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5.4 Experimental evaluation

5.4.2 Baseline models

¡Un profeta moderno, sí, un poderoso vidente! De la línea real de Israel, debe en seguida aparecer.

Revestido con el espíritu del poder de Elías, para podar la viña en la hora undécima. Para iluminar el alba de este refulgente día, cuando el Rey Jesús empuñará su cetro de dominio.

El decimonono siglo (XIX) se inició para el mundo con mucho más favorables auspicios que ninguna otra edad desde la destrucción del pueblo de los Santos y el reinado del misterio universal. Ese espíritu de libertad e independencia de pensamiento, de expresión y de acción que unos cuantos siglos antes había germinado en Europa, y el cual, después de un crecimiento impedido en medio de las espinas y cardos de la tiranía, la cizaña de la superchería y las espinas de las supersticiones en el viejo mundo, se transplantó y obtuvo un desarrollo más vigoroso en el Nuevo Mundo; había ahora crecido a un grado de madurez y consolidación, abriendo recursos para todas las naciones bajo la inestimable garantía de libertad constitucional.

Hacia esta norma lo más emprendedor, inteligente y juicioso de cada nación en Europa, se había comenzado a juntar como una fluyente corriente. Ahí, alejados de la influencia, falso brillo, vano espectáculo, o con los insensatos nombres y títulos de una autodiseñada o imaginaria nobleza, sus mentes se ensancharon, sus energías tuvieron completo

campo de acción y sus facultades intelectuales, libres sin trabas y rodeados de almacenes inagotables de riquezas elementales no usadas, pronto hubieron y desarrollaron nuevos medios de pensamiento, acción, empresa y mejoramiento. Los resultados de lo cual han revolucionado el mundo con respecto a conocimientos geográficos, comercio, intercomunicación, transportación, viajes, transmisión de noticias y mutuo conocimiento o intercambio de pensamientos. Los triunfos del vapor sobre la tierra y el mar, la extensión de los ferrocarriles, y sobre todo, los poderes del telégrafo, están ya gradualmente pero con rapidez, desarrollando, concentrando y consolidando las energías e intereses de todas las naciones, preparándose para el desarrollo universal del conocimiento, bondad y mutua hermandad.

Físicamente hablando, parece haber necesidad de la consumación de dos grandes empresas mas para completar los preparativos necesarios para el cumplimiento de Isaías y otros profetas, con respecto a la restauración de Israel a Palestina de las cuatro partes de la tierra y reunión de todas las naciones a las nuevas normas, santas capillas y templos de Sión y Jerusalén, bajo los auspicios de esa grande teocracia, permanente y universal que seguirá al largo reinado del misterio.

Una de esta es el gran ferrocarril oriental de Europa a India y China, con sus ramificaciones y consiguientes redes telegráficas concentrándose en Jerusalén.

La otra es el gran ferrocarril occidental con sus ramificaciones y consiguientes redes telegráficas del Atlántico al Pacífico.

Políticamente hablando, algunas barreras están aun por removerse y algunas conquistas por lograrse, tales como la subyugación de Japón y el triunfo de la libertad constitucional entre ciertas naciones donde la mente y el pensamiento y la religión aún están proscritas por la ley.

Una vez logradas estas cosas, aun los más incrédulos con respecto a la verdad de la profecía de la escritura se verán obligados a admitir que física y políticamente ha-blando no hay nada imposible o aun improbable en la creencia de que las doce tribus de Israel serán concentradas de todas las naciones en su propia tierra, que Jerusalén se convertirá en la capital del gobierno político , el asiento del conocimiento, y el santuario de ado-ración, para la concurrencia anual de todas las naciones y países comprendidos en el mundo conocido por los profetas de la antigüedad; mientras que el hemisferio occidental, separado como está por dos grandes océanos del viejo mundo, naturalmente formará su propia capital central, su Sión o Nueva Jerusalén, a la cual todas las tribus y naciones puedan llevar a cabo sus visitas anuales para recibir instrucciones, devoción y mutuo in-tercambio de pensamiento, cofraternidad y afecto.

