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Chapter 6. The Effectiveness of Housing Allowance for Tenants in Sweden

6.3 The Analysis of Housing Allowance Effects on Tenants in Sweden

Entre la comunidad médica existió un consenso abrumador sobre el rol del cambio en el patrón alimentario en la aparición de la obesidad. ¿Qué cambio en la dieta? ¿qué desapareció y emergió? La documentación biomédica señala que en Chile el tipo de consumo cambió hacia un nuevo modelo de consumo llamado dieta industrial, caracterizada por el aumento en el consumo de productos ricos en grasas (carne de vacuno y pollo y lácteos) y alimentos procesados, y una disminución del consumo cereales y legumbres. Ahora bien, historizar la alimentación es una empresa dificultosa debido a la escasa información disponible. Existen muy pocos datos en muestras significativas de población. Sin embargo, como ya se ha señalado, una forma indirecta de medir el consumo es la encuesta de presupuesto y gasto familiar. En el siguiente cuadro se observa la tendencia del consumo de diversos alimentos constituyentes de la dieta de la población chilena en la década de los 80.

159 Tabla 22 - Evolución de la estructura de consumo de calorías por rubro de alimentos 1978 - 1988 (en %)

Fuente: Encuesta de Presupuestos Familiares, 1978 y 1988. Elaboración propia.

Rubro de Alimentos I Quintil II Quintil III Quintil IV Quintil V Quintil Promedio 1978 1988 1978 1988 1978 1988 1978 1988 1978 1988 1978 1988 Pan, cereales y féculas 57,06 58,50 50,70 54,32 47,96 51,01 43,33 46,25 36,09 39,79 44,10 48,01 Carne vacuno, cerdo y ave 2,63 3,05 4,85 4,15 4,95 5,30 6,22 5,97 7,81 7,57 5,54 5,68 Pescados, maricos, etc 0,55 0,48 0,73 0,59 0,71 0,75 0,82 0,86 1,15 1,20 0,79 0,86 Leche, quesos, huevos 3,60 2,75 3,96 3,77 4,79 4,19 6,28 5,45 9,14 7,32 6,16 5,16 Aceites, manteca y grasas 10,22 13,42 11,99 13,65 11,33 13,45 11,62 13,68 10,91 12,76 11,16 13,34

Frutas 1,23 1,62 1,56 2,05 1,93 2,45 2,66 3,04 3,80 3,76 2,60 2,82

Verduras y papas 11,28 7,34 11,02 11,94 12,55 7,67 12,85 7,33 13,15 6,83 13,71 7,25 Azúcar, té, café y dulces 11,91 11,72 12,17 12,27 12,88 12,25 12,45 13,01 12,37 13,94 12,19 12,86

Bebidas 1,16 0,86 1,66 1,49 2,31 2,13 3,05 2,95 4,08 3,98 2,88 2,61

Consumo fuera del hogar 0,36 0,27 0,45 0,41 0,59 0,81 0,68 1,45 1,48 2,85 0,87 1,42

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De acuerdo al esquema anterior, durante la década de 1980 aumentó el consumo de arroz, pan, cereales, féculas, aceites, mantecas, grasas y frutas. Por otra parte, disminuyó el consumo de carnes, leche, quesos, huevos pescados y mariscos. Utilizando el análisis de Cabezas, la economista señalaba que en relación al consumo de calorías para 1988, el 6, 14 y 70% provenían de calorías proteicas, grasas y carbohidratos respectivamente392, lo que indicaba la alta presencia de carbohidratos en la dieta de la población, específicamente de los sectores populares.

