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VIrtual congeStion control wIth Boost acknowLdgEment: VISIBLE

5.3 Proposed VISIBLE mechanism for downlink traffic steering

5.3.3 VIrtual congeStion control wIth Boost acknowLdgEment: VISIBLE

tos frente a las arbitrariedades de los oficiales reales, de modo que el soberano a la vez que apoyaba a aquellos, veía reforzada su autoridad. Por lo tanto, la Visita se convirtió en un procedimiento a través del cual el soberano actualizaba su capacidad de gobierno.

Carlos I inició una operación de fiscalización de la gestión de los oficiales reales,

que abarcaba en principio a todos los territorios de la Corona de Aragón.3

Esta labor se concretó en el Reino de Valencia con tres Visitas de carácter general, encomendadas a

Pedro La Gasca, Obispo de Elna y Diego Hernández de Córdova.4

Durante el reinado de Felipe II, se produjo una Visita de carácter general en el terri- torio valenciano, la ejecutada por el doctor Quintana.5

Esta inspección plantea algunos

interrogantes: ¿respondía a un hecho puntual? o, por el contrario, ¿formaba parte de

un proceso reformador extendido a otros territorios de la Monarquía Hispánica? En

este sentido, coincide con la Visita realizada a la Cancillería de Granada por don Juan

Redira en 1577 6

y al Consejo de Hacienda y Contadurías mayores por Francisco de Avedillo en 1576.7

También las recomendadas por Mateo Vázquez a distintos organis-

mos de la Monarquía.8

No obstante, la novedad del tema no nos permite —hoy por hoy— establecer comparaciones.

Como ya se ha mencionado, frente a las tres Visitas que recibió el Reino de Valencia durante la época del emperador, en el reinado de su hijo tan sólo recibió una de carác- ter general.9

Una serie de factores, entre otros, pudieron influir en esta situación. Por un lado, el asentamiento de la Corte de Felipe II facilitó un mayor seguimiento de los asuntos de gobierno, por lo que habría una menor necesidad de la Visita sobre todo en aquellos territorios más cercanos a la Corte.

Por otro, el cambio generacional de la Corte coincide con su división en dos grupos: uno a favor de las Visitas, encaminadas a una mayor gestión, caso de Mateo Vázquez, y otro en contra, caso de Antonio Pérez. Las palabras testimoniales de este último no

3 Canet Aparisi,T.: «Juzgar a los jueces. El sistema de Visitas a la Audiencia en la Valencia de Carlos V» B. Anatra y F. Manconi (coords), Sardegna, Carocci, 2001.

4 Giménez Chornet,V.: «Les visites…», p. 477.

5 Ibíd., Giménez señala la existencia de otra visita en 1566, llevada a cabo por Agustín Gallart y Miguel Jerónimo Arrufat. Lo reducido de su ámbito –-sólo en la ciudad de Valencia— y el hecho de que fuese realiza- da por doctores del Real Consell de Valencia, nos hace suponer que fue más bien una comisión.

6 Gómez González, I.: «La Chancillería de Granada en el reinado de Felipe II», Felipe II y el Mediterráneo, t. III, pp. 599-615. La autora indica la existencia de tres visitas realizadas a dicha institución. Junto a la ya men- cionada, señala la de 1563 llevada a cabo por D. Diego de Castilla, deán de Toledo y la última en 1589 ejecuta- da por D. Juan de Acuña.

7 Martínez Millán, J. y De Carlos Morales, C. J.: Felipe II (1527-1598). La configuración de la Monarquía Hispana, Salamanca, 1998, pp. 328-329.

8 Ibíd., pp. 336-337.

9 En 1566 y 1567 tuvo lugar una comisión a la ciudad de Valencia, realizada por Agustín Gallart y Miguel Jerónimo Arrusat, doctores de la Real Audiencia.

dejan lugar a dudas: «Para esto inventaron la Visita contra él y contra otros secretarios (…) Esta manera de juicio se acostumbra en la Corte del rey de España y en algunos rei- nos suyos. Juicio que le tienen abierto a secretas deposiciones años y años contra el que quieren descomponer. Juicio en que no se da traslado de proceso ni de testigos, sino sólo los cargos, y que Dios le ayude a cada uno en su descargo. Juicio en que por la

mayor parte no se examinan a los enemigos, y los mayores mejor».10

Cabe añadir, al menos para el territorio valenciano, que la tecnificación del virreina- to,11

entendida como la especialización de los virreyes en aquellos asuntos más canden- tes en el Reino, supuso una mejora en el control de los súbditos lo que, en principio, podía reducir el recurso extraordinario a las Visitas.

La Visita a los oficiales reales del Reino de Valencia se centró en aquellos que for- maban parte de la Real Audiencia, de la Gobernación y del Patrimonio Regio, si bien

tuvo una gran incidencia sobre el tribunal de la Audiencia.12

En efecto, los resultados obtenidos en las informaciones de los oficiales de la Real Audiencia fueron tan sustan- ciosos que bien merecen una atención pormenorizada.

A lo largo de este capítulo analizaremos las causas de la Visita de 1576, la persona- lidad del Visitador y los jueces de corte sometidos a procesos de residencia.

4. 2. Causas de la Visita de 1576-1577

El carácter extraordinario de la Visita replantea las circunstancias que provocaron su puesta en marcha en el Reino de Valencia durante 1576-1577. Por una parte, la recien- te reforma de la Audiencia, por la que las causas criminales se desvinculaban de la sala civil, exigía un seguimiento hasta que quedara plenamente regularizado su funciona- miento.13

En este contexto los jueces de corte adquirían un creciente protagonismo, ya que de su actuación dependía no sólo el funcionamiento de la sala criminal sino tam- bién la pacificación de la ciudad. Esta responsabilidad los convertía en el punto de mira de toda la sociedad y, por lo tanto, no estuvieron exentos de críticas.

Algunos sectores pensaban que los jueces no impartían justicia porque se dejaban llevar por las contemplaciones con sus vecinos y por el miedo a las consecuencias de sus decisiones.14

Incluso algunos virreyes participan de este parecer. Es el caso de Vespasiano de Gonzaga y su sucesor en el Virreinato: «Y acuerdome que luego que

10 Rivero Rodríguez, M.: Felipe II y el gobierno..., p. 165.

11 Belchí Navarro, M.ª P.: Felipe II y el Reino de Valencia. La tecnificación del virreinato valenciano.Tesis doctoral, microfichas, Universitat de Valencia, 2001.

12 Ibíd.

13 Canet Aparisi,T.: La Magistrarura Valenciana..., pp. 62-63. 14 IVDJ 10/ 413.

aquí llegue, advertí a V. M. asi en general como en particular lo poco que me satisfa- zian que V. M. aquí tiene para hazer la justicia que ay necessidad que se haga en este Reyno… y assi tiene V. M. neçessidad de poner aquí ministros que escarmienten la gente y les haga temer la justicia».15

Pero no sólo el virrey denunciaba esta situación, también el portantveus de general

gobernador suplicaba a la Corte la necesidad de una Visita: «Dize mas que el a dado noticia deste Santo Consejo de quan gran necessidad hay se embie a aquella ciudad y Reino juhez de residentia que tenga buenos hazeros para que pueda sacar en limpio muchos negocios que por descuydos y pasiones particulares se han deixado de castigar en muy gran deservicio de S. M. per ser delictos muy atrozes y graves y lo mesmo buel- ve a supplicar a por que y no se halle ser verdad lo que en este caso dije V. M. lo podra mandar castigar».16

Evidentemente, estas noticias no alimentaban la calma, pero no eran las únicas. Se denunciaba también el retraso de los jueces de corte en acudir al lugar donde se come- tían los delitos con el fin de notificar lo ocurrido.17

Además, otros rumores cuestionaban el comportamiento de los jueces, vinculándo- los a diversos bandos de la ciudad. De hecho, los tres jueces de corte presentaban algu- na relación, bien de amistad o de tipo familiar, con alguno de los delincuentes. Así, mientras a micer Guerau se le relacionaba con Bautista Muntanyes, micer Vidal era acu- sado de cohecho con Nadal Roig. También uno de los delincuentes más famosos del periodo, Broquelet, resultó ser familiar de micer de Bass.

