Deleuze recoge la distinción spinoziana entre tres tipos de conocimiento que son como tres modos de existencia180. Conocimiento que, además, no es la operación de un sujeto sino la afirmación de una idea en el alma.
El primer tipo de conocimiento se define por signos equívocos, indicativos e imperativos. Expresa las condiciones naturales de nuestra existencia en tanto no poseemos ideas adecuadas. El segundo tipo se define por las nociones comunes, ideas que, no obstante, siguen siendo generales y no nos dan a conocer las esencias singulares. El último es el conocimiento de las esencias, conocimiento que no adviene sino que está eternamente dado. Lo que aquí nos interesa es glosar el segundo tipo de conocimiento como puente ético181.
La noción común es una idea que expresa una similitud de composición en los modos existentes. Se distinguen entre ellas por su grado de universalidad182.
Las menos universales, pero también las más útiles, son aquellas que representan una similitud de composición entre cuerpos que convienen directamente y desde su propio punto de vista. Por ejemplo, una noción común representa lo que es común a un cuerpo humano y a ciertos cuerpos exteriores. Estas nociones nos
180 Cf. S, 268 y ss., para el primer y segundo género de conocimiento, y S, 282 y ss., para el tercer género. Para una exposición sintética de los tres géneros cf. Sp, 79-82.
181 Aunque nosotros glosaremos la exposición que de las nociones comunes se hace en S es necesario reseñar cómo Deleuze vuelve a subrayar su importancia decisiva desde el punto de vista del comienzo de la filosofía, del alcance del método spinoziano y de la función práctica de la Ethica en Sp, 156-161.
hacen comprender las conveniencias entre modos puesto que no permanecen en una percepción externa de las conveniencias observadas fortuitamente sino que encuentran en la similitud de composición una razón interna y necesaria de la conveniencia de los cuerpos.
Por su parte, las nociones comunes más universales representan una similitud o comunidad de composición pero entre cuerpos que convienen desde un punto de vista muy general y no desde su propio punto de vista. Representan lo que es común a todas las cosas como, por ejemplo, lo extenso, el movimiento, el reposo, es decir, la universal similitud en las relaciones que se componen al infinito desde el punto de vista de la naturaleza entera. Estas nociones tienen su utilidad en la medida en que nos hacen comprender las no-conveniencias mismas y nos dan una razón interna y necesaria. Nos permiten determinar el punto de vista a partir del cual deja de darse la conveniencia más general entre dos cuerpos, muestran cómo y porqué nace la contrariedad cuando nos situamos en el punto de vista “menos universal” de esos cuerpos mismos. Deleuze observa que Spinoza distingue las nociones comunes de los términos trascendentales y de las ideas abstractas.
«Spinoza distingue avec soin les Notions communes d’une part, d’autre part les Termes transcendantaux (Etre, chose, quelque chose) ou les Notions universelles (genres et espèces, Homme, Cheval, Chien). Pourtant les notions communes elles-mêmes sont universelles, “plus ou moins” universelles suivant leur degré de généralité ; il faut donc penser que Spinoza n’attaque pas l’universel, mais seulement une certaine conception de l’universel abstrait. De même, Spinoza ne critique pas les notions de genre et d’espèce en général ; pour son compte, il parle du Cheval ou du Chien comme des types naturels, de l’Homme lui-même comme d’un type ou d’un modèle normatif. Là encore, il faut penser que Spinoza s’attaque seulement à une certaine détermination abstraite des genres et des espèces.» (S, 255-256)
Deleuze subraya que una idea abstracta posee dos aspectos que testimonian su insuficiencia. El primer aspecto consiste en que de las cosas sólo retiene las diferencias sensibles y bastas. Su proceso de construcción es relativamente simple: elegimos un carácter sensible fácil de imaginar, distinguimos los objetos que lo poseen y aquellos que no lo poseen, identificamos todos aquellos que lo poseen. En cuanto a las pequeñas diferencias, las despreciamos porque los objetos se confunden desde el momento en que su número supera la capacidad de nuestra imaginación. El segundo aspecto de la idea abstracta se cifra en que el carácter diferencial sensible es por naturaleza extremadamente variable: es fortuito, dependiente de la manera en que los objetos afectan a cada uno de nosotros en el azar de los encuentros. Y el carácter retenido no varía solamente con cada individuo sino que también varía según los objetos que afectan a un mismo individuo: ciertos objetos serán definidos
por su forma sensible, otros por su uso o su función supuesta, por su manera de ser, etc. De todas las maneras, la idea abstracta es totalmente inadecuada: es una imagen que no se explica por nuestra potencia de pensar sino que, al contrario, envuelve nuestra impotencia, y no expresa la naturaleza de las cosas sino que, más bien, indica el estado variable de nuestra constitución.
