Toda esta generación de “periodistas de guerra”, de periodistas comprometidos, han ido creando grupos, asociaciones, webs, publicaciones conjuntas que han nacido, de manera espontánea o muy meditada, como fórmulas para articular mejor el trabajo que venían haciendo por libre y dar respuestas más contundentes a esta barbarie.
La escritora y cronista Alma Guillermoprieto “trasladó al papel” 72 migrantes (2011), un proyecto que nació en la página web www.72migrantes.com. En este libro se rinde homenaje a los migrantes centroamericanos que fueron asesinados
32 Marcela Turati, “Sigo siendo periodista si lloro”, discurso al recibir el Premio de Derechos
Humanos WOLA 2013 en Washington, DC, revista Proceso, 26 de octubre de 2013, http:// www.proceso.com.mx/?p=356402. [Recuperado el 15 de febrero de 2015]
LA COMUNICACIÓN EN MUTACIÓN
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impunemente en agosto de 2010 en el municipio de San Fernando, Tamaulipas. Es un libro llevado a cabo gracias a la colaboración de muchos escritores y periodistas.
Entre los más conocidos: Juan Villoro, Jorge Volpi, José Woldenberg, Sergio Aguayo Quezada, Roger Bartra, Elena Poniatowska y Francisco Goldman. Los textos y fotografías incluidas en 72migrantes.com, coeditados por Editorial Almadía y Frontera Press, presentan la vida de estos migrantes, les ponen nombre, rostro, profesión. Son textos que transforman una cifra en historias de vida concretas, de sueños y anhelos particulares, de dolores personales y únicos.
También se encuentran los dos volúmenes del proyecto Nuestra Aparente Rendición (NAR), coordinados por Lolita Bosch y por Alejandro Sáez, que surgen de los materiales y el impulso del portal de Internet http://nuestraaparenterendicion. com. Primero fue Nuestra aparente rendición (2011), con textos de periodistas y escritores sobre la violencia y la construcción de la paz en México. Posteriormente surgió Tú y yo coincidimos en la noche más terrible (2012), que recupera las vidas de los 126 periodistas y trabajadores de la información asesinados o desaparecidos en México del 2 de julio de 2000 al 2 de julio de 2012.
Otra antología recopilatoria de trabajos publicados previamente en diversos medios ha sido coordinada por el cronista chileno Juan Pablo Meneses, que ha sabido rescatar buenos textos de algunos de los miembros de la “Red de Periodistas de a Pie”, en la que me detendré más adelante y de otros cronistas mexicanos. Se trata de Generación ¡bang!: los nuevos cronistas del narco mexicano (2012). Además de crónicas de Thelma Gómez Durán, Luis Guillermo Hernández, Marcela Turati y Daniela Rea, todos ellos Periodistas de a Pie, se suman trabajos como Un narco sin
suerte de Alejandro Almazán; Partes de guerra, de Daniel de la Fuente; La mujer más valiente de México tiene miedo, de Galia García Palafox; Un vaquero cruza la frontera en silencio, de Diego Enrique Osorno; Los desaparecidos de Tamaulipas, de
Humberto Padgett; La voz de la tribu, de Emiliano Ruiz Parra y ¿Qué hay en el más
allá de un narco? De Juan Veledíaz. Títulos bastante elocuentes que ya dan cuenta de
la perspectiva diferente hacia la que apunta este tipo de periodismo, de los terrenos en los que se adentra y de las fisuras sociales que quiere retratar.
Otros libros de crónicas vienen abordando el narcotráfico desde diferentes frentes. Un reciente caso sería el extenso reportaje de Wilbert Torre, Narcoleaks. La alianza
México- Estados Unidos en la guerra contra el crimen organizado (2013).
Buitres y halcones
En un momento dado entre algunos de este heterogéneo grupo de informadores, narradores y cronistas surgió un manifiesto y un nombre: infrarrealistas. Buscaron el amparo simbólico de aquel interesante movimiento literario nacido en México en la década de los 70, con el protagonismo de Roberto Bolaño y Mario Santiago
Papasquiaro, entre otros. Un movimiento poético denominado Infrarrealismo, cuya intención principal era, en palabras de sus creadores primigenios, “volarle la tapa de los sesos a la cultura oficial”. Los reporteros actuales trataron de armar las bases de su idiosincrasia como grupo, esta vez dentro del campo del periodismo narrativo y de investigación por medio de un manifiesto (siguiendo el ejemplo de su maestro Bolaños), que llegaron a publicar y que viene a ser un suerte de código deontológico: “Alguien limpia su fusil”, publicado en el revista Gatopardo el 15 de agosto de 201133.
Diego Enrique Osorno definía así esta suerte de agrupación infrarrealista en la entrevista ya comentada:
La poesía infrarrealista es la musa perversa del periodismo infrarrealista. Roberto Bolaño abrió un sendero narrativo enorme con su literatura. Se trata de un territorio que aún no ha sido explorado del todo. El periodismo infrarrealista está haciendo esa inmersión. No sabe cuál es el destino. No es un viaje a Itaca. Es una nebulosa de sangre entre la cual se tuvo que empezar a hacer periodismo en México y en Centroamérica en estos años en que aparecieron gobiernos de poco seso y mano dura. Pero esa nebulosa no es provisional, sino una condena perpetua. Por eso el periodismo infrarrealista también será perpetuo.
