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Calculation of Purchasing Power Parities

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11.4 Calculation of Purchasing Power Parities

Dentro del emergente campo de la psiconeuroinmunología, varias son las investigaciones que ponen de manifiesto la influencia de factores psicosociales sobre la respuesta del sistema inmunológico (Ader, Felten y Cohen, 1991). Uno de los más estudiados ha sido el estrés (véase para una revisión Ader y Cohen, 1993; Cohen y Williamson, 1991; y Borrás, 1995), el cual, asociado con la secreción de diversas hormonas tales como los glucocorticoides (corti- sol y corticoesterona) cuyos efectos inmunosupresores han sido ampliamente demostrados (Munck y Guyre, 1991), se supone tiene un efecto depresor sobre el sistema inmunológico. De hecho, la literatura nos ofrece trabajos en los que se constata dicho efecto a pesar de uti- lizar diferentes tipos de situación estresante. Así, encontramos trabajos que se centran en el estrés provocado por situaciones de pérdida (Pettingale, Hussein, Inayat, Tee, 1994), circuns- tancias laborales (Vaernes, Myhre, Aas, Hommnes, Hansen y Tonder, 1991), conflictos inter- personales (Kiecolt-Glaser, 1999), problemas clínicamente amenazantes (Borrás, Bayés y Casas, 1993), situaciones académicas (Glaser, Pearson, Bonneau, Esterling, Atkinson y Kiecolt- Glaser 1991), e incluyo por estrés inducido experimentalmente en situaciones de laboratorio (Herbert, Cohen, Marsland, Bachen, Rabin et al., 1994). Ahora bien, la revisión de la litera- tura también pone de manifiesto resultados poco coherentes acerca de la dirección que segui- rá esta relación, si bien lo que parece comprobado es que ante diversas situaciones estresan- tes parece presentarse una alteración de la función inmunológica. Uno de los argumentos que se propusieron en un principio para explicar esta falta de homogeneidad en los resulta- dos fue la diferencia del tipo de estrés estudiado: estrés agudo vs. estrés crónico (Vassend y Halvorsen, 1987). Sin embargo, dicho argumento parece hoy superado pues en ambos tipos de condiciones estresantes encontramos resultados discordantes. Así, mientras Herbert y Cohen (1993) sugieren que el estrés agudo implica una inmunosupresión, Naliboff, Solomon, Gilmore, Fahey, Benton y Pine (1995) detectaron diferencias en el comportamiento de distin- tos parámetros del sistema inmune en una situación de estrés agudo. Más recientemente, Benschop, Jabaaij, Oostveen, Vingerhoets y Baillieux (1998) no encontraron diferencias entre niveles de estrés y títulos de anticuerpos contra el virus Epstein-Barr. Por su parte, numero- sos trabajos sobre el estrés crónico sostienen con cierta solidez la idea de que personas some- tidas a acontecimientos vitales estresantes clasificables como crónicos (cuidado de enfermos crónicos, situaciones de duelo, paro laboral) presentan un estado de inmunodeficiencia (véase Borrás, 1995 para una revisión). Sin embargo, también existen trabajos metodológicamente correctos cuyos resultados no se ajustan a esta idea y presentan datos contrarios que mues-

tran que el estrés crónico potencia la respuesta inmune o bien no tiene efecto sobre ella (Stein, Keller y Schleifer, 1985; Vingerhoets, Jeninga, Jabaaij, Ratliff-Crain, Moleman y Menges, 1990; Lindstrom, 1997). Parámetros tales como la duración, la intensidad, y el tiempo que transcurre desde el acontecimiento estresante hasta la medida de la inmunidad pueden ser posibles aspectos a tener en cuenta en la explicación de las razones de estos resultados dis- cordantes (Herbert y Cohen, 1993).

