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CHAPTER 1 LITERATURE REVIEW AND STATE OF THE ART

1.1 Main factors of aerodynamic interference in wind-tunnel testing

1.1.3 Wind-tunnel design

La elección presidencial del 6 de julio de 1988 es una de las más competidas, controvertidas y cuestionadas en la historia del país. Los tres candidatos más importantes a la presidencia estaban representados por: Manuel Clouthier, político sinaloense que contó con un amplio apoyo de la militancia de su partido para representarlo en la candidatura del Partido Acción Nacional (PAN); Carlos Salinas de Gortari, designado candidato por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) por medio de los mecanismos propios del presidencialismo mexicano que le otorgaba al presidente un amplio poder en la elección de su candidato; por una coalición de partidos y organizaciones de izquierda aglutinados en el Frente Democrático Nacional (FDN), al Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. Este último salido de las filas del PRI, debido a una escisión interna de la Corriente Democrática que él y otros políticos del partido representaban. Estos actores se situaron en el centro del espectro político nacional que encontró un particular dinamismo en estas elecciones, generando un proceso electoral que fue un punto de inflexión histórica para la democratización del país.

Las campañas electorales se llevaron a cabo bajo un ambiente político muy tenso. El PRI y su candidato, como nunca antes, se enfrentaban a un fuerte descontento social por las

condiciones económicas y políticas desfavorables en el país. El Partido Acción Nacional se había configurado como la principal fuerza de oposición al partido de Estado históricamente, y así se dejaba ver al inicio de las elecciones. Sin embargo, la simpatía que generó en el electorado la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas, sobrepasó las expectativas electorales de todos los actores políticos y de la sociedad misma originando uno de los movimientos políticos más importantes de las últimas décadas del siglo XX en México.

El día de las elecciones, el candidato de la coalición de izquierda tuvo un apoyo por demás nutrido e inesperado. En uno de los movimientos políticos más cuestionados en la historia del país, bajo la dirección de algunos integrantes del gobierno en funciones se anunció la caída del sistema de computo electoral a cargo de la Secretaría de Gobernación, cuyo titular fungía como presidente de la Comisión Federal Electoral, Manuel Barlett Díaz. Lo anterior significaba, que el sistema de conteo electoral había sufrido una falla que no permitía seguir concentrando la información sobre los resultados electorales a nivel nacional.

Al reanudar el sistema, el candidato del partido oficial resultó con la ventaja, cuando al momento de suspender el conteo, quien llevaba ventaja era el candidato del FDN. La delantera de Carlos Salinas de Gortari fue cuestionada por los partidos y actores políticos de oposición. Grandes sectores de la sociedad se mantuvieron activos y pendientes de lo que consideraron un evidente fraude electoral.

Irma Campuzano Montoya, en un trabajo de corte académico, expone respecto a las irregularidades en la jornada electoral del seis de julio de 1988:

La jornada electoral no fue tranquila, ya que se registró una gran cantidad de irregularidades, las cuales fueron expuestas ante la Comisión Federal Electoral por los partidos políticos; en la noche de la jornada electoral los candidatos de la oposición presentaron ante la Secretaría de Gobernación sus protestas. La

vigilancia electoral instrumentada fue más intensa que en elecciones anteriores, pero no logró las metas esperadas […]

La pugna original no estuvo centrada en los resultados, sino en las irregularidades que fueron evidentes al denunciar, Diego Fernández de Cevallos del PAN, que se había “caído el sistema de cómputo”, lo que precipitó una dinámica de confrontación abierta entre la oposición y el PRI. Este anuncio suscitó interrogantes y especulaciones, sobre si éste era un indicador de que los resultados no favorecían al candidato de este partido. La lentitud con la que fluyeron los resultados operó como reafirmadora de la desconfianza. Posteriormente, el anuncio de resultados electorales de Hidalgo, cuando aún no se habían cerrado las casillas, generó mayores suspicacias respecto de la transparencia de los datos oficiales.83

Los movimientos de resistencia social y política por parte de la sociedad civil, para no aceptar el resultado y desconocer la victoria del candidato oficial, se comenzaron a manifestar de manera inmediatamente a las elecciones. La molestia y la oposición, a lo que se consideró un fraude, se observaba por igual en zonas urbanas como rurales pero con un matiz particular en la capital del país.

Este fenómeno de participación electoral y ciudadana, de descontento para aceptar los resultados, trajeron como consecuencia el aumento de la violencia por parte de las élites

83 Irma Campuzano, “Las elecciones de 1988” en Estudios de historia moderna y contemporánea de México,

UNAM, México, N. 23, enero-junio 2002, pp. 225-226. Otra versión de lo sucedido en el día de las elecciones es el de José Agustín Ramírez en su título, Tragicomedia mexicana 3. La vida en México de 1982 a 1994, Debolsillo, México, 2013, pp. 142, 143, 145, en donde señala por medio de la crónica detalles que valen la pena rescatar: “El 6 de julio [de 1988] la gente salió a votar en grandes cantidades y, salvo algunos incidentes, la jornada transcurrió con tranquilidad. Cuauhtémoc Cárdenas escandalizó a muchos cuando anunció que había votado por Superbarrio, porque “era un luchador”, lo que ciertamente fue un buen puntacho. A su vez, Salinas, rodeado de corresponsales extranjeros, fue reprendido por un funcionario de casilla porque no llevaba una identificación. Era medio día y el candidato del PRI se veía contentísimo. Sin embargo, conforme transcurrió el día su optimismo se evaporó. Por una parte, se acumulaban las denuncias de irregularidades: carruseles, votación de uniformados en grupo, inducción descarada del voto, urnas embarazadas, tacos de votos, ratón loco, operación manitas, uso de tinta no indeleble, expulsión de representantes de la oposición, muertos que votaron y casillas sobrecargadas en las zonas opositoras para que hubiera colas larguísimas todo el día. Poco después de las seis de la tarde, cuando se suponía que la información fluiría, “minuto a minuto”, el secretario de Gobernación Manuel Bartlett informó a los comisionados de la CFE [Comisión Federal Electoral] que el modernísimo sistema de cómputo “se había caído”, así es que se suspendía la información de los resultados electorales hasta las 10 de la noche. Todos se quedaron atónitos y nadie se tragó semejante patraña. Después se supo que los primeros resultados de las casillas, que venían del DF y el Estado de México, favorecían espectacularmente a Cuauhtémoc Cárdenas. Los mapaches de gobernación se aterraron. El gobierno no estaba preparado para una situación de ese tipo, pues se hallaba segurísimo de ganar con todo lo que ya había mapacheado y porque nunca llegó a creer que Cárdenas resultase peligroso […] La verdad es que ni él mismo [Cuauhtémoc Cárdenas] ni nadie en el FDN, [Frente Democrático Nacional] y muy pocos en México, habían imaginado esa victoria y por tanto ellos tampoco estaban preparados.”

políticas hacia ciertos sectores sociales y personajes que se consideraban luchadores sociales. Los miembros del recién fundado Partido de la Revolución Democrática así como la de otras organizaciones políticas e independientes fueron objeto de la persecución y hasta desaparición o asesinato.84

Más allá de la violencia, que por supuesto es materia de suma importancia, dichos movimientos sociales y políticos, trajeron como consecuencia un replanteamiento del sistema político y de toda la estructura de poder. Algunos resultados: distribución del poder, mayor representatividad en el poder legislativo de los diversos partidos, la aplicación de una reforma política formulada 1989 y 1990,85 entre otros.

Los analistas políticos se dieron a la tarea de estudiar dicho fenómeno, a la vez que desde otras esferas, la artística por ejemplo, no estuvieron exentas de representar las condiciones de su tiempo como observaremos más adelante. Los referentes políticos ya habían cambiado de manera por demás importante. La cultura política encontró un nuevo dinamismo a partir del cambio en las estructuras de poder, para reconfigurarse en nuevos esquemas que permitían repensar y dar un nuevo sentido a la realidad política.

Hay que destacar un aspecto medular en el cambio de la participación política: la movilización ciudadana representó en esos momentos una forma efectiva de hacerse presente. La participación activa permitió generar espacios civiles independientes y otros bajo el marco de identidades políticas identificables; la ciudadanía concibió el hecho real de decidir, manifestarse y luchar por sus derechos democráticos (que se tenían en lo legal pero

84 Como referencia del tipo de violencia ejercida recordemos que días previos a las elecciones del 6 de julio

fueron asesinados Francisco Javier Ovando, secretario de Acción Electoral de FDN y Ramón Gil Heráldez, ambos colaboradores muy cercanos de Cuauhtémoc Cárdenas.

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Gracias a esta reforma se creó el Instituto Federal Electoral (IFE) y se elaboró un nuevo padrón electoral pues el anterior se consideraba insuficiente y con muchas fallas en el empadronamiento de los ciudadanos.

sin posibilidad real de ejercicio). En el imaginario colectivo, la idea de “morir y nunca ver perder al PRI” o el “PRI nunca va a perder” se modificó en “el PRI perdió”, “Cárdenas presidente”, “sacaremos al pelón de las orejas”, etc., La posibilidad de cambio, lo que haya durado en el sentimiento individual o colectivo, marcó el periodo.

Todavía para el sábado 9 de julio, en el Zócalo de la Ciudad de México, la población se congregó para repudiar y manifestar su apoyo al candidato de la oposición; “Ay, Cuauhtémoc, no te rajes” se dejaba escuchar hasta en ánimo festivo.86

La utopía dejaba cada vez más de serlo y los sentimientos hacia el sistema político y sus representantes cambió de manera significativa. Cierta “solidaridad”, en este caso política, se revivía y en el consciente colectivo y se integraba la idea de que la iniciativa ciudadana era una herramienta efectiva en la democratización del país.

¿Pero cuál fue el significado de estas elecciones en términos de la cultura política? Por un lado un sentimiento de cambio, mejor dicho, de la “posibilidad” del cambio. ¿Pero cambio de qué, de las elites gobernantes, del sistema económico, de la estructura política? Se puede argumentar que la escisión del partido hegemónico sólo representa a otra parte de esta élite política y que tenía como proyecto económico un retorno al modelo estatista y paternalista de Estado. Sin embargo, en cuanto a las relaciones entre el Estado y la sociedad civil, entre el sistema político y la ciudadanía, entre una concepción de un partido político imbatible y la posibilidad de una representación de identidades políticas alternas, pero sobre todo en la concepción de una democracia efectiva, el cambio no sólo fue una posibilidad sino un hecho ahora histórico.

Repensar el sistema político en México fue tarea de amplios sectores sociales incluyendo al académico y literario. En esos momentos la democracia se encontraba en pugna discursiva y de efectividad electoral, de sufragio efectivo y respetabilidad. La democracia se auspiciaba en uno de los ejercicios de los derechos civiles más representativo: la emisión del voto, el respeto y resguardo de estos.

Reitero, la democracia se encontraba en pugna: en pugna discursiva, en pugna de su supuesta efectividad electoral, en pugna su legitimidad, en pugna a favor de la legitimidad del gobierno emanado de ella, en pugna por su violación. Y en nombre de ella se legalizaba el proceso electoral más dudoso de la historia de México, por lo menos en la memoria colectiva parecía algo inobjetable, o en nombre de ella se luchaba por salvaguardarla y hacerla efectiva. Ignacio Solares echó a volar la imaginación creativa para aportar en la lucha discursiva sobre la democracia y darle varios significados y representaciones vía la figura de Madero en su obra.

En este horizonte político aparece el libro de Ignacio Solares Madero, el otro, poniendo en el eje de la trama como personaje principal a Francisco I. Madero, con todo lo que con llevaba en su momento, poner en el centro de la reconfiguración política a la figura histórica que más vínculo simbólico tiene con la democracia.

Considero pertinente ampliar el análisis y presentar referentes de interpretación, considerando la visión de un académico y de un escritor: Luis Medina y Carlos Monsiváis, quienes desde diferentes enfoques y lentes, interpretan la “realidad” previa y posterior a las elecciones de 1988. La pertinencia de estos texto me permitirán crear un contraste y similitud con la postura de Ignacio Solares. Estos autores de forma crítica, analizan cuál es

el germen del proceso democrático de 1988 y sus consecuencias. Además, a manera de introducción del apartado, considerar ciertos planteamientos sobre la democracia en México por otros dos autores, Enrique Krauze y Octavio Paz que son dos de las influencias importantes en la visión de Ignacio Solares.

2. Visiones encontradas: gérmenes circunstanciales de la democracia y/o los