GILBERTO ELISEO: Pero venga. Ya hemos dejado claro cómo el derecho pretende enclaustrar la verdad para ceñirla a su talla. ¿No será momento de hablar un poco sobre la verdad y sobre cómo la hemos entendido a lo largo de la construcción de esta narración? Es que la nombramos y la nombramos y tal vez no se entienda mucho. Obvio que nosotros tenemos visos de lo que tratamos, pero quien nos siga seguro puede caer en confusiones y malentendidos.
TERCERO VERNAZA: Me gusta esa propuesta. Me gusta porque siento que es el punto donde este diálogo se atreve, salta al vacío y cae sin saber si se estrellará contra una roca para romperse en mil pedazos, o si se clavará en agua para romper su quietud.
Antes que cualquier cosa, hay que dejar claro que nosotros partimos de la creencia de que el sujeto político moderno no persigue la verdad sino el lugar desde donde ésta se enuncia. Partimos de la idea de que ese mismo sujeto, también inmerso en el ejercicio de la justicia transicional y de la producción de verdad del derecho, puede incluso negociar sus principios más relevantes sólo por defender la posición jerárquica desde donde se produce y se controla la verdad14
Como usted recordará todo esto lo hemos leído en el profesor Juan Felipe García, quien además concluye, en este sentido, que la verdad termina siendo “un arma más de la batalla”, teniendo en cuenta que no es fija para el sujeto político sino variable dependiendo de las necesidades que se enfrenten para llegar al poder, enunciar el relato y posteriormente conservarlo
.
15.
GILBERTO ELISEO: Es así como los discursos políticos y jurídicos terminan sólo siendo una herramienta retórica que se usa para el beneficio propio del sujeto político y no para la verdad comunitaria, ni para la justicia que se requiere en una transición. TERCERO VERNAZA: Cierto. Pero también hay que advertir que creemos, como Paul
Veyne, que la verdad no se encuentra, no se “halla” ni está allí sola detrás de un velo que hay que correr. Simplemente lo sujetos la hacen, la construyen y reconstruyen tal y como hacen su historia, llegando incluso a considerar que a la verdad puede corresponderle el nombre de ideología16.
GILBERTO ELISEO: ¿Pero será que así sí se entiende? Tal vez debamos ser más específicos. ¿No cree?
TERCERO VERNAZA: No puede ser tan difícil de entender; pero bueno, procuraré ir al punto en otras palabras. Cuando hablamos de verdad, hablamos de una que se
14 García Arboleda, Juan Felipe, Regeneración o catástrofe. Derecho penal mesiánico durante el siglo XIX en Colombia, Bogotá D.C., Editorial
Pontificia Universidad Javeriana, 2009, p.56
15 Ibídem.
construye desde el sujeto, una que renuncia a ese esquema tan kantiano de que la verdad es un allí invariable, integral, transparente, que espera ser descubierto. Una verdad que además renuncia a la idea de que cualquier imposibilidad en su hallazgo o descubrimiento es una deficiencia atribuible al sujeto en su método de conocimiento. Hablamos de una verdad que surge en la medida en que se enuncia, puesto que no es una entidad que pueda concebirse por fuera de la narración que los sujetos identifican en ésta. Creemos más en que la imposibilidad de narrar una verdad objetiva, ajena al sujeto, se debe a la imposibilidad de esta entidad como entidad por sí misma. Sobre esto Slavoj Zizek señala que la limitación del conocimiento, esto es, la incapacidad de captar todo el ser, es al mismo tiempo la limitación del objeto que se pretende conocer. Significa que las grietas y los vacíos de nuestro conocimiento de la realidad son simultáneamente vacíos del entramado de la realidad en sí misma17.
GILBERTO ELISEO: Aquí está usted de nuevo con sus enredos. ¿Así quiere explicarlo en Valdelomar?
TERCERO VERNAZA: ¡Puta vida! Es verdad. Soy víctima de mi crítica… Solo quiero decir con esto que si la verdad se nos escurre, es más porque a nosotros como sujetos, como pueblo, se nos escurre nuestra capacidad de construirla. Cuando la verdad no llega no es por las deficiencias en nuestro método de investigación, en gran medida es porque hemos confiado en que esa verdad puede ser sin nosotros. La pregunta de dónde está la verdad también se la hizo Tomás Eloy Martínez, y en la respuesta que se dio indiscutiblemente se acerca a Veyne, puesto que afirma que la verdad no está en lo que llaman pruebas irrefutables, dice que tal vez está en la tradición, en el consenso colectivo de que algo es verdadero18. Concluye incluso que ya no se puede
dialogar con la historia como verdad sino como cultura19.
GILBERTO ELISEO: Hay que reconocer que aquí entonces es donde adquiere más valor nuestro acuerdo con Veyne, y es donde nos alejamos de nuevo de Orozco.
TERCERCO VERNAZA: ¿Qué quiere decir?
GILBERTO ELISEO: Iván Orozco cree que ninguna verdad puede ser total, porque según él toda construcción de verdad y de memoria lleva una condena de perspectiva y contexto, además de que está atravesada por intereses, sentimientos e ideologías, implicando con ello sesgos que engañan y que visibilizan tanto como invisibilizan20
17 Zizek, Slavoj, El espinoso sujeto: el centro ausente de la ontología política, Buenos Aires, Paidós, 2007, p.68
. Nosotros, por el contrario, consideramos que por la sola presencia de la invisibilización o del engaño, no es dable la inexistencia de la verdad ni la renuncia a ella. La verdad persiste como construcción de los sujetos y de las colectividades, y más bien las invisibilizaciones y los engaños que se presentan surgen como herramientas de velación o negación de la verdad misma.