Por otra parte, uno de los argumentos que está cobrando importancia en los últimos años es el papel de las diferencias individuales en la relación estrés-sistema inmunitario, las cuales deben ser entendidas como las características idiosincráticas de un individuo que defi- nen sus patrones afectivos, cognitivos y conductuales. Ya en 1984, Jemmot y Locke sugirie- ron la idea de valorar dichas características en las investigaciones sobre psicoinmunología (Jemmott y Locke, 1984). Sin embargo, es en fechas recientes que se pone de manifiesto con mayor peso la necesidad de analizar el papel que juegan las diferencias individuales en la psiconeuroinmunología (Benschop, Jabaaij, Oostveen, Vingerhoets y Baillieux 1998) y más aún como herramienta para entender mejor las relaciones entre estrés, conducta y respuesta inmunológica, pues algunos autores aluden a estas diferencias individuales como posible explicación del escaso efecto de algunos estresores sobre la respuesta inmune (Kwang, Han, Byung, Seok, Chul, Sik, Yeon, Woo, Hong y San, 1998; Kemeny y Laudenslager, 1999). Estas diferencias individuales se ponen de manifiesto en la percepción de un estresor particular y en la naturaleza de la respuesta que los individuos dan a una misma experiencia estresante. Así, por ejemplo, el duelo es una experiencia altamente estresante que ha sido asociada con cambios en la actividad en las células natural killer, en la respuesta proliferativa y en otros procesos inmunológicos (O’Leary, 1990). Sin embargo, sujetos que responden a esta situación de pérdida con depresión muestran alteraciones neurohormonales e inmunológicas diferen- tes a aquellos que no lo hacen (Irwin, Daniels, Bloom y Weiner, 1986). Más aún, se han des- cubierto distintos correlatos fisiológicos en sujetos que responden a dicha situación con res- puestas negativas diferentes (Kemeny y Dean, 1995).

Parece claro que la personalidad puede jugar un papel importante en la caracterización de las respuestas psicológicas ante las distintas situaciones a las que se enfrentan. Así, desde el punto de vista de los modelos biológicos de personalidad (Eysenck, Gray) la respuesta ante una determinada situación amenazante estará determinada por el grado de labilidad emo- cional del sujeto (nivel de neuroticismo para Eysenck) el cual, hemos visto, responde a una predisposición biológica a reaccionar con una hiperactivación del sistema nervioso vegetati- vo. Pero también, como defiende Eysenck (1973), el nivel de ansiedad que pueda experi- mentar un individuo estará en función del nivel de preocupación que sienta, componente cognitivo de la ansiedad y mucho más ligado a la dimensión de extroversión que a la de neuroticismo. Asimismo, la respuesta a una amenaza también estará determinada por el grado de susceptibilidad del sujeto a determinado tipo de estímulos (nivel de ansiedad para Gray), el será condicionado por el nivel de activación del Sistema de Inhibición Conductual (SIC). De igual forma, desde el punto de vista de los modelos biológico-congnitivos, tal respuesta estará determinada por la predominancia hemisférica y la forma de procesar los estímulos amenazantes: Esto es, uso de una atención selectiva, un procesamiento en paralelo y una inhibición neural en los procesos de ejecución, como consecuencia de un predominio de acti- vación fásica de carácter emocional propia del límbico.

Por otra parte, desde un enfoque puramente cognitivo, el efecto que el estrés puede ejercer sobre un individuo está decidido por el grado en que el sujeto se ve capaz de hacer- le frente, esto es, por los mecanismos de coping o afrontamiento (Lazarus y Folkman, 1986; Lazarus, 1990), los cuales, a su vez, dependen de los procesos de valoración en los cuales tienen un papel fundamental aspectos derivados de la personalidad del sujeto tales como las creencias, actitudes, intereses, etc. El resultado de esta valoración determinará la res - puesta emocional así como los procesos de afrontamiento que se llevarán a cabo sin olvidar la respuesta fisiológica que abarca desde los movimientos musculares hasta una activación neuroendocrina (Lazarus, 1990).

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Por otra parte, también se ha comprobado en distintas investigaciones (McCrae y Costa, 1986; Amirkhan, Risinger y Swickert, 1995; Vollrath, Torgersen y Alnaes, 1995; Fusté y Tous, 1995) que ciertas estrategias de afrontamiento (confrontación, planificación de la res- puesta, evitación) están asociadas de una forma sólida y estable con determinadas dimensio- nes de personalidad, concretamente a la extroversión y al neuroticismo. Vemos, por tanto, un círculo cerrado en el que la interpretación que el sujeto hace de la situación determina la consecuente manifestación emocional y la activación fisiológcia subsiguiente, todo ello media- do por las características idiosincráticas del individuo, esto es, su personalidad, véase figura 2.4. En este punto percibimos una primera posibilidad de relación entre personalidad y respues- ta inmune, la que es mediada, a su vez, por la actividad del sistema neuroendocrino. Esto es, el mecanismo por el cual los estresores pueden afectar a la inmunocompetencia es la activación, por una parte, del eje hipotálamo-hipofisiario-córtico-adrenal, cuyo funcionamiento, iniciado con la estimulación del hipotála mo por causas emocionales, entre otras, termina en la secreción de diversas hormonas tales como los glucocorti coides (cortisol y corticoesterona) cuyos efectos inmu- nosupresores a altas dosis han sido ampliamente demostrados (Munck y Guyre, 1991).

