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Use of prior everyday knowledge as a mediational tool for learning

Chapter 2: Literature Review

2.3 What is cellular respiration?

2.3.2 Use of prior everyday knowledge as a mediational tool for learning

que en esa ocasión estaban siendo estudiados. Cualquier flaqueza, cualquier signo de disgusto, podría significar derrota, es decir, la pérdida de la confianza que se había depositado en él.

Algunos de los títulos, después de descifrados de la clave, eran similares a los que Harvey había oído o leído en libros modernos. Sin embargo, no se daban ni detalles ni particularidades de las materias entregadas a él en los primeros papeles recibidos en Francia. Mizo una lista de unos pocos títulos que reconoció y se propuso investigarlos.

Fue a la famosa Biblioteca Pública de Nueva York y obtuvo permiso para consultar las obras que existían en las grandes salas de libros técnicos y de referencias. Halló muchos textos relativos a los pocos títulos que pudo reconocer en los manuscritos recibidos en Francia. Empleó muchas horas tomando nota de la importante información que contenían esos libros de la biblioteca. Pensó para sí: "Por lo menos aprovecharé mi tiempo mientras espero por los papeles aclaratorios que me enviarán. Me familiarizaré con estas materias ya que ellas están de acuerdo con los textos de los manuscritos.

Pero Frater Lewis debía aprender que aunque sus estudios de los textos en la biblioteca pública contribuían a aumentar eí caudal de su conocimiento general, eran muy distintos

de las enseñanzas que finalmente recibiría con los mismos títulos de los tópicos. Descubriría más tarde que mucho de lo que leyó en la biblioteca era refutado o, por lo menos, estaba en conflicto con los conceptos Rosacruces.

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Esta diferencia causó que encontrara considerable dificultad cuando al fin tuvo que presentar las enseñanzas a los neófitos de la Orden en América. Porque solo el tiempo iba a demostrar que los conceptos Rosacruces, tan considerablemente extraños y contradictorios, estaban avanzados para esa época; pasarían décadas antes de que fueran reconocidos como verdad.

Harry Hofímeir, medio hermano de Harvey, por quien tenía gran afecto, estaba dotado de un excelente sentido estético. Se especializaba en diseños florales y más tarde estableció una florería que abastecía a la más rica clientela de Nueva York, incluyendo algunos de los grandes hoteles y clubes privados. Apreciaba, también, los tonas metafisicos y simpatizaba con el interés de Harvey en ellos.

Sin embargo, el interés de Harry no era lo suficientemente profundo para dedicar su vida a tales asuntos; sentía que él no podría hacer los sacrificios económicos que Harvey estaba haciendo, pero no obstante ello admiraba a su hermano por lo que hacía. Había mucho de común en los dos, en su amor a la simetría del diseño y la armonía del color. Harry consultó a menudo a Harvey, en los primeros días del negocio de flores, en relación con las ideas que tenía relativas a grandes contratos para decoraciones.

Earl, el hermano menor de Harvey, había demostrado en la escuela una particular aptitud para las matemáticas. Sus amigos le llamaban en las reuniones sociales para pedirle la proeza mental de sumar varias columnas de números de una vez en cuestión de segundos. Cuando todavía era joven

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Earl era ya contador brillante.

La renombrada . "Metropolitan Opera Association", de la ciudad de Nueva York estaba pasando por dificultades administrativas en aquellos tiempos debido a ciertos tropiezos en la venta de boletos. Se llamó a Earl Lewis para que ayudara temporalmente a remediar la situación. La gerencia quedó tan satisfecha de su trabajo que más tarde lo empleó en su plana mayor. Llegó a ser miembro de la Junta Directiva de la "Metropilitan Opera Association" y desempeñó por muchos años el cargo de Tesorero de aquella gran institución cultural. Asimismo, tuvo a su cargo la dirección de los asuntos económicos de una de las estrellas operáticas de principios de siglo más famosas del mundo.

Earl estaba decidido a .alcanzar éxito material. Hasta cierto punto medía la capacidad de un individuo por ese molde. Earl también poseía considerable talento dramático que lo ayudaba en su empleo en la "Metropolitan Opera Associa­ tion" donde con frecuencia tenía necesidad de contratar artistas extranjeros para presentaciones en los Estados Unidos. Era extremadamente generoso, no sólo con su familia sino que con cualquiera que en su opinión estuviera necesitado.

Earl reconocía la brillantez y versatilidad de su hemano Harvey Cuando era muchacho, Earl fue bastante religioso y había compartido con Harvey las primeras experiencias en la iglesia. Estas dejaron en él una impresión que resultó en un alto grado de moralidad. Pero más allá de esta adhesión a un código de conducta moral, las materias

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místicas, metafísicas y esotéricas no significaban nada para él. Su principal interés se cifraba en los requerimientos de su profesión. Sus diversiones eran los deportes. Su habilidad para jugar a la pelota, cuando era joven, era tan sobresaliente, que una vez se le ofreció un puesto en un club profesional.

