Chapter 4 A Storage-Centric Analysis of MapReduce Workloads
4.3 Analysis of two MapReduce workloads
En teoría, el tono de la modalidad textual resulta de la expansión de un enunciado. Incluimos aquí, por ello, un primer paradigma posible de composi- ción y exposición de un texto, que iremos completando. Decimos posible por- que no existe un esquema unánime entre los autores al respecto, aunque sí un entorno convergente de intención y secciones consideradas. El propósito lin- güístico consiste en presentar precisamente la convergencia de la comunicación verbal en su dimensión sistemática, que centramos en el signo.
El organigrama de todo texto comprende, en esencia, el tema (contenido, intención, tono y modalidad anunciada y prevista), su tratamiento y proceso dentro de un plan: principio, desarrollo (las partes que lo componen, su corre- lación mutua en el conjunto de integración, valores lingüísticos: análisis de ni- veles más representativos), fundamentos que lo subtienden o potencian, una po- sible recapitulación o resumen, juicio crítico y la conclusión.
La enunciación del tema ha de ser lo más breve posible y acertada. Normal- mente se emplean sustantivos o sintagmas, con preferencia nominales, como al titular libros, capítulos, poemas, etc.
El desarrollo temático es progresivo y atiende a las ideas principales del tex- to y subideas (conceptos) o partes suyas. Suelen enumerarse de modo velado o explicito con determinados marcadores:
en primer lugar; dentro de esta parte; siguiendo con lo expuesto…; en segundo lugar, in- sistiendo en esto…; por último ( fin, finalmente), resumiendo; y para concluir…
Conviene distribuir estas ideas por secuencias y en orden de importancia e implicación, lo cual indica un esquema mental apropiado. Por ejemplo: A, para la idea principal primera; B, para la segunda; C, para la tercera. Es raro que en un enunciado haya más de una idea, pero en un relato sí, y en una na- rración compleja, también. Las subdivisiones se marcan con letras minúscu- las o números: A, a, b, c; B, a, b, c, C, a b, c; A, 1, 2, 3…, o de cualquier otro modo ordenado.
Dividir y distribuir las partes es relativamente sencillo, pues suelen acompa- ñarlas signos de puntuación precisos: punto para las ideas relacionadas con otra, es decir, que se agrupan en la misma serie; punto y coma, para enunciar otras ideas seguidas o partes suyas; coma, para aspectos concretos de cada idea o subi- dea (concepto), etc. Normalmente, el punto y aparte indica idea nueva o sección suya importante.
A cada una de estas pausas o intervalos corresponde en la serie y secuencia un tipo de proposiciones o frases (proposiciones con tal forma o abreviadas por economía lingüística, pero que emiten una unidad de sentido), simples o com- puestas. Es necesario saber clasificar, primero, estas oraciones; segundo, deter- minar qué relación guardan con otras de la misma o diferente serie; ver su aco- plamiento en la secuencia o período. La coincidencia, semejanzas y divergencias ayudan a reconocer la progresión o su retardamiento. Los modos y tiempos ver- bales colaboran también a ello, especialmente su correlación. Al proceder así, estamos analizando el contenido y su composición expositiva. Observamos, además, el fondo perceptivo de la lengua en su organización gramatical y, por supuesto, expresiva, es decir, textual.
El modo gramatical predominante, expositivo, es el indicativo, con ligeras interpolaciones del condicional y del subjuntivo, especialmente referidos estos a la hipótesis y conjeturas. El tiempo por excelencia es el presente y sus colatera- les, el imperfecto, futuro (proyección temática) y, dentro de los compuestos, el pretérito perfecto (próximo al presente). El texto se sitúa en un presente ideal al que se refieren las otras relaciones temporales, como veíamos al comentar la noción de acto enunciativo en Benveniste. Esto es así porque la conexión inter- na de elementos presupone un es de integración a medida que se procesan. Es su valor ontológico conceptivo, lo cual presupone operaciones lógicas aquí, en este estudio, no consideradas. Cabe decir que todo desarrollo textual implica este punto de integración constante, aunque siempre diversa. Es punto de poten-
cia cognitiva o explicitación. En griego clásico, el único tiempo real es este pre-
sente, pues los demás dicen alguna relación a él, psicológica, lógico-conceptiva, gramatical. En indoeuropeo, el presente tenía valor futuro: el valor de su hori- zonte posible de expansión. Todavía mantiene hoy esta valencia en determina- dos contextos.
La progresión textual recurre al engranaje del tema y su rema, cuya acción denominaremos rematización. Existen diversos modelos para ello. Aquí expo- nemos solamente un resumen. Lo importante ahora es recordar la división ya clásica, que sirve para delimitar el campo propio de la exposición.
Al tema sigue una presentación del mismo: su problemática, los términos (con- ceptos, vocabulario) que lo representan. Viene luego el nudo, núcleo y dramati- zación en proceso (principio, desarrollo, fin) del problema, en el caso aquí es- tudiado, el drama de ideas: sus implicaciones, correlaciones, oposiciones, si las hay, etc. Y seguidamente, el desenlace. Existen también diversos modos de ini- ciar este desenlace, por ejemplo, los preámbulos de la recapitulación, el resu- men y la conclusión final.
Este orden expositivo engendra un ritmo de ideas y de oraciones dentro del período y entre secuencias, pues suelen remitir unas a otras alternativamente o por giros. En textos cuyo estilo forma parte de su organización gráfica u orga- nigrama (función poética del lenguaje), esta periodicidad crea un tempo musical. Ahora bien, la enunciación estricta evita tales fenómenos. Le basta plantear el esquema organizativo.
Tendríamos, por tanto, un posible orden secuencial como el que sigue: I. Tema (título, subtítulo, incluso un avance, si procede).