Pero, según Deleuze, Spinoza no sólo ataca los procedimientos del sentido común sino también la tradición aristotélica183. Es en la biología aristotélica donde aparece el esfuerzo por definir los géneros y las especies mediante diferencias, siendo incluso esas diferencias sensibles muy variables en su naturaleza según los animales considerados. Spinoza, sin embargo, no propone estudiar las formas sensibles o las funciones sino, en su propia terminología, la fabrica de los cuerpos, esto es, el sistema de relaciones entre las partes de un cuerpo, investigando cómo varían estas relaciones según los cuerpos. En el límite la Naturaleza sería como un mismo Animal en el que lo único que varía son las relaciones entre las partes. Así es como las nociones comunes tienen una afinidad mucho mayor con “lo biológico” que con “lo matemático” o “lo físico”.
«Les notions communes chez Spinoza sont des idées biologiques, plus encore que des idées physiques ou mathématiques. Elles jouent véritablement le rôle d’Idées dans une philosophie de la Nature dont toute finalité se trouve exclue. (Sans doute les indications de Spinoza sont-elles rares sur cet aspect des notions communes. Mais en vérité, elles sont rares sur tous les aspects des notions communes ; nous verrons pourquoi. Les indications de Spinoza suffisent toutefois à faire de lui un précurseur de Geoffroy Saint-Hilaire, sur la voie du grand principe d’unité de composition).» (S, 257)
Según la lectura deleuziana, Spinoza sería una especie de precursor de los trabajos del biólogo Geoffroy Saint-Hilaire que definía su propia “filosofía de la Naturaleza” por el principio de unidad de composición, oponiendo su método al método clásico aristotélico que considera las formas y las funciones184. Más allá de éstas se propone determinar las relaciones variables entre elementos anatómicos constantes: los animales diferentes corresponden a variaciones de relación, de situación respectiva y de dependencia de estos elementos, de manera que se reducen todos a la modificación de un solo y mismo animal en sí. Sustituye las semejanzas de formas y analogías de funciones, que siguen siendo siempre exteriores, por el punto
de vista intrínseco de una unidad de composición o de una similitud de relaciones185. Pero sigamos caracterizando las nociones comunes.
