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Trustworthiness

Chapter 4: THE RESEARCH EXPERIENCE

las familias nobles, aunque olla 16 fuere por su naci- miento, sino en las que tenían antiguo arraigo, y formaban lo mejor de la sociedad. Y además, bien comprendía que Bondet era uno de los apellidos del estado llano que más se prestaba á chafablitas, por sus varios significados de gorra, bonete, birreta, que llevan también magistrados, médicos, ingenie- ros civiles y militares; pero estaba muy por encima de esas peqileñedes, y sólo vela en el que le había dado ese apellido, un hombre honrado que la aceptó sin dinero7 cosa tan rara en esta época interesada, en que lo priniero que se pregunta con descaro, es

cuánto se tiene de dote.

Llamaban á su casa la del Capoteo, lo que lejos

de sonrojarles,. hacia vc~.que los bienes se.hahfan adquirido por el trabajo, el timbre más hallo que pudiera ponerse al frente de su morada, y el que hubiese penetrado en ella, habría visto que lo era de la pai y de la armonía.

Las prendas de su eornz&n, su egregia ioteli— gencia, su agradable instrucción, empezaron á tras- [neirse por la fuerza de las cosas, por lo mismo que allí todo se sabia y se comentaba, y hasta se sabia [a adoración que tenia por su hija y sus desvelos

MieliNAs DELGlifO. la por ella. Al fin y al cabo, empezó á decirdé la gente: ella es noble, muy recomendable, y aunque el, apellido do Bennét no sea muy poético,. se repetia tanto, que sé ecostunibró el oPio, y ya nadie repa~ raba en ello (1). Lo mismo sucede en todos los

paíscs, en que los hay más ridículos y ehoeantes, queoidos por la primera vez hacen reir, y luego se dicen naturalmente. . . . . . . ..

Empezaicu las miradas bene\ olas la sentad sim— pática, cuando se tropezaba con. ella; y al ver su dignidad en el retraimieiito, con lasinipatia aamen— taha el deseo de conocerla, [le ello se encargó una dama que por sn edad y posición tenia autoridad para euviarla uros esqoala ecetés, convocándola á u~ajunta de caridad

Á i~cual asistió con traje sencillo, fiero elegante, (1) Las rarntflas que llevan este apellido se cuentan por conlenarre.Esodió lo. ideahace atlas 5 un guasón dapoder

en co pdriódico que un Sr. Donad había muerto causa dé las colonias francesas cm hacer testamento y dejando a cendal. Al dic siguianLa zmpezd usa precesión en el Tibulo— teno de la Mariua de todos los Bdunels, que ibaa ¡ pedir informes, á ycr si cucontraben alguno á que acogeree para reclamar el caudal a4oettos empleados, aburridos, al Qn, los despachaban can cajas destempladas.

16 JOSÉ MANUEL JIJD~\LD0.

bien que su verdadera elegancia estuviera en la distitición de su ~ Al entrar hizo un:•i reve— rencia óaquellas señoras, y se dii,:gi5 á la anciana que lahablaconvocado, agradeciéndola en breves y cortesesfrases de q:le liubiece pensado en ella para obra tan meritoria. Le pres~dentalo dió la juana y lo presentó i, las otras damas, que se la tendieron con cortesía. No tomó la iniciativa en niado, respon—; dió breve y acertadamente, y aceptóla parte que se le eneomaaidó, dejando excelente impresión al reti- rarse.

lIi~oluego visitas ~ las damas de ¡a Jon~a,en compaüiade su marido, ó quien presentó y fié muy bien acogido.

Las relaciones aumentaron necesariamente, sin que por su parte hubiera un apresuramIento le mal gusta; pero hahia tal dignidad en el agrado que mustiaba por la acogida cori que iba siendo reci- bida, que se ganaba ea seguida todas las voluntades.