Antes de casarse y cuando era jóvenes, Harvey y Earl pasaban sus vacaciones de verano en la granja de una tía, en Nueva Jersey (Véase la lámina III). Earl organizó un club de pelota con los muchachos campesinos del lugar, del cual él era el "pitcher". Harvey, por el contrario, tomaba sus cuadernos de dibujos, sus lápices y pinturas y se pasaba las horas bajo un árbol pintando acuarelas de paisajes en un caluroso día de verano, y así se entretenía. Algunos de esos trabajos artísticos, resultado de aquellas horas, se guardan todavía como valiosas posesiones en los hogares de parientes y amigos, en aquella comarca campesina.

Cuando Frater Lewis estaba esforzándose por traducir los documentos Rosacruces y esperando con ansiedad que le llegaran otros explicativos. Earl lo amonestaba diciéndole: "Harvey, dedica más tiempo a tu trabajo. Con tu talento en pocos años alcanzarías éxito económico". Harvey aún no había divulgado cuáles era sus estudios. Después de todo, ningún anuncio público se había hecho acerca de la nueva formación de los Rosacruces en América. Todavía no era el tiempo. A Earl le parecía que Harvey rastreaba en canales extraños, desconocidos para él, que de hecho estaban muy lejos de su mundo cotidiano como director de una de las

compañías de óperas más grandes del mundo.

Los valores que Harvey y Earl daban cada uno a la vida se hallaban en polos opuestos. De ello resultaba que cuando estaban juntos por corto tiempo, se acaloraban en esas discusiones. Ninguno de los dos, realmente, podía apreciar en su justo medio el valor que el otro daba al esfuerzo humano. A pesar de todo los dos hermanos siempre hablaron en los términos más sinceros y ceremoniosos el uno del otro. Harvey estaba orgulloso de la posición que su hermano Earl había logrado obtener en el mundo. Por su parte, Earl nunca dejaba de señalar el genio de la mente de Harvey, aunque con un suspiro admitía que no acababa de comprender a qué lo estaba aplicando.

Mollie aparentemente gozaba de excelente salud en la flor de la juventud. Encontraba placer en ver crecer y desarrollar las personalidades de sus hijos, Ralph y Vivían. Sabía que su esposo albergaba el profundo deseo de realizar una misión para la cual se sentía destinado. Había oído con frecuencia la crítica de su familia en cuanto a que Harvey debería dedicar su especial talento exclusivamente al incremento de su negocio de anuncios. Pero ella, no obstante, se inclinaba a esperar que la seguridad económica se estableciera gradualmente, de suerte que Harvey pudiera entregarse a aquellos intereses que evidentemente lo hacían feliz.

Ello significaba, probablemente, el sacrificio de su ventaja material. Pero si él encontraba la satisfacción de su vida en la prosecución de sus ideas, ella se encontraba dispuesta a

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hacer tales sacrificios. Su marido, Harvey, era un joven poco común. De esto se daba cuenta, aunque no comprendía del todo la profundidad de su mente ni las particularidades de los propósitos que perseguía.

¡Aquello sucedió repentinamente! Mollie se quejó de malestar intestinal que agravó gradualmente. Los usuales remedios caseros no ofrecieron alivio. Su madre, enfermera de profesión sospechó la probable causa. Llamaron a un médico, y este confirmó la sospecha de la madre: apendicitis aguda.

La llevaron inmediatamente al hospital y seguidamente se le operó, pero, para consternación del cirujano, se descubrió la ruptura del apéndice. Era necesario que la inflamación no se extendiera al peritoneo, para evitar una peritonitis fatal. Los antibióticos que ahora se usan en tales infecciones eran desconocidos en ese entonces.

Se le aplicaron todos los remedios conocidos, y Mollie pareció reanimarse. Se la llevó a casa a convalescer. Su madre, como enfermera, dedicaba las horas del día al cuidado de su hija. Harvey regresaba presuroso del trabajo a casa, relevando a su suegra en el cuidado de Mollie y de los niños. Estos eran todavía muy pequeños para apreciar la gravedad de la madre y, con la natural exuberancia de la niñez, hacían ruido y molestaban a la enferma.

Los domingos Harvey dejaba de lado sus acostumbradas investigaciones de los documentos Rosacruces, alquilaba un carruaje y llevaba a su esposa a pasear al Parque Cen­ tral. Mollie se sentía débil pero se esforzaba por disfrutar

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de aquellos paseos de los domingos. El médico era de la opinión que los aires de la primavera le harían bien y Harvey también deseaba sacarla del encierro de la casa, pensando que el cambio de ambiente tendría una ventaja psicológica.

