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Trustworthiness

Phase 5: A first attempt at data analysis

ges, de periCuases y sufeun~snios1dijo bruscamente

¿,c:~~nopuede usted ignorar que Esternay cst~

• arruinado?

• — ~Miyerno1 ¿qué dice usted? ¡Si es un mo~

dolo!.,.

— Del

1erdido. En esos ehibs sele ha ido rnue1~o denudo de la ore~ai~Jorge, en la Bolsa ha pagado

diferencias enormes, y bogo, con amigos que le hanexplulado conlas sangrias de las pécoras, con las fraucac1icla~y borreehera~

— Por amor de Dios, nosiga usted! Es

un

posi-

ble loque usted dice, Yola ndc molo habuin dicho...

— La buenapieza de Yohuule no se lo ha dichoó

usted porque h~hriaque ajustar cuen~ascon ella, descubrir que el Juren del lu,~o,ci despilfarro, la ha hecho hl tiempo encetar el caital, que pasa la vida pindongueando, pera hacer corno las otras, COifio 411

gr~uainiga la baronesa de Pessac.

— Jeaús Diosiniol ¡Calle usted Eso no es cao

no puede sur; en la provincia han illveritallo esas calumnias y usted onu hace el agravio de creerlas, usted, antiguo y buc~i a niigo pero, ¿nOha pensido

usted en que me matarla can sólorepetirlas? ¿Qué heoida~santo l)ioe?

108g ,MA’NUgL HIDSLGO ~, .‘

Ifa pensádo que si elmal hecho no tiene ya

remedio, scpuede á lo inenós salvar loquiaq ada y

hacer qne su hija da usted vuelva al redil. ¿Quién lo hubiese creído? 1Si mi compañero Bonnev vi- viera!,,.

No, cao no es verdad— decía llorosa y angus-

tiada— no lo es, no puede serlo, pero me matasóio:

el cirio,.. Usted no sabe que un nombre que ha pro- nunciado ha hecho más mal á mi corazón que el anuncio de la pérdida do los bic6es.

nombre?

Y nl decirla esto, la ‘vid cerrar los ojos, palide- óer, estremecerse como al tuviera escalofrio, que—

dorso inerte,

— ;Vamos, amigar cáim~seusted, todo se arre-

glará.

Y la daba palmaditas; pero viendo que no voivia ami si, se asustA, tocú la campanilla y acudió la don- celia.

Ay, cd señora! ¿QuéJe ha hecho usted? Y la hizo respirar safe; la díA fricciones en las sienes hasta que abrió los ojos, y viendo al rioBe-

nito, miró del otro lado, como si su vista le impAr- tunase.

VíCTIMAS DEI~ CHIC. 167

• —.--Mejor será dejarla, que se repese, ya volveré

majiana ñ saber cómo sigue, pues rae vuelvo & mi provincia. Pero si algo se ofrece, llánaeme usted, señora, que el tío Benito es amigo de veras y hará toda lo que usted quiera mientrasviva, y ha de serlo en memoria de mi compafiero lo juro por este ga- rrote, que nuncaase ha oido mentiras. Tó, chica, cuida bien á tu señora Y: hasta yo te recompensará...

— Con una coz, animal, dijo aparte la doncella.

VIII

El retiro en que por su v6hsntad se Italia confi- nado la señora Bonnet, le babia dado esa saÑnidad en la existencia, propia del despego de las cosas de este mundo, encontrando su mejor distracción ea la lectura seria qee la deleitaba instruyendo, pues por irtás que se sepa siempre se aprende; y su mayor goce en: las que llevan el alma Ala contemplación del amor divino y deJa nada de las cosas Itumanas, ignorando ese ruido mundano en que se agitan tan- tas pasiones y se ven tantas miserias, ~~ueno pasa- ban el umbral de su morada. Era un alma que vino

JoS~MANUEl. HIDALGO.

enferma al mundo, y de ah ese corócter meiane~. lico, e~aingénita bondad, ese corazóntan propenso á la ternura y tan deseoso do sosiego, que nopodían lhwarhia! deseo de brillar ydivertirse, sin que por esto dcj~’sede convenir tu que con todas lasvirtil- des riosililcs, es licito yA veces necesario, ye podos gust.~sA por las obligaciooes de cada uno~acudirá las Fiestas, gozar de ellas, pero con moderación, y no haciéndolas e1 principal objeto de le vida. Para, ella al m&s consolado’ era la caridad, pcoaando,~sin duda, que se dice con ruzóu que ci que da A los pu- bros, presta A Dios.

Somnisa yresignada Asuvoluntad, habría acogido la muerte con esa poesia que de Ja ro, le esperanza de una mejor vida y sin deseos cuando se ha alcan- zado la miscricortUd divina: peró daba gracias al cielo de qua ae la conservase ~‘ara amary euntem- pIar A su hija, en la que ce niraba con amor y ter- nura inet~tbIes,su única aleg ia, en única consuelo, admirandosti donaire, complaciéndose en la acogida que n~c~biaen Ja sociedad, por creerla de hucha ley, é imaginóndose quesu conducta era apreciad~ipor lo irreprochable, habiéndose salvado de los escollos que A cada paso presenta la vida nui~danmNo sabia

V1CTIMAS DCL CHiC 100

de la de Yolande mAs que lo que eJEs Je dedo, que naturalmente era lo que podia lisoajear sus senti- mir.iilos yaleiar sos temores, A lo que llamaba eni— buste piadoso Y al estrecharla ~tistt~brazos ydarla aquellos besos que parlen del alma, la contemplaba radiar~toy derramabasobre ella las bendiciones que creia nicrecer

Esabcalmtud tan rara, que debe ser como precur- sora de la eterna del pandan, Lcd désiruida ante el bronco acemilo do un hombreque reveló mine situa- ción que parael alma, para el amor maternal, entra- ñable, celestial, da una madre, habin de ser una de es;ms grandes amarguras con que sólo el poder tic un l)ios puede probar A sus criam ura

La mucrte de Yolandc la habria traspasado de do- 1 loa; pero la comitlanaeiómm de su alma laentregabaá todos los tormentos de una madre amorosa y cre-

yente; y en la exalLación do ese amor, unido al terror quedan las creencias, veis ya A sulm~ja en el peor lugar entre las réprobas, y le dolia no haberla per- dido cuando era inocente, pues preferia saberla An- gol en el cielo que verla culpableen Ja tierra,

Pasó la noche orandode hinojos en el recliiiatorio, ante el Crucifleado, los brazos en cruz y dcrra insudo

i~O JOSÉ MM~UL2~ JILDaGO.

h~grimasde ñmargura, pidiendo al cielo llamase

al

corazón desu hija para el arrepentimiento, la con- fusióu y la peniLencia que pudieran rescatar suscul-

pas, puniendo la pobre madre A Dios, como dice madatris Swetctdne, «entre el dolor y st misma a.

Así la sorprendió el alba, y al oir tocar las eanipana~ del convento cercano, recordó la hora en que en el suyo ebria los ojos y sI corazón para entonar bacán- tices de alabanza al Seiior, al saludar el nuevo dic. Los crujidos del corazón de una madre deben resonar en el cielo y hacer llorar ó los (tegeles. Al ir Li buscar algún reposo se dijo tristemente como el. Itcdehtor : u Mi&rna está tristehastaJamuerte“,

y al abrirlos ojos, parecía buseai con amárga son- risaá la bija que qixariatalvaP.

Al dia siguiente se presentó Yolande con su son- risa. de costutnbra, y se quedó sorprendida é impte- sioaada de ver ásu madre durmiendo 4 esa hora en un c’inapé,pAlLda como jamas la babiav~ato,pahdez que realzaba el vestido negro que llevaba siempre. La

VÍCTiMAS DEL. ChIC. 171

fijó la mirada con espanto, como si viera Mgo grave

en ese scmNnnte, que parecía con el biela de: la muerte. Al ruido abrió los ojos que teuian como ese brillo siniestro de los que van á morir, se estréna~— cié y ex halé un i ay F tan doloroso, que Yolaadc no sabia quó pensar, y algo conmovida le dijo;

¿Qué tiene usted, maS?

— Pregúntalo ~ so conciencia.

No veo en qué

La infeliz madre, con escasas fuerzas y avergon- zada y afligida debo que su imaginación le repre- sentaba de la conducta de Yo!ande, enconté alientos en el deber de madre y en el amor su hija.

— Eres amiga íntima, inseparable, de la barone-

sa de Pesece y por tanto llevas su misma vida y tía- nes su misma reputación. Al oir ese nombre sinpu- dar unido al tuyo, senU como si me. abrieran las carnes y una mano impura desgarrase el corasón. Tú debes saber que sólo un alma condenada puede jaclarse de encontrar « su mejor distracción en el pecado mortal

Yolande se turbé visiblemente,

— No mientas, es horrible mentir; pero mentirá

t75 JOSÉMANUEL HIDALCO.

Angeles con quienes en mi delirio había osado corn- peralte.

