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An Alternative Approach: PRADA

cribe en 889), los im puestos locales p ro p o rcio n ab an 12 m illones y la ren ta e sp e ra ­ da en 985 (un millón) es algo su p erio r a la de los m olinos de la ciudad, el im pues­ to de consum o m ás clásico. P ero esto nos m u estra que la m etrópolis califal ha dejad o de ser una m era bom b a aspirante: se co n stru irán varios m ercados cu b ier­ tos en Karj para alb erg ar la venta de m aterias prim as textiles; algunos b o rd ad o res prod u cen allí tejidos de alta calidad, especialm ente los velos para la cabeza (ta-

ylásáns). La presencia de los buyíes ju n to al p o d e r califal m ultiplica las fundacio­

nes, las construcciones (nuevos m ercados, nuevos hospitales, com o el de cA dud al-D aw la en 982, habilitado en el antiguo palacio de lu id , palacios m últiples) que m an tien en la actividad edilicia y los trabajos públicos: los em ires conceden la m a ­ yor atención a la restauración de los diques del Tigris que p rotegen a la ciudad de las crecidas. Las descripciones de B agdad m u estran , adem ás, la form idable actividad y el refinam iento de los m ercados. En su elogio de la ciudad, Ibn cA qil recu erd a el lujo del m ercado de pájaros y del m ercado de flores. Insiste tam bién en el barrio de las librerías, en el que los intelectuales tenían n atu ralm en te su lugar de reunión y del q u e conocem os la producción de m anuscritos hacia el año 1000 gracias al catálogo de Ibn al-N adim , el Fihrist. Si estos com ercios m uestran la difusión de m odelos culturales muy m odernos (la com pra de pájaros y de flores es realm en te p o p u lar), la presencia de contingentes m ilitares alred ed o r del p ala­ cio em iral de la D ár al-M am laka estim ula el d esarro llo de grandes m ercados es­ pecializados (zocos de arm as, caballos, heno) que confirm an la im portancia del consum o del ejército en el crecim iento u rbano.

El en san ch am ien to hacia el este de la capital co n tin ú a, au m en tan d o la su p e r­ ficie registrada en el cata stro de una m anera fantástica: en la época de M uq tad ir (908-932) ésta supera las 8.000 hectá reas, pero con am plias extensiones d eso cu p a­ das, jard in es (el H arim de los táhiríes, el Z a h tr, vergel califal de 32 hectá reas), inm ensos cem en terio s, cam pos m ilitares y plazas de arm as en la C iudad R ed o n d a y en Sham m ásiya, y tam bién ruinas de palacios ab an d o n ad o s. El tam añ o d esm e­ su rad o de la ciudad llama la atención a los coetáneos: se calculan 1.500 b años, 869 m édicos, 30.000 barcos, en 993; 33 m ezquitas y 300 tiendas son d estruidas en el incendio del Karj en 971, perecien d o 17.000 personas. E n esta extensión in­ m ensa, las em igraciones d esen cad en ad as por el h am b re o sim plem ente por el a u ­ m ento de precios provocan daños irrep arab les. El riesgo en Bagdad consistía en q u e d a r dividida en barrios e n fren tad o s, sep arad o s po r extensiones a b an d o n ad as; estos barrios se caracterizaban en efecto por un «sentido de solidaridad» p o p u lar m uy activo, sunní en H arbiyya, cerca, de la tum ba de Ibn H an b al, en B áb al T á q , en la orilla este; y sh N en K arj. M anifestaciones, rebeliones, expediciones de tro p as son indicio de este conflicto faccional p e rm a n e n te . Las dos orillas del Tigris tam bién se o p onen: cada una tiene su cadí y su prefecto de policía. F in al­ m en te, la diarquía califa-em ir e n fren ta el c en tro califal, el D ar al-Jiláfa, y el p a ­ lacio em iral, el D ár al-M a m la ka , construido po r el buyí cA d u d al-D aw la en 980 en M ujarrim , do n d e se instalan los m ercados m ilitares, cerca de la plaza de arm as de las tropas daylam íes.

