L a entrada en escena de los turcos
Hl ascenso de los em ires turcos en el m undo o rien tal anuncia, en efecto, un p o d eroso em puje m igratorio que cam biará la población y la estru ctu ra de las pro v in cias iranias: p rim ero , los go b ern ad o res sám áníes de G azna en A fganistán, A lp Ti- gin y S ubuktigín, constituyen un vasto em irato au tó n o m o que prosigue en las fro n teras de la India la g u erra santa y las expediciones de saqueo de los tem plos paganos. D ividido en tre los hijos de S ubuktigín, este dominio* que incluye el J u rásán, es reunificado p o r M ahm úd (998-1030) y g o b ern ad o con firm eza p o r Mas- cüd (1030-1040). E m pieza entonces una dinastía em iral com o cualquiera o tra , que conoce los corrientes p roblem as de sucesión y cuya fuerza se basa en la capacidad individual de aquellos grandes generales que lanzan ofensivas masivas sobre la In dia. N o convierten a nadie; se lim itan a a rru in a r los tem plos (en particular Som- n ath en 1026) y a exigir pesados trib u to s cuyas ren tas, ju n to con el fruto de los pillajes, les p erm iten co m p rar el reconocim iento del califa, diplom as de legitim a ción y títulos honoríficos que form an p arte de la plegaria y figuran en las m onedas y en los tejidos del tiráz. Su adm inistración y su ejército no se diferencian en a b soluto de los de los sám áníes, p ero son turcos pu ro s, qu e hablan en tu rco , a pesar de una pro fu n d a aculturación en un m edio iranio (en G azna reciben a p o etas p e r sas, en tre los cuales está F irdúsí), y su adhesión incondicional a los cabbásíes re fuerza el califato y frena el desarro llo del extrem ism o sh H , especialm ente del is- m á^lism o en el Sind. E llos d arán paso al sunnism o intransigente de los seldjúqíes.
El em puje tu rco , que sin duda es deb id o a un ráp id o crecim iento dem ográfico de los pueblos de la e step a, fue d u ra n te m ucho tiem po fren ad o , am o rtig u ad o , por las luchas en tre tribus y p o r una inm igración co n stan te y a b u n d an te hacia el im perio m usulm án de esclavos cap tu rad o s po r los «com batientes de la fe» o v en didos p o r las tribus enem igas. M uqaddasí cifra en 12.000 el núm ero de hom bres en treg ad o s cada año p o r los sám áníes al p o d er califal. Incluso si la cifra es exce siva, los ejem plos individuales confirm an la im portancia de los grandes m ercados de esclavos en Isfidjáb y en Shásh (T ash k en t), d o n d e Subuktigín es vendido; el oficio de m ilitar esp erab a a los niños, m ientras q u e las niñas serían destinadas a los h aren es, especialm ente el del califa. Sin d u d a, el cam bio se d eb e a la c o n v er sión de las tribus turcas: constituidas en sociedades m usulm anas —no sin am plias zonas de paganism o y de sólida conservación de tradiciones c o n su etu d in arias— se han d o tad o de estru ctu ras políticas m ás fuertes, em iratos locales y c o n fed era ciones tribales. E stos E stados-ejército, en los que curiosam ente en co n tram o s cier ta resonancia del m odelo hegiriano, rep resen tan u n a fuerza m ilitar d e term in an te, anim ada por una csabiyya tribal y p o r la b rav u ra, sinceridad y violencia de los tiem pos preislám icos. D esde un principio p rohíben a las dinastías em irales el re clu tam ien to de sus ejércitos de esclavos y son gran d es grupos tribales quienes reem p ren d en una m archa colectiva hacia el este, llevando con ellos su m odo de vida nó m ad a, cuyos débiles recursos im ponían la actividad m ilitar com o com ple m en to o com o actividad principal. E n T ran so x ian a, los q arlu q , guiados p o r ilek jáns (los qaraján íes) de K ashgar y de K hotan invaden B ujára en 992 y se ad u eñ an de ella; en el Ju rásán , son turcóm anos o turcos uguz, que ya habían estad o a n te rio rm en te al servicio de los gaznavíes e incluso de los buyíes, quienes efectúan una p enetración decisiva en 1034.