Por ello podemos suponer que aquellas personas que habitualmente mantienen una alta actividad del cerebro visceral, incrementarán su nivel de glucocorticoides en san- gre con las consiguientes alteraciones de su inmunocompetencia. Tal es el caso de los su- jetos con altas puntuaciones en la escala de neuroticismo de Eysenck, o que tienen activado el sistema de activación conductual o el de huida-ataque de Gray.

PS I C O N E U R O I N M U N O L O G Í A C O M O D I S C I P L I N A I N T E G R A D O R A Personalidad Interpretaciónsituacional

Factores intra-individuales Condiciones objetivas Proceso de valoración Tendencias de acción Resultado de la valoración Factores situacionales Experiencia subjetiva o “afecto” Respuesta fisiológica T Actividades de afrontamiento V Respuesta emocional Tendencias de afrontamiento Afrontamiento centrado en la emoción Afrontamiento centrado en el problema

De la misma manera, algunos autores (Ballenger, Post, Jimerson, Lake, Murphy, Zuckerman y Corin, 1983) han comprobado la existencia de correlaciones negativas entre niveles de cor- tisol en el líquido cefalorraquídeo y las puntuaciones en la escala de psicoticismo de Eysenck, con lo cual la función inmune de estos sujetos puede verse también alterada.

Por otra parte, la activación del eje hipotálamo-médula-adrenal, cuyo funcionamiento también se activa por medio de la estimulación de centros corticales e hipotalámicos, provo- ca en la médula adrenal la liberación de catecolaminas (adrenalina y noradrenalina), con fun- ciones neurotransmisoras implicadas en la expresión de conductas emocionales relacionadas con la dimensión de neuroticismo de Eysenck. Como ya se ha visto, algunos autores sostie- nen que la noradrenalina posee efectos inmunosupresores, por lo que podría esperarse una función inmune alterada en los sujetos con elevadas puntuaciones en la escala de neuroticis- mo de Eysenck.

Si nos referimos a otros neurotransmisores (dopamina, serotonina) implicados en la expresión de conductas propias de determinadas dimensiones de personalidad, podemos rela- cionar la personalidad con la actividad inmunológica. Así, respecto de la dopamina, involu- crada en la dimensión de impulsividad de Gray y en la dimensión esfuerzo-impulsividad de Tous, y cuyo aumento o disminución altera la funcionalidad inmunológica (Roszman y Brooks, 1985), podemos esperar respuestas inmunes alteradas en sujetos con puntuaciones altas en dichas dimensiones. En esta misma línea, y respecto de la serotonina, como se ha comenta- do anteriormente, también se han observado sus efectos sobre el sistema inmune (Roszman y Brooks, 1985). En razón de que es un neurotransmisor implicado en la dimensión de ansie- dad de Gray y en la de estrés-ansiedad de Tous, pensamos en la posibilidad de que puntua- ciones extremas en ellas presenten alteraciones en la respuesta inmunológica.

Finalmente, estructuras anatómicas tales como la formación reticular, el sistema límbi- co, el hipotálamo, el hipocampo y la amígdala, implicadas en sustratos neurofisiológicos de determinadas dimensiones de personalidad (extroversión, neuroticismo), tienen un papel importante también en la regulación de la inmuno competencia (Fauman, 1982; Felten, Cohen, Ader, Felten, Carlson y Roszman, 1991) por lo que podemos establecer una tercera vía de interacción entre personalidad y respuesta inmune. Asimismo, la diferenciación hemisférica, estrechamente relacionada con la personalidad, de acuerdo con el modelo propuesto por Tous (1986), puede relacionarse también con la respuesta inmune del sujeto a tenor de los trabajos que demuestran que los hemisferios izquierdo y derecho tienen un efecto diferen- cial sobre la respuesta inmune (Neveu, 1992), por lo que cabría esperar un funcionamiento inmune distinto entre introvertidos y extrovertidos.

En resumen, vislumbramos la existencia de distintos mecanismos por los cuales se puede intuir una relación entre diferentes tipos de personalidad y respuesta inmunológica.

Personalidad y respuesta inmune: