Nobleza de los Cielos, a quien los mundos obedecen, vestido con la brillantez del eterno día,
entronada en majestad como “Sacerdotes y Reyes”, para quien el Universo su incienso trae, ángeles sus ministros, el cielo es su trono,
Habiendo dado una vista general de los poderes, operaciones y efectos de la Teología como se desarrolló entre las naciones de la antigüedad, los misterios de la Deidad, la ley de la naturaleza, y el origen y destino del Universo, el tema que sigue en orden es la llave de conocimiento, poder y gobierno como se desarrolló en los cielos y en la tierra para la organización, orden, paz, felicidad, educación, mejoramiento y exaltación de inteligencias en la imagen de Dios, sus Hijos e Hijas.
La gran familia del hombre abarca los habitantes de innumerables millones de mundos en toda su variedad y grado de progreso; consiste de seis principales esferas o grados de división en la escala de existencia progresiva, que son:
PRIMERO.- Los DIOSES, compuestos de espíritus incorporados o personificados que habitan tabernáculos de carne y huesos inmortales en su más refinado estado y quienes son perfectos en todos sus atributos de inteligencia y poder.
SEGUNDO.- Los ÁNGELES, compuestos de espíritus y carne y huesos inmortales, más refinados y dotados de vasta inteligencia y poder, pero no una plenitud.
TERCERO.- ESPÍRITUS personificados, sin un tabernáculo de carne y huesos. Estos son aquellos han pasado el velo de la muerte y están esperando una resurrección.
CUARTO:- ESPÍRITUS personificados, con tabernáculos mortales, como en el presente mundo.
QUINTO.- ESPÍRITUS personificados quienes aún no han
descendido para ser revestidos con mortalidad, pero quienes son candidatos a esto.
Hay también una sexta división, pero de esos no necesitamos hablar porque ellos no están aún incluidos en la escala de existencia progresiva, no habiendo guardado su primer estado.
Los espíritus de todos los hombres en su primer estado eran inteligencias. Pero entre estas inteligencias algunas eran más nobles, es decir, más inteligentes que otras. Y Dios dijo: “A estas haré mis gobernantes en mis reinos” Sobre este principio fue manifestada la elección, antes de la fundación del mundo, de ciertos individuos o ciertos oficios, como está escrito en las sagradas escrituras.
En otras palabras, ciertos individuos más inteligentes que otros, fueron escogidos por la Cabeza para enseñar, instruir, edificar, mejorar, gobernar y ministrar verdad y salvación a otros; y para tomar los poderes delegados o llaves de gobierno en las variadas esferas de existencia progresiva.
Estos no fueron solamente escogidos, sino apartados por una santa ordenanza en los mundos eternos como embajadores, ministros, extranjeros, sacerdotes, reyes, apóstoles, etc., para llenar las diferentes estaciones del vasto imperio del soberano de todo.
Jesucristo, siendo el primer apóstol en esta forma comisionado, y el presidente de todos los poderes de esta manera delegados, es Señor de Señores y Rey de reyes en los cielos y en la tierra. De aquí que este sacerdocio se llamó el Sacerdocio según el Orden del Hijo de Dios. Posee las llaves de todos los principios verdaderos de gobierno en todos los mundos, siendo sin principio de días o fin de años. Fue poseído por Adán, Set, Enoc, Noé, Melquisedec y otros. Abraham obtuvo este sacerdocio y una elección del mismo en su simiente después de él en todas las generaciones. El decreto vino en n convenio eterno de que en Abraham y su simiente todas las naciones de la tierra serían bendecidas.
De este linaje de acuerdo con la carne, fueron los profetas Juan el Bautista, Jesucristo y los Apóstoles Judíos. Desde el convenio y elección de esta manera manifestados, las llaves de revelación, gobierno y poderes milagrosos sobre la tierra han sido poseídos
exclusivamente por los descendientes literales de esta noble y real casa.
