Tradicionalmente y en función de los diferentes componentes que median la respuesta inmune adaptativa, ésta se ha dividido en respuesta celular y humoral.
La respuesta celular, está mediada por los linfocitos T. Las estructuras más importantes en la superficie de estos linfocitos son sus receptores para el antígeno (TCR). Existen dos poblaciones principales de linfocitos T que se diferencian por su TCR, en función de si contienen la pareja de cadenas peptídicas α y β (TCR α/β), o la pareja de cadenas γ y δ (TCR γ/δ). En corderos recién nacidos, las células T γ/δ constituyen hasta el 60% de los linfocitos T en sangre, pero esta cantidad desciende hasta el 30% hacia el primer año de vida y hasta el 5% hacia los cinco años de edad.
El TCR se asocia al complejo CD3 formado por un conjunto de proteínas implicadas en la transmisión de la señal de activación desde el receptor hasta el interior de la célula, tras la unión del antígeno al receptor del linfocito T. El complejo CD3 está presente en todos los linfocitos T.
Existen dos poblaciones de linfocitos T, los que expresan el correceptor CD4, denominados linfocitos T colaboradores, que reconocen los antígenos presentados por las moléculas del complejo mayor de histocompatibilidad (CMH) de clase II de las células presentadoras de antígeno (APC), y los linfocitos T citotóxicos, que expresan el correceptor CD8 y reconocen antígenos presentados por las moléculas del CMH tipo I.
En general, el porcentaje de linfocitos T CD4+ es superior al de los linfocitos T CD8+. En el ser humano, por ejemplo, alrededor del 65% de los linfocitos T son CD4+CD8– y el 35% son CD4–CD8+. La proporción entre las células CD4+ y CD8+ en sangre puede utilizarse para estimar la función de los linfocitos y el estado del sistema inmunitario. Así, un recuento elevado de linfocitos CD4+ se asocia con un incremento en la actividad linfocítica, debido al predominio de linfocitos colaboradores, mientras que un recuento elevado de linfocitos CD8+ se asocia con una disminución de la actividad linfocítica. La proporción relativa entre los linfocitos CD4+ y CD8+ varía entre los seres humano y otros mamíferos (Gómez-Lucía y cols., 2007; Tizard, 2009).
En la Tabla 1 se presentan las principales poblaciones de linfocitos en la sangre periférica de oveja por ser la especie animal objeto de nuestro estudio.
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Tabla 1.- Principales poblaciones de linfocitos en sangre periférica de oveja. Los valores están expresados como porcentaje de la población total (Smith y cols., 1994)
Linfocitos B (%) Linfocitos T (%) CD4+ (%) CD8+ (%) Proporción CD4/CD8
Ovejas 56-64 11-50 8-22 4-22 1,55
El segundo tipo de respuesta inmune adaptativa está constituido por la respuesta humoral y es mediada por los anticuerpos producidos por los linfocitos B. Al igual que los linfocitos T, los linfocitos B tienen estructuras en su superficie que son receptores de antígenos conocidas como BCR y que estructuralmente son inmunoglobulinas de membrana. Tras su activación, los linfocitos B se transforman en células plasmáticas productoras de anticuerpos.
Hay cinco clases o isotipos diferentes de inmunoglobulinas, que se diferencian en los dominios de la cadena pesada.
- IgG: Es la inmunoglobulina que alcanza mayor concentración en la sangre y por esta razón juega un papel primordial en los mecanismos de defensa mediados por anticuerpos. Debido a que es la más pequeña puede extravasarse de los vasos sanguíneos más fácilmente que las otras. La IgG se une a antígenos específicos en la superficie de las bacterias, actuando como opsonina, favoreciendo la fagocitosis y juega un papel importante en la inflamación.
- IgM: Es la que sigue en concentración a la IgG (en la mayoría de los mamíferos). Cada linfocito B naïve expresa en su superficie IgM como inmunoglobulina de membrana (BCR). La activación del linfocito B requiere con frecuencia la colaboración de los linfocitos T CD4+. La IgM es la principal inmunoglobulina producida durante la respuesta inmune primaria. También se produce en las respuestas inmunes secundarias, pero esto tiende a pasar desapercibido por el aumento y predominio de la IgG. La IgM se secreta en forma de pentámeros con un peso molecular muy elevado y, por ello, raramente entran en los fluidos tisulares, ni siquiera en los lugares de inflamación aguda. - IgA: Es la tercera en concentración en la mayoría de los mamíferos. Esta es, sin
embargo, la inmunoglobulina predominante en las secreciones tales como la saliva, la leche y los fluidos intestinales. Su concentración en suero, en la
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mayoría de los mamíferos, es generalmente más baja que la IgM. La IgA secretada, normalmente en forma de dímeros, en las superficies corporales atraviesa las células epiteliales hasta las secreciones externas. Como tal, es crítica en la protección frente a la invasión microbiana de los tractos intestinal, respiratorio y urogenital, glándula mamaria y ojos.
- La IgD se expresa en la superficie de los linfocitos B naïve y apenas se detecta la forma soluble en sangre.
- La IgE se encuentra en concentraciones muy bajas en el suero y participa en reacciones alérgicas y en la defensa frente a helmintos.
Todos los mamíferos poseen genes que codifican inmunoglobulinas, expresándose 4 ó 5 clases. En el caso de la oveja se han descrito las siguientes clases y subclases de inmunoglobulinas: IgG (G1, G2 y G3), IgA (A1 y A2), IgM, IgE e IgD. Los niveles de inmunoglobulinas séricas (mg/dl) descritos en ovejas son: IgG (1700- 2000), IgM (150-250) e IgA (10-50) (Gómez-Lucía y cols., 2007; Tizard, 2009).