• No results found

Wright, program coordinator

In document RETHINKING SCHOOL LUNCH (Page 62-72)

estrechamente relacionados, pero la información sobre el cliente en la que se basan puede no ser la misma. Por lo tanto, nos referiremos a ellos en secciones separadas.

El mensaje de recapitulación

El aquí denominado mensaje de recapitulación se co- noce generalmente como mensaje de intervención. Lo que me inspiró la idea de sustituir «intervención» por «recapi- tulación» fue el cambio de orden teórico que implica dejar de centrarse en el problema para centrarse en la solución. Este cambio —se pasó de interrumpir los patrones de con- ducta que mantienen el problema a reforzar las conduc- tas, pensamientos y sentimientos no problemáticos— hizo que el proceso terapéutico se orientara mucho más que antes a la cooperación y menos a la estrategia. La estruc- tura habitual del «mensaje de intervención» incluía felici- taciones, las indicaciones necesarias y una tarea (De Shazer, 1982, págs. 42-6). El mensaje así estructurado no concordaba con el tono cooperativo de la entrevista, por- que se parecía al diagnóstico y la prescripción de un médi- co. Por lo tanto, el mensaje de recapitulación se diseñó con el propósito de que reflejara, al final de la sesión, el patrón de preguntas /respuestas de la entrevista (véase la figura 2, pág. 68), y consistía en lo siguiente:

1. Una respuesta de los terapeutas/el equipo a lo que habían «oído» o comprendido sobre la situación de los clientes.

2. Una pregunta a los clientes sobre si estaban de acuerdo con esa respuesta y, en caso necesario, un reconocimiento de las correcciones.

3. Otra respuesta de los terapeutas/el equipo que ofrecía nueva información o un punto de vista dife- rente, incluida una sugerencia.

El éxito del mensaje de recapitulación dependerá, muy probablemente, de que nuestra formulación de lo que oí- mos y de la reacción que provocó en nosotros concuerde con la percepción que los clientes tienen de su situación. El mensaje tendrá mayores probabilidades de concordar si se basa en el contenido y emplea el lenguaje y las me- táforas de los clientes. En el contexto de la teoría des- cripta en el capítulo 1, el mensaje de recapitulación y la sugerencia pueden concebirse como una perturbación de la organización inherente a los clientes, pero jamás como una intervención que puede llegar a producir un cambio específico.

Lily y Tom integraban otra pareja que vino en busca de ayuda a causa de sus incesantes peleas. Se amaban y com- partían muchos intereses y metas, pero, según informa- ron, tenían serias discrepancias en lo concerniente al ma- nejo de sus finanzas, a su relación sexual y a su relación con los padres de Lily (contenido). La pareja eligió las fi- nanzas como el primer problema que deseaban abordar. Durante la sesión se hizo evidente que cada vez que uno de ellos expresaba una opinión, el otro se manifestaba en desacuerdo y miraba al terapeuta en busca de confir- mación (proceso). En armonía con la idea de que un men- saje de recapitulación debe formularse en función del contenido pero abordar el proceso, el terapeuta, después de referirse a lo que había oído acerca de sus razones para iniciar una terapia, les propuso la siguiente idea (refor- mulación):

«A menudo, la gente se pelea mucho, no porque quie- ran salirse con la suya, sino porque lucha por obtener el reconocimiento y la ratificación de la persona más importante de su vida».

También la sugerencia se basó en esa reformulación: «Les haré una sugerencia en la que tal vez quieran pensar hasta que volvamos a reunirnos. ¿Cómo quiere cada uno de ustedes que su pareja le demuestre respe- to y amor en relación con los problemas financieros, y cómo quiere expresarle su propio respeto y amor?». Los terapeutas centrados en la solución se preocupan a menudo por formular el mensaje «correcto». Sin embargo, no hay modo de saber cuál es el mensaje correcto para un cliente determinado en un momento determinado. Diver- sos mensajes pueden ser igualmente útiles siempre que se ajusten a la percepción de los clientes sobre su situación. Lo mejor que podemos hacer al recapitular y elaborar una sugerencia es emplear lo que entendemos que el cliente ha expresado, en combinación con nuestros supuestos teó- ricos, nuestra experiencia como terapeutas, nuestro cono- cimiento general de la conducta humana y nuestra intui- ción. Un mensaje de recapitulación eficaz es, podría decir- se, el que da una idea adecuada del contenido y el proceso de la sesión a quienquiera que lo lea o lo escuche, aun cuando no haya estado presente en ella.