A p esar de las violencias que en fren tan a los p artidos religiosos y a los barrios (en 1002, 1007, 1015-1016, 1045 y 1051, 1055 y de nuevo en 1072, 1076, 1082, 1089), en la capital se constituye una conciencia com ún que form a p a rte de sus reservas de fuerza. U n patriotism o bagdadí ya se había m anifestado an te los a se­

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dios de 812-813 y de 865; una colaboración política incluso hace d esap arecer, p ro ­ visionalm ente, las oposiciones sectarias y segm entarias en las grandes ocasiones: en 1049 shFíes y sunníes realizan una peregrinación com ún hacia los martyria de A lí y de H usayn. Y, sin que exista v e rd ad eram en te un cuerpo m unicipal, dos m edios intelectuales preservan la co ntinuidad política: ju n to a los «secretarios», que hasta la invasión m ongol m an tien en el eficaz a p a ra to adm inistrativo iraquí, los d o cen tes, los u lem as, constituyen el arm azón político y m oral de la ciudad. E n general son ju ristas y hom bres de p a rtid o , p ero estaría muy lejos de la reali­ d ad considerarlos aislados: su sab er y su curiosidad enciclopédicos, d em o strad o por la ex trao rd in aria diversidad cultural de un Ibn cÁ qil, les relaciona con m edios sociales muy diversos. D esde H d rú n , ulem as y p o etas, p o r ejem plo, m antenían sus reuniones en el M ercado de las L ibrerías, en Sham m ásiya. La existencia de p artid o s, de facciones religiosas y filosóficas asegura, po r o tra p a rte , la circula­ ción de las ideas y de la au to rid ad e n tre los ulem as y los cuerpos de voluntarios que g arantizan la lucha c o n tra los sím bolos de la inm oralidad y co n tra los d e fe n ­ sores de la herejía en los b arrios. E n ausencia de una representación m unicipal, los universitarios d e te n ta n el papel de una au to rid ad política m ultiform e en co n ­ tacto con todos los antagonism os u rbanos.

Intelectuales, facciones, «jóvenes»

E n B agdad los tradicionalistas hanbalíes asum en la a u to rid ad principal luchan­ do co n stan tem en te c o n tra los sh ffe s y los m uctazilíes, antes de que Tugril o N izám al-M ulk instauren nuevas m adrasas o casas de ciencia para o p o n erse a la enseñanza shFí. Los grandes m o m en to s de la historia política de la capital son principalm ente las controversias religiosas y las abjuraciones: la ejecución del disidente M ansúr al-H alládj, el « card ad o r de los corazones», el 26 de m arzo de 922; la rebelión de 1031 llevada a cabo co n tra los buyíes po r los voluntarios de la g uerra santa que desfilan antes de su p artid a hacia el fren te bizantino; la cap i­ tulación del cadí Saym ari que renuncia al m uctazilism o; la rebelión de 1067 contra el m uctazilí Ibn al-W alíd; el exilio y la p o sterio r retracción de Ibn cÁ qil. La llega­ da de los turcos no cam bia en ab so lu to el dinam ism o del hanbalism o y no se les p odría atrib u ir m ás que un sunnism o so m ero , m ilitar: Tugril y su visir son to le ­ ran tes y Nizám convierte a la madrasa N izám iya, su fundación privada, en un cen tro de enseñanza jurídica y filosófica en B agdad. La m adrasa, en la segunda m itad del siglo xi, desem p eñ a un papel cada vez m ás relevante en las ciudades del Islam: em pezó siendo hacia 1020, en Irán , un cen tro de acogida para los sa­ bios que llegaban en busca de las tradiciones, tran sfo rm án d o se en un cen tro de en señ an za, con un cu erp o de pro feso res retrib u id o s (basado en el m odelo de las cáte d ras que existían en las m ezq u itas), colegios constituidos, en fundaciones p ri­ vadas po r generosos m ecenas y estu d ian tes becarios. A sí pues, la madrasa re fu e r­ za la cantidad y el papel social de los intelectuales profesionales, p erm ite una dem ocratización del reclu tam ien to y cre a , fren te al p o d e r, una clase de árb itro s y de censores dispuestos a invocar la ley an te los abusos.