4. 3. El visitador

Llegadas dichas informaciones a la Corte, Felipe II vio la conveniencia de realizar la Visita. Examinó, con la ayuda del Consejo de Aragón, el posible candidato para ejecu- tar dicha inspección, ya que éste debía reunir una serie de requisitos como ser foráneo del Reino —con la finalidad de garantizar la imparcialidad de la investigación—, ade- más de poseer experiencia en dichos asuntos. Finalmente, el soberano nombró como visitador a Miguel Juan Quintana, «Micer Miquel Juan Quintana, doctor del Real Consell del Principat de Catalunya, Inquisidor general, Visitador e jutge de residencia en la ciutat y Regne de Valencia»,18

cuya pertenencia a la Corona de Aragón facilitaba

15 Ibíd., doc. 420.

16 ARV, Cartas a los Virreyes 340/22.

17 ARV, Real Audiencia, Procesos 3.ª parte, apéndice 1612, f. 101-104. Dicha denuncia fue interpuesta por Isabel Juan Calaf y de Sanchis, viuda del notario Miguel Sanchis. Dicha viuda declara que el doctor Guerau no debió de participar en dicha sentencia porque recogió los testimonios muy tarde, cuando prácticamente los hechos ocurrieron muy cerca de él, y juzgó a personas que eran conocidos suyos.

18 Ibíd., 913.

la labor investigadora, por su familiaridad con los asuntos de los territorios aragoneses, además de ser doctor del Consejo Criminal desde 1570.

El nombramiento del visitador general y juez de residencia para la ciudad y Reino

de Valencia se produjo el 2 de febrero de 1576.19

Dicho nombramiento subrayaba las capacidades del visitador: «Ut ministribus nostris munera sibi commisa suma cum vigilantia studio sinceritate et animi suma integritate administrent; in subditi nostri ex in iustarem gubernatione damnum recipiant aut eorum exemplo ad mala perpetranda incitentur, qua propter volentes, ut in officiales et ministros nostros dicte civitatis et regni valentiae pro suis culpis et detestibus», al tiempo que otorgaba una serie de pode-

res para la tarea encomendada.20

Unos días después, el 17 de febrero, Felipe II enviaba al visitador unas extensas y precisas instrucciones en las que informaba de aquellos

asuntos concretos que debía revisar, estableciendo, incluso, un orden de preferencia.21

Estas instrucciones fueron completadas con otras con fecha del 23 de julio, 3 de sep- tiembre de 1576 y 25 de febrero de 1577.

Las minuciosas instrucciones entregadas al visitador correspondían a las informa- ciones llegadas a la Corte acerca de las irregularidades cometidas por los oficiales de justicia. Según éstas, el visitador debía examinar la ejecución de las sentencias, así como recabar información acerca de la preparación y habilidad para el ejercicio del cargo, el modo de vida y si se dejaba sobornar cada miembro del Consejo.

El visitador realizó un extenso cuestionario (cuarenta y nueve ítems) con el fin de interrogar a los doctores de la Real Audiencia.22

El formulario, inspirado en las instruc- ciones del monarca, perseguía información sobre tres aspectos fundamentales: el ejer- cicio del cargo, las presuntas irregularidades así como las cualidades de los oficiales.

Respecto al ejercicio del cargo se pretendía averiguar el cumplimiento del horario, de los mandamientos y del orden en la votación de las causas. Pero sobre todo, se pre- tendía averiguar la actitud de los jueces hacia los litigantes, con el fin de evitar cual- quier particularismo, bien por motivos familiares bien por irregularidades como sobor- nos, malversaciones y cohechos. Por ello, los doctores no podían asistir a banquetes de litigantes, ni visitar sus casas, ni recibir salario de ellos. Además, era necesario averi- guar la existencia de algún tipo de vínculo con algún bando, o un trato preferente a algún caballero que tuviese bandos en la ciudad, o si algún doctor había recibido en su casa a hombres «facinerosos, revoltosos y de mala vida». El interrogatorio no iba muy descaminado, ya que los tres jueces de corte examinados habían tenido alguna relación, bien de amistad o de tipo familiar, con alguno de los delincuentes del periodo.

