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7 Appendix The Algebra of Instrumental Vari ables Estimation of the Endogenous Peer Ef-

En contraste con el dinero mercancía y el dinero fiduciario, el dinero cre- diticio es una forma de dinero emitida por particulares que resulta de las relaciones de crédito entre los agentes de la circulación. Es inherentemente una promesa de pago en el futuro, un pasivo para el emisor. El dinero crediticio se crea normalmente cuando las instituciones financieras emiten pasivos para financiar sus préstamos. En este sentido, el dinero crediticio vuelve a su emisor cuando los préstamos vencen (se liquidan los pasivos)43. La liquidación final requiere, o bien la cancelación con otra promesa de pago, o bien la intervención del dinero mercancía o del dinero fiduciario.

El dinero crediticio está arraigado a la función del dinero como medio de pago y se presenta como un subproducto del desarrollo del crédito en las economías capitalistas44. En su forma original es una promesa de pagar una cantidad de dinero mercancía. Consecuentemente, el dinero crediti- cio brota de la esencia misma de las relaciones de crédito. Una promesa de pago es en última instancia capaz de funcionar como dinero gracias a la confianza en la capacidad del emisor para cumplir la promesa que ha hecho. A diferencia del dinero fiduciario, el dinero crediticio es una forma específicamente capitalista del dinero, en tanto se crea espontáneamente y de acuerdo con la demanda de crédito entre los empresarios capitalistas45. Habitualmente, los bancos avanzan los préstamos a las empresas indus- triales y comerciales, financiándolos a través de la expansión de los pasivos bancarios; así es como el dinero crediticio domina las transacciones a gran escala. El alcance del dominio del dinero crediticio sobre otras formas de dinero en circulación depende de la confianza que depositan los acreedo- res en la promesa de pago del emisor. Por eso, la confianza se deriva de la calidad de los activos del emisor, así como de su poder económico y social.

43El retorno del dinero crediticio a su emisor es la llamada «ley del reflujo», que fue señalada

por Steuart y pasó a ser un rasgo definitorio de la Escuela Bancaria en Inglaterra; véase C. Lapavitsas, «The Banking School and the Monetary Thought of Karl Marx», Cambridge Journal

of Economics, núm. 18:5, 1994, pp. 447-461. 44K. Marx, Capital, cit., vol. 1, p. 238.

45Esta es una perspectiva fundamental de la tradición postkeynesiana que está de acuerdo con

Además, la confianza depende de la estabilidad global del sistema crediti- cio en el cual los emisores hacen préstamos y crean dinero crediticio46.

La forma específica del dinero crediticio depende así en gran medida de la estructura institucional y de las prácticas del sistema crediticio. El dinero crediticio ha cambiado sustancialmente a medida que el capitalismo se desarrollaba, pasando por instrumentos de crédito comercial que circula- ban torpemente, a billetes privados y hasta depósitos que se multiplican constantemente y que son emitidos por instituciones financieras (princi- palmente bancos). El dinero crediticio ha evolucionado rápidamente bajo el capitalismo financiarizado, e incluso ha dado lugar a formas electrónicas, que se discuten más adelante.

El Estado interviene en el ámbito del dinero crediticio según lo que dicta la evolución espontánea del propio sistema crediticio. Las operaciones del sis- tema crediticio tienden a aislar a un banco del resto, de modo que se convierte en el banco de los bancos —el banco central. Concretamente los bancos tien- den a concentrar sus reservas en un único banco y, en consecuencia, a preferir sus pasivos para establecer promesas de pago entre sí47. Así, existe la posibilidad de que el Estado declare los pasivos del banco de los bancos como moneda de curso legal, de modo que deba ser aceptada para liquidar las deudas y las obligaciones. La acción del Estado altera profundamente el dinero crediticio creado en el sector privado, porque lo convierte en una promesa de pago con los pasivos del banco central, en vez de con el dinero mercancía.

