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Trustworthiness

Illustration 4. 3 Example of a Profile Indicator: “Taking over a team”

moral ni do los peligros que ocultan, ó consienleu deentemaoo en ese papol indigno y dcsairadoque les hace asquerosos & los ojos de las personas dignas. Encenegada ea énsvicios, segura de la intpunidad, • ebria de su éxito y dé su influencia mundana, lo querno h~eeel elogio del circulo en que vivía, se creyó todo permitido sabiendo. que en estos tiempos todo se tolero, y más A ella, una de las reinas Ala moda, satisfizo sus caprichos y probó su imperio y desprecio dci aA dirán, rozándose con actores cele- brados. Llam.ábase descaradamente ó si misma ‘rfin

de siglo a,. y profesaba la doctrina de que no se esté en. e~temundo más que para satisfacer, en cua- lesquiera circunstancias y situaciones, las pnsiones • y apetitosde su temperamento; y si, corno Epicúreo, • hubiese expuesto sus doctrinas ó sus discípulos en su jardín, le bobria dejado atrás de sus teorías, pues irlo menos el filósofo griego recomendaba también los goces da la inteligencia y del corazén, y ella no se curaba de la una ni sentia el otro.

En esa vida frfvola y pecaminosa se deslizada la existencia de eso escandalosá mujer, siempre Avida de diversirse y de gozar de la impresión que pro— ducia— que no siempre sospechaba era la del

VÍCTIMAS DEL CHIC.

asco en la gente de bien, para la que no hahiá ni moral, ni respeto humano, ni Dios, ni atar-

nidad~

Yesa era la mujeren cuyas manos babiacaldo Yolande, de la que iba ó sacar todo próvecho para

divertirse en iea fiestas que la haría dar en laVida

chic! ¡Y esa era la mujer por quien la santa madre

de Yclande pedía al cielo la trajese, al buen: Smino. desde que. oyó horrorizada que había .diebo que

nade la divertía más que el pecado mortal! II

x

La Baronesa no perdió tiempo y. quiso. que Yolande diera un baile en seguida, yendo ú la casa para visitarla y dar ‘sus órdenes. Todo. ló ericonir6. Ide muy buen gusto, y comprendió que nó era el de ‘una ricacha de provincia, sino de un entehdido parisiense; pero fingió mii cumplidos it Yolanda, que aceptó ufana, olvidando al bue~n.primo6. qUien lo debía: La Baronesa indicó’ en donde debían po- nerse Las plantas y flores, la orquesta, el aparador y mesitas para cenar despuós del cotillón, caku-

55 05E M&NUEL U1DAtGO

lando el numero de personss que podian convi- darse para que no hubiera apreturas que ajaran su trajeyla impidiesen lucir en terreno despejado

Se senlo despaós y pidio a Yolande la lista de sin conocidos, que dié temnblaado~y la otra leia ha-

ciendo momos que indjcab~nlo que desconocía y desdoflaba esos nombres

— Amigaba mia, es prediso barrer todo.eso -~

le dijo poniendo la lista sobre la mesa

6Gonoce usted 4 los llcnfljo9— le dijo, te

imendo que su omisión le trajere clisgusma

— Figo, ligo, jamis podré pronunciar a~enom

bre, me huele 4 la jota española, que sólo los alemanes pueden pronunciar 5Por qué me lo pre- gunta usted? 0Son parientes 6 amigos?

— Muy lejanos — sai decir si eran parientes 4

amigos; pero á esa ingratitud y descaro le daba alientos el afan do somaterse on todo 4 la Baronosa para ser

Se grabaron la~invitauanes en que olla añadió al apellido de su manda la particola de, que es en

Francia distintivo de nobleaa, en lo que no hizo más que seguir el ejemplo de los muolios que se lo atribuyen, y gracias que no se dió titulo, imposturas

VkCTIMAS DEL CHIC, 8?

que acab~inP°~’aceptarse. La Baronesa envió las invitaciones á sus conocidos, poniendomanuscrito

• 1)0 parte de la baronesa de Pessoc~i Yolanda las vió despachar orgullosa y risucás al releer los nombres cc tos sobres. El del matriinonío dr

Esternay en los salones chks.f qué gloria1 • Cuando se encontró ooc sus primos, les dijo

«Doy un baile dirigido por lo baronesa dé Pessac,

con quien lic hecho conocimiento, y está muy amablo conmigo y

n 4

introducirme on su so- ciedad. No os convido porque os fnsidiariais.,;

— ~y cómo sabes que nos fa.stidiariamos? — Como no conocéis á esa sociedad...