De acuerdo a los requerimientos de energía y proteínas hacia 1988, en los sectores pobres estaba deteriorado el balance en la dieta. Este déficit calórico-proteico se advierte en la siguiente tabla:

Tabla 23 - Requerimientos y consumo de calorías y proteínas por persona. I y II Quintil, Chile, 1988

Dieta Requerimientos Consumo (promedio)

Calorías (Kcal./día) 2.176 1.650

Proteínas (grs./día) 37.4 -21

Fuente: Berta Teitelboim, Canasta de alimentos y salario mínimo de satisfacción de necesidades básicas, PET,

1990; Marcela Cabezas Keller, Cambios en la estructura de consumo alimenticio en Chile, 1969-1988, PET,

Documento de Trabajo Nº 37, Santiago de Chile, 1991. Elaboración propia.

Cabe preguntarse, no obstante, qué comían específicamente los niños para explicar la emergencia de la obesidad. El primer estudio biomédico que investigó los hábitos alimentarios de los escolares de educación básica en el Área Metropolitana de Santiago señaló que los alimentos más consumidos (por sobre el 90%) fueron leche, carne, huevos, pan, porotos, arroz, aceite, mantequilla, margarina y azúcar. Por el contrario, los alimentos más rechazados fueron quesillo, garbanzos, rábanos y vísceras, los cuales no eran consumidos por el 60, 58,1, 55,4 y 50,7% de los estudiantes, respectivamente. La mayoría de los estudiantes consumían verduras y frutas todos los días393.

392 Marcela Cabezas Keller, op.cit., 32.

393 Isabel Zacarías (et al.), “Hábitos alimentarios de estudiantes que egresan de educación básica en el área

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De acuerdo al nivel socioeconómico, los resultaron arrojaron que los estudiantes de nivel socioeconómico alto (128) presentaron una frecuencia de consumo significativamente mayor de productos lácteos y productos cárneos y huevos, debido al mayor costo de estos alimentos). Por otra parte, los estudiantes de nivel socioeconómico bajo (130) registraron un mayor consumo de papas, pan, galletas, porotos, fideos, té y azúcar, es decir, una alta ingesta de carbohidratos394. En relación el consumo de pescados, el estudio destacaba su bajo consumo entre los escolares, el cual era consumido 1-3 días a la semana, por el 47,3% de los estudiantes, el 32,6% lo consumía a los lejos y el 19% lo rechazaba.

Estos resultados concuerdan con los obtenidos por Ivanovic a fines de los 80 en adolescentes. Al analizar la ingesta dietaria de 283 escolares adolescentes en el Área Metropolitana de Santiago, halló que los alumnos pertenecientes al nivel socioeconómico alto registraron, en comparación a los de nivel socioeconómico medio y bajo, un consumo significativamente mayor de carne, lácteos y huevos. Asimismo, los sectores populares en relación a los de nivel socioeconómico alto registraron una menor ingesta de energía, proteínas, riboflavina y calcio. Además, en este sector de la población, existía un significativo mayor aporte de calorías provenientes de los hidratos de carbono y un menor aporte de calorías proveniente de lípidos395.

En síntesis, durante los 80 la situación alimentaria empeoró en los sectores más pobres. Los hogares con necesidades calóricas insatisfechas alcanzaban en el Gran Santiago al 58,2% de las familias. ¿Cómo explicar por ende, la emergencia de la malnutrición por exceso durante el decenio? A pesar del alto consumo de carbohidratos (pan, arroz y tallarines) entre los sectores de escasos recursos, los datos no son concluyentes al momento de establecer una relación entre estas variables y las altas expectativas de obesidad.

Si bien, dentro de la causa clínica la llegada de la dieta industrial tenía un rol preponderante en la explicación médica sobre la emergencia de la obesidad, las fuentes biomédicas no documentan el aumento paulatino de productos ricos en sodio, grasas y azúcar. El diagnóstico médico de la emergencia de la obesidad se asienta, por tanto, en base a una sospecha. No obstante, el mérito de la comunidad médica radicó en reconocer el acelerado

394Ibid., 171

395 Daniza Ivanovic (et al.), “Ingesta dietaria de escolares adolescentes que egresan de educación media en el

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cambio en el patrón alimentario, desde un contexto de desnutrición en los 70 a uno de sobrealimentación en los 80, proceso que se consolidará en la siguiente década.