No sabemos si Mollie tenía o no el presentimiento de su transición o si sería por su condición y aumento de agotadores dolores de cabeza producidos por el veneno en la corriente sanguínea que siempre estaba hablando de ella. Se lamentaba diciendo: "¿Qué va a ser de mis hijos?" Harvey trataba de consolarla diciéndole que no había razón para aquel temor, y que ella viviría para ver con orgullo a sus hijos ya crecidos. No obstante, sus expresiones hechas con esa percepción interior, lo deprimían considerablemente. Su mundo parecía desplomarse a su alrededor. Sus ideales y sus sueños se hicieron alucinaciones, con las vagas ideas que uno tiene al salir de una fiebre. Todos ellos estaban muy lejos, fuera de las gigantescas sombras de la realidad que los oprimía.

En mayo de 1913 empeoró la condición de Mollie, y otra vez fue admitida en el hospital en condición crítica. Siguió consumiéndose, sufriendo mientras el veneno minaba gradualmente la vitalidad de aquel cuerpo joven. Sus hijos iban a verla sólo de cuando en cuando, porque su presencia le causaba tal turbación emocional que su condición empeoraba. El mensaje telefónico formal del hospital le llegó a Harvey. Se le dijo simplemente que debía apresurarse en llegar al hospital pues su esposa estaba al borde de la transición. Más tarde supo que eso en realidad había

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ocurrido antes de la llamada.

¡Harvey tenía entonces veintinueve años de edad y dos hijos huérfanos! Con toda su comprensión de la significación mística de la transición, seguí? la reacción natural, emocional y humana producida por la separación física de la compañera.

Surgieron nuevos problemas personales. ¿Quién iba a cuidar de los niños? Las dos abuelas, la paterna y la materna, se ofrecieron. Los niños iban a vivir en casa de ambos, pero en intervalos diferentes. Su hijo Ralph, que entonces tenía nueve años, fúé más tarde a vivir con su tía abuela en la granja de Nueva Jersey. Ese era el lugar donde Harvey pasara con su hermano sus felices vacaciones de verano. Aunque los niños estaban bien cuidados, la vida hogareña se hizo pedazos. Allí ya no había esa atmósfera de paz, aquel ambiente de esperanza y seguridad, el sentimiento de hallarse rodeado de seres queridos que le habían dejado su mente libre para su más grande obra.

Gradualmente Harvey se aplicó autodisciplina y procuró ordenar su ser emotivo y reasumir su misión. Quizás esa gran calamidad, una herida para todo su ser, no fuera más que una nueva prueba de las cualidades de su personalidad.

En su histórico relato, dice: "No fue hasta el otoño de 1913, que comenzara mis actividades exteriores con respecto a la Orden en los Estados Unidos, ¡y mis primeros actos resultaron ser una equivocación! Mis instrucciones declaraban, sin lugar a dudas, que la Orden no debería concretarse hasta el año 1915. ¡Bien conocía yo ese año!

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La cifra 1915 estaba esculpida en mi mente; aquel iba a ser el 'gran año' para América; el año que muchos estudiantes Rosacruces habían esperado ansiosos durante mucho tiempo. Pero mis instrucciones -en sobrenatural y simbólico lenguaje que requería cuidadosa traducción- también decían que durante el invierno de 1914-1915, 'entre diciembre 15 de 1914 y la Pascua de Resurrección de 1915', yo debía hacer los anuncios preliminares que me pemitieran tener mi Consejo Supremo Americano seleccionado para el primero de abril, y mis oficiales instalados no más tarde de mayo de 1915. Estas instrucciones las había yo leído muchas veces durante los años 1910, 1911 y 1912. Durante 1913 (la última parte del año) me había dedicado a la preparación de los 'primeros papeles' necesarios.

"De este modo fue que, al acercarse diciembre de 1913, la cifra 1914 del año entrante parecía surgir audazmente en mi consciencia, e interpreté mal mis instrucciones, como si fueran 'Entre diciembre 15 y Pascua de Resurreción de

1913-1914' en lugar de '1914-1915'...

"Esperé con ansiedad el 15 de diciembre, y en esa fecha, o alrededor de ella, cometí mi primer error. Anuncié a algunos de los más avanzados miembros del Comité de Investigación Psíquica de Nueva York, del que era presidente, que deseaba se reunieran conmigo para preparar el camino para el establecimiento de la Orden Rosae Crucis en América.

"Una reunión preliminar tuvo lugar durante el invierno de 1913-1914, y para sorpresa mía no encontré en ella

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entusiasmo y solo poco interés. En aquellos a quienes yo consierana como los más interesados no se produjo interés, sino más bien indiferencia... De los doce reunidos (había invitado a veinte) ni uno solo firmó el documento preliminar de organización"

Harvey quedó profundamente desalentado por aquella circunstancia. ¿Sería esto, pensaba, una muestra del interés que se demostraría en América por la Orden Rosae Crucis? Finalmente se dio cuenta del error cometido." ¡Nadie había firmado el documento casi doce meses antes de que llegara el momento en que debería firmarse! ¡Las condiciones del tiempo, la antipatía y el desinterés demostrado esa noche por los concurrentes, habían evitado que cayera en un grave error de mi parte! ¡En verdad, una lección Rosacruz!".

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