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A lo largo de los últimos años hemos logrado ahondar en el conocimiento del cerebro fetal. Desde hace tiempo se sabe que los recién nacidos son capaces de diferenciar sonidos de frecuen- cias distintas, un requisito indispensable para el desarrollo posterior del lenguaje. Nuestras inves- tigaciones nos han permitido concluir que esta capacidad básica se constituye muy temprano. Ya en la semana 28 del embarazo, los fetos perciben multitud de ruidos generales del exterior, pero también son capaces de diferenciar tonos entre sí, según hallamos mediante el patrón de actividad en la MEG.

Es más, el feto aprende a ignorar estímulos, habilidad necesaria para procesar de manera adecuada la información. ¿Un ejemplo? El sonido repetitivo de una aspiradora no aporta informa- ción relevante para el bebé, en cambio, las voces de los padres sí. Del cerebro adulto se conoce que la respuesta neuronal disminuye cuando un sonido se repite de manera prolongada sin que provoque consecuencias o acciones (proceso de habituación).

Junto con investigadores de Little Rock descu- brimos que el feto posee dicha capacidad en el tercer trimestre de gestación. Carol Sheridan in- vestigó el modo en que reaccionaban un total de 25 fetos, que se encontraban entre las semanas 29 y 37 de gestación, ante estímulos lumínicos que se repetían sobre la pared abdominal de la madre. En casi uno de cada tres, la actividad cerebral dis- minuía después del primer destello. Los neonatos mostraban una mejor habituación; además, en todos los bebés la intensidad de la reacción dis- minuía de manera progresiva desde la primera señal luminosa.

En Tubinga estudiamos el modo en que los ni- ños se habitúan dentro del útero materno a los estímulos auditivos. Para ello repetimos un mis- mo pitido cinco veces seguidas; a continuación uno diferente, y al final, dos veces más el primero. Disponíamos de 41 mujeres entre la semana 33

C O RT ESÍ A D E L A U N IV ER SI D A D D E T U B IN G A

CORRIENTES CEREBRALES DESDE EL VIENTRE

En las exploraciones con el dispositivo de magnetoencefalografía, la madre apoya la barriga sobre una placa con sensores que registran los campos magnéticos del feto (arriba). Los investigadores reconocen, a partir de la medición de las oscilaciones de potencial de membrana neuronal, si el procesamiento de estímulos exteriores, como sonidos o luz, se ha puesto en marcha. La gráfica muestra la reacción cerebral de un feto ante un sonido con una frecuencia de 500 hercios. Las oscilaciones en cada uno de los canales de medición (círculo) alcanzan, tras pocos milisegundos del estímulo auditivo, un valor máximo (rojo).

y la 39 de gestación. Comprobamos que los fetos reaccionaban, aunque de modo relativamente dé- bil, a los primeros pitidos. Después disminuía la respuesta cerebral a partir de la segunda señal. El nuevo y desconocido sonido, en cambio, desenca- denaba una reacción neuronal más intensa; la re- petición del primero volvía a reducir la actividad en el cerebro fetal.

Asimismo confirmamos que la habituación se encuentra más desarrollada en los recién naci- dos, lo que demuestra que se trata de una habili- dad que se aprende de forma progresiva. Según observamos en 22 bebés de entre 6 y 89 días de vida, la actividad cerebral específica aumentaba cuando sonaba un nuevo pitido; por el contrario disminuía si se repetía la primera señal acústica.

Actividad espontánea destacada

Los estudios revelan que el cerebro del niño posee ya en el útero materno capacidades básicas para procesar estímulos externos. Por otra parte, el desarrollo correcto del cerebro también depende de la actividad espontánea. Sabemos que los mo- vimientos de los recién nacidos se acompañan de patrones de activación cerebral específicos. Se trata de un mecanismo de retroalimentación esencial que favorece que los pequeños aprendan a controlar su motricidad.

En los últimos años hemos averiguado que los fetos también muestran esta actividad espontá- nea. Para comprobarlo, pedimos a un grupo de mujeres embarazadas que se colocasen sobre el dispositivo de exploración. Durante un tiempo prolongado observamos qué ocurría en sus vien- tres. Mediante la MEG detectamos siempre acti- vidad cerebral del feto, incluso sin que existiera ningún estímulo.

Aunque no podemos mirar directamente en el vientre y comprobar si se da un movimiento simultáneo a la presencia de algún estímulo, nuestro conocimiento sobre las fases de descan- so y movimiento fetales nos llevó a la conclusión de que los patrones característicos de la MEG se debían a la agitación y pataleo de la criatura.

La mayoría de las exploraciones de fetos me- diante magnetoencefalografía resultan útiles para la investigación básica. Con ello pretendemos averiguar cómo se desarrolla el cerebro del bebé que está madurando en el útero materno y qué habilidades adquiere antes de ver la luz exterior. Es previsible que en un futuro esta técnica con-

tribuya a comprender los problemas que surgen durante la maduración del feto.

Los primeros estudios revelan que influencias negativas como el estrés o el abuso de sustancias adictivas durante el embarazo frenan el desarrollo funcional de las neuronas ya en el útero materno. Isabelle Kiefer-Schmidt, de la Clínica Ginecológica de la Universidad de Tubinga, ha llevado a cabo un primer estudio con fetos desnutridos a causa de un funcionamiento defectuoso de la placenta. La investigadora ha constatado que los afectados no solo se hallaban en desventaja física respecto a los sanos, sino que además se retrasaban las respuestas neuronales a las señales acústicas. Al parecer, el cerebro también se ve influido por este tipo de alteraciones. Un reciente estudio dirigido por Katarzyna Linder, de la Clínica Universitaria de Tubinga, ha revelado el efecto que los cambios en el metabolismo maternal pueden producir en la actividad del cerebro del feto. Las voluntarias embarazadas participaron en una prueba de to- lerancia a la glucosa. Una hora después de que tomaran una bebida azucarada, los fetos de las mujeres con una alta resistencia a la insulina mostraron una reacción cerebral más lenta ante estímulos auditivos que los de las madres con una menor resistencia insulínica. Ello indica que la resistencia a la insulina en el sistema nervioso ya se programa en el útero materno.

