Padre Eterno, ser sin fin;
tu gloriosa plenitud quien puede comprender. Solo tu propia infinitud está llena
de atributos para aumentar el pensamiento humano, para entender tu conocimiento o tu naturaleza escudriñar,
como Padre de la perpetua raza humana.
“Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti el solo Dios verdadero y a Jesucristo al cual has enviado”
Desde la declinación de la ciencia de Teología, un oscuro y profundo misterio había cubierto el entendimiento humano al considerar a la persona y naturaleza del Padre Eterno u de Su Hijo Jesucristo.
Concilios de padres y de doctos hombres del cristianismo tuvieron asambleas una y otra vez con objeto de resolver el misterio de la santidad y fijar alguna norma o credo sobre el cual todos los partidos poderosos pudieran descansar y estar de acuerdo.
estuvo en su poder. Es imposible para el mundo encontrar a Dios por su propia sabiduría. “Ningún hombre conoce al Padre salvo el Hijo y a quien el Hijo lo revelare”.
La llave de la ciencia de Teología es la llave de revelación divina. Sin esta llave ni hombre, ni asamblea de hombres, nunca co-nocieron ni nunca conocerán al Padre Eterno o a Jesucristo.
Cuando la llave de revelación estuvo perdida para el hombre, el conocimiento de Dios estuvo perdido, y como la vida eterna depende del conocimiento de Dios, por supuesto la llave de vida eterna fue perdida.
¡Oh los misterios, los absurdos, las contenciones, las querellas, las efusiones de sangre, la infidelidad, los insensatos conflictos teóricos, que han crecido y multiplicado entre las sectas en cuanto a este tópico!
Entre estas teorías haremos notar la que es quizás la mas extensamente aceptada por diferentes sectas que ninguna otra. Dice así: “Hay un solo Dios viviente y verdadero, sin cuerpo, parte o pasiones, consistentes en tres personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”.
Es doloroso para la mente humana verse obligada a admitir que tan tremenda inconsistencia de lenguaje o ideas haya alguna vez tenido cabida en algún credo humano, sin embargo así es.
No es sino otra manera de decir que hay un Dios que no existe, un Dios que está compuesto de nada, que es la negación de toda existencia, que no ocupa espacio, que no existe en ningún tiempo, que no está compuesto de ninguna substancia conocida o desconocida, y que no tiene ningunos poderes o propiedades en común con cualquier cosa o ser conocido en existencia, o que puede ser conocido, existiendo en el cielo o en la tierra.
Semejante Dios nunca pudo ser visto, oído o sentido por ningún ser del Universo. Nunca ha habido un ser visible, adorado entre los hombres, tan impotente como este: ”Dios sin cuerpo, o parte o pasiones”.
El dios de Egipto, el cocodrilo, podía destruir; las imágenes de diferentes naciones podían ser vistas y sentidas. El dios peruano, el sol, podía difundir su afable calor, luz o influencia. Pero no así el dios sin
cuerpo, parte o pasiones.
Aquello que no tiene partes no tiene todo o forma. Seres que no tienen pasiones no tienen alma.
Antes de poder introducir las llaves y poderes de la Teología al entendimiento de los hombres de esta edad, debemos necesariamente poner al alcance de su comprensión algunas ideas correctas del Dios verdadero.
Está escrito, “que sin fe es imposible hallar gracia ante Dios”, aquellos en
quienes él no esté complacido no pueden participar de los poderes y dones de la ciencia de Teología porque las llaves y poderes de esta ciencia emanan de Él como un don gratuito, pero nunca pueden ser dadas a aquellos con quien el Señor no está bien complacido. El individuo que participare de este poder debe por lo tanto, tener fe en Él, ¿pero como puede creer en un ser del cual no tiene idea correcta?
Tan vagas, tan ajenas a la verdad simple y sencilla, son las ideas de la presente edad, tan nublada está la mente moderna con misticismo, que nos vemos obligados a usar el lenguaje de un antiguo apóstol dirigiéndose a los hombres ilustrados de Atenas, “a quienes vosotros, por lo tanto, ignorantemente adoráis, a Él yo os declaro”.
Sin embargo, hay hechos en nuestra propia existencia que están más allá de nuestra presente comprensión o capacidad, lo cual es verdad en un sentido mas alto en relación a la Deidad; Lo cual a la vez no basta para que el limitado conocimiento que somos capaces de comprender en relación a nosotros mismos pueda al menos ser racional y ser tan claramente transmitido y entendido como cualquier otro concepto. Igualmente con nuestro conocimiento de la Deidad, aun cuando hay hechos mas allá de nuestro alcance en relación a su existencia, atributos y poder, aquello que nosotros podemos conocer y comprender o expresar de Él, debe de ser despojado de todo misterio y ser tan claramente concebido, expresado y explicado como cualquier otro concepto de verdad o ciencia.
