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Aline Bogoni Costa47

Dulce Helena Penna Soares48

En este capí tulo presentamos un estudio acerca de lo cotidiano de los habitantes de Floriano polis, ciudad ubicada al Sur de Brasil. La discusio n se dara a trave s del ana lisis de datos de encuesta, colectados y reunidos en un reportaje periodí stico conmemorativo a los 287 an os de la referida ciudad, en un perio dico de tiraje estadual. En la ocasio n, fue preguntado a los habitantes: “¿Cuál es su lugar predilecto en Florianópolis?”. Partiendo de la lectura de Henri Lefebvre y del contenido de la encuesta publicada, identificamos seis referencias centrales a las vivencias cotidianas en los espacios de la ciudad, las cuales sera n presentadas y discutidas a lo largo de este texto.

Nuestro intere s, con este estudio, fue investigar aspectos de lo cotidiano del habitante de Floriano polis, en la manera como expresan sus relaciones con la ciudad, visto que, al describir sus “locales predilectos”, dejan emerger cuestiones vinculadas a la propia constitucio n de la subjetividad. Nuestra eleccio n por Floriano polis se ampara en las particularidades de esta ciudad, al mismo tiempo provinciana y moderna, donde conviven estas dos caracterí sticas, a veces conflictivas, a veces complementarias entre sí . Adema s, la referida ciudad es reconocida, nacional e internacionalmente, por congregar condiciones de calidad de vida y por sus atractivos turí sticos. Pero, ¿co mo los habitantes referencian sus lugares al habitar los espacios urbanos de ese lugar? En las descripciones analizadas, encontramos algunas similitudes, pero no consensos, cada interlocutor la comprende de modo muy particular y, por eso, tratamos los hallazgos de este estudio con el te rmino “impresiones”.

47 Universidade Federal de Santa Catarina, Florianópolis, Brasil. Contacto: [email protected]. 48 Universidade Federal de Santa Catarina, Florianópolis, Brasil. Contacto: [email protected].

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Dividimos este capí tulo, dida cticamente, en cuatro partes. En la primera, traemos la base teo rica, procurando situar al lector en las nociones de cotidianidad y de ciudad en la contemporaneidad, teniendo por fundamento la comprensio n lefebvreana, y presentamos una breve contextualizacio n histo rica y de aspectos actuales, acerca de la ciudad objeto de este estudio: Floriano polis. En segundo y tercer momento, describimos los procedimientos metodolo gicos adoptados y detallamos los hallazgos de la investigacio n, respectivamente. Finalizando, en la cuarta parte, presentamos algunas consideraciones y cuestiones generales acerca del estudio realizado.

A. BASE TEÓRICA. VIDA COTIDIANA, LO COTIDIANO Y COTIDIANIDAD

EN HENRI LEFEBVRE

¿Vida cotidiana, lo cotidiano y cotidianidad quieren decir lo mismo? ¿Qué significan estas nociones? Estos términos, especialmente “vida cotidiana” y “lo cotidiano”, son tratados, por veces, como sinónimos, sin embargo no quieren decir lo mismo. Buscamos aclararlos y comprenderlos a partir de la lectura de Lefebvre (1977).

La nocio n de cotidiano, segu n Lefebvre, se construye con el advenimiento de la sociedad moderna. Anterior a este momento, el autor utiliza la denominacio n de vida cotidiana, comprendida como una repeticio n de gestos y costumbres, vivida con cierta constancia y unidad, aunque hubiese ciclos. Un ejemplo es el sentimiento de lo sagrado, que se hací a presente en pra cticamente todos los aspectos de la vida antes de la sociedad moderna, así como la ausencia de separaciones entre lo “simple” y lo “elevado”, lo “sagrado” y lo “profano” (Barreira, 2009).

Lo cotidiano, a partir de la sociedad moderna, pasa a ser entendido como una dimensio n de la vida social, que acontece en la relacio n de los seres humanos con las cosas y de los seres humanos entre sí , relaciones e stas ma s complejas, diversas y mutables que los modos de la vida cotidiana. Esa transicio n entre la vida cotidiana y lo cotidiano no puede ser entendida, sin embargo, como una ruptura, pues algunas culturas todaví a viven este pasaje y otras, de cierto modo, se mantienen muy cercanas a la vida cotidiana, como por ejemplo las sociedades ma s aisladas. Inicialmente, de acuerdo a Nasser (2011), lo cotidiano estaba asociado al cara cter activo y creativo de la clase trabajadora y, poco a poco, se promovio cierto alejamiento de lo que no era central a la actividad productiva (como la creatividad, el arte, la filosofí a), favoreciendo y perpetuando el modo de produccio n vigente y cin endo al ser humano de su totalidad social.

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En la segunda mitad del siglo XX, la consolidacio n de la sociedad moderna favorecio que la nocio n de lo cotidiano se distanciase cada vez ma s del creativo y filoso fico, pues la clase operaria paso a tener dificultad de reconocerse en el trabajo, pasando a perder su papel social y polí tico en favor de la ampliacio n de las camadas medias (Lacombe, 2007; Barreira, 2009). En ese contexto, emerge la nocio n de cotidianidad que, a su vez, referencia el aspecto repetitivo, la homogeneizacio n y la fragmentacio n de la vida moderna, siendo la degradacio n de la vida cotidiana (Barreira, 2009).

