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Ciertamente que el primer paso del encuentro intercultural, no es propiamente el diálogo teológico. Así, el Documento “Actitud de la Iglesia católica ante los creyentes de las otras religiones”240 distingue cuatro formas de diálogo en el siguiente orden: el diálogo de la vida, accesible a todos los hombres (29-30); el compromiso conjunto en las obras de justicia y en la liberación humana, que debe consistir más en acción común que en discursos compartidos (31- 32), el diálogo intelectual de los especialistas (33-34); y el intercambio de experiencias religiosas en la búsqueda común del Absoluto (35).

Por ello mismo, exclusivizar el encuentro intercultural y el diálogo teológico requerido en el compromiso efectivo por el hombre (perspectiva propia de nuestro autor), es maximizar una de las formas del diálogo en detrimento de las otras. El centrarse en la práctica del encuentro concreto entre las diferentes tradiciones religiosas, persiguiendo como único fin el bienestar entre los hombres, se queda a mitad de camino; al mismo tiempo, silenciando la cuestión de la verdad y tergiversando la propia fe, conduce justamente a lo contrario de lo que se pretende fomentar. El diálogo interreligioso implica también, como dimensión intrínseca a él, el encuentro en la verdad y en la fe vivida y confesada.

Ciertamente, la teología contemporánea debe asumir ciertos rasgos reclamados por nuestro autor. De allí que hablemos de una teología ecuménica –con apertura universalista– (Hans Küng), de una teología de la alteridad –como aceptación de la diferencia del otro– (Claude Geffre), y de una teología de los pobres –como compromiso práctico en la humanización y en la liberación del hombre – (José Ignacio González Faus); al mismo tiempo, debe ser una teología mística –contemplativa– (José María Mardones). Pero ninguna de ellas, entendidas ortodoxamente, excluye a las otras.

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SECRETARIADO PARA LOS NO CRISTIANOS, Actitud de la Iglesia católica ante los creyentes de las otras religiones

Ya dentro del encuentro intelectual, la cuestión del hombre conduce necesariamente a la cuestión de Dios; y en cuanto tal, creemos, sirve como posible punto de partida firme para el diálogo teológico (dimensión antropológica).241 A partir de allí, la experiencia del misterio divino en el Espíritu (plano pneumatológico) y la correspondencia en el misterio de Cristo (plano cristológico), ambos como enviados del Padre (plano trinitario), podrían ser sus segundos pasos (dimensión teológica).

En efecto, es verdad que la iniciativa del Padre en la salvación, que quiere que todos se salven, está ligada a la única mediación de Cristo (1Tim. 2,3-4.5-6), el Hijo de Dios hecho hombre, y esa la universalidad de la acción salvífica de Jesucristo –el Ungido de Dios– no se puede comprender sin la acción universal (Sab. 1,7; Sal. 104,29s.) del Espíritu Santo –la Unción misma–.242 Los misteriosos caminos del Espíritu, que obra en el corazón de los hombres y en la historia de los pueblos, en las culturas y en las religiones, ofrecen a todos la posibilidad de ser asociados al misterio pascual.243

En tal itinerario, la reflexión teológica horizontal sobre la relación entre las religiones de la tierra (plano eclesiológico), concluiría las reflexiones. Esta dimensión debe tener en cuenta que un cristianismo verdaderamente católico y no intolerante es posible, sólo siendo consciente de su particularidad histórica: si bien posee plena e íntegramente la Revelación y salvación por

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Sin embargo, hay cuestiones que no deben pasarse por alto. En efecto, “en un diálogo interreligioso, ¿las partes tienen la misma concepción de la persona? (...) La parte cristiana sabe desde luego que la persona humana ha sido creada «a imagen de Dios», es decir con una llamada constante de Dios esencialmente capaz de apertura «al otro» y que se relaciona” El cristianismo..., 110. Por otra parte, “la question demeure ouverte de savoir ce qu’est l’humain authentique”. Todas las religiones buscan a tientas la salvación del hombre en la línea de la liberación y de la felicidad. No podemos aceptar la idea de que existe una contradicción entre la búsqueda de lo absoluto y la de lo auténticamente humano. Cf. C. GEFFRÉ,Pour un christianisme mondial en «Recherches de Science Religieuse» 86 (1998) 60.

