ciqtács son devueltas al fisco y no d u ran más q u e el tiem po del servicio o de la
fo rtu n a del titu lar cerca del príncipe.
P or o tra p a rte , no to d o el m u n d o m usulm án conoció esta evolución, qu e em pezó en el Iraq buyí, donde el pillaje ocasionado aceleró las deserciones e im puso a los seldjúqíes una rigurosa revisión. N izám al-M ulk aplicará la doctrina buyí, pero reservando la ciqtác para los oficiales y som etiéndolos a un intercam bio trie nal de su com petencia a fin de ev itar la dilapidación del capital fiscal. El Ju rásán sám ání y el Irán oriental gaznaw í conservan el m odo tradicional de pago de la soldada a p artir de los ingresos del T eso ro , alim en tad o po r los im puestos sobre el com ercio con los países turcos y po r el botín de la g u erra fronteriza. Los seld júqíes e x ten d e rán su m odelo de ciqtác y en térm inos generales en el Irán se cons tituirán am plios dom inios concedidos a los jefes de tribus turcóm anas y a los p rín cipes seldjúqíes. En E gipto, po r últim o, q u e, con los tülúníes, aparecía com o una inm ensa ciqtác de nuevo tipo com binada con la concesión de la au to rid ad g u b e r n am en tal, los fátim íes co n ced erán a sus oficiales com petencias fiscales sobre las que ejercen una vigilancia co n stan te; p aralelam en te, en Siria, utilizarán la conce sión de rentas fiscales ju n to a un dom inio político y m ilitar para c o n tro lar el país. La extensión de la ciqtác señala, pues, en el co n ju n to del m undo o rien tal, la p re o cupación, al m ism o tiem po, de efectu ar el pago regular y pacífico de las soldadas m ilitares (y de las pensiones adm inistrativas, subsidiariam ente) y de d escen trali zar el p o d er, obsesión de las dinastías califales p rim ero y em irales después. El ascenso de los m ilitares que se observa en el E sta d o buyí no conlleva la creación de una pirám ide estable y sigue estan d o relacionado con la su erte de las dinastías, qu e d ep en d e de la au to rid ad p ersonal y del espíritu de solidaridad del grupo que la apoya.
El carácter inestable y revocable del p o d er de los m ilitares se m anifiesta en el desarrollo y en la extinción de las «protecciones» institucionales m ultiplicadas en la época de los buyíes: es decir, la encom endación concedida a los cam pesinos frente al im puesto (bajo la form a de una ap arcería ficticia, que realm en te confis caba la tie rra , o bien de una sim ple tasa), al «chantaje» llevado a cabo p o r los cuerpos de policía a los ten d ero s y p ro p ietario s de inm uebles, o la protección de ru tas, concedida, bajo el control del E stad o , a verd ad eras em presas privadas de seguridad pública, q u e percibían peajes y tasas. El conjunto de estos ingresos y de las fuerzas que los aseguraban habían p erm itid o el desarrollo de una red de p o d eres locales, com binados con la ciqtác o in d ep en d ien tes, m ás o m enos reco n o cidos p o r el E stad o , que serán m arginados y sustituidos tras la invasión seldjúqí. M uy lejos de desem bocar en una estru ctu ra estab le y jerarq u izad a y de ser co ro n ado po r el consenso ideológico, el ascenso de estos p o d eres choca con la falta de arraigo y con la disidencia de los intelectuales apegados a m odelos distintos, califales o m esiánicos, capaces de a rra stra r y m ovilizar a las m ultitudes.