¿Puede el estudiante de las profecías contemplar todos estos preparativos clara-mente predichos hace miles de años e

interrumpiendo ahora sobre el mundo con apa- rente

preconcebida

conexión y

exactitud

revolucionando todas las cosas en una sola edad, y no maravillarse con la reflexión de que la mano de Dios debe estar en todo esto y que la energía y luz espiritual debe estar por venir de los cielos en la misma medida que los preparativos físicos y políticos par ala nueva era?

Los mismos profetas que han contemplado y descrito el desarrollo de libertad nacional, intercambio universal, paz mutua, conocimiento, unión de adoración, reunión de tribus de Israel; que han descrito carreteras, trenes de carros volando como si fueran en una nube, transatlánticos, barcos, literas y rápidas bestias como los instrumentos de restauración, también han predicho que en conexión con todos esos preparativos una nueva dispensación sería manifestada, un nuevo convenio establecido, una norma para la nación, una insignia para el pueblo. En breve “rápidos mensajeros”, maestros, profetas, serían comisionados, revelaciones manifestadas y una organización, orden y gobierno de un mundo renovado.

¿Donde y cuando debemos buscar el grano de la semilla de mostaza, el gérmen, el núcleo de tal organización? Por supuesto, en una tierra de instituciones libres donde esa organización pudiera ser legalmente desarrollada contra las convulsiones, luchas a muerte, las contiendas, los do-lores de agonía que preceden a la disolución del largo reino de mística tiranía, y en un tiempo cuando la libertad moderna hubiera sido consolidada, nacionalizada y sus normas reconocidas entre las naciones.

Tal organización también debería ser buscada en su primer desarrollo como contemporánea del amanecer o desarrollo de los medios físicos y políticos provistos para el mismo resultado.

El principio del presente siglo dio nacimiento a aquellos instrumentos escogidos, quienes fueron desig-nados a tener o poseer las llaves de la restauración para la renovación del mundo.

Los Estados Unidos de América fue la nación favorecida, levantada con instituciones adaptadas y la protección y libre

desarrollo de las ver-dades necesarias y sus resultados prácticos. Y el gran Profeta, Apóstol y Mártir, JOSÉ SMITH, fue el Elías, el Restaurador, el Mensajero Presidente, teniendo las llaves de la “Dispensación de la plenitud o el cumplimiento de todos los tiempos”.

Sí, ese hombre extraordinario, cuya sangre inocente está aún goteando fresca, por así decirlo, de las manos de los asesinos y sus cómplices en los

Estados Unidos, fue el vaso escogido y honrado por Dios, y ordenado por ángeles, para ordenar otros Apóstoles y Élderes, para restaurar la Iglesia y reino de Dios, los dones del Espíritu Santo, y para ser un mensajero en el Espíritu y poder de Elías, para preparar el camino del Señor, “porque he aquí súbitamente vendrá a su Templo el Señor”.

Al igual que Juan, quien cumplió una misión similar preparatoria en el primer advenimiento del Hijo de Dios, él bautizó con agua para arrepentimiento, para la remisión de pecados; la igual que él, fue encarcelado y como él, su vida fue tomada de la tierra; y finalmente, como todos los otros mensajeros veraces, su mensaje está siendo demostrado por su cumplimiento progresivo, los poderes, dones, y señales siguiendo la administración de su mensaje en todo el mundo, y cada minuta particular de sus predicciones cumpliéndose en el orden de eventos, mientras las ruedas del tiempo traen su cumplimiento.