LA FRAGMENTACIÓN DEL MUNDO ISLÁMICO
G uiados p o r el clan seldjüqí, los herm anos T ugril y T chagri, constituyen un pueblo num eroso y com pacto: en 1040, en la batalla de D a n d an q an , cerca de M erv, que pone fin al Im perio de los gaznaw íes, son unos 16.000 com batientes. U na hábil utilización política del te rro r (el saq u eo de R ayy abre todas las pu ertas de las ciudades), unas relaciones establecidas con el califa Q á ’im y el resp eto a los d eb eres del Islam extien d en rá p id a m e n te el p o d er de T ugril. A u n q u e el califa no se apresura en absoluto en reconocerlo (espera a 1050 p ara o to rg arle un título honorífico y a 1057 p ara la prim era au d ien cia), el seldjüqí se proclam a su cliente y se aprovecha de la situación d eb ilitad a del califa para justificar su m archa hacia B agdad, do n d e en 1055 en tra bajo p re te x to de peregrinación. E lim inará sin p ro blem as a todos sus rivales, que ráp id am en te se alian a los fátim íes p ara en co n trar un apoyo co n tra aquél. E n 1057 la estrella de los seldjúqíes brilla sobre to d o el O rien te: T ugril, «Piedra angular de la fe» y «Poder» {sultán), encabeza un pue- b lo-ejército cuya instalación, pasado el m o m en to de cho q u e, contribuye a la p ro s p eridad del Irán ; los turcos uguz se im plantan en T ran so x ian a, en A d h arb ay d ján y en las orillas del lago de V an, de d o n d e expulsan a los arm enios. La m odifica ción étnica de estas regiones será definitiva; introduce en A natolia un nuevo n o m adism o, y la necesidad de pastos ju n to con el dinam ism o de los turcos ejercerá, d esde entonces, una gran presión sobre el A sia M enor. E n 1071, el cerrojo bizan tino salta in esp erad am en te en la b atalla de M an tzik ert y la p enetración turca se efectúa en m asa, sin ningún p royecto preconcebido y en d eso rd en , a través de la península hasta en to n ces inviolable.
En el in terio r del Islam , los seldjúqíes, en fren tad o s a continuas revueltas de sus tropas tu rcóm anas, p artid arias de una gestión más clásica del p o d er qu e el em irato im pide, consolidan su a u to rid ad : título de sultán que refuerza al de «rey», adjetivos prestigiosos, m atrim onios im puestos al califa (q u e, sin em bargo, se resiste y retrasa sin cesar un reconocim iento que le priva de libertad de m an io b ra y de influencia sobre T u gril), cam paña en Irán , do n d e la T ransoxiana es re conquistada p o r A lp A rslán , hijo de T chagi, y p o sterio rm en te, de 1073 a 1092, en la época de M alik Sháh (d e relev an te nom bre: «rey» en árab e y en p ersa), reorganización de la adm inistración p o r p arte de Nizám al-M ulk. E ste visir iranio, «tutor» y p ad re espiritual, átábeg, del califa, ha dejado expuestos los principios de su gobierno en su Siyásat-N ám eh ( L ib ro del gobierno), escrito en 1091. E n el apogeo de la dinastía seldjüqí, esta colaboración e n tre el visir persa y el sultán turco señala la realidad de un ren acim ien to persa literario , lingüístico y, hasta cierto p u n to , «nacional».