— Ni querríamos conocer tampoco, respondió

airado Jtaoul, á esa mujer da malas costumbres.,.

• —• Esas son calumnias que han llegado hasta

tí,y...

Y bueno es que sepas que tu madresabe, por

casualidad lo que es, y la matarías de pena s~

supiese que ella es la que te introduce y protejo en esa sócicdad cJi~ir,como la llamas, es decir, frívola y descarada.

— No lo es, y en Lodo caso mamá no la sabrá; no

eS JOSÉ MANUELIji[J~LGO.

— ¿Por quién me. tornas? ¿Crecsquó me voy A

meter en lo que no inc toca, siquiera me duela tu insensatez, y nie Crees capaz de dar semejante pesadumbre & la niña santa de las mujeres?

y le volvió la espalda la ruptura era completa, pero lamadre de Volaisde la ignoró por supuesto. y la familia lien lijo sintió por ósta orAs desprecio que inquina, ~ ~c~” de quela babiabarrido.

• • xl

o Todo cambio en nuestta vida es para nosotros a un peligro, pero al que no le falta lo neeesniio y

a no puede quejarse. de su situación presente, es

i.una verdadera locura renunciar á sus hábitos y

a cambiar su condición.»

Esto decía Numa Dom pitio, Segóri refiere Plu- • tarco, y esto puede•repelirse des mil seiscientos

años después.

El que se erce feliz con lo que poseo y el. que se resigna A no alcanzar Lo que legitiroamente debía • esperar, obran el uno con cordura y el otro con

VICTiMAS DEL CHIC.

La ambición, el deseo de elevarse és IflIl)? na~ tupe], y no es vituperable; antes merece protección cuando aquelloA que se aspira: es razonable y mere- cido. Todos deben hacer lo posible para alcanzarlo con cordura en la conducta ~nÍoderaciórt en las aspIraciones. Á veces sucede comosi Ja Providencia llevase de la mano, y poco á poco concede prospe- ridades que asombran A las favorecidos porqueno las soñaban siquiera.

El soldado que está sujetoA Ja férula de un cabo, no sueña será gencral4 el dependiente ñ quien hace trabajar el banquero, no sueña serlo y millonario; el obrero que trabaja doce horas al dia, no sueña será propietario de fábrica; el simple escritor no sueña será mirmisLra; al simple abogadillo no sueña será bonra.del foro; el agregado sin, protección no,,. sueña será’ embájadur, y en Ile, un pobre no sueña ser millonario; Ysin embargo, todos los días seven generales -banqueros, fabricantes, ministros, magis- trados, embajadores y millonarios quej coando ves!- ven la cara atrás, han de preguntarse asombrados, al coitiemplar su punto departida, si realmente son ellos mismos los que están en tan culmxtinante posi~~ ción_

90 JOSÉ MAÑÚaLFIIDALGO.

Una mujer pobre no seña heredar un tesoro; una pobre y hermosa no sueña encontrar un millo- navío que se case con ella; una rica y casi ignorada del estado llano no sueñoser princesa, duquesa tiotro titulo; y sin embargo, se ve luego milLonarias

4

las pobres, lo mismo que á las hermosas hurnildes~y A las otras cao nombres aristocróticus y.brillar en la

uIta sociOLid. . 1

En todo eso han favorecido las circunstancias y la suerteha sido propicia; ieI’oes peligroso forzarlas situaciones con impaciencias y medios absurdos que traon desilusiones amargos y comprometidas.. Sólo al genio es dahié tonar, romper, destruir los óbstá- culos qtiaefleuentraen su camino, ycI genio no se

halla ó la vuelta de cada esquina: el genio se inipo- nc y avasalla ofuscando con el brillo de su gloria..

