existencia particular).
Afecciones (que colman el poder de ser afectado).
Según la primera tríada del modo finito la esencia es un grado de potencia. Este grado de potencia se expresa en una relación y esta relación subsume una infinidad de partes extensivas153. Un modo pasa a la existencia no en virtud de su esencia o grado de potencia sino en virtud de leyes puramente mecánicas que determinan una infinidad de partes extensivas cualesquiera a entrar bajo tal relación concreta, relación en la que su esencia se expresa154. Un modo deja de existir desde el momento en que sus partes extensivas son determinadas a entrar bajo otra relación correspondiente a otra esencia. Es decir, los modos existen (pasan a la existencia) o dejan de existir (se descomponen)155 en virtud de leyes exteriores a sus esencias, en virtud de leyes puramente mecánicas156 (estas leyes pertenecen al segundo orden de la naturaleza u “orden de las relaciones” como comprobaremos en el epígrafe siguiente). Mientras se considera a las esencias de los modos como realidades intensivas, no se distinguen del atributo, no existen sino contenidos en el atributo y comprendidos en la idea de Dios. Solamente cuando los modos pasan a la existencia adquieren las partes extensivas, es decir, adquieren un tamaño y una duración: cada
153 Cf. S, 191.
154 Para Deleuze la distinción entre esencia y existencia no es una distinción real sino una distinción modal (cf. S, 194-195). Para el paso del modo a la existencia, conceptualizado en términos de complicación-explicación y no como un mero tránsito de “lo posible” a “lo real”, cf. S, 194-196.
modo dura tanto como las partes permanezcan en la relación que los caracteriza. Pero vistos muy sumariamente estos elementos de la primera tríada y su mutuo coajuste: ¿de qué equivalencias con la segunda tríada nos habla Deleuze?
En la primera tríada las partes extensivas no pertenecen a tal o cual modo sino en cierta relación, en un tipo cualificado de relación. En la segunda tríada las afecciones de un modo se suponen en función de un cierto poder de ser afectado. Un caballo, un pez, un hombre o incluso dos hombres comparados el uno con el otro no tienen el mismo poder de ser afectados: no son afectados por las mismas cosas o no son afectados de la misma manera por la misma cosa. En la primera tríada un modo deja de existir cuando ya no puede seguir manteniendo entre sus partes la relación que lo caracteriza. En la segunda tríada deja de existir cuando ya no es apto para poder ser afectado de un gran número de maneras. En resumen, una relación no es separable de un poder de ser afectado: existe una equivalencia entre los segundos elementos de las tríadas.
De esta manera Deleuze considera que Spinoza hace equivalentes dos preguntas fundamentales: “¿cuál es la estructura de un cuerpo (su fabrica en términos spinozianos)?” y “¿qué es lo que puede un cuerpo?”157. Según Deleuze un cuerpo, un modo, no se va a definir por su género más la diferencia específica sino por su
potencia afectiva158.
«La structure d’un corps, c’est la composition de son rapport. Ce que peut un corps, c’est la nature et les limites de son pouvoir d’être afecté.» (S, 198)
Para Spinoza los modos finitos no son como Dios. Dios es necesariamente causa de sus afecciones, todas sus afecciones se explican por su naturaleza y, por lo tanto, podemos calificarlas de acciones. Pero los modos finitos no existen en virtud de su propia naturaleza sino que su existencia está compuesta de partes extensivas que son determinadas y afectadas desde fuera, al infinito. Cada modo existente es afectado por modos exteriores, sufre cambios que no se explican por su sola naturaleza. Sus afecciones son primero pasiones. Esta naturaleza afectivo-pasiva del modo finito nos instala de golpe en su raíz definitivamente ética.
«La grande question qui se pose à propos du mode existant fini est donc : Arrivera-t-il à des affections actives, et comment ? Cette question est à proprement parler la question “éthique”.» (S, 199)
157 Cf. S, 197-198.
158 Sobre la importancia de esta potencia afectiva cf. Alliez (1993: 38). Asimismo para los matices de la potencia en la lectura deleuziana de Spinoza en confrontación con la lectura heideggeriana cf. Beaulieu (2004: 232-243).
Para Deleuze la afectividad es un asunto ético y es ética en su más íntima esencia porque se refiere al modo de ser del modo finito, a su naturaleza, a su carácter
intrínseco. Ética, ontología y método se anudan merced al concepto de potencia:
potencia de ser afectado, potencia de ser y potencia de pensar. Pero “desde nuestro punto de vista de modos finitos” la prioridad, por decirlo así, parece tenerla la ética en la medida en que es ahí donde empieza a jugarse la posibilidad de “desbordar” nuestra “finitud esencial” (¿paradoja?).
Deleuze nos recuerda que, para Spinoza, la infancia es un estado miserable en el que dependemos en exclusividad de causas exteriores. Al comienzo de nuestra existencia no se tienen otras ideas que ideas inadecuadas y no se experimentan otros sentimientos que los pasivos159. Ideas inadecuadas y pasiones están vinculadas porque ambas se bañan, en profundidad, en la ignorancia de su propia causa.
