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A two-stage multivariate imputation procedure

12 Item Non-Response and Alternative Imputation Procedures

12.3 A two-stage multivariate imputation procedure

psiconeuroinmunológica

Hemos visto anteriormente la forma en que se interrelacionan los sistemas psicológicos y fisiológicos, de tal manera que los cambios en uno afectan a menudo al otro. De hecho,

ambos forman un circuito de feedback: los sistemas endocrinos y nerviosos envían mensajes químicos en forma de neurotransmisores y hormonas que aumentan o deprimen la función inmune y, a su vez, células del sistema inmune segregan sustancias tales como la ACTH que devuelven información al cerebro. Por su parte, éste aparece como el centro de control para mantener un balance en la función inmune, y es que una escasa actividad inmunológica deja al individuo al acecho de diversas infecciones y una excesiva actividad inmunológica ocasio- na las enfermedades autoinmunes.

Los factores psicosociales están muy relacionados con el estrés que un individuo expe- rimenta. Se cree que tales factores afectan también a la función inmunológica. Por ejemplo, diversas investigaciones han demostrado que los individuos bajo un estrés de larga duración e intensidad, que gozan de una fuerte red de apoyo social, presentan un sistema inmune más eficaz en comparación con otros individuos que soportan el mismo tipo de estrés pero que no gozan de ella (Esterling, Kiecolt-Glaser y Glaser, 1996). Además, que el entrenamiento en ejercicio aeróbico y la terapia para reducir el estrés puede aumentar la función inmune en pacientes afectados por el virus VIH (Antoni et al., 1990).

Uno de los factores psicosociales estudiados en los últimos años es el que implica des- cribir los sentimientos propios acerca de los acontecimientos estresantes. Un experimento lle- vado a cabo mediante el empleo de este enfoque examinó el efecto que tiene expresar tales sentimientos en las concentraciones séricas de anticuerpos contra el virus Epstein-Barr, cau- sante de la mononucleosis infecciosa en la mayoría de personas afectadas (Esterling et al., 1994). Estudiantes universitarios fueron asignados de forma aleatoria a tres grupos que man- tuvieron durante tres semanas sesiones de 20 minutos en las cuales el primer grupo des cribía verbalmente un evento altamente estresante que hubiera experimentado, el segundo descri- bía de forma escrita un evento con esas características, mientras que el tercero escribía acer- ca de tópicos triviales no estresantes. Todos los sujetos tenían el mismo nivel inmunológico respecto del virus, pero los análisis de las muestras sanguíneas tomadas una semana más tarde de la última sesión, revelaron que el control inmunológico aumentó sustancialmente en la condición verbal, moderadamente en la condición escrita y disminuyó ligeramente en la condición control (tópicos triviales). Dichos resultados han sido reproducidos por otros tra- bajos (Christensen et al., 1996), que señalan la importancia de la terapia o el apoyo psicoló- gico en procesos en los que la salud física del individuo puede verse comprometida.

Una de las cuestiones que desde la psicología de la salud preocupa a los investigado- res es si los distintos estilos de vida pueden afectar el funcionamiento del sistema inmunoló- gico. Existe evidencia de que realmente puede ser así. Kusaka, Kondou y Morimito (1992) pusieron de manifiesto que individuos con estilos de vida saludables, esto es, que incluían ejercicio, un patrón adecuado de sueño, nutrición equilibrada y ausencia de consumo de taba- co, mostraban un funcionamiento inmunológico más potente que aquellos con estilos de vida menos saludables. Otros estudios han demostrado que un patrón de escasas horas de sueño tiene efectos perjudiciales en el sistema inmune que se hacen evidentes durante el día siguien- te (Irwin et al., 1994), así como la relación que existe entre el consumo habitual de tabaco y la susceptibilidad a padecer resfriados (Cohen, Tyrrell, Russell, Javis y Smith, 1993).

Comportamiento y cáncer. La personalidad tipo C

Uno de los temas que más ha preocupado a la psicología de la salud desde que se puso en evidencia la posible relación entre conducta, mente y sistema inmune, ha sido el estudio de la posible conexión entre factores psicológicos y cáncer. En este sentido, la vinculación entre personalidad e inmunidad puede tomar como ejemplo las investigaciones que sobre perso- nalidad y la posibilidad de desarrollar cáncer se han realizado desde que en 1980 Morris y Greer acuñaran el término personalidad “tipo C”.