A. Volandc no podria ecliarse en óara ~u.:dese~de elevarse y penetrar en la alta sociedad. Joven, boni- ta, rica, inteligente y elegante~era natural lo ¡aten- tase; pero entró de ITiala manera en un centro poco respetable, siquiera á la moda. Fácil le habria sido invocar el nacimiento dé su madre cutre los que su- piesen quién era su familia,y poucras bajo la pro- Lección de una dama respetable y virtucsa,eorno hay

VIcTisiAs ma. cama. .01 tanlas ea la aristocracia, que habria tenida taoto más gusto en presentarla, Santo. téñia mayores titu- las que las desconocidos detantas ‘riastaq’uo?i’es de

origen dudoso y aun conocidamente poco rcaomen»

dables. ‘

Bien aconsejada y dirigida, hiabri~t~madó aari moderación los placeres mundanos, observando cor- iés y prudente canducta can las damas peligrosas,

sin iotimarse can ndaguna, gozar delas tIestas y ha- lagar su amor propio, tan ‘natural á so edad. Esa moderación habria,heclio q’ue’cnandoacodiesaá una fiesta, tuviese para ella más novedád qae si ‘taerari cotidianas, dejándok gustar has goces tau belfos y

tranquilas del hogar doméstico, que imponen, tan

gratas ocupaciones, y encontrar en el senode la fa-, inilia el contento y la paz del corazón que no puede

procurar el ‘mido mendano

Pero la pieó la tarántula del chicy la des’oampusG la máquina del cerebro como la de un reloj en que,

roto el muelle, corró á escape la cuerda hasta que sal- ta. En su inexperiencia por la edad y por: no haber

vivido en Paris, no veis el riesgo del contagio que la llevarla á una cónducta que alertamente no buscaba ni sospechaba, hay que hacerle esa justicie; pero’

3OSÉ atNULE. HIDALGO,

tania fatalmente que sucumbir anté el ejemplo~Ónó

serchic;viendo adernés la impunidad de faltas sobre las que no caían centellas del cieln y aqui abajoccci- bien como galardón la acogida festiva qn se haeiá áLoe damas entre quienes iba~empezar su noviciado.

XII

Llegó 1~noche dci baile, y desde las diez estaba Yolandc, con elegante vestido do la Doucct, riv~lde

Wurth: u. lo entrada dci primer salón con el memo de su marido y la Baronesa para presentarla los crin- vidados que iban llegando. El convite era 4 las diez, pero una dama exacta es raraasiaitttcrris~yhasta

las onco no empezaron á llegar. Décia uno qi~asi Dios l,içiera publicaren todos los rincoñes del mundo que el primero ‘le enero, desde las doce ui la una del día, repiearialascampanas y dejaría entrar anel cielo á todos los que ibegaraná tiempo: paro qae áha una en punto cerrarla les puertas por toda la eternidad, inmensa cantidad de mujeres llegarian demasiado tarde, y en ha noche misma no estarían aún prontas. Todos los dios se ve que no se curan de la hora,

ViCTiMAS DEL CUtC~’

llevan el reloj comO adorno, y de lijo que no agrade- cen al Papa Silvostrc ¡1 que, siendo el religioso Ger— vcrt, inventase ci reloj hace más de nueve siglos, La geu~cestá siempre pronta á acudirá donde hay Restas, y pocos son los que no se prestan fácilmente á ir á las casas que se abren por primera vez, sin estar ~a bien acogidas; pero la Baronesa babia lle- vado alli su sociedad elegante. Todo~en’ el’ fondo ereian hacer un honor á los rÉsÍaquo~r~s,así 4ue no gastaban muchos cumplidos, y el bullicio y mo- vimiento dió gran animación al baile, sin curarse apenas de los anfitriones. El baile pasó como pasan todos y oomo dice un ilustre jesuita «Pereda aque-

llo un convulso revoltillo de joyas, plumas, flores,

telas v~istosisimasy mujeres medio desoudas, eñire

las que se destacaban las manabas obscuras (1)de

loh hombres, revolvTéndose entre ellas sofocados ~ sudosos, como un enjambre de gusanos negros que hubiera fernientado aquella compaota. masa de mun- do, demonio y cariie.,. viendo desfilar con la misma aidable sonrisa grandes nombres y grandes vergüen-