Pero en un punto importante difiere su mensaje de todos los mensajeros anteriores. La ciencia de Teología revivida por él nunca declinará, ni sus llaves serán quitadas de la tierra. Estas están conferidas al hombre por la última vez. Su consumación restaurará las tribus de Israel y Judá, derrocará todas las instituciones corruptas, anunciará el reino de paz y conocimiento; en verdad, introducirá a la tierra su Rey Legal y Eterno, el crucificado Nazareno, el resucitado Mesías; desterrará la oscuridad y la muerte; el dolor, el luto y las lágrimas de la faz de nuestro globo, y coronará a nuestra raza con los laureles de la victoria y vida eterna. Aún las edades venideras se levantarán y lo llamarán bendito. Mil generaciones de incontables millones loarán su nombre y relatarán sus hazañas, mientras que innumerables naciones se regocijarán en la luz y disfrutarán los bene- ficios de la institución fundada por su instrumentalidad.

Su casa, la nación que le dio nacimiento, y se regocijó con su muerte, si, sus mis-mos asesinos y su posteridad, vendrán inclinándose ante él, y buscarán su perdón, y los beneficios de sus labores.

Pero ¡Oh el dolor, la negra desesperación, los tormentos de una consciencia culpable, la negrura de la oscuridad en el infierno inferior, que los desventurados culpables experimentarán antes de ese feliz día de liberación!

¡Oh los incontables millones de prole de hombres inocentes y honorables que caminarán en la tierra, hollarán las cenizas y ararán y segarán sobre los huesos y polvos de esos miserables asesinos y sus cómplices que han consentido el derramamiento de sangre inocente!. Antes de que suene la trompeta final que llame a su polvo durmiente de sus largos sueños en la tumba y sus espíritus de la prisión de los condenados, y aun cuando este, para ellos casi interminable periodo haya pasado, y ellos se levanten de los muertos, en lugar de una bienvenida exaltación a la presencia y sociedad de los hijos de Dios, un eterno desierto los espera. Ellos no pueden venir a donde Dios y Cristo moran, sino que serán siervos en los dominios de los Santos, sus anteriores víctimas.

Este personaje extraordinario nació en Sharon, condado de Windsor, Vermont, Estados Unidos, el 23 de diciembre de 1805.

Se trasladó con su padre, durante su niñez, y se establecieron cerca de Palmyra, condado de Wayne, Nueva York. En medio de estos bosques silvestres fue creciendo co-mo un labrador, y habituado a todas las penalidades, afanes y privaciones de un país recién establecido. Su educación fue por lo tanto, muy limitada.

Cuando tenía cerca de 17 años de edad tuvo varias claras visiones, en las cuales un santo ángel le ministró, le amonestó por sus pecados, le enseñó el arrepentimiento, y fe en el crucificado y resucitado Mesías, les abrió las Escrituras de los profetas, revelando el cumplimiento de profecías pertenecientes a la gloria de los últimos Días, y las doctrinas de Cristo y sus antiguos Apóstoles.

El 23 de septiembre de 1829, el ángel le condujo a un cerro distante unas cuantas millas, llamado antiguamente Cumorah. Alre-dedor de este cerro, en el siglo V de la era cristiana, se había reunido el último re-manente de una nación una vez poderosa y de alta cultura, llamada los Nefitas.

Aquí, 230,000 hombres, mujeres y ni-ños, se organizaron para una última defensa, en legiones de 10,000 cada una, bajo sus respectivos comandantes, a cuya cabeza estaba el renombrado Mormón, el general de cien batallones. Y aquí recibieron al enemigo de

incalculable número, y se desvanecieron ante ellos, hasta que ninguno quedaba, a excepto unos cuantos que huyeron hacia el sur, y otros que cayeron heridos y fueron dejados por el enemigo entre los muertos insepultos. Entre estos últimos estaba el general Mormón y su hijo y segundo en mando, el general Moroni. Estos fueron los últimos profetas de una nación, que ahora ya no existe. Ellos tuvieron los sagrados registros, compilados y transmitidos por sus padres, desde la mas remota antigüedad. Ellos tuvieron el Urim y Tumim, y la brújula de Lehi que había sido preparada por la Providencia, para guiar a una colonia de Jerusalén en América.

En el cerro de Cumorah depositaron ellos todas estas cosas. Aquí éstas permanecieron ocultas por 1,400 años y aquí dirigió el ángel Moroni al joven José a contemplar estas cosas sagradas, en su depósito sagrado, y a recibir, de estos archivos tanto tiempo silenciosos, un re-gistro compendiado de todo, y con él, el Urim y Tumim.