Jesucristo, un niño pequeño igual que todo el resto de nosotros, creció hasta llegar a ser un hombre, fue llenado con una esencia divina llamada Espíritu Santo, por la cual Él comprendió y habló la verdad con poder y autoridad, y por la cual Él controló los elementos e impartió vida y salud a aquellos que estaban preparados para participar de ellas.
Él murió siendo sacrificado por hombres malvados, resucitó de la muerte al tercer día, y apareció a sus discípulos. Esos discípulos al verlo supusieron que Él era el Espíritu Santo solamente. Ellos probablemente poseían algunas de las ideas vagas que tienen los hombres en tiempos mas modernos con respecto a una existencia inmaterial mas allá de la tumba, una existencia desvinculada de una materia real o tangible. Pero su resucitado Señor adoptó los mas simples medios para dispersar su misticismo, sus extravagancias espirituales o inmateriales. Él llamó a ellos a palpar y ver, y Él dijo: “El espíritu ni carne ni huesos tiene como
veis que yo tengo”.
Ellos por lo tanto, lo palparon y examinaron las huellas de los clavos en sus manos, muñecas y pies, y la marca de la lanza en su costado, pero como si esto no fuera bastante, con objeto de familiarizarlos todavía mas con los hechos de una inmortalidad material y tangible, Él comió y bebió con ellos, participando de un pescado y un panal.
En breve Él estuvo todavía al alcance de la vista en el firmamento abierto y ellos lo estuvieron contemplando hacia arriba, observaron que dos hombres estaban junto a ellos en ropas blancas y dijeron: “vosotros, hombres
de Galilea, ¿qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús el cual es tomado de entre vosotros al cielo, así vendrá de igual manera como vosotros lo habéis visto entrar en el cielo”.
Aquí pues tenemos noso- tros un ejemplo de un Dios in-mortal, un Dios quien es a menudo declarado en las Escrituras igual a Su Padre “siendo el resplandor de su gloria y la expresa imagen de su persona”, y poseyendo los mismos atributos que Su Padre, en toda su plenitud; un Dios que no solamente posee cuerpo, partes y pasiones, sino carne y huesos y tendones, fuerza y todos los atributos, órganos y sentidos y afectos de un hombre perfecto.
Él no difiere en nada de Su Padre excepto en edad y autoridad. El Padre tiene señorío y consecuentemente el derecho, de acuerdo con las leyes patriarcales del Sacerdocio eterno, para presidir sobre Él y sobre todos sus dominios de eternidad en eternidad.
Mientras por una parte este Dios reclama afinidad, igualdad con Su Padre, por otra parte reclama afinidad con sus hermanos en la tierra, con esta diferencia, sin embargo, que su persona es un ejemplo de divinidad, eterna humanidad, inmortalidad con atributos perfectos, mientras que sus hermanos que habitan en la carne mortal, hijos del mismo real parentesco en los cielos, no son aún inmortalizados por lo que respecta a sus tabernáculos carnales, no son perfectos en sus atributos, y aún siendo coherederos, son más jóvenes siendo Él el Primogénito entre sus muchos coherederos, aun hermanos en el mundo espiritual, ellos están por lo tanto sujetos a Él.
Pero todo hombre que es hecho eventualmente perfecto, levantado de la muerte y llenado o vivificado con una plenitud de gloria celestial, vendrá a ser igual a Él en todos sentidos, tanto físicamente como en intelecto, atributos y poderes.
Estando engendrados en el hombre, prole de la Deidad, los mismos gérmenes de aquellos divinos atributos, solamente necesitan
cultivarse, mejorarse, desenvolverse, avanzar por medio de una serie de cambios progresivos para poder llegar a la fuente de origen, el modelo, la culminación de humanidad divina.
La diferencia entre Jesucristo y Su Padre es esta: El uno está subordinado al otro y no hace nada de si mismo independientemente del Padre, sino que todas las cosas las hace en el nombre y por la autoridad de Su Padre, siendo del mismo propósito. La diferencia con otros cuerpos inmortales y celestiales es esta: Ellos están subordinados a Jesucristo y no hacen nada de sí mismos, sino que lo hacen todo en Su nombre, de Jesucristo, siendo de la misma mente o propósito y atribuyendo toda la gloria a Él y a Su Padre.
Los Dioses, ángeles y hombres son todos de una sola especie, una raza, una gran familia, difundida entre los sistemas planetarios, como colonias, reinos, naciones, etc.
La gran diferencia que distingue a una porción de raza de otras consiste en la va-riedad de grados de inteligencia y pureza y también en la variedad de esferas ocupadas por cada una en el alcance de la existencia progresiva.
Un hombre inmortal que posee una perfecta organización de espíritu, carne y huesos y perfeccionado en sus atributos, en toda la plenitud de la gloria celestial, se llama un Dios.