«Les notions communes sont des idées générales, non pas des idées
abstraites. Or, en tant que telles, elles sont nécessairement “adéquates”.» (S,
258)
Con respecto a las nociones menos universales lo que es común a mi cuerpo y a ciertos cuerpos exteriores es “igualmente” en cada uno de esos cuerpos. La idea está, pues, dada en Dios, no solamente en tanto que tiene las ideas de los cuerpos exteriores sino también en tanto tiene simplemente la idea de mi cuerpo. Yo mismo tengo, pues, la idea de ese algo en común y la tengo tal cual es en Dios. Con respecto a las nociones más universales lo que es común a todas las cosas es “igualmente” en la parte y en el todo, su idea está, pues, dada en Dios, etc. Estas demostraciones fundan los dos aspectos bajo los que las nociones comunes en general son necesariamente adecuadas186 o, en otros términos,
«[…] les notions communes sont des idées qui s’expliquent formellement
par notre puissance de penser et qui, matériellement, expriment l’idée de Dieu comme leur cause efficiente. Elles s’expliquent par notre puissance de
penser parce que, étant en nous comme elles sont en Dieu, elles tombent sous notre propre puissance comme elles tombent sous la puissance absolue de Dieu.» (S, 258)
De la naturaleza de las nociones comunes Deleuze extrae varias consecuencias187. Nos preguntábamos antes cómo podíamos llegar a poseer ideas adecuadas. En nuestra existencia todo parecía condenarnos a no tener sino ideas inadecuadas: no teníamos la idea de nosotros mismos, ni la idea de los cuerpos exteriores, sino solamente ideas de afecciones, indicando el efecto de un cuerpo exterior sobre nosotros. Pero es justamente a partir de este efecto como podemos formarnos la idea
185 En Sp, 157-158 Deleuze sigue insistiendo que en el orden de los sucesores de Spinoza el biólogo Geoffroy Saint-Hilaire es digno de reseña cuando emprende un programa de investigación sobre la unidad de composición de la Naturaleza. Un programa que implica no sólo experimentaciones “reales” sino también imaginarias tales como plegados gracias a los cuales se pasa de la configuración de un animal a la configuración de otro, siendo cada animal una actualización del Animal en sí o conforme a tal o cual relación. Añade Deleuze que actualmente la biología molecular recoge este problema experimental de la unidad de composición, no sólo en el nivel anatómico en el que lo que planteaba Saint-Hilaire, sino en el campo de las partículas. Estas inquietudes deleuzianas alcanzarán una acabada expresión conceptual en MP.
186 Cf. Sp, 127-128.
187 Sauvagnargues en “Baruch Spinoza” en Leclercq (2005: 207) subraya la importancia del estudio de las nociones comunes spinozianas en la formulación del problema deleuziano de las condiciones de la experiencia real: «Les notions communes définissent donc telles catégories souples, ouvertes et modifiables, qui expriment des rapports de forces, des relations corporelles et leurs variations de puissances. La pensée produit une telle signalétique des forces qui comprend sa composition de puissances.». Para este asunto cf. también Alliez (1993: 22-23).
de lo que es común a un cuerpo exterior y al nuestro. Este efecto es el único camino que nos puede conducir a la idea adecuada.
«Compte tenu des conditions de notre existence c’est pour nous la seule voie capable de nous mener à une idée adéquate. La première idée adéquate
que nous ayons, c’est la notion commun, l’idée de ce “quelque chose en
commun”.» (S, 259)
Esta idea se explica por nuestra potencia de comprender o pensar. Ahora bien, la potencia de comprender es la potencia de actuar del alma.
«Nous sommes donc actifs en tant que nous formons des notions communes. La formation de la notion commune marque le moment où nous entrons en possession formelle de notre puissance d’agir.» (S, 259)
En este punto es donde se anuda ética y conocimiento: el momento preciso en que el esfuerzo de la razón se sabe necesariamente ético.
«Quand nous formons une notion commune, notre âme est dite “se servir de la raison” : nous parvenons à la possession de notre puissance d’agir ou de comprendre, nous sommes devenues des êtres raisonnables.» (S, 259)
Una noción común es nuestra primera idea adecuada. Sea cual fuere nos dirige de inmediato a otra idea adecuada. La idea adecuada es expresiva y lo que expresa es la esencia de Dios. Una noción común cualquiera nos da inmediatamente el conocimiento de la esencia eterna e infinita de Dios. Aunque esto merece una explicación más detallada ya que surge un problema asociado a la noción común: el de su formación188.
«Toutefois, la notion commune risque d’intervenir comme un miracle tant que nous n’expliquons pas comment nous arrivons à la former. Comment
vient-elle rompre l’enchaînement des idées inadéquates auxquelles nous semblions condamnés ? […] comment les formons-nous, dans quelles
circonstances favorables ? Comment arrivons-nous à notre puissance d’agir ?» (S, 259-260)