19 Ibíd., f. 277v. -281.

20 ARV, Real Cancillería, Curiae Valentiae 255, f. 277v.-279v. 21 AHN, Consejos 2386, f. 209v.-216.

22 ARV, Real Audiencia, Procesos 3.ª parte, apéndice 1392-1396, f. 195-197v.

Aunque las irregularidades eran el motivo de la Visita, también se analizaban las cualidades de los oficiales que abarcaban el estado de salud, la capacidad profesional y moral. Respecto al estado de salud se preguntaba si los doctores gozaban de la salud, edad y capacidad que convenía para regir el oficio. En cuanto a la capacitación profe- sional y moral, se les preguntaba si poseían la «bondat, cristiandat y doctrina, sciencia y bon çell» que convenía para el correcto despacho de los negocios. También se les inte- rrogaba sobre algunas conductas morales, como el trato deshonesto a alguna mujer que hubiese acudido a ellos profesionalmente, abusando de su cargo o sobre la práctica de algún juego de naipes o dados, prohibido por reales Pragmáticas, o de tratos ilícitos con mercaderes.

4. 4. Los visitados

La Visita provocó un sentimiento desigual en los ánimos de los habitantes del Reino. Mientras una parte de la población veía la Visita como la ocasión para denunciar los supuestos abusos cometidos por los oficiales reales, otro sector, el oficial o burocrático, no veía con el mismo agrado tal inspección, sintiéndose desprotegido, máxime en el caso de los jueces de corte, cuyos enemigos eran auténticos criminales.

De hecho, la actuación de los oficiales provocaba el recelo de los apresados que no dudaban en extender rumores con el fin de alejar a los oficiales de su cargo. En princi- pio, los tres jueces de corte, micer Guerau, micer Vidal y micer de Bass, poseían una amplia experiencia en asuntos de gobierno que no hacía presagiar ningún tipo de pro- blemas. Pero, debido al ambiente de violencia, los jueces de corte se convirtieron en objeto de todo tipo de venganzas. Además, dicho proceso carecía de normas que garan-

tizasen un procedimiento limpio ajeno a intereses particulares.23

Por lo tanto, aunque no hubiesen cometido ninguna irregularidad, los oficiales sentían desagrado ante la presencia del visitador, ya que podían ser acusados de encubrimiento.

Pero no sólo los oficiales estaban incómodos, tampoco el virrey parecía contento con la Visita. Aunque las relaciones del virrey con el visitador debían ser «cordiales», en la práctica no gozaban de tal complicidad, como lo demuestra la correspondencia de Vespasiano de Gonzaga con el monarca, en la que le informaba que el visitador «no

hace más que gastar el dinero».24

De hecho, la actuación del visitador se superponía a la actuación cotidiana del virrey, y éste lo veía como una injerencia que tendía a des- prestigiar también su autoridad. En teoría, el virrey, como representante del rey, debía desvelarse para que se administrase justicia, tal como lo prescribían las instrucciones reservadas, con una especial dedicación, a los jueces de corte que debían animarse a

23 Rivero Rodríguez, M.: Felipe II y el gobierno..., p. 165. 24 AHN, Consejos 2387, f. 72.

perseguir a los malhechores.25

En cierta medida la tarea encomendada al visitador ya estaba confiada al virrey.

Aunque la Visita iba dirigida a todos los oficiales de la Real Audiencia, fueron los jueces de corte los que sufrieron la mayor parte de las denuncias, concretamente, micer Guerau, micer Vidal y micer de Bas, quedando sometidos a proceso de residencia con una suspensión temporal del cargo.

4.4.1. El proceso de residencia de micer Guerau ¿víctima o chivo expiatorio?

Micer Guerau había accedido a la plaza de juez de los bienes confiscados del Santo Oficio en 1560, al quedar vacante dicha plaza a la muerte de su hermano, el canónigo Guerau.26

Ejerció su oficio con gran solicitud, rectitud y diligencia, lo que le valió la ala-

banza de todos aquellos que le habían conocido en el desempeño de este oficio.27

En 1570 fue nombrado juez de la Sala Criminal en sustitución de Ribera.28

El oficio planteaba serias dificultades, debidas al ambiente de delincuencia de la época, y muy pronto, por su enérgica actuación, micer Guerau fue conocido por todos los delincuen- tes del Reino.