Los gentiles pudie- ron participar de una por-ción de las mismas bendi-ciones; pero esto sólo pu-do ser hecho por medio de sus ministerios y por adopción a la misma familia. Esta elección o convenio con la Casa de Israel continuará para siempre. En la gran res-tauración de todas las cosas este linaje po-seerá las llaves del sacerdocio, salvación y gobierno para todas las naciones. Como dijo el profeta Isaías: “Las naciones y reinos que no te sirvan a ti perecerán, sí, esas naciones serán completamente destruidas”
os llamarán los ministros de nuestro Dios, pero extraños construirán paredes y los hijos del extranjero serán vuestros labradores y viñeros”.
Este sacerdocio, que incluye el Aarónico, posee las llaves de revelación de los oráculos de Dios para el hombre en la tierra; el poder, el derecho de dar leyes y mandamientos a individuos, iglesias, gobernantes, naciones, y al mundo; para designar, ordenar y establecer constituciones y reinos; para designar presidentes, gobernadores o jueces y para ordenarlos o ungirlos a sus diferentes santos llamamientos, también para instruirlos, amonestarlos o reprobarlos por la palabra del Señor.
También posee las llaves de la administración de ordenanzas para la remisión de pecados y para el don del Espíritu Santo, para sanar los enfermos, echar fuera demonios o hacer milagros en el nombre del Señor; en resúmen, para atar o desatar en la tierra y en clos cielos, para el ejercicio de cuyos poderes el estudiante de Teología encontrará precedentes en las Sagradas Escrituras.
Los hombres que poseen las llaves del sacerdocio y Apostolado según el Orden del Hijo de Dios son sus representantes o embajadores a la humanidad. Recibirlos, obedecer sus instrucciones, darles de comer o vestido, o ayudarles, será tomado en cuenta en el juicio final igual que si todo hubiera sido hecho al Hijo de Dios en persona. Por otra parte, rechazar a ellos, a su testimonio o mensaje, o la palabra de Dios por conducto de ellos en cualquier materia, es tomado en cuenta lo mismo que si fuera hecho a Jesucristo en su propia persona. En verdad, estos embajadores serán los jueces finales de las personas, gobernantes, ciudades, naciones a quienes son enviados.
Aunque los instrumentos escogi-dos para tener las llaves de este sacerdocio deben ser del linaje literal de Israel, sin embargo, o todos los de este linaje están en esta forma comisionados ni en verdad son ellos sacerdotes solamente o mera-mente porque son de la simiente escogida. Tal instrumento debe ser revelado, y su ordenación, cual la tenía antes del principio del mundo, debe ser renovada y confirmada sobre su tabernáculo mortal, de otra manera no puede ser un sacerdote en la tierra.
Uno quien ya posee la autoridad o llaves del sacerdocio, puede revelar por la palabra del Señor y ordenar y ungir a otros llamamientos similares, y por medio de estas ordenanzas ellos recibirán el Espíritu Santo como un requisito para su santo llamamiento. Por este medio, Jesús sucedió a Moisés, Eliseo sucedió a Elías, y, por este medio el gran
Apóstol del Padre escogió y ordenó a los Doce A-póstoles de los judíos y dio las llaves y presidencia del reino a Pedro.
Ha habido tiempos, sin embargo, cuando por un martirio o apostasía general, las llaves de este poder han sido quitadas de la tierra (ver capítulos II, III y IV). En tal caso ya no había visiones, revelaciones o dones milagrosos del Señor manifestados entre los hombres, porque el sacerdocio es el conducto y las ordenanzas son los medios por los cuales tales bendiciones son gozadas por el hombre.
En la ausencia de estos oficios y poderes, oscuridad, ignorancia, superstición, superchería, tiranía, y toda clase de abusos llenaban la tierra y usurpaban el lugar del verdadero gobierno del Reino de Dios.