Un hombre inmortal, en progreso de perfección, o vivificado en un grado menor de gloria se llama un ángel.
Un espíritu inmortal, de hombre, no unido con un tabernáculo carnal, se llama un espíritu.
Un espíritu inmortal revestido con un tabernáculo mortal, se llama hombre.
Puede entonces decirse consistentemente que hay, en un sentido subordinado, una pluralidad de Dioses, o mas bien de los Hijos de Dios, que hay una suprema cabeza, quien es sobre todo y a través de todos sus hijos por el poder de su espíritu.
Jesucristo y Su Padre son dos personas en el mismo sentido en que Pedro y Juan son dos personas. Cada uno de ellos tiene un tabernáculo individual organizado, incorporado en forma material, en la semejanza del hombre y compuesto de sustancia material, poseyendo cada órgano, miembro y parte física que el hombre posee.
No hay mas misterio en conexión con su unidad que el que hay acerca de la unidad que tiene Enoc, Elías el profeta o de Pablo y Bernabé. Su unidad consiste en una unidad de espíritu, inteligencia, atributos, conocimiento o poder.
Si Enoc, Elías el profeta, Pablo y millones de otros alguna vez lleguen a la vida eterna e inmortal y sus tabernáculos carnales son vivificados con una plenitud de vida celestial, inteligencia y poder, entonces puede decirse que son uno como el Padre y el ijo son uno. Entonces podría ser dicho de cada uno de ellos, “En él habita toda la plenitud de poderes y atributos del Eterno Dios”, o en otras palabras, él posee vida infinita junto con toda inteligencia, conocimiento, luz y verdad.
Él por lo tanto tiene el mismo pensamiento que todos los otros, en una comunicación y perfecta unidad con todos y cada uno de ellos. Todos ellos son Dioses e Hijos de Dios, son reyes y príncipes y Sacerdotes y nobles de la eternidad. Pero sobre todos ellos hay una presidencia o gran cabeza, quien es el Padre de todos. Y el inmediato de Él, es Jesucristo, el Hijo Primogénito y primer heredero de todos los reinos de luz.
Toda persona puede saber por reflexión que la inteligencia puede ser impartida sin disminuir la abundancia poseída por el dador. Por lo tanto, es lógico que millones de seres individuales pueden cada uno recibir todos los atributos de vida eterna, poder y luz. Es asimismo lógico que en el uso de este poder, por consentimiento y autoridad de la cabeza, cualquiera de estos Dioses puede crear, organizar, poblar,
gobernar, controlar, exaltar, glorificar y gozar mundos sobre mundos y los habitantes de estos mundos, o en otras palabras, cada uno de ellos puede encontrar un lugar en la infinidad del espacio y elementos caóticos desocupados en el infinito, almacén de riquezas eternas, con los cuales erigir tronos para si mismos, principados y poderes para reinar sobre ellos en un creciente poder, majestad y dominio, de eternidad en eternidad, para siempre jamás.
Todos estos son reinos, con todas sus inteligencias, son otras tantas adquisiciones para el dominio de Aquel que es Señor de señores y Rey de reyes, y de quien está escrito por el profeta Isaías: “De las creaciones de su reino no
habrá fin”.
Todas estas son colonias de nuestra raza, multiplicadas, extendidas, transplantadas y existiendo para siempre jamás, como ocupantes de los innumerables sistemas planetarios que ahora existen o vendrán a existir, y serán pobladas por las operaciones del Espíritu Santo, en obediencia a los mandatos del Hijo de Dios. Estos reinos presentan odas y cada una de las cualidades y grados en el progreso de la gran ciencia de la vida, desde lo más inferior de graduación, entre los reinos de muerte o las rudimentarias etapas de la existencia fundamental, hacia arriba a través de toda la escala ascendente a todos los grados en progreso en la ciencia de vida eterna y luz, hasta que alguno de ellos a su vez se levante a tronos de eterno poder.
Cada uno de estos Dioses, incluyendo a Jesucristo y Su Padre, poseyendo no mera-mente un espíritu organizado, sino un glorioso cuerpo inmortal de carne y huesos, está sujeto a las leyes que gobiernan de necesidad, aun los más refinados órganos de existencia física.
Todo elemento físico, ya sea incorpóreo, cambiado o refinado, está sujeto a las leyes generales y necesarias a toda existencia.
Algunas de estas leyes son las siguientes:
Primera.- Cada átomo o incorporación de átomos necesariamente
ocupa cierta cantidad de espacio.
Segunda.- Ningún átomo o
incorporación de átomos puede ocupar el idéntico espacio ocupado por otros átomos o cuerpos.
Tercera.- Cada inteligencia
individual organizada debe poseer el poder de
automovimiento en un mayor o menor grado.