La estructura del mensaje de recapitulación

El mensaje de recapitulación comienza con un resu- men de lo que el terapeuta ha escuchado decir a los clien- tes durante la entrevista, y sus palabras iniciales son «Hoy les escuché decir [o contarme]...». Este párrafo in- cluye (en la primera sesión):

1. Las quejas y/o el problema expuesto.

2. Los antecedentes históricos de la situación actual. 3. Lo que los clientes quieren que suceda, descripto en

sus propias palabras.

4. Los progresos realizados y los puntos fuertes exis- tentes antes de la sesión.

5. Cualquier cosa que hayan dicho los clientes acerca de su estado emocional.

En las sesiones siguientes:

1. El informe de los clientes sobre lo ocurrido desde la última sesión en lo que se refiere al cambio. 2. Las reacciones de los clientes al cambio o a su

ausencia.

3. Cualquier nueva información dada por los clientes, incluyendo la relacionada con los puntos fuertes, los recursos y los sentimientos.

El mensaje de recapitulación debe ser comunicado en un tono conversacional y sin romper el clima emocional de la entrevista. El terapeuta debe dirigirse personalmente, en cada parte del mensaje, a cada uno de los clientes pre- sentes en la sala, cualquiera que sea su edad.

EJEMPLO DE CASO: LA FAMILIA B

«Señor y señora B: hoy les oí decir que vinieron aquí por sugerencia del psicólogo escolar. La escuela infor- ma que Tina no presta atención en clase y no consigue hacer su tarea. También dice que pasa mucho tiempo sola, tal vez porque es tan irascible que los chicos no quieren jugar con ella.

»Ustedes nos dijeron que esa conducta en la escuela ha empeorado desde que ingresó en primer grado, jus- to en la época en que usted, señor B, inauguró su pro- pio negocio, y usted, señora B, comenzó a trabajar en un segundo turno. Mencionaron que, hacia esa misma época, Tina también empezó a ser menos colaboradora y a estar de peor humor en la casa. Están muy preocu- pados y quieren hacer todo lo que esté a su alcance pa- ra ayudarla.

«Intentaron muchas cosas para resolver este pro- blema, como consultar con la escuela y a varios tera- peutas. En cierto momento consiguieron que Tina

168

fuera transferida a otra aula, con una maestra más pa- ciente, pero al parecer no hubo ninguna diferencia per- durable. También probaron programas de recompen- sas y clases de gimnasia, leyeron libros sobre crianza de los hijos y trabajaron en estrecho contacto con la es- cuela. Nos dijeron que en general no comparten la mis- ma filosofía en lo que se refiere a la disciplina y a me- nudo no encuentran puntos en común.

«Vinieron hoy para tratar de seguir ayudando a Tina. Señora B: usted quiere que Tina haga más caso a los adultos, tanto en casa como en la escuela. Señor B: usted dijo que desea que, como resultado de haber ve- nido aquí, Tina sea más feliz en general. Cree que se adaptará mejor cuando se sienta más satisfecha consi- go misma.

»Mike: te escuchamos decir que tratas de ignorar los problemas de la casa. Sólo quieres que todos sean más felices.

«Tina: dijiste que te gustaría que las cosas cambia- ran para ti en la escuela y en tu casa. Desearías tener más amigos en la escuela y que tus padres no estuvie- ran tan enojados contigo todo el tiempo.

«¿Los escuché correctamente? ¿Hay algo importan- te que haya omitido o que quieran agregar?».

