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Chapter 5: Analysis, interpretation and discussion

5.3 Analytic statements linked to this case study research

5.3.6 Analytical Statement 6:

litigios en contra de AMORC y sus oficiales Supremos. Algunos de los conjurados instituyeron denuncias con cada uno de los cuerpos de investigación del Gobierno de los Estados Unidos, con la esperanza de que el Departamento de Correos, el Departamento del Tesoro o el de Justicia, o alguna otra oficina gubernamental lograra desenterrar algo en detrimento de la Orden que peijudicara o detuviera su operación. Baste decirque todas aquellas investigaciones aunque molestas y a menudo embarazosas demostraron que los cargos, que se hacían con frecuencia de manera anónima, eran todos sin fundamento. Pudiera decirse que de muchas maneras estas investigaciones hicieron más sólida la posición de AMORC.

No obstante, todo aquello ocupó muchas horas del tiempo de Harvey Lewis, contestando documentos legales y preparando con sus abogados alegatos o comparescencias personales en los juicios que a la postre resultaban en victorias para AMORC", el Imperator Harvey Lewis lo invitó una y otra vez a que se reuniera con él en un debate público.

El Imperator ofreció pagar el alquiler de un gran auditorio en cualquiera ciudad de los Estados Unidos que el señor Clymer eligiera para el debate1.

El Imperator ofreció también pagar anuncios en los periódicos invitando al pueblo y a la prensa a escuchar el debate. Llegó a ofrecer hasta costear los gastos de difusión por radio.

El señor Clymer ignoró todos estos desafios que por carta

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certificada se le enviaron, o declaraba que éste era un asunto

que no necesitaba de aclaración pública, y esto después de haber proclamado que deseaba aclarar el asunto para que la verdad se conociera. Clymer conocía muy bien la oratoria de Harvey Lewis y su elocuencia en la tribuna, además de que tenía la seguridad de que no podría producir las pruebas que apoyaran los cargos hechos en sus libros.

El señor C.C. Cotrell, socio prominente de una famosa firma de abogados de San José, de ex-Consejal del Ayuntamiento y miembro de muchos comités del Estado de California, que era el Consejero Legal de AMORC, dice lo siguiente al respecto: "Recuerdo especialmente el largo proceso de un juicio ante el Tribunal Federal de San Fran­ cisco presidido por el Juez Theodore Roach, que era miembro de la Iglesia Católica Romana, en cuyo juicio se solicitaba una intervención que se hiciera cargo de la organización, para rescatarla 'del despojo por sus dirigentes'. Al final del juicio y después que el Dr. Lewis había sido sometido a un interrogatorio minucioso por varios abogados, el Juez Roach al hacer el sumario, expresó: 'En lugar de que a estos dignatarios se les difame durante estos tiempos dificultosos, merecen que se les premie por el espléndido trabajo que han realizado1. No hay que decir, por supuesto, que la acción del tribunal federal fue una victoria completa para la Orden Rosacruz y sus dirigentes".

Harvey Spencer Lewis veíase obligado constantemente a cambiar su interés en esos días y la aplicación de sus poderes mentales en los problemas de defensa contra los insidiosos

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ataques de los enemigos a las actividades creativas relativas a las doctrinas y al trabajo ritual de la Orden. Aquello significaba una oscilación psicológica entre dos polos opuestos, el negativo y el positivo. Es extremadamente difícil determinar, casi instantáneamente, las reacciones emocionales inducidas por un conjunto de estímulos intensos y adaptarse a uno de clase totalmente diferente.

Después de una experiencia negativa con relación a una inquietud legal, Harvey Lewis se retiraba al sanctum de su hogar. Allí se sentaba a meditar por media hora o más. Si algún miembro de la familia por casualidad lo hubiera visto hubiera creído que estaba dormitando. De pronto abría los ojos y toda su persona adquiría un nuevo aspecto, uno de expresión fresca y aliviada.

Pero también habría un efecto intuitivo, porque había sido inspirado con alguna idea sin conexión alguna con la experiencia negativa. Entonces empezaba a pintar o a dictar en su dictáfono. Las sesiones del Sanctum las llamaba "sus períodos de rejuvenecimiento cósmico", y ciertamente así parecían serlo.

En el segundo piso del edificio de la Administración había una habitación de descanso, adyacente a la cámara de la iniciación. Sala de Logia y Templo mismo. Por muchos años, como hemos mencionado en un capítulo anterior, el Imperator Harvey Lewis había estado adquiriendo una colección privada de antigüedades egipcias. Esa colección se estaba haciendo demasiado extensa para que se pudiera exhibir adecuadamente en su casa.

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Concibió entonces el Museo Egipcio Oriental Rosacruz. A lo largo de la pared de la habitación mencionada se colocaron varios estantes de cristal en los cuales se exhibían atractivamente materiales auténticos, consistentes en escarabajos, amuletos, estelas y algunas joyas con tarjetas explicativas. Podría parecer presuntuoso considerar a eso un museo, pero aquí otra vez Harvey Lewis estaba pensando como si fuera por adelantado, imaginando el espléndido edificio del presente museo que contiene la mejor colección de antigüedades de su clase en el oeste de los Estados Unidos.

El Imperator nunca había ido a Egipto. Había estudiado su historia extensamente debido a la relación que tenía con la historia tradicional de la Orden. Había visitado varias de las grandes colecciones egipcias existentes en el este de los Estados Unidos y en Europa. Creció en él un intenso deseo de visitar Egipto en el que había nacido la primera religión monoteísta, la primera doctrina acerca de la inmortalidad, los primeros códigos éticos y morales y el primer intento del hombre para explorar los misterios del universo y de sí mismo. ¿Por qué no hacer un viaje Rosacruz a la mística tierra de Egipto, a los santuarios espirituales de Palestina y a los sagrados lugares Rosacruces de Europa, el año entrante de 1929? Ese fue, entonces el proyecto a que se dedicó en cada oportunidad que la presión de sus obligaciones le dejaba libre.

Aprovechándose de su temprana experiencia en el campo del anuncio, preparó un atractivo folleto describiendo los

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puertos que tocaría la gira en Europa, a lo largo de la Costa del Mediterráneo, en Palestina y Egipto. Esta, sin embargo, no iba a ser una aventura comercial. Se contrató una compañía de turismo de buena reputación, y el Imperator delineó el itinerario y puso un límite al costo. El dinero debía pagarse a la compañía de turismo. AMORC recibiría únicamente una pequeña cantidad, no como comisión o cuota sino para resarcirse de los gastos de anuncios y del costo de la correspondencia con los que hicieran preguntas.

La gira, no obstante, no iba a ser solamente para que sirviera como una visita. Debía dar la oportunidad a los Rosacruces para que tomaran parte en iniciaciones, ceremonias y rituales que sólo podían hacerse con la cooperación de la Orden Rosacruz en las tierras que se visitaran.