B uena dirección de los d om inios periféricos, los califas bajo tutela
La estabilidad, la duración y la paz son las características de las grandes d in as tías periféricas que así aseguran el relevo del p o d e r califal: desde 867, E gipto ha sido confiado a A h m ad ibn T ü lü n , un oficial tu rco , hijo de un esclavo m ercenario
LA FRAGMENTACIÓN DEL MUNDO ISLÁMICO 107
p ro ced en te de B ujára. E n 872 consigue su independencia financiera y no m an tie ne o tra relación con S am arra qu e el envío de un trib u to de 1.200.000 diñares; resiste al reg en te M uw affaq cu an d o éste o b tien e su revocación: Ibn T úlún se a p o ya, co n tra é ste, en el califa M uctam id , a quien p ro p o n e acoger en 882 en su m a lograda huida, y no duda en c o n q u istar Siria y las m arcas fronterizas. Ya lo v e m os, una bu en a adm inistración y la paz in terio r no son posibles sin intervenciones constantes en la política califal, que term in an , en el caso de Ibn T ü lü n , con un arm isticio: M uw affaq le o to rg a en 884 la investidura po r 30 años e im pone un trib u to de 200.000 din ares, a u m en tad o a 300.000 d in ares al año en 893. E gipto es n uevam ente reco n q u istad o en 905 y p erd id o en 936. A n te la presión fátim í, B agdad reconoce el p o d er del p refecto de D am asco, un general persa que ad o p ta un nom bre principesco, el de Ijshid, título de los antiguos reyes de F argána.
A u n q u e necesario localm ente, p ara el califa el p o d er em iral no es m ás que ün auxiliar incóm odo y que p ro n to se convierte en peligroso; únicam ente los sá- m áníes, A h m ad , sus hijos N asr y Ism á0!!, el hijo de éste últim o A h m ad , y N asr II, hijo y sucesor de A h m ad , cuyo rein o , concluido en 943, señala el apogeo de la dinastía, no parecen h ab er tenido la am bición de d o m in ar al califa: dirigen d e s de 900 el conjunto del dom inio iranio (excepto el F ars), que adm inistran po r m e dio de sus propios g o b ern ad o res turcos. Su adm inistración, basada en el m odelo de B agdad, m uestra la facilidad con la que el Im perio crea los órganos de su descentralización: un visir, un gran ch am b e lán , un te so re ro , un jefe de correos y un com an d an te en jefe del ejército con el título persa de sipah-salar, una p o d e ro sa burocracia bilingüe que gob iern a en o rm es ciudades -S a m a rc a n d a , B ujára y N ts h á p ú r - y adm inistra los beneficios de una am plia circulación com ercial, pieles de R usia y de Siberia y sobre to d o esclavos turcos.
A u n q u e los sám áníes se han m an ten id o ap artad o s y no han participado en el conflicto iraquí, éste co m p ro m ete a tres principales interesados: a los generales turcos de la guardia califal, a los h am dáníes, árab es de la D jazíra, y a condottieri iranios del D aylam , el eficaz linaje de los buyíes. Los prim eros m uestran una ex trao rd in a ria capacidad de asim ilación y una gran en erg ía, p ero no consiguen co n tro lar de un m odo estable el califato; son sim ples jefes m ilitares que se entregan a una rabiosa com petencia p o r el título de «em ir de los em ires», que constituye desde entonces la base del p o d er efectivo, pero que no fundan v erd ad eras d in as tías d u rad eras y capaces de tran sm itir la au to rid ad .
Ú nicam ente los ham dáníes de la D jazíra, árab es, dem u estran una capacidad de p erm anencia que d u ra n te 60 años, de 930 a 990, les convierte en candidatos serios al em irato suprem o: su integración en el m undo tribal de los beduinos á ra bes y de los nóm adas kurdos les p erm ite canalizar en beneficio p ropio las energías del «espíritu de solidaridad» de los clanes de la región de M osul. D espués de h ab er participado en los conflictos de facciones de los años 860-890 en las filas járidjíes, los ham dáníes pasan al servicio de los cabbásíes con sus contingentes tribales. E nriquecidos p o r sus victorias so b re los k árm atas y po r el saq u eo d e Fus- tát en E g ip to , a p a rtir de 930 refuerzan su au to rid ad en M osul, an tes de recibir el em irato su p rem o en 942; su jefe tom a el no m b re de N ásir al-D aw la. El ejem plo ham d án í d em u estra la fragilidad del p o d er m ilitar: N ásir al-D aw la conservará sólo un año la responsabilidad y los beneficios del p o d e r central del que será ex pulsado; se retira rá a M osul, acep tan d o o rechazando el pago del trib u to (de 2