El periodismo infrarrealista busca contar la realidad que está debajo de la realidad mediática. Un impulso por narrar las pequeñas historias o aquellas que están perdidas en los agujeros negros de la realidad. Más que una filosofía o una ideología se trata de un juego. Sin embargo, el periodismo infrarrealista cree que hay que escribir desde el vértigo y eso hace que el juego sea un asunto de vida o muerte.
O, como también añade Alejandro Almazán, en la entrevista comentada:
No es un movimiento ni tampoco un club de Toby. No somos una secta, no tenemos blog, no somos una asociación civil ni una cooperativa. Somos, simplemente,
33 Diego Enrique Osorno (2011) “Alguien limpia un fusil”, http://www.gatopardo.com/
detalleBlog.php?id=138. [Recuperado el 17 de febrero de 2015]. Alejandro Almazán me contaba en la entrevista de abril de 2013; “Diego leyó el manifiesto el 11 de agosto de 2011, pero quién sabe si esa fecha sea importante. A mí me gusta más recordar que en 2004 conocí a Diego. Y sobre quiénes están en este grupo es raro contestarte. Raro porque, primero, son los otros colegas quienes nos identifican así, como infrarrealistas. Segundo, porque a uno que señalan es José Luis Valencia, un jalisquillo a toda madre que no se dedica al periodismo. Raro porque si debiera darte nombres concretos pensaría en una de nuestras borracheras y te hablaría de Frank Goldman, de John Gliber, de Emiliano Ruiz Parra, de Juan Carlos Reyna, de Alejandro Sánchez, de Manuel Larios y del salvadoreño Óscar Martínez”.
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amigos en las buenas y en las malas. Eso sí: creemos que, como muchos otros colegas lo hacen, tenemos la obligación de contar la vida de los muertos, visitar los pueblos en guerra, evitar las versiones oficiales, hablar con las víctimas pero también con los victimarios, denunciar que el Estado es cómplice de esta matadera. Creemos, también, en que el lector merece respeto y por ello vamos en contra de lo establecido por el periodismo ortodoxo: no a la nota que se olvida, no a los textos lame huevos, sí a la literatura, a la poesía, a la experimentación. Te dije: somos unos perros románticos.
Me preguntas también si hay una filosofía. Yo te respondería que, en el fondo, no buscamos puestos directivos; tampoco nos gustan los reflectores, aunque unos crean con ahínco todo lo contario; no hacemos ficción, aunque otro tanto jure que sí. Lo único que estamos buscando en cada texto es ser honestos. Y ser honestos no se trata solamente de traicionar nuestros principios, se trata también de dejar de regodearnos en la sangre, de proponer soluciones, de no juzgar, de ir con los sin voz y dársela, de encontrar a gente que nos devuelva la puta esperanza.
Diego escribe que los reporteros infrarrealistas no existen. Pero hay que creerles.
Pd: Puede que sólo seamos un intento de cronistas.
La preocupación de Almazán por el modo de narrar, por el lenguaje, es evidente en su trayectoria narrativa. En noviembre de 2013 y con motivo de unas Jornadas en Logroño “El futuro en Español” hablaba de su preocupación por el futuro de nuestro idioma y contaba la singular simbiosis entre hombre y animal que genera el cetrero narcotraficante34. Nombraba a los halcones que sobrevuelan el territorio tomado
por los cárteles en el noreste mexicano; y de los buitres que rematan esta faena rentabilizando los cadáveres. Dos aves rapaces que conviven en el área conocida como La Laguna, territorio en el que “lo único que prospera es la muerte”.
34 En estas III Jornadas “Futuro en español” hubo una mesa, el jueves 28 de noviembre de
2013, dedicada exclusivamente al periodismo literario latinoamericano en la que participaron Jaime Abello Banfi, director de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, el escritor colombiano Héctor Abad, Toño Angulo Danieri, periodista peruano, Alejandro Almazán y yo misma. Véanse algunas declaraciones o el vídeo completo de la mesa, moderada por Fernando Rodríguez Lafuente, exdirector del Instituto Cervantes y coordinador de Futuro en Español, en: http://www.futuroenespañol.es/2013/noticia-mesa-cronica.php [recuperado el 16 de febrero de 2015].
Se llama halcones a aquellas personas que avisan si algo novedoso o diferente sucede en la zona. Suelen ser niños, mujeres o taxistas los que primeramente divisan a las presas. Si un periodista aterriza en La Laguna, por ejemplo, debe cuidarse muy mucho de estas rapaces: “En cada pueblo o ciudad es diferente”. Y los buitres no solo los taxistas, ni los cantineros, son también los dueños y trabajadores de las funerarias. Probablemente el negocio más próspero en estas ciudades tomadas. En Torreón han pasado en menos de una década de 3 a 15 funerarias. Los buitres esperan a los familiares de los asesinados para sacarles el muestrario. El negocio prospera: “Bendito Dios, nos llegan uno o dos muertitos al día”, dice el dueño de una de las funerarias. ¡Cómo no van los narcos a rendirle culto a La Santa Muerte! El narco-lenguaje35 también da cuenta de la diversidad
de homicidios: encobijados (envueltos en una manta), encuajelados (metidos en un maletero), encintados (asfixiados con una cinta adhesiva), decapitados… Carroña para las funerarias que seguramente renieguen cuando se abusa de los “levantados”, aquellos secuestrados, desaparecidos, de los que no se encuentran ni restos porque han sido derretidos en ácido. “La muerte viaja siempre más deprisa que la información”, decía Almazán citando a Vallejo. Y no deja de ser paradójico que el futuro del idioma español pase por este periodismo de investigación y por las muchas maneras de encontrarse con la muerte.