La crí tica a la vida cotidiana esta en su apropiacio n posible cuando se vive la alienacio n capitalista de lo cotidiano, construye ndose la cotidianidad (Lefebvre, 1977). El autor piensa la cotidianidad a partir de la relacio n diale ctica entre tres dimensiones que interactu an, o se contradicen, o se niegan: el trabajo, la familia y el ocio (Lefebvre, 1977; Lacombe, 2007). Semejante relacio n se modifica ra pida y negativamente en la contemporaneidad, en el sentido de que el trabajo es el elemento para acumular capital, lo que muchas veces ocurre por medio de un proceso alienado, sin creatividad e inaccesible al trabajador; la familia y el ocio son para cuando no se esta haciendo nada, siendo que la familia puede ser motivo para que se trabaje ma s y, el ocio, una forma de recompensa eventual por un perí odo trabajado. En ese sentido, interrogamos: si los proyectos de vida que posibilitan la realizacio n humana envuelven tanto trabajo, como familia y ocio, ¿que ocurre cuando el trabajo alienador conduce, reduce y modifica las relaciones humanas con la “familia” y con el “ocio”? De cierta forma, podemos decir que las tres dimensiones esta n en conflicto con el propio ser humano en su cotidianidad en la contemporaneidad y, por veces, somos tomados por la cotidianidad.

Sin embargo, hay momentos en la cotidianidad en que el comportamiento humano es diferenciado, lo que Lefebvre denomina de Teorí a de los Momentos, donde es posible enajenarse de lo cotidiano y, las tres dimensiones de la vida (trabajo, familia y ocio) se relacionan de modo cercano y armo nico. En esos momentos diferenciados, podemos vivir el ocio, la fiesta, el conocimiento, alejando de lo que nos condiciona y emergiendo de nuestra alienacio n, siendo contestada, de esa forma, la cotidianidad (Lefebvre, 1977; Lacombe, 2007; Barreira, 2009).

En resumen, podemos comprender lo cotidiano como la vida del hombre moderno, a quien aquí llamamos hombre contempora neo, en la interaccio n diale ctica de las tres dimensiones: trabajo, familia y ocio. Cuando esta relacio n no esta en “equilibrio”, por ejemplo en el trabajo alienador tenido como centro de la vida, tenemos la cotidianidad, la fragmentacio n de la experiencia cotidiana. Para el autor la

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nocio n de cotidianidad alcanza consistencia si consideramos las contradicciones del proceso histo rico, pues “lo cotidiano no tiene sentido distinto del proceso histo rico que lo produce [...] no hay reproduccio n sin una cierta produccio n de relaciones sociales, no hay cotidianidad sin historia” (Martins, 1996, p.54).

Y, ¿co mo lo cotidiano es entendido en el sentido comu n? Al buscar la definicio n en el diccionario, el te rmino es descrito, ampliamente, como aquello de cada dí a, que se hace todos los dí as, lo que ocurre habitualmente (Ferreira, 2009). En esa comprensio n, lo cotidiano serí a la vida de todos los dí as, construida a partir de los ha bitos que permanecen y de las transformaciones en los modos de relacio n. Martins (2000) afirma, sin embargo, que la comprensio n de lo cotidiano no esta solamente en lo que vemos, sino en lo que esta escondido o camuflado en la vida social:

[…] lo cotidiano no es meramente lo residual, como pensaban los filo sofos, sino ma s bien la mediacio n que edifica las grandes construcciones histo ricas, que llevan enfrente la humanizacio n del hombre. La historia es vivida y, en primera instancia, descifrada en lo cotidiano. En ese sentido, de ninguna manera lo cotidiano puede ser confundido con las rutinas y banalidades de todos los dí as, como hacen muchos investigadores, historiadores y socio logos, que se tardan en los detalles y formalidades insignificantes de la vida, imaginando con eso rescatar el sentido profundo de la subjetividad del hombre comu n (p.142, traduccio n nuestra).

En una de sus clases, Jose de Souza Martins conto haber cuestionado a un colega acerca de lo que serí a lo cotidiano y e ste le respondio : “¡Es eso!”, dirigie ndose, sin ma s palabras, hacia el horizonte. Ese “¡es eso!” significa la imposibilidad de delimitar empí ricamente el objeto de estudio, siendo que lo cotidiano es, al mismo tiempo, todo y nada, a partir de la historicidad y que lo relevante esta tambie n en lo í nfimo, porque es justamente en e l que la historia se desvenda y se oculta (Martins, 1996; Pais, 2013). La recuperacio n de lo cotidiano en su dimensio n pragma tica, a partir de la lectura lefebvriana, considera que la vida de todo dí a va ma s alla de lo que vemos en ella, acontece en lo banal, en el sentido comu n, en lo elemental y en lo contradictorio (Pais, 2013).

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