En suma, el límite de estas fuentes documentales no permite caracterizar el arribo de la dieta industrial y su incidencia en la aparición de la obesidad. Describir la transición calórica requerirá, por ende, ampliar el registro hacia fuentes que evidencien los cambios en el mercado alimenticio y el consumo de nuevos productos. Así pues, el déficit calórico no explicaba por tanto la transición calórica durante los 80, sin embargo, durante los 90 los cambios dietéticos productos del consumo de alimentos altos en sal, grasa y azúcar otorgaran preminencia a la malnutrición por exceso de peso en la niñez.

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CAPITULO IV

“Niños rechonchos”: La nueva condición nutricional en el Chile finisecular

El 11 de marzo de 1990, después de 16 años y medio, el régimen militar entregó el poder a un Gobierno Civil elegido democráticamente y apoyado por una coalición de partidos políticos de la oposición. Ello se efectuó conforme a un itinerario de transición que había sido consensuado diez años antes en un referéndum constitucional.

El 9 de agosto de 1991, mediante una conferencia de prensa, el reciente presidente electo Patricio Aylwin declara -para sorpresa de muchos políticos del oficialismo- que a su juicio “La transición ha terminado”396.

A su vez, de manera paralela y silenciosa, concluía aceleradamente lo que se ha denominado la “transición calórica”, es decir, la coexistencia entre la desnutrición y sobrealimentación infantil, dando paso a un aumento explosivo de la obesidad, la cual transitó desde un 4,6% en 1985 a un 7,2% en 1995.

A lo largo de la década de los 80, entre la comunidad médica existió un consenso sobre el diagnóstico de este fenómeno nutricional, el cual señalaba como principal causa un posible cambio en la dieta de la población, siendo especialmente importante aquellos de alto aporte energético. Sin embargo, como se ha señalado en el capítulo anterior, el diagnóstico se formuló no sobre evidencias que documentaran el aumento de productos de alto valor energético, si no que a partir de estudios de prevalencia que tuvieron como objetivo cuantificar el aumento de la obesidad en niños(as) escolares según su edad y nivel socioeconómico.

El propósito de este apartado es explicar los factores que permitieron el ascenso y consolidación de la obesidad como la nueva condición nutricional de los niños en el decenio de los 90. Las fuentes para el desarrollo de este propósito son de diversa naturaleza y comprenden la selección, revisión y análisis de la revista Mercado Moderno, Super Tecnomercado y documentos oficiales de las principales industrias alimenticias. Como se ha explicitado, la revisión de este tipo de evidencias permitirá ampliar la mirada de un fenómeno que no es exclusivamente clínico, sino expresión de transformaciones socioculturales y

396 Ignacio Walker, “Transición y consolidación democrática en Chile”. Artículo escrito en base a una charla

dictada por el autor en la Universidad de Notre Dame, Centro de Derechos Civiles y Políticos, en abril de 1992, 89.

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económicas. El análisis previo de este último componente, es decir, la “vía chilena al desarrollo”, permitirá comprender mejor el modelo de consumo alimentario de la sociedad chilena de los 90.

4.1. “El plato de fondo”: Panorama macroeconómico y niveles de ingreso de la población.

Durante la década de 1990, el crecimiento macroeconómico observado en Chile trajo aparejado un aumento de los niveles de ingreso de la población. Respecto a ello, existe consenso entre la comunidad médica, los economistas, supermercadistas y las empresas alimenticias en que estas trasformaciones no sólo mejoraron las condiciones de vida de la población, sino que contribuyó a modificar el perfil nutricional del país.

Con el fin de disponer de mayores conocimientos respecto la incidencia de los indicadores económicos en el cambio del patrón alimentario y, en definitiva, del aumento de la obesidad infantil, se documentarán las características del modelo de desarrollo económico a través de la revisión de los indicadores macroeconómicos y los niveles de ingreso de la población.