• La Baronesa tiene muy buena -posición, ella es le que me ha presentado en la sociedad, y. es aa- •tural seamos amigas.

y tener la misma conducta? ¡Mírame hién~y dimesi jurarlas antelos Evangelios que no.hesfol— tado A los juramentos que hiciste al pie dclaltar,.á los elocuentes y cristianos consejos del obispo dé nuestra diócesis, que bendijo tu unión, ofendiendo al cielo y martirizando el corazón de tu Landre, que humilladate contemple ya con el anatema de Dios.!, Ynlande, soepreodido y aterrada, rio acertaba A de~enderseni qaeria confesar, y se celiAllorósa en brazos de su madre., abrazóndola y besóndola, como si con esoquisierairaniuilizarla. El.tupé que habla .adqoirido en el trata éon damas galantes, cayó alli

A los piesile sumadre, como en el tribunal el reo que se ve cogido y conflesa callando.

¡ Callas porque no te atreves á ser perjure 1

Dios mío! ~Diosmio! —decía conIa expresión más dálorosa, que sólo el dolor y la religión pueden in~pirar ¿por qué no me oíste cuandoíe pedía

V~CTlMASDISL CiliC. t73 fleva~csdel mundo? Grande habria sido mi amar— gura~pero me liabria quedado el consuelo de que la h:ibiis puesto cutre tus querubines qoisiste ha—

cerme conocer tanto dolor, para probarme ¿Ét 10

mis sensible do! alma, que as el amor ó la hija que me diste para mi consuelo y mi alegria. ~Señur! mueve50 cA rasAn, y ya qüe dSconace mis dócttinas

y no escucha mis ruegos, haz tú que la veayoarre. penti(Ia y á ma pies, pkliéiidote perdóal...

—PeLomarn~si.,,

— Ah Yolande[ leo en tu eoraión, leo ea tu

conciencia, veo tu ignominia, veo el enojo de bios~ tiem Ido 1)01’ fu amia, y la io!a idea de que Le hayas orendido va A abrirme las puertas di sepulcro. ~No mo dejcs bajar A Al sin que, al cerrarme los ojós1 el arrepentimiento haya purificado tu tinta, y cori— trka y horoiliada, eleva ralo

w

corazónal cielo, lo pidas cii mi trAnsito te pOld000 como yo quisiera

beiidecirte, ya tranquila, it ti, que has sido el bit!— sanie de mis pesares, el sotde que cada dic daba alientos á tui e~d.stencia

Yolaade se conmovió realmente, y se eeh6 ótÑ ves en brasos de su madre.

— Mini, usted, retirada, ignorando lo que pasa

574 ~OS~MANUEL HEDÁLOO.

en la sociádad, ha dado oídos A calumnias que no

comprendo dedonde vienen. Acaso Mercedes,.,

— No la culpes, que no es ella; es el eco de lo

quese dice en nuestra provincia, en donde has per~ dido toda estima y sa propalan hechos de que iay! no haces misterio; ¡séque t marido seha arrui— nado, como tA estás en camino de serlo, que es indigno de ti, aunque, ;Dios mío el pudiera decir lo misinol

— Es verdad, pero era inútil darA usted esa po-

sadumbre.. -

No liablnmoa hoy de los bienes de Fa tierra,

qUe los que deben ocupárnos son los inmortalés del alma, que por culpa nuestra pueden perderse para

siempre~ :

— CAlmese usted, mamá mía, su virtud, su re-

tiro, su vida ascética, le hacen ver en sri imagi- nación situaciones que rio existen y culpas en- geradas. ‘~ovivo, en una suciedad elegante; M verdad, pero eso no quiero decir que yo haga ni más ni menos que las demás de ini círculó,v:q~ie viven tranquilas y desdi de tan lisonjera acogida

Vamos, ealm ese usted, quierame corno siempre,

\‘ICnNAE ru:L CUEC. (73 Y ilóndole nuovos obraaes y heces, quena tran- quilizarla y volverla A las sonrisas y canijo que su presencia Producia.

La madre no se convenció, pero la fatiga la hizo callar, y se quedó nlgnn~s mementos respirando apenas y jHsLrada.

Prucurando dontioarac, le dijo

— Tú eras lo que me ligaba A la vida, pero no

he pedido porcao al cieloque no abreviase la mía, pues es un deber scmcterse it lo voluntad divina, siquiera su sufra A se palezca cruclmente. Si mi naturaleza, ei dolor de haber pcidido A tu padre~ mc ha hecho asceta, como dices, entregarme A la meditación que aleja todo apego A lo existencia, la miraba como un favor del cielo, porque estabas A mi lado, atenuabas mis dolores y veía co ti un ángel á cuya peana habría querido arrodillarme para contemplarte mejor, y hacer subir hasta ti, con mis miradas amorosas, ~s preces para que el cielo te conservase el Angel que para mi bien babia puesto A mi lado!

Y volvia A llame amargamente en ademán de

suplicar, oxtendiendo los brazos como si quisiera recibir en ellos A la hija que derramaado las I~—