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2.2.1. Políticas de lectura y escritura: lineamientos internacionales, nacionales y locales.

El surgimiento y la organización paulatina de las bibliotecas públicas en redes demandaron la necesidad de crear organismos internacionales que emitieran lineamientos base para la operatividad de las mismas. De igual manera, para el caso de los organismos ya existentes y que legislaban en torno al acceso a la cultura, se emitieron nuevas disposiciones sobre el funcionamiento delas bibliotecas y los servicios bibliotecarios, los cuales se han ido reconfigurado poco a poco.

En 1986, la (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), publicó las “Directrices para Bibliotecas Públicas”, documento en el cual se definió de manera general la operatividad de las bibliotecas públicas y los servicios básicos de acceso a

39 la información. En este año sólo algunas regiones a nivel mundial tenían redes organizadas de bibliotecas o bibliotecas públicas operando como tal.

En 1994 nuevamente la UNESCO, en colaboración con la IFLA (Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas), emitieron “el Manifiesto sobre la Biblioteca Pública” en el cual se nombraron de manera general los servicios bibliotecarios que toda biblioteca pública debe ofrecer a sus usuarios, resaltando la necesidad de facilitar el acceso a la información a todo tipo de público. Los servicios bibliotecarios aquí se centran en acciones como la educación, la alfabetización, la cultura y la información; evidenciando una ampliación en la definición y actividades que pueden considerarse servicios.

Posteriormente, estos dos organismos emitieron un documento más estructurado en el cual se establecieron las “Directrices IFLA/UNESCO para el desarrollo del servicio de bibliotecas públicas” (2001). En éste se detallan de manera específica los servicios bibliotecarios de acuerdo al tipo de público que accede a ellos, distinguiendo entre niños, jóvenes y adultos; además, se describe la finalidad, el marco jurídico, los fondos, los recursos humanos y la gestión en una biblioteca pública. Para la definición de los servicios bibliotecarios, se establecen distintas actividades que deben garantizarse a los usuarios, pero se fijan siete ejes clave, los cuales son la base para el establecimiento de los servicios básicos bibliotecarios a nivel nacional que se describirán más adelante:

a) préstamo de libros y de documentación en otros soportes, b) dotación de libros y otros materiales para su uso en la biblioteca, c) servicios de información con medios impresos y electrónicos, d) servicios de asesoramiento a los lectores, comprendida la posibilidad de reservar, e) servicios de información a la comunidad, f) educación de los usuarios, comprendido el apoyo a programas de alfabetización, g) programas y realización de actos culturales (IFLA/UNESCO, 2001, pp. 25).

Con base a lo anterior, para la relación práctica de lectura-bibliotecas es clave comprender cómo se orientan una serie de servicios bibliotecarios que desde estrategias a nivel nacional y local le apuestan a la consolidación de prácticas lectoescritoras en la población infantil. Para aterrizar el análisis al caso de la Biblioteca Bajo Aguacatal es necesario hacer una

40 revisión nacional y local que permita establecer claridades que se ajusten al contexto específico del espacio bibliotecario en cuestión.

A nivel nacional el Ministerio de Cultura implementa el Plan Nacional de Lectura y Escritura “Leer es Mi Cuento” a través del cual se definen las estrategias que por medio de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas se desarrollan en las 1444 bibliotecas públicas estatales que hay actualmente en el país. El plan contempla cuatro estrategias principales: a) construcción de bibliotecas públicas, b) aumento de la oferta y el acceso a los libros, c) fortalecimiento de las bibliotecas públicas, incremento y actualización de sus colecciones (tanto este como el punto anterior contemplan la implementación de elementos tecnológicos), y d) aumento de la inversión de recursos y las alianzas institucionales. A través de ellas el Ministerio se propone aumentar el índice de lectura de los colombianos en una apuesta por hacer del libro y la lectura recursos para el goce, el aprendizaje y el desarrollo social.