zas, inoeoneias completas y malicias refinadas, han-

JOSfi ‘MANucii lIErtALCO:

ras sin Lacha y reputaciones escandalosas, barajadas y couruñdidas en aquella casa, sin disputa alguna noble y honrada, por la iinpódiea y funesta toleran—

cia do las grandes sociedades modernas, ~

El vizconde de Itozel, protegido de la Baronesa, la• secundaba cii vigilar que todo marchase bien, critcn-

ilióndose con la orquesta y con el repostero, ypre~a-’

rando los regalos y (Icm~saccasorios del cotillón,’

qaebailó con Yolandc, con la que muchos jóvenes

habían bailado rigodones y valses, Esdsjóvenes, por costumbre, parqne creian lisonjearla, y tambi~nen su fatuidad, para preparar el porvenir, la colmaron dc requiebras., que ola por la primeravez, y le pare- cieron músicaagradable, ya que ni de soltera niea- sida u hablan rrgaladoasi el ardo Comprendió que esos reqoicbros cran monada corrientó en esa socie- dad, pero.Li fuer de loja de Eva,.los encontró mere- cidos; los de libad privaban. .

A

las cincode la mañana se marchóel último con- vidodo, yert medio de flores marchitas pr el calor, develas medio consumidas, de mesitas de. la cena con restos ‘de lo que se habla servido con buen gusto

y eranyarepugnantes á lavista y al olfato, y cuandó

V1CTiM~\SOELcinc:.

~os Yclaude y Esternay, y éste ita encontró otro mo~ (1) de mauilest.ar su alegria, que bailandounaespecie

de zapateado con gestos y gritos. Yokinde, que no

era tonta, dejó su regocijo para su corazóñ que rébo~ ~aba de satisfacción yambos se retiraron Orgullosos

debat:er recibido ana sociadad chic.

La Baronesa un babia descuidado de daralnportea’

que cíetocia, la lista de los convidados, los detalles de la tiesta, Tos regalos daleotiIlSn, que todo Paris podo leer, inclusos llacuE yMePeedes, qae se pre- guntaban asustados en quépararía todo aquello.

xlii

ItaLia transcurrido, más del año que el Marqués babia pedido para.resolvai. En los cuatroenamorades

se bahía arraigado el amor aun másfuerza cada dia,

conservando ea el afecto la ternura y dignidad pro-

pias de los sentimientos y educación de cada uno.

lineal no menudeaba las ‘visitas, y el Marqués no eludíasu.presencia; ácabandó por encontrarle ente-

ramente de su agrado, porque sus ideas religiosas,

50 . JOSÉ MANUEL J1LDALGO.

yas, y discurrían largamente y con gusto siempre

quese veían.. El porte del simpático joven eáuti-

yaba su Marqués, lo qne causaba, naturalmente un

jubilo callado á Irene; perolamentaba en sus aden- tros qoe no reuniera todas las condiciones que exi- gian las tradicionesde su familia, y lo que sentia su corazón solía debilitarlo su razón, Sylvain iba cantó frecuencia ó que se lo brindaba á casa de los Recojo, y 41 y Mercedes eran, por consiguiente, más feliees.~

Raras son, por fortuna, las madres en quienesla razónde Estado ahoga el sentimiento filial,, y son siempre intermediarias, tiernas y bienijeohoras, eón: los maridos cuando se trata de los hijos, por los que• un padre, por mucho que los quiera, no.puedc sentir esos estremecímiojitos del alma que prodruien baque son peda’eos de las entrañas de la .mojer ijód

luz con dolor, para ser uuegosu encantad ¡dohatria~ Sal que poco A poco, con ese tacto, suavidad y suti- leza con que las mujeres soben obrar cuando se pro-. ponen un fin, babia tratado deablandar y convencer A su marido da que sus hijos encontrarian su felicidád en seguir Tas honradas aspiraciones ile sus eorazó— oes, sin que hubiera desdoro para su lustre; ni fuera tanta la diferenciaque encontraba en las familias Já