Jorge Arrate, dirigente del PS y ex-ministro de los gobiernos de Patricio Aylwin (1990-1994) y Eduardo Frei Ruiz-Tagle (1994-2000) declaraba, tras diecisiete años de gobiernos concertacionistas: “En la transición pactada el único factor favorable que se heredó fue que la economía estaba funcionando. Y en los primeros tiempos de la Concertación buscamos no alterar el funcionamiento económico (…) La economía continuó funcionando, incluso con un crecimiento mayor al que registró durante la dictadura”.397

Este reconocimiento público de la mantención de los pilares básicos del modelo liberal aplicado por el régimen militar, deriva de la cautela y evasión del conflicto de las autoridades económicas de los gobiernos concertacionistas con la colación de facto que existía entre empresarios, la derecha política, los militares y parte del poder judicial.

Al respecto, Gárate señala que el modelo económico chileno aplicado durante la década de 1990 por los gobiernos de la Concertación mantuvo los siguientes pilares básicos:

397 Patricia Bravo, “Jorge Arrate: El mercado se tragó la renovación”, Punto Final, Nº 646, agosto 2007.Véase:

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“(1) una centralidad de los equilibrios macroeconómicos, (2) la reducción del papel del Estado en la economía, (3) la primacía del sector privado en la producción de bienes y servicios, (4) el desequilibrio entre capital y trabajo, y (5) el apoyo irrestricto a la estrategia exportadora como motor del crecimiento”398.

El elemento central y diferenciador entre ambos modelos es que la coalición de centro-izquierda se propuso disminuir la deuda social del régimen militar, a través de la reducción de la pobreza e indigencia. Empero, si bien el combate contra este flagelo social fue uno de los éxitos más destacables de los dos primeros gobiernos de la Concertación, reduciéndose de un 38,6 a 27,7% entre 1990 y 1998, este no se tradujo en mejores índices de distribución del ingreso.

Así pues, Ricardo Ffrench-Davis señala en referencia a la equidad que el “resultado es más difuso y con ciertas contradicciones: varios antecedentes muestran mejoras y otros indican cambios no significativos o constancia; hay predominio de un cambio positivo en los primeros años e inflexión posterior según algunas fuentes. Sin embargo, en general los antecedentes indican una mejoría con respecto a los ochenta, aunque es evidente que la distribución continúa siendo (en los 90) muy regresiva”399 (promedio de 16,3 en 1991-97

entre el quintil V/quintil I).

A pesar de lo anterior, la economía chilena ha tenido un excelente desempeño en los 90, de acuerdo a los indicadores convencionales. Una situación macroeconómica -según Patricio Meller- totalmente estable sin desequilibrios internos o externos y, simultáneamente, un acelerado ritmo de crecimiento anual (6,1% entre 1990-97)400 con un énfasis en los

equilibrios macrosociales. De allí la propuesta de “crecimiento con equidad”.

Los principales indicadores macroeconómicos de Chile para el período reciente muestran lo siguiente:

398 Manuel Gárate, La revolución capitalista de Chile (1973-2003), op. cit., 387.

399 Ricardo Ffrench-Davis, Entre el neoliberalismo y el crecimiento con equidad: tres décadas de política

económica en Chile, CEPAL, LOM Ediciones, 2003.

400 Patricio Meller, “Pobreza y distribución del ingreso en Chile (década del 90)”, Paul Drake e Iván Jaksic

166 Tabla 24 - Chile: Resultados macroeconómicos 1990-2000 (%)

Indicador 1990-2000

Tasa de crecimiento anual 6,1

Ahorro interno, como porcentaje del PIB 22,0

Inversión como porcentaje del PIB 25,0

Aumento anual de la producción 4,4

Inflación 4,5

Incremento anual de los salarios reales 3,3

Crecimiento anual del empleo 1,7

Ahorro fiscal, como porcentaje del PIB 4,5 Superávit presupuestario, como porcentaje

del PIB

1,3

Fuente: Banco Central de Chile (2001). Véase: Manuel Garate, La revolución capitalista de Chile (1970-2003),

op.cit., 382-383.