II. Presentación: términos pertinentes, el aspecto, conveniencia, oportuni- dad e interés de su tratamiento.
Formulación de hipótesis. Lo dicho en el texto crea una expectativa fe-
nomenológica, es decir, una tensión de escucha y entendimiento cuyo
fenómeno comprende retenciones en la memoria y protenciones, antici- pamientos: comparaciones, interrogantes, hipótesis, algunas de las pro- puestas históricas sobre él mismo, pero, a la par, y si procede, evidencia de su inadecuación al momento actual, o, por el contrario, necesidad de replantearlo o de aprovechar aspectos suyos.
III. Nudo.
— División en partes según ideas y sub-ideas (conceptos expuestos o implicados): A a) b) c)… B a) b) c)…
— Esquemas oracionales (Proposiciones): Secuencia de estas (perío-
dos). Las proposiciones P1 + P2 + P3… Pn. P1 + P2 forman, por
ejemplo, un período y ellas mismas, con P3, una secuencia: ora-
ción coordinada copulativa más una subordinada de objeto, lláme- se completiva objetiva, o de cualquier otro modo, etc. Recordemos que cada proposición (P) equivale, a su vez, a una asociación de
sintagmas: P [Sn1 + Sv + Sn2 + Sn3 + (Sn4)].
— Análisis de la oración u oraciones prototípicas y valoración respecto del conjunto.
Rasgo peculiar del estilo, pero aceptado en la exposición enunciati- va si su tema urge o implica un problema especial, es el comienzo del texto in medias res, es decir, situando el tema en el nudo, aunque lue- go se retome lo que se dejó atrás, la presentación, y la difuminemos al tratar la distribución de partes.
IV. Desenlace y conclusión
Suele introducirse después la distribución correlacionada de partes, pero no siempre, y una recapitulación, especialmente si el texto se ha alargado. Sirve para activar la memoria próxima, cercana, de lo que se va almacenando remotamente. Al recapitular, ya resumimos. Y el resu- men prepara el desenlace y anticipa la conclusión, que, como su nombre
indica, ha de ser breve y apropiada, consecuente con lo expuesto. Puede reformularse en ella, o en el resumen, el tema a modo de hipótesis, para concluir de modo determinativo, con propuesta firme. Si lo enunciado presenta dificultades para esta determinación, cierra el texto la hipóte- sis, pero entonces se esbozan posibles vías de acceso para una conclusión también posible o incluso otros temas paralelos. Se intercala entonces una revisión crítica. La conclusión es el remate decisivo que orquesta el conjunto analizado con visión de síntesis. En los textos verdaderamente creadores suele ofrecer una apertura de futuro para temas semejantes o nuevos, con aportes de otra orientación metodológica.
El orden secuencial de un texto admite diversas figuras discursivas, que los novelistas incrementan con nuevos modos. Pero todas las secuencias remiten en sus períodos a un tema explícito o implícito, el cual comprende, como vemos, una unidad conceptiva y expresiva que admite despliegue y expansión proposi- cional. Tan pronto como el verbo expande la proposición básica en alguno de sus sintagmas, alcanzamos el nivel oracional complejo y, con él, el período y las secuencias que forman la unidad del texto. Al sustituir un Sn por un Sv de la proposición básica, se genera otra subordinada. Por ejemplo, si esto acontece
en la posición de Sn1, tendremos una oración subordinada equivalente a sujeto;
si en posición de Sn2, otra de objeto, etc. (Al hablar aquí de objeto, nos referi-
mos a un verbo predicativo; si se trata de uno copulativo, se entiende que el Sn2
corresponde a un atributo). La noción de objeto es muy controvertida en Lin- güística. Aquí nos basta con su concepto tradicional, correlacionado con un su- jeto y verbo, predicativo o atributivo.
Por oración se entiende, en el discurso, bien la proposición simple, bien la compleja en sus diversos órdenes. (En el caso de la simple, proposición y ora- ción coinciden atendiendo al hecho de que hay más entorno oracional, prece- dente o siguiente. Según esto, la enunciación o exposición origina en sus com- ponentes, como la proposición, expansión textual, cuyas figuras máximas son, según expusimos en otro lugar, la enunciación, la descripción, el relato y la narra-
ción, y la argumentación).
Existen subtipos intermedios de enunciaciones que interpolan un mi nirre- la to expositivo y explicativo partiendo de un tema concreto, como la noticia ya comentada, los informes, instrucciones, recetas, reglamentos, etc. Suelen incluir en la parte expositiva un proceso analítico y además, en el desarrollo, otro sin- tético de las ideas y conceptos concernidos, siguiendo, por otra parte, las fun-
ciones del lenguaje activadas. Por ejemplo, en las recetas e instrucciones (dis- cursos de procedimiento) son frecuentes la función apelativa (exhortación:
introduzca, mueva, gire…) e incluso fática (mantenga en contacto; si ha procedido del modo indicado, relea la sección X ). Aseguran el entendimiento de lo anunciado y su
buena recepción. Sin embargo, en las instrucciones de electrodomésticos, má- quinas diversas, esta orientación falla al traducir el texto original, normalmente redactado en inglés, francés o alemán.
ACTIVIDADES
1. Analícese el enunciado y desarrollo de un informe (libre elec- ción) según lo estudiado en el tema: base comunicativa dialó- gica, expositiva, técnica gramatical empleada, etc.
2. Redáctese ahora un informe también de libre elección y ra- zónese luego por qué se ajusta a lo expuesto en el tema. 3. Intercambiar esta actividad con algún compañero y regis-
trar las anotaciones razonadas. (Este tipo de ejercicio resulta muy didáctico).