El sistema inmune juega un papel importante en la defensa contra el cáncer (Bayés, 1985; 1995), si bien los mecanismos no son todavía del todo conocidos (Contrada, Leventhal

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y O’Leary, 1990). Por otra parte, la especulación de que la personali dad ejerce una influen- cia en el inicio y desarrollo del cáncer es ya antigua, véase figura 2.5. Además, en la actua- lidad existe un número considerable de investigaciones que implican distintos tipos de varia- bles psicosociales como predictoras de la aparición de esta afección (Sklar y Anisman, 1991). Aunque la evidencia de la mayoría de ellas es variable y los estudios han sido duramente criticados desde un punto de vista metodológico (Pelosi y Appleby, 1993), tomados en con- junto, proporcionan la imagen de una constelación de rasgos y estilos de afrontamiento que pueden constituir la personalidad tipo C, o proclive a desarrollar cáncer.

No es nuestro objetivo revisar ni cuestionar la validez de los estudios sobre personali- dad tipo C ni sobre factores psicológicos y cáncer. Para ello, el lector puede consultar las obras de Fox (1978) o más recientemente Ibáñez, Romero y Andreu (1992) o el trabajo de Gil Roales-Nieto y López Ríos (2000). Nuestro interés reside en presentar al lector uno de los modelos explicativos que intenta dar cuenta de la relación entre las diferencias individuales en personalidad biológicamente explicadas y la aparición de enfermedad cancerígena, como ejemplo de la posible relación entre personalidad e inmunidad.

Dicho modelo, el elaborado por Eysenck (1985), establece la hipótesis del “efecto inocu- lación”, según el cual, el individuo con riesgo de cáncer presenta puntuaciones bajas en neu- roticismo, psicoticismo y puntuacio nes altas en extraversión (Eysenck, 1985; 1995). Además, sostiene que determina das hormonas como la ACTH y los péptidos opiáceos endógenos tie-

Figura 2.5 Relación entre personalidad y cáncer mediada por factores estresantes y el sistema endocrino (Eysenck, 1985).

Sistema límbico

E strés crónico resulta en: tolerancia a los opiáceos

endógenos/reducción de cortisol e incremento

de ACTH Personalidad

N⫹, E, P⫹ Protege contra Cáncer

Sistema endocrino ACTH Opiáceos endógenos Cortisol Estrés agudo produce: incrementos de cortisol, indefensión aprendida/ depresión Inmunosupresión Inoculación RE L A C I O N E S E N T R E C O M P O R T A M I E N T O Y S A L U D

nen un efecto tanto en la personalidad como en el sistema inmunológico. Asimismo, el sis- tema endocrino se ve influido por el estrés, que Eysenck (1973) diferencia en agudo y cró- nico, debido a que producen efectos diferenciales sobre el sistema neuroendocrino. Así, el estrés agudo provoca un aumento de los niveles de cortisol que redunda en un efecto de inmunosupresión. Por el contrario, el estrés crónico, que genera patrones adaptativos de con- ducta, provoca una reducción de cortisol y una tolerancia a los opiáceos endógenos lo cual puede tener un efecto protector contra el cáncer (efecto inoculación).

Así, Eysenck concluye que las personas con bajas puntuaciones en neuroticismo, altas puntuaciones en extraversión y bajas en psicoticismo están genéticamente predispuestas a presentar patrones de depresión e indefensión ante situaciones estresantes, lo cual les pro- voca aumentos del nivel de cortisol en sangre, lo que tiene un efecto inmunosupresor que incrementa el riesgo a desarrollar neoplasias cancerígenas. Si bien el modelo es sugerente, la investigación sobre el cáncer pone de manifiesto que la etiología de esta enfermedad es una cuestión altamente compleja y difícil de reducir a un modelo causal como el planteado por el autor. Ahora bien, tal como afirma el mismo Eysenck (1985) “. . . parece estar claro que la psicología, y el estudio de la personalidad en particular, es relevante no sólo para la psi- quiatría, sino para toda la medicina, donde ahora es común decir que debemos tratar a la persona, no únicamente a la enfermedad. Para tal propósito, una comprensión clara de la estructura y dinámica de la personalidad debe tener absoluta prioridad” (Eysenck, 1985, p. 551).

Sirva, pues, como ejemplo de la aplicabilidad y la importancia que tienen los estudios sobre personalidad y sistema inmunitario en un área tan importante y emergente como es la psicología de la salud.