‘Y

Mi, casi sin quererlo, fuó cobrando tal autoridad, se eneontrabe tanto p~aeeren su trato, bacía ¡os ha-

ViCTIM~tS DEL CIlIO. 11:

nores de su casa eón tan natural afabilidad, que se acudia á olió con gusto singular, y quizás con más frecuencia quolo decostumbre en provincias; pero ella misma lo faéililaba, abriendo sus salones una vez por semana, dando ~cqneñas comidas, tS huii~ mos, que acabó pm tener tartulianos dininguids, encantados de encontrar un centro en que la scrior~a de la casa pudiese ocogar con inteligencia su variada conversación y tornarpurtc en e1la~:sibien con te- mor ydiscreción para ño darse ~ires de sabidilla. Si su marido dci lo era, se hacia agradableyútil en todo, y no se le desdeñaba.

Los años corrieron en aquella apacible morada, sin que ningún disgusto, ni siquiera una euícreiedad, hubiera venido á turbar al honrado rnatrimonio~ Volando crecia ála par en béldad ~rgantileza, siélido el encanto de stis padres, cuyo entrafiable amor por la hija ñu ¡ea que les Labia concedido elcielo, 1es hacÍa transpoitarse á lasdelicias cia un paraiso en que la velan corno ángel de loa y cia esperanza. La madre la conten plaha como el ser arrancado á sus entrañas, recordaba conternura sus dolores y sus lágrimas al dr su primer vagido; iY en ese inefable amor se reflejaba la loz que se dcsprcndia de su corazón de

18 JOSÉ MANUEL HIDALGO.

madreE MIL vidas tuviera, otras tantas daria, si en su sacrifIcio se cifraha la felicidad de la hija do su alma!

Para ella cran todos los pensamientos de su exis- tencia; su sonrisa era su vida, sus dichos su deleita, su inteligencia su orgullo y su encanto su instruc- ción. Fuera da la música y del dibujo, ella había sido su profesoraen todo, yen todo Incia con pri~ moré ini.eligencia; Ay!al contemplaresafelicidad terrSre de que brotaban da continuoraudales de contento, habría querido que ¡a naturaleza. susperi- diese sus leyes, yque Yolande se quedase de esa edad, de esa talle, con asa ~raeia y ese candor pro- pio de la inaxperiencia de la vida: ¿Qué destino la

esperaba? La sola idea da que no focea feliz, obseo- 7 rceiR el brillo da su imaginación, traepasaba sn 1 alma; y luego esperaba todo lo que deseaba, y vol- vía á sonreír estrechándola entre los brazos, ontu- siasta y radiente corno si la viera ya envuelta en la dicha que anhelaba!

VtdTIMAS DEL. CHIC, . 19

y

Le belleza y.la gcnerósidod delos sentimientos da Las doshermanas~leshaeian scntiiy desear el mismo bien en ¡a una para la otra; asi que ciiando.ZoA vió ó Nanina casada con un hombre honrado, cuyos bienes iban á proporeióaaria una txisténcia que no podina soñar en lo ttiste do su situacióniii en Lo modesto de sUs aspira~iones,se regócijó CinOera— mente sin pensar en si misma, como es propio de la generosidad de los que tienen idéntica sangro. Lo primero que pensó Norino fué en señalar. á

Zoé una pensión para que pudiera vivir con ese

sosiego que da la eeguridád de que el día, siguiente y el mes y el año entrante, se ha de contar eon’qué satisfacer ¡as necesidades de la vida, que de rio ver aseguradas quitan toda calma, el sueño, ‘y obligan, cuando se es bien nacido, A llevar esa mAscarado. impasibilidad y aun de amenidad que impone un legitimo orgullo y el deseo de no ser compadecido, de veras ó fingido, y ser asunto de conversación.

Zoé asoció naturalmente su parienta bienhechora al bienestar relativo que esa pensión procuraba, y

JOSÉ MANUEL ¡LIDAEÁ~O.

se instalaron con otras comodidades, mayores Siem- pre en los matrimonios franceses, que tkenon el don de gozar con pocode lo que euc4a rnús ú los que no saben gasLar y earece’~del buce gusto innato en las francesas, de baque pudiera decirse adeinñs que nacen costureras,al ver como, con sus propiasma- ROS, imilatilasmodas m~sintrincadas.

Lss tamUjos con quienes Zuétenía amistad eran pecas, bonrndas y,naturalmente,de suposición, sin buscar fiestas que no falta en Ledas las clasesiiilas ocasiones de agradar y es~ableccrsebien, siquiera fuese asturaly pcrnnitidei.