El primer segmento es seguido por una declaración que refleja la reacción del terapeuta ante los clientes, y co- mienza con estas palabras: «Mi respuesta a lo que les es- cuché decir hoy es...«. Constituye un segmento importan- te para reforzar el clima emocional y presentar a los clien- tes un punto de vista distinto. A esta altura, la informa- ción mencionada también lleva directamente a la suge- rencia.

En una primera sesión, esta parte del mensaje debería contener (aunque no necesariamente en el mismo orden) los siguientes elementos:

1. Una declaración que refleje la empatia y/o la acep- tación del terapeuta, como por ejemplo «No me sor- prende que estén tan deprimidos», «Lo que han des- cripto parece ser una situación muy penosa» o «Me

parece una buena idea que hayan venido a hablar con alguien».

2. Una reflexión sobre el impacto emocional de la si- tuación en los clientes, aunque estos no se hayan referido al tema: «Me dio la impresión de que uste- des se sienten muy dolidos» o «Comprendo por qué se sienten así».

3. Felicitaciones o un reconocimiento positivo de los cambios producidos antes de la sesión, las ideas so- bre futuros cambios o los puntos fuertes y los recur- sos ya existentes.

4. Diferencia: normalizaciones, reformulaciones, in- formación sobre el desarrollo infantil o la dinámica de una relación; reflexiones u opiniones del tera- peuta.

5. En el caso de una pareja o una familia, un senti- miento o una meta compartidos. Por ejemplo, am- bos miembros de la pareja sufren mucho, todos quieren pelear menos, todos quieren ser parte de una familia feliz.

EJEMPLO DE CASO (continuación)

«En cuanto a nuestra reacción a lo que ustedes dijeron, creemos, ante todo, señor y señora B, que ha sido acer- tada su decisión de venir hoy aquí y traer a Tina y Mi- ke. Todos contribuyeron mucho a darnos una idea de la situación por la que están atravesando. Notamos que, básicamente, todos parecen querer lo mismo: que las cosas mejoren en la familia, que todos sean más felices. Eso nos indica lo mucho que cada uno se preocupa por el otro y por toda la familia.

»Nos impresionó que ustedes, mamá y papá, estu- vieran de acuerdo en no dejar piedra sin remover para ayudar a Tina, pese a la vida tan ajetreada que llevan. Están tratando de hacer todo lo que los buenos padres pueden hacer... y también tienen que ocuparse de su trabajo, su casa y sus ancianos padres. Es mucho.

»En lo que atañe a sus diferencias de criterio respec- to de la disciplina, es algo que, a nuestro juicio, en oca- siones resulta útil. No todos los niños responden igual a un mismo estilo de disciplina. De modo que dos cabe- zas son, a veces, mejor que una a la hora de elaborar un plan coherente [este es un modo positivo de reformular su desacuerdo].

»Mike: apreciamos realmente tu sinceridad al decir- nos que tratas de desentenderte de los problemas de la casa. Otros chicos quizá no hubieran sido tan sinceros. Nuestra impresión es que te preocupas mucho por tu familia y no quieres agravar los problemas. Sólo quie- res que todos sean más felices.

»Tina: deberías sentirte orgullosa de ser lo bastante madura para admitir que deseas que las cosas cam- bien. No es fácil reconocer que uno ha obrado mal. Pero a menudo es el primer paso para hacer que las cosas sean mejores tanto para uno como para los demás.

»¿Desean hacer comentarios o preguntas?».

Como puede observarse, el mensaje de recapitulación refleja y mantiene el patrón de escucha y respuesta de la conversación durante la entrevista. Los elogios se entrela- zan en la respuesta. Preguntar a los clientes si hemos escuchado bien lo que dijeron es una muestra de respeto. También aumenta su confianza en el equipo y el terapeu- ta. Cuando desistí de comenzar el mensaje con los elogios y decidí iniciarlo con las palabras «Hoy les escuché decir», constaté que la «actitud del sí» (De Shazer, 1982; Erickson

et al., 1978; Erickson y Rossi, 1979) (los clientes asienten

con la cabeza para manifestar su acuerdo) se volvía aún más perceptible.