La década de 1990 fue particularmente exitosa en términos de las cifras macroeconómicas. Según las cifras seleccionadas por Gárate, entre “1990 y 1997, las ventas del país al extranjero crecieron en un 102%, pasando de US$ 8.370 millones a US$ 16.920 millones. El comercio exterior también se diversificó en términos de la cantidad y variedad de productos exportados, los cuales, también, se vieron beneficiados en sus precios de venta por una mayor inclusión de valor agregado”401. En consecuencia, estas positivas cifras

económicas han sido muy exitosas en reducir los niveles de pobreza de una manera significativa en el decenio. Esta tendencia se advierte en la siguiente tabla:

167 Tabla 25 - Población en condición de indigencia y pobreza, 1990-2000

Año 1990 1992 1994 1996 1998 2000 Indigentes 12,9 8,8 7,6 5,8 5,6 5,7 Pobres no indigentes 25,7 23,8 19,9 17,4 16,1 14,9 Total pobres 38,6 32,6 27,5 23,3 21,7 20,6

Fuente: Banco Central de Chile (2001). Véase: Manuel Gárate, La revolución capitalista de Chile (1970-2003),

op.cit., 382-383.

En relación a lo anterior, si bien existe consenso en que ha habido una significativa reducción de la pobreza402, hay cierta discrepancia en la literatura especializada con respecto

al factor fundamental asociado a este fenómeno. Al respecto, Osvaldo Larrañaga plantea que el rápido ritmo de crecimiento (6,1% anual) explicaría el 80% del nivel de reducción de la pobreza entre 1987 y 1992, y las políticas públicas (gasto social, etc.) Sólo contribuirían en un 20% a la reducción de la pobreza403. Por otra parte, Meller sostiene que, si bien un elevado ritmo de crecimiento económico constituye un favor fundamental para reducir la pobreza, su incidencia es cercana el 60%; “esto ha implicado que las políticas sociales, incluso en una económía que crece anualmente al 7%, pueden tener una incidencia cercana al 40% en la reducción de la pobreza”404.

Asimismo, como segundo elemento, el aumento de la participación de las mujeres en la fuerza laboral ha sido considerado por los estudios económicos como un factor determinante en la reducción de la pobreza familiar. En base a datos elaborados por Harald Beyer, sobre la base de la Casen de 1994 y el Censo de Población de 1992, Ffrench-Davis, afirma que “en el quintil de hogares más pobres, sólo un quinto de las mujeres forma parte de la fuerza laboral; en el quintil V, o más rico, lo hace la mitad de las mujeres; 57% de las

402 La medición de la pobreza desde 1987 de manera sistemática, a través de la cuantificación de los ingresos

de los hogares en Chile. Le medición de los ingresos se realiza en la encuesta Casen, que es la principal fuente de datos socioeconómicos de los hogares y referencia oficial de las estadísticas de la desigualdad y pobreza. Véase: Osvaldo Larrañaga y María Eugenia Rodríguez, “Desigualdad de ingresos y pobreza en Chile: 1990 a

2013”, en Dante Contreras y Osvaldo Larrañaga, Las nuevas políticas de protección social en Chile, Ediciones

Uqbar, Santiago de Chile, 2015, 213.

403 Osvaldo Larrañaga, “Pobreza, crecimiento y desigualdad: Chile 1987-1992”, Revista de Análisis Económico,

Nº 2, 1994, 88.

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mujeres con 13 o más años de educación participa en la fuerza laboral, en tanto que menos de 14% de las 3 o menos años de escolaridad aparece como activa”405.