El ejemplo de esta índole más notable y por más largo tiempo continuado que quizás haya alguna vez ocurrido en nuestro mundo, comenzó con la destrucción de los Apóstoles y santos que inmediatamente sucedieron al Señor Jesucristo y continuó hasta el presente siglo, produciendo en sus consecuencias todas las matanzas humanas, guerras, opresiones, mal gobierno, ignorancia, superstición, tiranía, superchería y miseria que ha visitado el mundo con el falso nombre de Cristianismo.
En el Hemisferio Occidental el apostolado, oráculos, milagros y dones del Espíritu cesaron de entre la gente o pueblo en el cuarto siglo.
El tiempo preciso de la interrupción de estos poderes en el Hemisferio Oriental, o en el mundo romano, no es conocido. El último de los Apóstoles predijo en su visión en la isla de Patmos, el reinado de un cierto poder que hacía guerras a los santos venciéndolos, se embriagaría con su sangre y gobernaría sobre todas las naciones. “Y por tus hechicerías” dice él, “fueron engañadas todas las naciones”. Si estas predicciones han tenido su cumplimiento, es entonces el colmo de la inconsistencia que alguien sostenga que Roma o cualquier nación haya perpetuado el sacerdocio, el apostolado o la Iglesia.
Esto sería los mismo que decir que los santos fueron destruídos y sin embargo per-petuados, todas las naciones fueron engañadas y sin embargo tuvieron la verdad.
Podría un poder universal o católico a una misma vez destruir y perpetuar a los santos. Podría el mismo poder al mismo tiempo ser el conservador y promulgador de un sistema de salvación universal y de engaño universal?
Pero dejando a un lado la predicción y el razonamiento sobre este asunto, cuáles son los hechos que se presentan a nuestra inspección, claramente visibles a todos los hombres. No encontramos el mundo por muchas edades y hasta el presente destituído de esas manifestaciones, visiones, poderes y llaves de conocimiento y gobierno que iluminarían, purificarían y exaltarían la raza y establecerían permanentemente la rectitud y la
paz?
En breve, han sido los poderes del sacerdocio eterno como se describen y ejempli-fican en las Sagradas Escrituras y en esta obra manifestados ara el gobierno del mundo católico o protestante o cualquier nación de estas desde la destrucción de los antiguos santos o Apóstoles? Si contestamos a esta pregunta negativamente, entonces verificamos la verdad de la predicción hecha por el último de los Doce. Si afirmativamente, negamos ambas, la verdad de la predicción y los hechos que claramente se presentan en la historia pasada y las actuales circunstancias del mundo llamado “cristiano”.
Cuando ya no hay un sacerdocio comisionado y perpetuado en la tierra, se hace necesario, con objeto de restaurar el gobierno de Dios, que el hombre u hombres que por último haya o hayan poseido las llaves de tal poder, regresen a la tierra como ángeles ministrantes y escojan, por la palabra del Señor y ordenen a ciertos individuos del linaje real de Israel para tener las llaves de ese sacerdocio y ordenar a otros, y en esta forma restaurar y reorganizar el gobierno de Dios a su reino sobre la tierra.
Después de la destrucción de los Apóstoles y santos que sucedieron a Jesucristo, no hay sino una dispensación o restauración predicha por los profetas. Esa dispensación cumpliría o realizaría los tiempos de los gentiles, completaría su plenitud, restauraría el Reino de Israel, reunirá la casa de sus doce tribus, las organizará en un gobierno teocrático, esto es, un gobierno fundado y guiado por profetas, sacerdocio, visiones y revelaciones. En efecto, no únicamente restaurará a ellos la ministración de ángeles, sino recibirá su final consumación por medio de la resurrección de los antiguos santos y su regreso a la tierra acompañados por el Hijo de Dios en su propia persona. A esta dispensación todas las naciones deben someterse.
Todas las religiones meramente humanas o instituciones políticas, todas las repúblicas, estados, reinos, imperios, deben ser disueltos; la escoria de ignorancia y falsedad debe ser apartada y los áureos principios de verdad pura deben ser preservados y armonizados para siempre en un gobierno consolidado, universal, eterno de los Santos del Más Alto Dios, y todas las naciones le servirán y obedecerán a Él.