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Cf. JUAN PABLO II, Encíclica Redemptoris missio, 29. “La autocomunicación de Dios por el Verbo, la condición metahistórica y la presencia universal de Cristo resucitado y la economía y acción universal del Espíritu de Cristo, son los tres elementos que hacen posible la perspectiva global de la teología cristiana de las religiones, capaz de integrar todas las revelaciones divinas contenidas en las otras tradiciones religiosas de la humanidad. El acontecimiento Jesucristo, centro de la historia, adquiere así dimensiones cósmicas” DUPUIS, 339.

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Jesucristo y el Espíritu, no así exclusivamente (también hay semillas de Verdad en otras culturas y tradiciones religiosas, que son cierta participación en las verdades contenidas en Jesucristo – Dios mismo hecho hombre– quien se ha revelado definitiva e insuperablemente)244 ni tampoco acabadamente, entendiendo por ello, la aceptación del propio límite de la aprehensión, interiorización y formulación de la Verdad (que obliga a la Iglesia a crecer, con la ayuda del Espíritu, en la inteligencia cada vez más profunda de la Revelación de Dios en el Verbo encarnado).245 No es sólo posible, sino absolutamente necesario, confesar al Dios que irrumpe plenamente en Jesucristo sin absolutizar al cristianismo como religión histórica, y ni que ello implique la exclusión del diálogo con cualquier otra religión: es el mismo Jesucristo, por medio de su Espíritu, quien actúa, de modos diversos, en todas ellas.

Ciertamente, debemos buscar la máxima apertura posible a las otras culturas y religiones (enriqueciéndonos con sus elementos positivos) pero nunca menoscabar la propia. Para un verdadero diálogo, “no se puede, ni siquiera como concesión ética y para facilitar el acercamiento, hacer decir al otro lo que no se quiere decir (...) No puede uno falsearse a sí mismo para facilitar el diálogo, porque entonces no habría diálogo (...) Debe respetarse la dinámica intrínseca al hecho religioso, que hace que el diálogo entre las religiones sea distinto a cualquier otro diálogo”.246

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Cf. LG 17.

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Sólo y exclusivamente en este sentido (límite en su aprehensión y no en ella misma), podríamos decir que el cristianismo posee la Verdad entera pero no enteramente, completa pero no completamente, acabada pero no acabadamente.

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GONZALEZ FAUS,J.I., Religiones de la tierra y universalidad de Cristo. Del diálogo a la diapraxis en AAVV.

Universalidad de Cristo. Universalidad del pobre. Aportación al diálogo interreligioso. Sal Terrae. Santander, 1995, pp.116-118. El presente libro del equipo teológico catalán de “Cristianisme i Justicia” resulta un valioso aporte en el diálogo interreligioso; sin embargo, no está exento de afirmaciones en el límite entre la ortodoxia y su olvido: “Para el diálogo interreligioso puede ser fundamental, pues, una tesis que proviene en realidad de la teología de la liberación: practicar a Dios es la única forma de confesarlo (...) El diálogo interreligioso debe consistir, ante todo (aunque no exclusivamente) en servir juntos al hombre, el cual, no las iglesias ni las religiones es la verdadera causa de Dios” (pp. 132.135). Palabras semejantes encontrábamos en H. Küng, afirmando –entre otras cosas– ese primado de la ortopraxis por sobre la ortodoxia.

Buscando el encuentro intercultural e interreligioso creemos necesario reafirmar que el mismo no ha de hacerse en la uniformidad sino en la catolicidad y en el respeto por todas las tradiciones, buscando elementos en común y eliminando obstáculos conceptuales superfluos. Las especulaciones teológicas minimizantes de nuestras convicciones de fe –como la del pensador suizo Hans Küng– son los verdaderos obstáculos en la construcción de una teología cristiana acorde con los tiempos actuales, que debilitan la credibilidad de la fe y de la evangelización, en detrimento de la verdadera humanización de todos los hombres.

A

NEXO

I:D

ISTINTAS PERSPECTIVAS EN TORNO A UNA TEOLOGÍA DE LAS

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