U n autonom ism o u rb an o p arecido al de B agdad se m anifiesta en Irán a través de los conflictos e n tre facciones. T am b ién aquí son los partid o s religiosos quienes

EUROPA Y EL ISLAM EN LA EDAD MEDIA

asum en frecu en tem en te la organización y la evolución de la com unidad urb an a: en N íshápúr, la escuela sháfffi, relacionada con los místicos, se op o n e a los hana- fíes m ás próxim os al niuctazilism o. L a lucha e n tre estas facciones conlleva una altern an cia en el seno del p o d e r local, sim bolizada p o r la elección del cadí: éste es hanafí con los sám áníes, sháficí con sus g o b ern ad o res, n uevam ente hanafí con los gaznaw íes. La lucha de facciones, tan to en N ishápúr com o en B agdad, es aco m p añ ad a de alianzas con las dinastías em irales, las cuales financian la cons­ trucción de madrasas, y persiguen y som eten a procesos y retracciones a los jefes de los p artid o s opuestos; esta lucha d esap arecerá con los seldjüqíes, que p o n d rán fin provisionalm ente a la rivalidad asegurando el triunfo de los hanafíes y d es­ m an telan d o los colegios contrarios. ¿E sta larga rivalidad esconde acaso an ta g o ­ nism os sociales? Los m ísticos se han establecido en el b arrio pob re de M anashik y quizás hayan canalizado la hostilidad hacia los poderosos de H íra, residencia de los com erciantes. Sin em b arg o , esta oposición perm an ece m arginal, m ientras que p redom inan las luchas e n tre opciones jurídicas y filosóficas h ered itarias a p o ­ yadas po r otros tantos partid o s plurifam iliares.

En Irán , com o en todo el m undo m usulm án, el desarrollo de m últiples grupos de facciones va acom pañado de la decadencia de la a u to rid ad central: en 897, el califato prohibió oficialm ente las m anifestaciones de los «espíritus de solidaridad» urb an o s, que se expresaban m ediante conflictos e n tre ciudades, a nivel provincial T u star co n tra Susa, en A hw áz), en tre partes de la ciudad (en NishápQr, M anshik co n tra H íra) o e n tre clientelas fam iliares. A sí, en Q azw ín, en el noro este de Irán , dos linajes se rep artían el p o d e r local adm in istran d o la ciudad, cada uno a g ru p a­ do en to rn o a un raJis h ered itario . U n tercer p o d er, el de los grandes p ro p ie ta ­ rios, interviene en su lucha, m ientras que las au to rid ad es adm inistrativas y m ilita­ res delegadas p o r el em ir arb itra n los conflictos, in ten tan d o ev itar que no d eg en e­ ren , resp etan d o el ejercicio corp o rativ o y m últiple de la autonom ía m unicipal. E stas luchas de facciones m antienen p artid o s arm ad o s que in ten tan restablecer el o rd en público cuando falla la función de policía. Las milicias de «Jóvenes» (ah- d áth ) m ovilizados al servicio de los rcfís locales, pasan fácilm ente de un e sta tu to am biguo de irregulares, m edio ladrones m edio vagabundos, al de p ro tecto res, que extorsionan a los m ercaderes de los zocos y que se alistan en los cuerpos de seguridad u rb an a y en los de «voluntarios» que acom pañan al ejército regular y que incluso pu ed en sustituirlo. En Q azw ín, hacia 970, los «pillos» se alzan co n tra los «nobles» D ja^ ari.