Su distracción favoriLa era la lectura. Ella misma

se había Pinnado clgusm, muy pronniiciado porla historia y por esa hermosa. literatura, sana ca los principios, ingeciosa en lo invercL:i y de encanto en el estio, que hice jiasac llecas tan bellas en la existencia; pero nio~esa lftera;ura malsana con que algunos amores n~odernosr~osdescomponen los nervios», como se dign5 escribir al autor una me- gusta y encantadora joven piincesa~cuyo corazón de• oro brilla en todos sus actos y palabras,. como brifla su nítida y cultivada intohga:icie.Hoy Id aP- ción 4 la lectura eaVi muy desarrollada ea todas las

victiMAsDEL daic. 21 clases; así que, cuando se tropieza con JHS jóvenes, pie por ignorancia, pereza,~óabsorbidas por gus~ tos fris’olos y vanidosos, no abren un libro,ó, si hacen excepción, es pnra .deleitarse en lo queman- cha su iriteligencia, debilila los esci~úpnlosj quizás las pre~aro al mal, siea~euno por ellas tanta cern- pasión corno desdén y alejamiento ‘ ‘

‘ ‘

Fuera de algunas comidas y reuoiooes intimas, le vida de loé era aislada y no recibia jóvenes en su casa, aunque muchos lo solieitsb,n, porque el en- canto da arz porsóóa~rsu. agradable conversación, le atralan las simpatiasy el deseo de cultivarla.

En el verano gustaba de ir al jardin de~as Tulle— eLia ¡ oir lies yema pat semana, [a ínu~ieamilitat, mientras su buena parienta leía el popular y barato

Fe/it Jovrnal,y ella comia barquillos que compraba

los que llaman la atención con el ruido de las ar- goi1a~de fierro que sacuden fijas en una tablilla,

Ir al jardínde las Tullerias 6 al del PeíaisBoyal

no es chic una elegante miraria corno desdoro.” versesentada entre aquellas burguesas; pero ~i a día se les ocurriera á unas cuantas de ¡as que danel t~no,ir á sentarse en Ños jardines, al día siguiente •irion otras, y asi, ~ueesivamente,se voiverian con-

aos~MANUEL I1LDALGO~

tras elegantes y animados : ya serianchíes, y hasta

~ señalaría un dic para caJa jardia. Digalo si no, lo que acaba de pásar conla ~ pera Cdniiaa ». Ijidri eaque la alta sociedad miraba como desitonra irA tas butacas de los tdatcos, rio erae/tic;pero hace

pocas semanas se les ocurrió 6 no Frincipe y á una Condesa, que tacen la ley, decretar que el jueves serio undin elegante, y ~ue las damas podian ir A butacas de patio y de balcón, y dieron el ejemplo. En seguida se aboné todo lo chic, con asombro y gusto del empresario; ~ es eunoso ver ahora en los puestos, antes desdeñados y, para ellas, deshonro- sos, las damas más encopetadas luciendo sus gracias ysus trajes, lo animado de la conversación, la.s mi- radas, elruido ymovimiento, Sin Ocnparse, poi’ su- puesto, del csl’leetAculo+ Como el balcón tiene dos filas, los maridos esl:rz detr.’rs sirviendo de fondo A sus espinOs con fraques negros y corbatas blancas,

quesólo por la calidad se diferencian del traje de .órituios yda enterradores.

El dio que una veintena de elegantes se le ocu- rriese tambión lleva,’ nn penacha de media uiiatro, todas las damas selo pondrian, y [as calles parece— rinn una selva plumiferade variados colores;porque

VtCTIMAS BEL CHIC,

los carneros de Panurgo existen en lodos los paises basta que salte uno para quela sigan los otros ~Oh

llabelaisl

VI’

