rendimiento adjetivo: califican al sujeto, no por sus propiedades personales, sino por sus características sociales (la clase o categoría social denotada es atribuida al sujeto a modo de propiedad estrictamente, como una especie de ‗calificativo‘).

Además, el atributo de caracterización adopta la forma de sintagmas preposicionales (60a-e) como expresión de rasgos físicos (60a), morales (60b), de pertenencia (60c, e), de función (60d):

(60) a. ―[los demás: los blancos] son de pelo muy liso‖ (Merly-1) b. ―[los años en la escuela] fueron de discriminación total‖ (Daysi-7)

c. ―[cumbia y mapalé] no son para gente como tú‖ (Merly-2) d. ―[la danza] no era para mí‖ (Merly-3)

e. ―esa música es pa‟ negro‖ (Ana-12)

En (60a) y (60b), la preposición de porta una relación de ‗posesión‘ entre su término (el atributo poseído: pelo liso, discriminación total) y el sujeto poseedor (los blancos, los años en la escuela). Aunque, el término de de es un sustantivo sin determinación (pelo, discriminación), existe una diferencia entre los dos ejemplos: en (60a) el atributo cualitativo expresa un rasgo físico; mientras que en (60b), expresa un rasgo moral. En (60c-e), la preposición para sirve para caracterizar al sujeto (danza, música) por la función (finalidad) que le es conferida en relación con las nociones de ‗destino‘.

En cuanto a los adverbios, ser copulativo admite ahí (61a), que es, de hecho, una preforma de un atributo de cualidad (ahí: moreno); y admite el adjetivo malo (61b) en su forma no flexionada, ‗neutra‘, tradicionalmente categorizado como adverbio, que aparece como atributo de cláusula sustantiva.

(61) a. ―[mi primo]no era ni negro, negro, negro, era ahí más o menos‖ (Pedro-8) b. ―era malo ser negro‖ (Pedro-6)

De este uso reiterado de oraciones copulativas de „caracterización‟ (o ‗propiedad‘) podemos inferir que contribuye a naturalizar la desigualdad social, por dos razones: (1) al caracterizar a los individuos mediante la predicación de propiedades estables, concebidas al margen de cualquier determinación espacio-temporal interna o intrínseca, es decir, sin implicación de cambio, presenta la alteridad como algo invariable: las diferencias son permanentes e insuperables; y (2) al atribuir al sujeto algún tipo de característica referida a cualidades de su corporalidad, insiste en lo innato, establece desigualdades determinadas biológicamente como un diferenciador que permite su individualización en el universo del discurso por su pertenencia a una determinada clase y, así, su adscripción a una categoría distinta (la ‗clase‘ o ‗categoría‘ denotada se asigna al sujeto como un singular ‗distintivo‘ social).

Al respecto, cabe recordar que, a diferencia de otras lenguas como el inglés, donde los hablantes sólo cuentan con un signo lingüístico que amalgama los significados ser y estar (To be), el español cuenta con dos signos lingüísticos diferentes: el verbo ser y el verbo estar. El sistema ofrece a sus usuarios la posibilidad de elegir. Pero, como ha mostrado García Meseguer (1994) en su estudio de la relación entre género gramatical y sexismo, el uso que los hablantes hacemos de la lengua es el que está motivado ideológicamente.

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