El registro compendiado de esta manera obtenido, fue grabado en caracteres egipcios, sobre planchas de oro, por las manos de los dos profetas y generales, Mormón y Moroni. Por las instrucciones del ángel y el uso del Urim y Tumim, el joven José, ahora un Profeta y Vidente, fue habilitado para traducir el compendio, o mas bien, la parte no sellada que fue destinada para la presente edad.

Hecho esto, el ángel del Señor apareció a otras tres personas, llamadas Martín Ha-rris, Oliverio Cowdery y David Whitmer; les enseñó las planchas de oro, y los grabados sobre ellas, dio testimonio de su traducción correcta por el Profeta José, les ordenó que dieran un fiel testimonio de esto. Dos de estos eran respetables granjeros, y el otro era un maestro de escuela.

A principios de 1830 esta traducción con el testimonio acompañado, fue publicada en inglés en los Estados Unidos bajo el título de “EL LIBRO DE MORMÓN”. Hasta ahora, 1853, ha sido traducido y publicado en casi todos los idiomas europeos.

Este libro interesa más profundamente al mundo, y a todo ser inteligente y res-ponsable, que cualquier otro libro, salvo las Escrituras judías. Su historia penetra en el de otras maneras oscuro olvido del pasado, y por lo que respecta a América, a través de las remotas edades de la antigüedad, siguiendo las corrientes de las generaciones del hombre, hasta llegar a la gran fuente, la distribuidora de las naciones, tribus y lenguas, la Torre de Babel, cesa o se pierde, y dulcemente mezclada con ese gran río adámico no dividido, cuya fuente está en el Paraíso, la cuna del hombre, cuyos manantiales brotan de debajo del trono del Eterno, y cuyas secretas fuentes abarcan el infinito espacio e

ilimitado océano del intelecto, hechos, y verdad histórica, como está registrado en los archivos de la eternidad.

Su visión profética manifiesta los eventos del tiempo venidero. El destino de las naciones, la restauración de Judá e Israel, la caída de iglesias e instituciones corruptas; el fin de la superstición y mal gobierno; la prevalencia universal de paz, verdad, luz y conocimiento; las terribles guerras que preceden a esos felices tiempos, la gloriosa ve- nida de Jesucristo como Rey, la resurrección de los Santos, para reinar sobre la tierra; el gran descanso de mil años; el jubileo de naturaleza universal sobre nuestro planeta, son todos predichos en ese libro. El tiempo y medio de su cumplimiento son señalados con claridad mostrando la edad actual mas repleta de eventos que todas las edades de la raza de Adán que han pasado antes que ella. Sus doctrinas son desarrolladas con tanta sencillez y simplicidad, y con tal claridad y precisión, que ningún hombre puede equivocarlas. Ellas están allí como fluyeron de la boca del Redentor resucitado, en la líquida elocuencia de amor entremezclado con lágrimas inmortales de gozo y compasión, y fueron escritas por hombres cuyas lágrimas de inmenso afecto y gratitud bañaron Sus inmortales pies.

Fue aseverado por revelación, por medio del Urim y Tumim, que el joven Profeta era de la casa de Israel, de la tribu de José. Él siguió recibiendo visiones, revelaciones, y el ministerio de ángeles, por quienes fue al fin ordenado al Apostolado o Sumo Sacerdocio

según el orden de Melquisedec, para poseer las llaves del reino de Dios, la dispensación de la plenitud o cumplimiento de los tiempos.

De esta manera preparado, él procedió, el 6 de abril de 1830, a organizar la Iglesia de los Santos, que entonces constaba de 6 miembros. Los dones de sanidad, de profecía, de visiones y milagros, empezaron a ser manifestados en- tre los creyentes, confirmando así su testimonio con señales que siguieron.