Duranlo la hora de la m~tsiea,pasean 1~sjóVéne& que no la echan de e/ríes, al rededor del kiosko, menos para recrear el auditivo que para contemplar A las damas que estAri sentAdas. Entrc ellos pasea- ban sin verano dos hermanos españoles, daseen-~ dientes de los nobilísimos cab;dlerns Itenlijo, de las montañas de León, que, según los oronistas~si- guieron la voz del rey Enri1ue IV, ~nÁvila:; en el vetusto solar se ven aún los armes con león azuL ¡empente, enojo sohiecampo azul, y por orIa ocho aspas azutes líabien haere~adomAs gloria québie.i nes, pero la honra drá n~acha;huórfanos yestable,- cides en Madrid, liacian su excursión veraniega al

eflranjcro-

Á fuerzade dar onda davueltas y zaás vueltas al rededor del kiosko, acabaron por reparar en Zeé, tau guapa como era distiuguida su actitud, con mo~

24 ‘ JOSÉ MANUEL HtOALGO.

desto paro aseado y bien cortada traje, que vela pasar 6 la gente con dignidad ycompostura. No ha- bela sido bija de.Evo sino hubiese percibido en se- guida la iffipresióo que cii ellos producía, y con su instiuto Femenino deseulwió que al mAsmoreno, el

de los ojos negros y fijos1 y bigotes retorcidos, era a) que más liabia deslumbrado, honzóndola esas mi- radas deJa taza española que A veces parecen trena- mUidos por los mljros

El mirar de la reza española, en que hay tanta expansión, suelo engañar 4 los extranjeros que su- ponen ser efecto de la excelente inipresiónque pro- ducen, ‘sin saber que una fbi/en ni[Pi A quién la ad- mira, A porque sí, sin qué esto quiera decir qtuo k han dado flechazo, Los que enviaban ó Zoé los ojos del guapo Marcelo lleoíijo, e? menor de les bernia— nos, quedaban sin rcspoosta; Zoé le miraba con aquella rrnuiqu ilidad, con esa serenidad propia más que de su educación, de su propio Carácter. Pero esto no quena decir que no fuese sensible al afeelo, que contuviera el deseo de ainer y. sor amada, y establcoerse en ooodiciónes que le parecianlegiti—

itas porque cran modestas. ‘ .

ViCTIMAS BEL CIlla.. ‘. £5

cerla. Apeler á esa costumbre poco ejemplar de los paises de raza española, A le tradicional cartita eón— fiada á la criada y aun al aguador; no era.po~iblcen Paris; ni siquiera debía servirse de). berquillero, como se le ocorijó en urs momento de impaciéncia1 era p°nerseen me1 lugar. ‘

Por otra parte,el niño alado babia tocAdo suave—” mente eh carazón de Zad, y poquito í poco fué envol— viéndole con sus alas. ~ Yo quisiera saber quienes:

~011esos jóvenes decía Zoó á• su parienta,‘-~--de-

ben 56v espa’fia]es A italiaños, más bien españoles; <onfieso que me gasta el moreno de los ojos negros que parecen querer comerme. Pero tem4 que inc tome corno diversión durante la música; y «si es esa su intencióu, ya está aviado, pues lo que es yo, no bede divertirle;~Siá lo’ menos Supiéramos quié-

nes son si son dignas y de macas honradas, y st la inclinación quemo manifiesta ha dé tener san—. ción herrar A quitar el banca. ~

Así seguiare los días, ó mejor dioiehdo, lastardes,. hasta que el cielo fn,ó propicio ó Marcelo, quien al verA un joven francés, Ss bien conocido que amigo, que se bebía pásado á hablar rl esas damas, se acer— cAy de sopetón ledijo!’— ¿Quiere usted hacernos

~iosÉMANUEL HIDALGO.

el honor da present-srnos A estas señoras?~« Los

señores don Rogelio y don Marcelo RenUjo. ~—

Los tres caballeróscambiaron algunas frases con las señoras, de esas que parecen estereotipadas en las presentaciones, y se retiraron.

Marcelo ¿co cabía de gozo; no había tenido que matar, corno sus ascendientes, A niegAn moro para entrar en la idaza.

Los tres so alejaron, mitad á pie, mitad paseando,

como decía uno, y e! joven parisiense les instruyó

minuciosamente de la familia, situación y vidado Zod. Alsepararselesdijo Conque quedan u4c- des enterados de qor. si la chica es guapa, instruida A inteligente, no tiene id pizoa de dote.