Cuarta.- Todo movimiento voluntario implica una voluntad
inherente para originar y dirigir tal movimiento.
Quinta.- El movimiento de necesidad implica que una cierta
cantidad de tiempo es necesario para pasar de una porción de espacio a otra.
Estas leyes son absolutas e inalterables en su naturaleza y aplica- bles a todas las agencias e inteligencias que existen o pueden existir. Ellas son, por lo tanto, aplicadas con gran fuerza al gran supremo Padre Eterno de los cielos y de la tierra, y a sus humildes súbditos. Es, por lo tanto, una absoluta imposibilidad que Dios el Padre o Jesucristo puedan estar en todas partes en forma personal.
La omnipresencia de Dios, debe por lo tanto, entenderse en alguna forma que no sea la de su presencia corporal o personal. Esto condice a la investigación de aquella sustancia llamada Espíritu Santo.
A medida que el pensamiento pasa los límites del mundo visible y entra a los confines de los elementos mas refinados y sutiles, se encuentra asimismo asociado con cierta sustancia invisible a nuestros toscos órganos, pero claramente manifiesta a nuestro intelecto por sus tangibles operaciones y efectos.
El mismo aire que nosotros respiramos aunque invisible a nuestra vista, es clara-mente manifestado a nuestro sentido del tacto, sus partes componentes pueden ser analizadas. Aún mas, el sistema humano mismo es un aparato que ejecuta un proceso químico sobre aquel elemento, es recibido en el sistema por el acto de la respiración, y ahí inmediatamente sufre la separación de sus partes componentes.
La parte retenida e incorporada dentro del sistema animal, difunde vida y anima por medio de proveer el necesario calor animal, etc. Mientras que la otra parte, no a-daptada al sistema, es descargada por los pulmones para mezclarse con sus elementos nativos.
Hay varias de estas sustancias invisibles, sutiles, tampoco entendidas aún por el hombre y su existencia es solo demostrada por sus efectos, algunos de los cuales son reconocidos, bajo varios términos: electricidad, galvanismo, magnetismo animal, mag-netismo espiritual, esencia, espíritu, etc.
La más pura, mas refinada y sutil de todas estas substancias y la menos entendida y aun reconocida por los menos informados entre la humanidad, es aquella sustancia llamada Espíritu Santo. Esta sustancia como todas las demás, es uno de los elementos de la existencia física, y por lo tanto, está sujeta a todas las leyes necesarias que gobiernan toda materia y que han sido arriba enumeradas. Como todos los demás elementos, su todo está formado de partículas indivisibles; como ellos, cada partícula ocupa un espacio, posee el poder de moverse, requiere
tiempo para moverse de una parte a otra, y no puede de ninguna manera ocupar dos espacios al mismo tiempo. En todos estos aspectos no difiere en nada de toda otra materia.
Esta sustancia está ampliamente difundida entre los elementos del espacio. Este Espíritu Santo, bajo el control del Gran Elohim, es la gran causa que mueve a todas las inteligencias y por la cual estas actúan. Este es el gran elemento positivo que controla todos los otros elementos. Es omnipresente por razón de la infinidad de sus partículas y penetra todas las cosas.
Es el agente controlador o ejecutivo por el que Dios organiza y pone en movi-miento todos los mundos y el cual, por el mandato del Todopoderoso, cualquiera de sus siervos comisionados, ejecuta todas las poderosas maravillas, señales y milagros alguna vez manifestados en el nombre del Señor, la división del mar, el removimiento de una montaña, el movimiento de la tierra hacia atrás sobre su eje, la resurrección de los muertos o la curación de los enfermos.
Aquellos seres quienes reciben de su plenitud son llamados hijos de Dios, porque ellos son perfectos en todos sus atributos y poderes y están en comunicación con Él, pueden por su uso, ejecutar todas las cosas, Aquellos seres que no reciben una plenitud sino una porción de ella, pueden conocer y ejecutar algunas cosas, pero no todo. Esta es la luz verdadera que hasta cierto punto ilumina a todos los hombres, Es, en sus más refinadas partículas, la luz física que se refleja del Sol, la Luna, las estrellas y otras sustancias y por reflejo en el ojo hace visibles las verdades del mundo exterior.
Es también, en sus más altos grados, la luz intelectual de nuestros interiores órganos espirituales, por los cuales razonamos, discernimos, juzgamos, comparamos, comprendemos y recordamos los temas o tópicos dentro de nuestro alcance.
Su inspiración constituye el instinto en la vida animal, razonamiento en el hombre, visión en los profetas y está continuamente fluyendo de la Deidad a todas sus criaturas. Dios está sentado en el trono en medio de todas sus creaciones y está lleno y cercado de luz inaccesible para aquellos de las esferas inferiores.
Él se asocia con un gran número de sus propios hijos e hijas