En este mismo año, los principios restaurados por él fueron proclamados, y se organizaron ramas de la Iglesia en varias partes de su propio estado, en Pensylvania, Ohio, y en otras partes, y el número de sus discípulos aumentó de seis miembros a arriba de mil. Durante los tres años siguientes, centenares de ministros ordenados por él, fueron enviados en todas direcciones a través del país, y se organizaron Ramas de la Iglesia en la mayoría de los estados de la unión americana.

En 1835, él ordenó por mandamiento del Señor, un Quórum de Doce Apóstoles y varios Quórumes de Setentas, como un ministerio viajante. En 1836 se terminó un templo y fue dedicado en Kirtland, Ohio,

en el cual dichos quórumes y sacerdocio en general fueron reunidos en una escuela de Profetas, y se les instruyó y ungió a su santo llamamiento.

En este mismo año, algunos de los Apóstoles visitaron la parte alta del Canadá y esparcieron la plenitud del evangelio en Toronto y toda la región alrededor, juntando varias Ramas de la Iglesia. En 1832, se envió una misión a Inglaterra, la cual fue acompañada de los mismos poderes y alcanzó notable éxito.

En 1838 el estado de Misuri emprendió la exterminación de la Iglesia de sus fronteras, asesinó muchos hombres, mujeres y niños, y finalmente tuvo éxito en la expulsión violenta de cerca de 10,000 personas, y la captura de sus tierras y propiedades.

En 1840 el Quórum de los Doce Apóstoles visitó Inglaterra, reunieron grandes números en la Iglesia, y publicaron el Libro de Mormón, y varias otras obras, entre las que está un periódico llamado “La Estrella Milenaria”, que ahora, en 1853, tiene una circulación de casi 18,000 copias semanales.

Entre los años 1840 y 1844 nuestro joven profeta reunió a su alrededor muchos miles de sus discípulos, erigió la gran ciudad de Nauvoo, a orillas del Mississipi, comenzó la construcción de uno de los más espléndidos templos en el mundo y organizó una legión de ciudadanos soldados para su defensa. La Legión comprendía cerca de 6,000 hombres, y estaba comandada por el joven Profeta José, quien tenía una comisión gubernamental como teniente general. De este centro de ciencia y luz celestial, emanaron rayos, con la ayuda de un ministerio exterior, penetrando a los lejos, y encendiendo el alba de ese refulgente día que está destinado a brillas sobre toda la tierra y resplandecer por siempre.

Apóstoles, Sumos Sacerdotes, Élderes, Consejeros y Ministros de todos grados, se aglomeraron aquí ante nuestro joven Profeta y héroe, y fueron instruidos en esta gran escuela de Teología y filosofía espiritual, mientras que 100,000 discípulos en la nación y más allá de los mares, buscaron en este centro luz e ilustración.

Tal fue el progreso de la ciencia de Teología, revivida en la presente edad, tal el resultado de catorce años de ministerio de un joven de escasa cultura, pregonando en el desierto la proclamación del arrepentimiento, bautismo para la remisión de pecados, y poseyendo las llaves de este divino, eterno poder.

Su éxito sin paralelo, y su aún creciente influencia, alarmó a sus anteriores perseguidores, y despertó su celo y envidia al más alto grado de frenesí y locura. Varios con-dados de Illinois se pusieron en combinación con sus anteriores enemigos, que habían robado y destruido a los Santos en Misuri, y convocando a reuniones públicas, aprobaron resoluciones para destruir la ciudad de Nauvoo, y para forzar a los Santos, una vez mas, a abandonar sus hogares y haciendas,

dejándolas en poder de los piratas de la tierra. También entraron en convenio, para tomar la vida del joven José.

Para hacer resistencia a esta inminente tormenta, nuestro héroe y Profeta adiestró su legión de 6,000 hombres, en su amada ciudad de Nauvoo, preparada para la mas vigorosa defensa, y esperó el ataque. El cobarde grupo enemigo pronto descubrió la im-propiedad de un ataque abierto, y se resolvió por una estratagema. Hicieron que un ma-gistrado