Independiente de este debate, la exitosa “vía chilena al desarrollo” arrojaba positivas cifras macroeconómicas, prosperidad que “se derramó”, según Gárate, hacia los grupos de la sociedad, debido principalmente a las políticas sociales activas de los Gobiernos de la Concertación y al aumento sostenido del gasto social y del ingreso familiar producto del crecimiento económico”406. Esta mejora se expresa en los siguientes indicadores:

Tabla 26 - Salario, asignación familiar y gasto social público, 1990-2000

Fuente: Ricardo Ffrench-David, Entre el neoliberalismo y el crecimiento con equidad, op. cit., 265.

Como se advierte, el sostenido crecimiento económico y el gasto social a lo largo de la década ha atraído aparejado un ascenso significativo de las remuneraciones y el salario mínimo en aproximadamente un 44 y 73,9%. Estas mejoras en las condiciones de vida de la

405 Harald Beyer, “Distribución del ingreso: antecedentes para la discusión”, Estudios Públicos, Nº 65, CEP,

1997. Véase: Ricardo Ffrench-Davis, Entre el neoliberalismo y el crecimiento con equidad, op. cit., 261.

406 Manuel Gárate, La revolución capitalista de Chile (1973-2003), op. cit., 384.

Año Remuneraciones Ingreso mínimo

Asignación familiar

Educación Salud Total

1990 93,3 98,0 33,7 58,8 65,3 82,6 1991 97,8 107,2 41,4 64,7 75,7 87,8 1992 102,2 112,2 42,4 73,1 87,0 95,4 1993 105,9 117,7 43,9 83,9 104,0 107,4 1994 110,7 122,1 43,9 83,9 104,0 107,4 1995 118,3 127,5 45,3 92,3 106,7 113,9 1996 123,2 133,0 47,2 102,7 114,3 123,2 1997 126,1 137,8 49,7 111,6 119,4 128,1 1998 129,5 146,2 51,9 122,6 127,5 135,7 1999 132,6 159,6 53,3 129,4 129,6 144,3 2000 134,4 170,4 53,7 138,4 138,5 151,0

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población se expresan, a su vez, en el acceso creciente de la población a bienes de consumo modernos. Ya en 1992, según las cifras del Censo de Población y Vivienda señalaba que un 55% de los hogares posee refrigerador, un 53% televisión a color y blanco y negro, un 48% lavadora, y un 79% posee radio, entre otros407.

Esta evidente mejora en las condiciones de vida de la población, contribuyó a modificar el perfil nutricional del país. Así pues, el cambio en los niveles de ingreso de la población parecería indicar, evidentemente, que la población comería mucho mejor en los 90. Sin embargo, la relación contradictoria que prima es entre mejores ingresos y comida poco saludable. La razón estriba en que, si bien la población tiene mejores salarios e ingresos, no está dispuesta a realizar preparaciones más elaboradas, sino en ahorrar tiempo. La ascendente participación de las mujeres en la fuerza laboral permitiría explicar que, en la lucha tiempo versus salud, la valoración del tiempo en la década de los 90 sea el interés principal de la población.

Revisar el modelo económico aplicado en los 90 es un requisito estructural fundamental para comprender no sólo -como se ha señalado- los cambios en los niveles de ingreso de la población, sino que el emergente modelo de consumo alimentario de los 90, caracterizado, entre otros rasgos, por el sostenido aumento en el consumo de alimentos ricos en azúcar, sodio y grasas entre la población.

4.2. “Chile saciado”: El modelo de consumo alimentario de los 90. Una aproximación teórica y empírica.

El origen problemático de la obesidad en Chile de los 90, es un tema insuficientemente explorado por los investigadores sociales chilenos, en particular, los cambios en los hábitos alimenticios. En otras palabras, los estudios son escasos para generar una teoría que señale los cambios en el patrón alimentario.

Por el contrario, a nivel internacional, el interés de las ciencias sociales por el fenómeno de la alimentación no es nuevo y abriga diversos campos de estudio, entre ellos la