Por el momento, solo podemos observar y des- cribir el desarrollo cerebral del feto y sus posibles alteraciones mediante la magnetoencefalografía. No obstante, nos aporta información a la que an- tes no podíamos acceder con la ecografía fetal, lo que contribuye a la ampliación de los conoci- mientos sobre los procesos fundamentales. Cabe esperar que en el futuro podamos detectar antes y mejor el desarrollo anormal del niño dentro del útero materno. Incluso esperamos que un día hallemos la manera de evitar consecuencias posteriores.

Para saber más

Imaging the developing epileptic brain. E. P. Grant en

Epilepsia, vol. 46, págs. 7-14,

2005.

Fetal programming of cardio- vascular diseases in later life: Mechanisms beyond maternal undernutrition. B. Hocher en

Journal of Physiology, vol. 509,

págs. 287-288, 2007. Imaging biomarkers of out- come in the developing pre- term brain. L. R. Ment et al. en

The Lancet Neurology, vol. 8,

n.o 11, págs. 1042-1055, 2009.

Auditory habituation in the fetus and neonate: An fMEG study. J. Münssinger et al. en

Developmental Science, vol. 16,

n.o 2, págs. 287-295, 2013.

Cross-hemispheric functional connectivity in the human fetal brain. M. E. Thomason en

Science Translational Medicine,

vol. 5, n.o 173, 173ra24, 2013.

The early development of brain white matter: A review of imaging studies in fetuses, newborns and infants. J. Dubois et al. en Neuroscience, 2014. dx.doi.org/10.1016/j. neuroscience.2013.12.044 Maternal insulin sensitivity is associated with oral glucose- induced changes in fetal brain activity. K. Linder et al. en

Diabetologia (en prensa), 2014.

Hubert Preissl es físico y dirige el Centro de Electrografía

Magnética Funcional de la Clínica Universitaria de Tubin-

ga. Las psicólogas Franziska Schleger y Jana Münssinger

COMPORTA MIENTO

«

T

odo da vueltas en mi cabeza. Los pen­ samientos se precipitan y los senti­ mientos son tan fuertes que casi exploto. Ya no aguanto la tensión. Corro las cortinas, pongo mi música favorita, me siento en el sofá y preparo pañuelos, compresas y una venda de gasa. Tomo una hoja de afeitar, la apoyo sobre mi brazo y cierro los ojos. Presiono la cuchilla; noto cómo se desliza por mi piel, pero no siento dolor. Entonces la mue­ vo lentamente hacia abajo. Cuando abro los ojos, observo como la sangre roja fluye sobre mi piel; me tranquilizo. Poco a poco comienzo a percibir el dolor, mi cabeza se serena, los pensamientos vuelven a ordenarse. Mi tensión disminuye pau­ sadamente.»

Este breve relato de una joven con trastorno límite de la personalidad (TLP) expone las ca­ racterísticas típicas que presenta una persona cuando se autolesiona: en un inicio siente una elevada tensión; a continuación, su percepción del dolor se reduce y, tras la acción, se encuentra relajada y empieza a experimentar las molestias por el daño que se ha causado. Muchos de los afectados se producen cortes con una hoja de afeitar; otros se queman la piel con un cigarrillo o se golpean la cabeza contra la pared.

Casi todos los individuos con TLP muestran este comportamiento al menos de forma ocasional. No obstante, las autolesiones aparecen también en otras psicopatologías, entre ellas, la depresión, los trastornos de la conducta alimentaria y el es­

trés postraumático. En algunos casos no subya­ ce una enfermedad psiquiátrica. La conducta de autolesión se da más entre las niñas y mujeres jóvenes, posiblemente porque, al contrario que los hombres, ellas tienden a dirigir los sentimientos negativos contra sí mismas.

¿Cuál es el motivo de que las personas inflijan daño a su propio cuerpo? Durante mucho tiempo, el comportamiento autolesivo se clasificó como síntoma de una psicosis, es decir, de un juicio de la realidad equivocado, como ocurre en la esqui­ zofrenia. Aun así, muchos profanos creen que los afectados solo quieren llamar la atención. En la ma­ yoría de los casos, ninguno de los dos supuestos es correcto. En 2008, un equipo liderado por Nikolaus Kleindienst, del Instituto Central de Salud Mental de Mannheim (ZI, de Zentralinstitut), llegó a otra conclusión. Preguntaron a mujeres con trastorno lí­ mite de personalidad el motivo por el cual se auto­ lesionaban. Las pacientes destacaron que de esta forma reducían su tensión interior. Con frecuencia señalaban también que ese comportamiento les permitía terminar con los estados disociativos en los que se experimentaban a sí mismas o a su en­ torno como irreal o extraño.

Los investigadores y terapeutas conocen desde hace años que, sobre todo en las personas con TLP, las estrategias «sanas» para regular las emociones, como puede ser la distracción, no alivian el males­ tar de estos pacientes, por lo que deben recurrir a medidas drásticas. Pero ¿cómo es posible que, de manera voluntaria, prefieran sufrir dolor?

EN SÍNTESIS