L a revancha cultural de Irán
E ste renacim iento se inscribe, en efecto , en un m undo iranio d esde entonces to talm en te islam izado: ú nicam ente p erm an ece vivo un fren te de conversión d iri gido p o r m isioneros shFíes, com o el ism ácilí N asir-i Jusraw , a u to r del adm irable relato de viajes S afa r-N á m eh, m ilitan te, filósofo gnóstico y gran escrito r persa a la vez. El d e sp e rta r de la lite ra tu ra persa no significa ningún tipo de separatism o, sino sólo la afirm ación de glorias p ro p iam en te iranias, con, quizás tam b ién , algu nas reivindicaciones de una suprem acía que confirm e el ascenso de las dinastías
112 EUROPA Y EL ISLAM EN LA EDAD MEDIA
em irales y la iranización cultural de los gaznaw íes y de los seldjüqíes. P rim ero se lleva a cabo la construcción de una nueva lengua, el n eo p ersa, a p artir del d ialec to persa com ún, el dari (que había sustituido a la antigua lengua literaria pahle- ví). É sta asimila un gran co m p o n en te léxico árab e y som ete «el m etro silábico iranio a la prosodia cuantitativa árabe». A lgunos p o etas, en la corte de los sám á níes y p o sterio rm en te en G azn a, ab ren el cam ino al re s ta u ra d o r de la lengua p e r sa, Firdúsi. É ste, nacido en TQs en 940 de una fam ilia d e juristas, se a rru in a p ara p o d e r hacer su o b ra, reu n ien d o los anales dinásticos y las colecciones de trad icio nes o rales ya recogidas p o r el g o b ern ad o r de T ús, que constituirán la base m a te rial de un gran poem a histórico. E ste Libro de los R eyes (S hdh-N dm eh) ensalza a los reyes b en efacto res, a los héroes iranios, e n tre ellos a R u stam , y tam bién las virtudes de la aristocracia sasánida (pureza, acción, abnegación), d esarro llan do una historia pesim ista, en la que la lucha ete rn a del bien y del mal evoca la filosofía preislám ica, pero acercándose sin em bargo al pesim ism o general de un Islam que duda p ro fu n d am en te de su porvenir. D e su p orvenir, pero no d e su cu ltu ra, ya que la sem illa sem brada en aquel p rerren acim ien to del siglo ix ha fructificado a h o ra; las ciencias, m aduradas len tam en te en las C asas de la S abidu ría, han alcanzado el nivel de la síntesis; síntesis com o las de A bü B akr al-R ází (m u erto en 923), el R azés de los O ccidentales, y sobre to d o de Ibn Siná (m u erto en 1037), A vicena, enciclopedias m édicas del sab er y de la experim entación a n ti gua y persa en las que E u ro p a basará sus conocim ientos sobre la circulación de la san g re, el tejido ó seo, las en ferm ed ad es contagiosas y la cirugía, hasta el siglo x iv ; la óptica de Ibn al-H aytham (m u erto en 1039) es tam bién una continuación de las investigaciones del siglo x sobre la luz y constituirá una base que no será m odificada hasta K epler.
C u rio sam en te, po r o tra p a rte - o quizás a causa de los problem as m ilitares que hacían inseguro el edificio—, la arq u itectu ra religiosa o civil no ha producido testim onios de una calidad co m p arab le, ya que los dos únicos m onum entos excep cionales de este p erío d o , la m ezquita de Ibn T úlún en Fustát (hacia 878-890) y la de M alik-Sháh en Ispahán (hacia 1090), dejan precisam ente una im p o rtan te laguna en la historia del arte. P ero esto sería así si no tuviéram os en cu en ta , en cam bio, el desarro llo , que ya no cesará, de las «artes m enores», com o se las suele llam ar e rró n e a m e n te sobre to d o en el Islam m ás q u e en cualquier o tra área cul tu ral, ya que el tejido, el a rteso n ad o , las alfom bras, no sirven sólo para la d eco ración sino que tam bién son o b jeto de intercam bio, de obsequio, de o fren d a, y es su núm ero el que d eterm in a la riqueza, más que las casas o los dinares: las m aderas esculpidas de E gipto y de Siria rep resen tan p eq u eñ as escenas de la vida p ro fan a, caza, danzas, conciertos, orgías; los tapices y las alfom bras son a d o rn a dos con hileras de pájaros y de liebres, tam bién com o en E g ip to , o con m otivos antiguos, trenzas, círculos, óvalos, com o en Irán ; los tejidos y las sedas llevan dibujos cada vez m ás com plicados, herm éticos y sim bólicos; la loza es brillante con un fondo p ard o o policrom o. T odos estos o b jeto s son testim onio desde e n tonces de una originalidad en la q u e el peso de Irán y su gusto p o r lo m aravilloso, pero tam bién po r el rigor de la coordinación, triunfan indiscutiblem ente. E n este sen tid o , los turcos no han hecho m ás que refo rzar el peso de O rien te en la D á r al-Islám ; fom entan y precipitan las dos fallas que dividen en tres partes al m undo m usulm án: la que ab riero n los ism á^líes y la que les sep ara del O este.