18 Martínez, Tomás Eloy, “La batalla por la verdad”, en Op.Cit, p. 314. 19 Ibídem, p.310.
TERCERO VERNAZA: Es cierto, pero tal vez desde otro lado a mí me parece que la perspectiva y la contingencia del contexto, siempre que no aparezcan como retórica de encubrimiento, como usted lo dice, no son siquiera problema cuando se reconoce una verdad en íntima relación con el sujeto. A lo que me refiero es que aquí la totalidad de la verdad no está dada por la ausencia de perspectiva o de contextualización; antes es todo lo contrario: se rescatan, se reconocen, se hacen valer y hasta terminan por sustentar la cualidad de totalidad de la verdad.
En nuestro criterio es eso precisamente lo que la hace “total”. Sin embargo también debemos tener cuidado, porque ya vista así, no se puede confundir la “verdad total” con la “verdad absoluta”, pues la primera no se impone ni se cierra, se mantiene como totalidad, pero abierta en una existencia amenazada y hasta fugaz. Ya veremos por qué.
GILBERTO ELISEO: Vamos yendo para el mismo lado. Fíjese que lo mismo sucede con la presencia de ideologías, intereses o sentimientos dentro del relato, como lo hablamos anteriormente. Sólo por otorgar la calificación de verdad total en la narración que se elabora no es posible despolitizar, cauterizar ideologías, deshumanizar, castrar sentimientos. Todo lo contrario. En este caso la verdad lo es en tanto engloba el conjunto de experiencias violentas y vivencias traumáticas, a la par con consideraciones políticas e impulsos pasionales y sentimentales.
TERCERO VERNAZA: No puede ser que la verdad deba filtrar lo irracional sólo para constituirse como razón quieta, inequívoca, coherente; la verdad es más que eso. GILBERTO ELISEO: Pero es preciso no entrar a juzgar tan a la ligera esta pretensión de
verdad objetiva. Leyendo de nuevo a Orozco observé que expone que una verdad objetiva, que se descubre, ofrece mayores seguridades, sobre todo para el derecho, pues es desde donde deben hacerse asignaciones de responsabilidad civil y penal. También hay más certeza para las entidades generalmente públicas, que en ocasiones deben reconocer de manera oficial la ocurrencia de los hechos violentos21.
TERCERO VERNAZA: Entiendo su moderación, pero es que además de que esta verdad objetiva, por cierto altamente oficial, también es una construcción antes que un descubrimiento, también es un relato atravesado por los sujetos que le dieron vida. Incluso el método con el que se posibilita es un producto ideológico. Solo la llaman “objetiva” con el fin de convencernos de su neutralidad, de su completitud. Es usar otras máquinas igual de artificiosas y arbitrarias para construir un edificio que más tarde harán aparecer como descubrimiento. Esta verdad objetiva se diferencia de otras a partir de la legitimidad otorgada por una validez normativa y procesal igualmente inventada.
GILBERTO ELISEO: Yo sé, yo sé. No me malinterprete. Mi idea no es defender lo que venimos entendiendo como verdad objetiva, sólo quiero que no olvidemos los fines que subyacen a su defensa.
TERCERO VERNAZA: Sí. No se preocupe. Créame que mi reacción iba menos dirigida hacia usted de lo que iba hacia todos esos que enarbolan esas finalidades para seguir actuando como técnicos incontaminados de ideología, pero sobre todo para mostrarnos a nosotros como “metafísicos” llenos de fe en cuentos fantásticos.
GILBERTO ELISEO: Que nos muestren así es llenarnos de virtud. El Conde de Keyserling, en su recorrido por Suramérica, llegó a decir que a las vidas determinadas de seres determinados pertenecen también azares determinados y eso es un hecho que la relación de causalidad de la modernidad no nos permite ya comprender22
Agregaría yo que ni la relación del “deber ser” normativo es en este caso suficiente. Por eso es necesario escribir cuentos fantásticos que quizás más tarde llamen “cultura”, o “ciencia”, si se llega a ser más arbitrarios.
.
TERCERO VERNAZA: Con personas como esas aquel Morelli de Cortázar se llena de razón: el hombre de hoy no busca la puerta para entrar en otro reino, más bien la busca para cerrarla bien y así poder menear el culo como un perro contento. Busca es reventarse contra la puerta cerrada y caminar entre florecitas de jardín y sentarse a mirar una nube veinte mil años si es posible y que nadie se enoje.
GILBERTO ELISEO: Cierto. Pero lo más hermoso que decía el Conde Keyserling, era que el mundo, como la mujer, se entrega dichoso al poema del enamorado si éste es un enamorado auténtico23. Así pues que sigamos enamorados del mundo, que además
de flores, necesita algún poema nuevo.
TERCERO VERNAZA: Bien dicho. Sigamos como enamorados abriendo la puerta; esperando que nuestra amada esté del otro lado. Hagámoslo aún sabiendo que cuando la puerta se abra nos puede reventar la cara con su fuerza y nos puede dejar sin dientes la madera.
22 Keyserling, Hermann Graf, Diario de viaje de un filósofo. Meditaciones suramericanas, Santiago de Chile, Editorial Zig-Zag, 1931, p.121. 23 Ibídem, p.13.