Aqueljovon,coutooasi todos, estabaenel movi- rniant.o ~, eowo ahora se dice, es decir; pto se deja A un lado ledo sentimicnla nol;tc y elevado, para no vci la vida sino por el positivo.

vn

Para el que no tiene nada, lo poco es mucho «,

ViCTIMAS DEL CHIC. . 27

Los hermanes diseutieron.largamenté, y como Mar- celoestaha impresionado A impaciente, debidierón no perder tiempo. Aldias iguientese acercaron dha-.. Mar A las señoras, que les dijeron se sentaran con. ellas. Rogelio dijo pocos momentos después de ha-. blar da! tiempo y de la música « Comohermano mayor pido A ustedes la venia para presentarles nuca- tros respetos en su casa s, lo que acordaron en seguida amablemente. ..

Era indudable que ellas hdbian previsto la demair- da; hecha en esos términos equivalia á una introduc- ción al matrimonio, y convinieron en aceptarla, con- dueiéndoee con circunspección suma, sinaidntai~ni desanimar, mientras que, por intermediarios compla- cientes, tomaban informes. Nitos pesaba; en tanto, que Marcelo viera lo modesto de su habitación, ypor ahí dedujera la ausenóiade dote, y pudiese retirarse si no le convenía aceptar sin él á Zoé.

Grandemente satisfactorios fueron los informes. que vinieron de Madrid y los que cii Pads dieron las familias españolas; todos convenían en la respeta— bi]idadde la de Rení’jo, ck tierno, cariño quelos her- manos se profe~abaa,su irreprochable conducta, y que tenían cada uno ocho mil duros anuales derenta.

28 .JOSdMANLJEL HIDALGO.

En tanto llegaban ecos informes, que Marcelo ignoraba sehuhiescn pedIdo, menudeaba sos visi— tas~y su gracia, su naturalidad, la sinceridad que rebosaba~sin acudir á Frases pretensiosas ni A entu- siasmos afectados, le granjeaban el corazón do Zoé, que si era naturalmente todavía monos expansiva, estabn tan cnatnorada como él. Al un llegó e1 mo- mento de explayarse con el abandono que pormitian su amor y sus propóskos, y Marcelo fné autorizado A pedir su ruano.

Rogelio sepresentó al día siguiente1 y pidió ha- blar ñ solas con Zoé1

— Al yerme solo, ya comprenderá usted A Jeque

vengo, amable señorita.

Zoú se puso nn lantico colorada.

A pedir A usted su mano para Marcelo, que ya pidió A usted su eorazóo; y si le da usLed la una corno pretende que lo ha dado el otro, esa unión será

una honra y un placer para nosotros.

— Si ha llegado el momento de declarar lo que

sieoio, digo ‘llena de júbilo que le qoioro y le acepto COIL ludo corazón. Su •gallardia, su carácter, su sin- caridad, que todo revelo, me han cai~tivalomás de lo que él puedo sospechar; su noble desinterAs me

ViCTIMASDEL CttIC~

conmueve y hace vibrar ~ balas flhrat de ¡ni ser; eso me lleva más allá de lo qus podiera ya habet~ soásdo; jez~aeusted da lo que ma peceé par la poco que j~oseo. ‘

— Con lo que lionesa ustedes pueden vivirholga-

damente, coneseurden de que usted ha dado tantas pruebas. Marcelo es de raza generosa,no’es «fha de siglo »,potie el coraz5~1par encima de toda riqueza,

y entrega ú us e~1el suyo con ln esperaoza de que con lo que Licuase encuentre usted. satisfecha.

Más que satisfecha; feliz y agradecida.

— Poes voy á traerle, que me espera eojrlñ mapa-

ciencia de los enaiaaorados

Rogelio .dió ura beso en la frente de su futura cuñada y se retiró volando..

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Norma y su maride vinieron A Paris para asistir A la boda, Ahicieroná Zué primorososregalos. Norma iusistia en que conservase lapensión para~ilíilercs»,

pero Zué le pidió la continuase á la generosa parienta que la hahia recogido, en lo que Norma consintió de milamores,

30 ~iósÉMAi’iuEL j{tEJALCO,

A la ceremonia no ásistierofl més que algunas familias amigas de la noviá y lasespañolas cono- cidas de los Itentijo, que habla en Paris, de donde los recién casados so marcharon si mismo día al tradicional viaje de novios que los aisle por algún