LA FRAGMENTACIÓN DEL MUNDO ISLÁMICO 113
La o r g u l l o s a s u p e r v i v e n c i a u r b a n a
La crisis del p o d e r califal, d esg arrad o p o r las intrigas de los oficiales y de los príncipes o deb ilitad o p o r la d uda so b re la legitim idad de la dinastía, sacudido po r las revueltas iraquíes y p o r el surgim iento de nuevos poderes em irales, im pli ca una m erm a co n stan te de la base fiscal del im perio cabbásí. La ren ta del Iraq dism inuye de 100 m illones de dirhem es a principios del siglo ix a una cifra que oscila e n tre 30 y 40 m illones en el siglo x; la ren ta de las provincias de la A lta M esopotam ia cae de m ás de 10 m illones antes de 900 a 3 m illones en 959 y a 1,2 m illones a lred ed o r de 965. El teso ro califal se ve p rim ero y en m ayor m edida afectado que la fiscalidad provincial (n o se observa un debilitam iento sem ejante ni en Siria ni en Irán ) a causa de las distribuciones de ciqtács. El em po b recim ien to de la dinastía se m anifiesta en el ab an d o n o provisional de la m uy elevada tasa de m etal precioso de la m oneda califal: los din ares, excelentes con los om eyas, los prim eros cabbásíes, en B agdad y en S am arra, ven su ley dism inuir de un 96-98 po r 100 a un 76 p o r 100 en la época de M untasir y se d eterio ran co n stan tem en te con los buyíes, los sám áníes y los gaznaw íes (en tre un 50 por 100 y un 87 por 100, excepto en N íshápur, sin em b arg o , do n d e la ley de la m oneda se m an tien e), m ientras que el sistem a de pesos se disloca. El d iñ ar de oro cae de 4,25 gr a m enos de 4 gr. No hay que insistir en la im portancia de las m anipulaciones m o netarias, punción fiscal su p lem en taria de las dinastías débiles. A sí pues, parecía q u e estaban reunidas todas las condiciones p ara d ar nacim iento a una crisis u rb a na que afectaría p rim ero a los gran d es cen tro s cuyo nivel de consum o estab a b a sado en los ingresos fiscales.
Bagdad: un m u n d o agitado
Sin em bargo, la vitalidad del organism o m usulm án se m anifiesta c o n tra ria m en te, al e n tra r en el siglo x, m ed ian te una diversificación de las actividades u r b anas, la altiva supervivencia de las capitales y la m ultiplicación de los centros com erciales enlazados ta n to con la red de abastecim iento de las capitales cabbá- síes com o con la de circulación de pro d u cto s. El d e sp e rta r de la actividad u rbana en las costas m ed iterrán eas y las m ultiplicaciones de capitales bajo el dom inio de los fátim íes son un eco de la p ro sp erid ad de las ciudades iranias, sim bolizadas por N ishápür, a p esar de las continuas guerras civiles, del viraje insurreccional de 860-950 y de los conflictos de facciones qu e lo prolongan. El éxito de B agdad llam a prim ero la atención po r la incorporación de un organism o económ ico fuerte y el desarrollo de una v erd ad era función m unicipal sobre la antigua ciudad-cam p am en to de los califas.
En efecto, los m ercados de B agdad d esarro llan una producción artesan al de envergadura: los artesan o s, que se han establecido cerca de los lugares de co n su m o, tejedores de T u star, co n tratistas de o b ras, estucadores y albañiles de M osul, A hw áz e Isp áh án , c o n tratad o s p o r los buyíes. C om o en toda producción artesa- nal, el textil es lo principal en B agdad: en 985 un proyecto de fijación de precios calcula en un total de 10 m illones de d irh em es la producción de sedas y de telas de algodón de la capital. N o es, sin d u d a , e x trao rd in ario : según Y ácqü b (que e s