La organización de los «Jóvenes» en la ciudad se p resen ta com o una fuerza m ilitar y política m uy solidaria. Por o tra p a rte , se inserta en un largo m ovim iento disidente de «hom bres jóvenes», ap artad o s del m atrim onio y que viven en com u­ nidades, sin a tad u ras, en un com pañerism o que inquieta a las auto rid ad es; lo e n ­ co n tram o s en las grandes ciudades desde el siglo vm y participa en la resistencia de B agdad c o n tra A l-M a3m ún. Las agrupaciones de «jóvenes» se m ultiplican en la segunda m itad del siglo x , en Irán y en B agdad, p ero tam bién en Siria, do n d e se unen a la facción antifátim í, y en E g ip to , d o n d e ap arecen en el seno de la población copta de T innis, siendo ex term inados po r las fuerzas califales tras la d enuncia de los notables cristianos. La extensión de grupos de «jóvenes», clase de ed ad b lo q u ead a p o r la co ncentración de las fortu n as en m anos de las g e n e ra ­ ciones establecidas, al m ism o tiem po que com unidad de excluidos y de d e p e n ­

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d ientes en una sociedad en la q u e la au to rid ad se identifica su p u estam en te con la m ayoría de edad y la d ep en d en cia con el ap ren d izaje, se m anifiesta incluso en el seno de religiones m inoritarias y, sin em b arg o , fu ertem en te estru ctu rad as: los d ocum entos de la G enizá ju d ía m u estran la inquietud de los notables an te las facciones y los grupos conflictivos q u e se constituían en «asociaciones de ca m a ra ­ dería», trasto rn an d o la au to rid ad de los «viejos», de los ancianos. En todas p artes son exaltadas las virtudes de los «jóvenes», g en ero sid ad , fuerza física, heroísm o y solidaridad: en p ersa, la p alab ra que los designa significa «joven héroe». En cam bio, la base religiosa de las facciones es cam biante y constituye sólo 1111 e m ­ blem a, reno v ad o co n tin u am en te p ero de carácter general, que cubre los a n ta g o ­ nism os urbanos.

El p a r é n t e s i s i s m á c!l í

D u ran te la crisis de confianza q u e afecta a la dinastía cabbásí, los m ovim ientos filosóficos y políticos d esarro llad o s a p a rtir del shFism o original son capaces de p resen tar una ideología y un p rogram a. A u n q u e la ideología es com pleja, acu m u ­ lando una cosm ología, una in terp re tació n de la historia, tam bién un derech o , com o en cualquier m ovim iento m usulm án, y una tradición, una sunna p ro p ia, el program a político aparece com o un m ilenarism o sólidam ente anclado en una filo­ sofía de la historia, guiada p o r un «Señor del T iem po», que perm ite vivir un A p o ­ calipsis de Salvación y de V ictoria.

P rofunda crisis ideológica en el Islam

El principal m ovim iento, el de los ism á^líes o B átiniyya (‘los del se c re to ’), posee e x trao rd in arias capacidades de m ovilización, a pesar de sus incertidum bres teóricas, sus ru p tu ras in tern as y, fin alm en te, de su fracaso práctico. No sólo las m asas (beduinos iraquíes, b ereb eres del N o rte de Á frica, g en te de ciudades y del cam po de Iraq y de Y em en) han hecho de sus consignas un sím bolo de su indig­ nación co n tra los po d eres injustos, recu p eran d o la inspiración original de la co­ m unidad m ediní, sino que tam bién hay que d estacar la adhesión general de los intelectuales y de los h om bres de ciencia a las concepciones filosóficas e históricas de los ism á^líes. En efecto, éstos llevan a la perfección lógica la construcción e la ­ b o rad a po r los sabios m usulm anes en co n tacto con el pensam iento helénico. H an integrado al Islam las especulaciones cosm ológicas de los pitagóricos y de los neo- platónicos en una te o ría , no ca re n te de inspiración, que afirm a la prim acía del sab er y de lo racional, p ero que im plica tam bién una iniciación progresiva a la v erd ad , d ejan d o cierto m argen a los erro re s políticos y reforzando la hegem onía de los intelectuales sobre el «partido» y p o sterio rm en te so b re el E stado.

El «partido ism á^lí» es p ro p iam en te la realización co m b atien te del Islam shicí; nace en la atm ósfera de la revolución cabbásí y de los conflictos interm inables q u e en fren tan a las cam arillas perso n ales de los príncipes calíes, en B agdad y en S am arra. La seguridad de co n ta r e n tre ellos con un im án d o tad o de capacidades so b ren atu rales, la dificultad de reconocerlo y la esp eran za del súbito re to rn o de

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