L a s u g e r e n c i a

La decisión sobre las sugerencias que deben hacerse a los clientes al final de las sesiones parece ser uno de los problemas más desconcertantes para los terapeutas.

Ha habido muchos intentos de proponer lineamientos (Brown-Standridge, 1989; De Shazer y Molnar, 1984; Fi- sher, Anderson y Jones, 1981; Haley, 1976; Molnar y De Shazer, 1987; Papp, 1980; Kohrbaugh, Tennen, Press y White, 1981; Todd, 1981), centrados sobre todo en las ex- pectativas respecto de la obediencia de los clientes (es de- cir, sugerencias directas a los clientes motivados e indirec- tas a los clientes no motivados, o conductales versus cogni- tivas).

Las tareas utilizadas en un principio en el Brief Fami- ly Therapy Center eran semejantes a las intervenciones «paradójicas» del Mental Research Institute, con las cua- les se buscaba la interrupción indirecta de los patrones sistémicos para permitir que el sistema se reorganizara a su modo (Frankl, 1960; Haley 1973,1976; Watzlawick et

al., 1974), y a las prescripciones contraparadójicas del

grupo de Milán (Selvini Palazzoli et al., 1978). Todas ellas se proponían sortear la resistencia asociando la connota- ción positiva de un patrón disfuncional a la prescripción de mantenerlo, con la intención de que el cliente hiciera lo contrario. Cuando la terapia familiar breve se convirtió en la TCS, el concepto de «colaboración» del cliente reempla- zó al de resistencia (De Shazer, 1984). Por lo tanto, resul- taba teóricamente imposible prescribir una tarea paradó- jica, ya que a partir de entonces, para lograr que fueran aceptadas, las tareas se prescribieron sobre la base del modo de colaborar de los clientes. En la práctica, esto pue- de parecer más o menos lo mismo. Por ejemplo, a un clien- te que tiene una manera competitiva de colaborar se le puede decir que una tarea determinada da buen resultado con algunos clientes, pero que probablemente no funcio- nará en su caso.

Elegí la palabra «sugerencia» en lugar de «tareas» por- que está más de acuerdo con la creencia centrada en la solución de que los clientes poseen recursos para ayudarse

a sí mismos. Por la misma razón, no me parece beneficioso

aplicar a los clientes el rótulo de «consumidores» (De Sha- zer, 1988; Fisch et al., 1982), «protestatarios» o «visitan- tes» (De Shazer, 1988) para establecer si se les debe asig- nar una tarea. Se dice que los consumidores son personas

motivadas para cambiar y, por lo tanto, es probable que traten de hacer algo diferente. Los protestatarios creen que hay un problema pero no están motivados p a r a hacer gran cosa al respecto. Pueden o no cumplir una tarea, y no se les debería asignar una actividad directa; podría pedír- seles simplemente que observaran algo. Los visitantes no creen que exista un problema y no quieren tratarse. No se espera que realicen tareas porque carecen de motivación de modo que no se les debería asignar ninguna. Estos ró- tulos no predicen necesariamente la reacción de los clien- tes (Fish, 1997). Los visitantes pueden convertirse en con- sumidores, y estos en protestatarios, corno consecuencia de su relación con el terapeuta en la sesión inicial y tam- bién posteriormente. Se sabe, asimismo, de consumidores convertidos en visitantes a raíz de una experiencia negati- va. El clima emocional de la entrevista y el mensaje al fi- nal de la sesión pueden provocar cambios importantes en la actitud inicial del cliente. Dada esta falta de certidum- bre, parece falto de perspicacia no hacer una sugerencia de cambio a todos los presentes. Por otra parte, limitarse a hacer una sugerencia, en lugar de asignar una tarea, per- mite a los clientes elegir entre actuar de conformidad con ella, modificarla para que se adapte mejor a su situación o dejarla de lado. Cualquiera que sea su reacción, el clima emocional se preservará porque no pueden cometer nin- gún perjuicio.

In document RETHINKING SCHOOL LUNCH (Page 62-72)