El marco normativo que avala el Plan está fundamentado en la Ley 1379 de 2010 mediante la cual se organiza la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, esta ley, también conocida como la ley de Bibliotecas Públicas, contempla la reglamentación para la definición y prestación de servicios básicos12 y servicios complementarios13 públicos en las bibliotecas estatales del país. Dicha reglamentación incluye parámetros de atención en términos de horarios de atención, calidad, infraestructura, colecciones y acervos documentales, personal bibliotecario, patrimonio bibliográfico, entidades, y mecanismos de financiación. En lo que respecta a los servicios bibliotecarios, se define claramente su función en términos del acceso a la información y el fomento de la lectura en pro de sus diversos usos. Respecto a la población infantil no hay una mención concreta y extensa respecto a los servicios dirigidos hacia ellos, sin embargo, deja claro que son los mismos que se ofertan a todo tipo de población, pero adecuados a sus demandas específicas.

12 Los servicios básicos contemplan: consulta, préstamo externo, referencia y acceso a internet, además de

actividades como formación de usuarios, información local, programación cultural propia de la biblioteca, extensión a la comunidad, promoción de la lectura y alfabetización digital.

13 Entre los servicios complementarios pueden incluirse casilleros, librerías, cafetería y distintos tipos de

41 Ilustración 1. Los Servicios en las Bibliotecas Públicas en Colombia. Ministerio de Cultura.

Fuente: Tomado de “Los servicios básicos en las bibliotecas públicas” Red Nacional de Bibliotecas Públicas

Otros documentos legales que amparan la oferta de servicios bibliotecarios, incluyendo los especialmente dirigidos a público infantil, son las Directrices de la IFLA -Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas- y las estrategias a nivel nacional para la atención a la primera infancia.

Por un lado, la IFLA estipula que los servicios bibliotecarios deben ofertarse con base a las necesidades de las comunidades que acceden a ellos, para ello, las bibliotecas deben atender las transformaciones constantes de los contextos y requerimientos específicos de todas las poblaciones que las visitan. En ese sentido, se definen una serie de servicios básicos y elementales para ofrecer en los espacios bibliotecarios:

Préstamo de libros y de documentación en otros soportes, dotación de libros y otros materiales para su uso en la biblioteca, servicios de información con medios impresos y electrónicos, servicios de asesoramiento a los lectores (comprendida la posibilidad de reservar obras), servicios de información a la comunidad, educación de los usuarios (comprendido el apoyo a programas de alfabetización), y programas y realización de actos culturales(IFLA & UNESCO, 2001, pp.25).

42 Si bien los servicios están pensados para todo tipo de población, las directrices contemplan especificaciones claras sobre las necesidades de los niños(as) como usuarios, centrando su atención en la importancia de garantizar servicios que propicien de manera eficaz el aprendizaje a través de la lectura, los libros y demás recursos disponibles, recordando la importancia de los procesos creativos y el incentivo de la imaginación como recurso narrativo. Para ello, hace énfasis en la necesidad de contar con espacios de aprendizaje y encuentro, además de materiales acordes con las lógicas de la infancia.

Por otro lado, las políticas de primera y las estrategias para la atención a la primera infancia aportan elementos importantes ya que, si bien no es el público central de la presente investigación, hubo participación de niños menores de 6 años en las sesiones de lectura en la biblioteca, además, es clave pensar qué aspectos de dichas políticas y estrategias pueden estar en juego en la formación previa como lectores de los niños(as) que participaron en el proceso. En esa medida, si bien las políticas definen aspectos valiosos referentes a la atención, agentes y recursos que entran en juego en la educación inicial y que conversan con las estrategias desarrolladas en las bibliotecas, me interesó en mayor medida indagar concretamente en las disposiciones referidas al acceso a la lectura. En ese sentido, el Documento No. 23, “La literatura en la Educación Inicial”, que hace parte de la Serie de orientaciones pedagógicas para educación inicial en el marco de la atención integral publicadas por el Ministerio de Educación, contempla cómo la concepción y organización de los acervos, el rol de los mediadores, el lugar de los espacios y tiempos para la lectura, y las opciones de acceso son clave en los procesos de lectura con público infantil. De esta serie de disposiciones son claves las reflexiones alrededor de lo que la lectura y el encuentro con otros en el acto lector posibilitan: un desarrollo del lenguaje que ayude a los niños(as) a interpretar el mundo al que pertenecen, el valor de los distintos géneros literarios en la formación de los pequeños lectores, y el papel fundamental de un mediador en el acto lector como alguien capaz de acompañar e incentivar el acceso a los libros a través de un diálogo y una lectura compartida significativa para la experiencia de los más pequeños.

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