Su proceso de residencia fue complejo y largo debido a su participación en muchas de las sentencias. La pesquisa general se inició el 23 de junio de 1576, fecha en la que se empezó a recibir informaciones de testimonios sobre la actuación del doctor Guerau. Esta primera etapa de información se cerró el 2 de octubre, fecha en la que micer Guerau fue suspendido de su oficio de juez de corte y fue sometido a proceso de resi-

dencia a través de una crida el 3 de octubre de 1576. Se abría así el periodo de presen-

tación de quejas ante el visitador.

La suspensión temporal de micer Guerau plantea algunos interrogantes, como el motivo de su suspensión, y quién estaba interesado en ello. Desconocemos si fue ini- ciativa del visitador o acaso correspondió a una decisión regia.

Parece ser que las noticias llegadas a la Corte implicaban a micer Guerau en algu- nas irregularidades, como el encubrimiento de algunos delitos o el frecuentar compa- ñías no muy aconsejables. Por ello, el soberano escribió al visitador y, tajantemente, le comunicó que no dudase en suspenderlo de su oficio. «Tambien se ha visto lo que resulta contra Micer Guerau doctor desse Consejo Criminal y os dezimos y mandamos que le suspendays del dicho officio y procedays contra el por particular residencia y si

109

25 Castañeda Alcover,V.: «Las instrucciones de Felipe II al conde de Benavente para la gobernación del Reino de Valencia. 1566», Boletín de la Real Academia de Historia, 124, Madrid, 1949.

26 Ocupó este cargo diez años, desde 1560 hasta 1570.

27 ARV, Real Audiencia, Procesos 3.ª parte, apéndice 1612, f. 291v.-322. 28 ARV, Real Audiencia Curiae Lugartenentiae 1333, f. 157v.-158v.

os paresciere que por la calidad de sus delictos, sera bien ponerle en la carcel, lo hareys

y en tal caso no haura para que nombrar otro en su lugar».29No se llegó al extremo de

encarcelarlo debido a las muchas contradicciones que presentaban las declaraciones. Asimismo, el proceso de residencia aporta valiosa información sobre tres aspectos. En primer lugar, ilustra el panorama de la sociedad valenciana en su vertiente más con- flictiva y difícil de desenmascarar: los bandos y las facciones. En segundo lugar, apro- xima a la labor desarrollada por un juez de corte y los oficiales que colaboraban con él. En tercer lugar, evidencia los problemas de funcionamiento de la sala criminal.

El seguimiento de la Visita realizada al doctor Guerau describe la sociedad valencia- na de un modo diáfano. Los trescientos testigos que declararon constituyen un botón de muestra del mundo de facciones y de bandos, además de despejar algunos casos más llamativos de la delincuencia de la época.

Parece ser que el proceso incoado fue resultado de una conspiración por parte de un sector de la sociedad valenciana que, víctima de las decisiones del juez Guerau, encontraba en la Visita el modo de vengarse o de resolver una cuestión injusta para ellos. De ahí que la mayor parte de los testigos tuvieran un punto en común: habían sido sentenciados a diversas penas por micer Guerau en su función de juez de corte.

A causa de su oficio, Micer Guerau tuvo que hacer frente a enemistades particula- res. Entre éstas hay que mencionar la animadversión profesada por D. Juan Boyl –señor de Alfafar– a raíz de un contencioso jurisdiccional entre éste y don Giner de Perellós –señor de Benetusser y sus términos y la baronía de dos Aguas–. El fallo a favor del señor de Benetusser agravió a D. Juan Boyl que consideraba a dicho juez apasionado, parcial e incluso arbitrario.

El supuesto agravio de Boyl se manifestó de varias formas. Por un lado, se personó

como causa particular en uno de los procesos incoados.30

Don Juan pretendía conseguir una revocación de la sentencia y alegó en su defensa la amistad que unía al juez de corte con su enemigo jurisdiccional, de lo que se desprendía una actitud apasionada y