\TjC’Çi%~Ao DEL Cilio. ‘ ‘~ 97

severidad del Narquás. Nobies eran) al un, siquiera sin grandes títulos ni giandes bienes; y mM valía eliarse porotear con qtiienes tienen hechas sus prue.~

bes de hótuadisima córtducta, giande ilustración y de todoslos sentimientos que cnahecen, que.óederá la razón de Estado que no siempre engendrad afecto yestima que aseguro el porvenir

El Marqués tenía deiisasiada nobleza en el corazón para no sentir y comprender esas razones, pero sea- tic apartarse de osas tradiecio’nes —sin desconocer,

y aun estimendu~el nacimiento y virtudes de lo fu- iriilinRenfijo — que llegan i~ser un culto de que

ciertas familias aiistocnilieasDlihan osodo apartaN

resistiendo con firmeza á las ideas de las revolucinnes poliiieas y sociales, y dundo elejeinplo deque sus creencias y costumbres sen más fuertes que la co— rríc!Jte áque sehan dejado arrastrar otras al abismo deque no han podido salir; todo era en aqnella casa noble, geoeroso, crisliano y respetable

Vero el’ Marqués amaba á sus hijo; le dalia ‘no ceder á sus deseos, temía que si no eran felices se lo echasen un día en cara y aun disminuyese el ca- riño que le profesaban; la voz de su mujer habla tenido siempre en él benéfica influencia, y no que-

JCS~MANUEL ELOALGO.

ría, tratándose de sus hijos, que Litera ‘la vez. pci- nuera que desoía sus ruegos y sus consejos.

CediendoA un impulso sincero,dijo Ala Marquesa que consentía en los dos matrimonios, y que como no gustaba de hacer Las cosas, A medias, todo lo liaríatan bien como se había propuesto hacerlo’ en’

sus primeros planes una de’ las primeras cosas que

pidió fu’.~conocer á los padres de Raoul.

Nohay para qué encarecer cuánto se agradaron ambas familias, cuánto se comprendieron; y el Mar- qués tuvo que eonveuir A solas con su mujery sus hijos que no sallan menos que las familias con‘quie- nes había peesedo aliarse, y valían muís que otras que se luahian unido & las de su propia ‘alcurdia y

posicin. ,

Una de las cosas más agradables pára loá enamo- radas. es hacer planes, para cuando estén casados. lr~nchablaba siempte de viajar, de conocer paises ~ costumbres; y como A Tlaoul. lepasaba lo mismo, convi9ier~uien viajar largo tiempo, y A fuerza. de~

VíCTRL&SDEL 01110.

hablar de ello, se ie ocurrió A Itaoul que podía ha- cerse nombrar agregade á tina embajada de España.

Sylvain y Mereedes~por el contrario, encentre— han sus gustos de acuerdo para vivir en el campo la mayau parte dci alio; y como el Marqués lé cedía uno de sus dos castillos, el que está d hora y me-

dia (leParis — convinieron en pasar en él ‘ocho 6’

nueve meses del año, viniendo aquí en la ésfflci~n de fiestas, no por el deseo de gozar de ellas, sino porque entoeces se encuentra’ reunida toda la t- ciedad, y era preciso y razonable cultivar sus rda—

cioncs.

Todo sonreíaá todos,y si Mercedes iba A sri rIca

y condeso de Fleurance— en tanto que era Mor-

quesa— ltaoul, además: de rico por su mujer, se

encontró como llovido del cielo, con el titulo demar—U qués deyillaluzón. Su tío había hecho grandes ser- vicios en FiIipin~s,ya en mejoras materiales, que habla introducido para bien de la población, ya en los estudios morales que habla organizado, y,dlii- mamente habla sido heroica su conducta durante el cólera. Era muy popular, muy entendido, y entado tan desinteresado, que ilegó A ser unánime el deseo

100 . josÉ MANUJtL HIDAtflO.

r000000iXRiCfltO; y ese, voto popular, ratificado y •encomiadapor las autoridades, decidieron al gobier-

no dconcederle el titulo de marqués de Yillalu~üu; sin duda porque la primera isla (le aquel archipié— lago se llama Luzón. Pero no. teniendo hijos, quiso cederlo

á

su sobrino, en memoria del cariñoque tenia por su hermano, en tanto le dejaba lo que afli habla