«Le lien des deux est bien marqué par Spinoza : l’idée inadéquate est une idée dont nous ne sommes pas cause (elle ne s’explique pas formellement par notre puissance de comprendre) ; cette idée inadéquate est elle-même cause (matérielle et efficiente) d’un sentiment ; nous ne pouvons donc pas être cause adéquate de ce sentiment ; or un sentiment dont nous ne sommes pas cause adéquate est nécessairement une passion. Notre pouvoir d’être affecté se trouve donc rempli, dès le début de notre existence, par des idées inadéquates et des sentiments passifs.» (S, 200-201)
Y, a la inversa, un vínculo de tal profundidad también puede verificarse entre ideas adecuadas y sentimientos activos. Una idea adecuada en nosotros se definiría formalmente como una idea de la que seríamos causa. Sería causa material y eficiente de un sentimiento, y nosotros seríamos causa adecuada de ese sentimiento. Ahora bien, un sentimiento del que somos causa adecuada sería una acción y no una pasión. Es en este sentido que Spinoza puede decir que en la medida en que nuestro espíritu posee ideas adecuadas es necesariamente activo, en ciertas cosas, y en la medida que las posee inadecuadas es pasivo en otras. Para Deleuze la afectividad
ética se halla en relación circular con el método.
«Dès lors, la question proprement éthique se trouve liée à la question méthodologique : Comment arriverons-nous à être actifs ? Comment arriverons-nous à produire des idées adéquates ?» (S, 201)
Más allá de la consideración de las afecciones como modos, y de los modos como afecciones de la sustancia, nos interesa otro nivel de tematización en el texto
deleuziano. En este otro nivel las afecciones designan lo que le sucede a un modo, las modificaciones del modo, los efectos de otros modos sobre él.
Deleuze detecta en Spinoza una diferencia de naturaleza entre afección (affectio) y afecto (affectus). La afección remite a un estado del cuerpo afectado e implica la presencia del cuerpo afectante. Es el efecto instantáneo de una cosa sobre mí, como por ejemplo las percepciones o la imagen de una cosa asociada a mi acción. El afecto remite al paso o transición de un estado a otro distinto. Es un pasaje o un tránsito vivido, lo que no significa que sea necesariamente consciente160. Esta diferencia de naturaleza entre afecciones y afectos se traduce en la diferencia respectiva que existe entre el poder de ser afectado y la potencia de acción.
En vistas a la explicación de esta diferencia Deleuze cree necesario explicitar al menos dos niveles explicativos161. El primero consiste en afirmar que el poder de ser
afectado permanece invariable y el segundo sostiene que este poder varía.
Según el primer nivel, la proporción de afecciones pasivas y activas sería susceptible de variar para un mismo poder de ser afectado. Mientras permanezcamos en las afecciones pasivas nuestra potencia de actuar está impedida de igual modo. Para una misma esencia, para un poder de ser afectado, la potencia de padecer y la potencia de actuar serían susceptibles de variar en razón inversamente proporcional. Ambas constituyen el poder de ser afectado, en proporciones variables.
«Soit un mode ayant telle essence et tel pouvoir d’être affecté. Ses affections passives (idées inadéquates et sentiments-passions) changent constamment. Toutefois, tant que son pouvoir d’être affecté se trouve rempli par des affections passives, ce pouvoir lui-même se présente comme une force
ou puissance de pâtir. On appelle puissance de pâtir le pouvoir d’être affecté,
en tant qu’il se trouve actuellement rempli par des affections passives. […]. Supposons maintenant que le mode, a mesure qu’il dure, arrive à remplir (au moins partiellement) son pouvoir d’être affecté par des affections actives. Sous cet aspect, ce pouvoir se présente comme force ou puissance d’agir. […]. Mais, précisément, le pouvoir d’être affecté reste constant, quelle que soit la
proportion des affections passives et des affections actives.» (S, 201-202)
Pero según el segundo nivel explicativo el propio poder de ser afectado estaría sometido a una variación, no se mantendría siempre constante ni permanecería invariable bajo todos los puntos de vista: no siempre sería el mismo. Spinoza sugiere que la relación que caracteriza un modo existente en su conjunto está dotada de una especie de elasticidad. Es más, su composición, y también su descomposición, pasa por tantos momentos que casi se puede decir que un modo cambia de cuerpo o de
160 Según Deleuze hay que evitar atribuir a Spinoza tesis intelectualistas ya que no estamos tratando de una operación intelectual abstracta que compara estados distintos. Cf. S, 199-200 y también Sp, 69-70. 161 Cf. S, 202.
relación saliendo de la infancia o entrando en la vejez162. Crecimiento, envejecimiento, enfermedad, indican que a veces reconocemos con dificultad a un mismo individuo. Pero ¿es el mismo individuo? Estos cambios, insensibles o bruscos, en la relación que caracteriza un cuerpo, también se pueden constatar en su poder de ser afectado, como si poder y relación gozasen de un margen, de un límite en el que se forman y se deforman.
El primer nivel explicativo (“el poder de ser afectado es invariable”) se despliega en un plano puramente físico.
«Spinoza […] présente une première thèse : la puissance de pâtir et la puissance d’agir sont deux puissances qui varient corrélativement, le pouvoir d’être affecté restant le même ; la puissance d’agir est morte ou vive (Spinoza dit : empêchée ou aidée) suivant les obstacles ou les occasions qu’elle trouve du côté des affections passives.» (S, 204)
Tal vez pudiéramos representarlo gráficamente de la siguiente forma: las flechas unidireccionales representan las partes del poder de ser afectado mientras que la flecha bidireccional señala la relación de variación inversamente proporcional entre las dos potencias.