El Estado desempeña, de este modo, un papel decisivo en el ascenso y consolidación del dinero crediticio, así como al excluir el dinero mercancía de la esfera de la circulación. No obstante, para evitar hacerse una idea equivocada, es necesario un análisis cuidadoso de esta cuestión. El dinero crediticio llega a dominar espontáneamente las transacciones a gran escala en el capitalismo maduro, pero nunca elimina completamente al dinero mercancía de la esfera de la circulación, ni siquiera de la circulación de la renta personal. Los pasivos de los bancos tienden a seguir siendo promesas de pagar el dinero mercancía. Los metales preciosos tienen ventajas obvias, tanto en forma de monedas como en forma de lingotes (valor intrínseco, portabilidad, durabilidad, etcétera.), lo que les permite seguir sirviendo como dinero entre las empresas y en la circulación de la renta personal. De forma reveladora, y como adelanto de la próxima sección, los metales pre- ciosos continúan siendo dinero mundial y los Estados mantienen reservas de dinero mercancía para los pagos y transferencias de valor.

46Estas cuestiones se discuten con más detalle en C. Lapavitsas, Social Foundations of Markets, Money and Credit, cit., cap. 4.

47Algunos elementos de este proceso se discuten en el capítulo 5; véase también Itoh y Lapavitsas, Political Economy of Money and Finance, cit., caps. 1, 2, 3; y C. Lapavitsas, Social Foundations of Markets, Money and Credit, cit., cap. 4.

El cordón umbilical entre el dinero mercancía y la circulación capita- lista sólo lo puede cortar el Estado. La forma habitual sería que el Estado eliminara la convertibilidad de los pasivos del banco central en dinero mer- cancía. En la época moderna, la acción decisiva en este sentido la tomó el

Estado británico en 1914, cuando estalló la Primera Guerra Mundial48.

Desde ese momento, la circulación del oro en el mercado doméstico de los países capitalistas avanzados dejó de ser significativa. Sin embargo, este mantuvo una importante presencia en el mercado mundial después de la Segunda Guerra Mundial, que vino apuntalada por los Acuerdos de Bretton Woods en 1944. El vínculo entre el dinero crediticio y el dinero mercancía se rompió finalmente entre 1971 y 1973, cuando EEUU renegó de su promesa de intercambiar una onza de oro por 35 dólares. El oro pasó a ser una reserva de última instancia, guardada y manejada celosamente por los bancos centrales y demás autoridades del Estado.

La ruptura del vínculo entre el dinero crediticio y el dinero mercancía ha tenido implicaciones profundas, tanto para la circulación doméstica como para la internacional. El impacto en la circulación internacional se discute en el próximo epígrafe; en la circulación doméstica, la eliminación del anclaje del oro ha hecho posible que el Estado, ya desde los años de entreguerras, pudiera manejar el dinero crediticio privado sobre la base de una forma de dinero crediticio respaldada por el Estado. Más concreta- mente, en el capitalismo contemporáneo el dinero crediticio creado por el Estado promete básicamente pagar con dinero crediticio del banco central (billetes y reservas bancarias), una vez el Estado lo ha declarado inconver- tible en cualquier otra cosa. Este hecho ha permitido una intervención económica de gran alcance y, junto con la eliminación del anclaje interna- cional del oro, ha sido fundamental para la financiarización.

El dinero del banco central, que es inconvertible en dinero mercancía y a la vez es moneda de curso legal, es un híbrido peculiar entre el dinero fiduciario y el dinero crediticio. Por un lado, es dinero crediticio, que se crea cuando se avanzan los préstamos y se elimina cuando la deuda se salda, incluso aunque estas operaciones estén relacionadas con el banco central. Por otro lado, es dinero fiduciario porque se basa en la autoridad del Estado y lo apoyan los activos del banco central que habitualmente incluyen instrumentos de deuda del Estado. Este tipo de dinero híbrido tiene dos formas específicas: los billetes emitidos por el banco central y las

48La convertibilidad de la libra esterlina en oro fue suspendida también en 1797, cuando esta-

llaron las Guerras Napoleónicas, pero el periodo de la «Restricción» finalizó en 1819, después de que diera lugar a la Controversia Bullionista, que motivó a Ricardo a adentrarse en la economía política. En ese momento, ni los británicos ni la economía mundial poseían mecanismos de crédito suficientemente avanzados como para permitir que la circulación progresase a través de dinero crediticio inconvertible.

reservas bancarias que se guardan en este mismo banco; ambos son fun- damentales para la financiarización, pero funcionan de forma distinta. Sus diferencias se consideran con mayor detalle en la siguiente sección, aunque mencionaremos algunas a continuación.

En la práctica, los billetes están ausentes de las transacciones a gran escala entre empresas y rara vez se usan para pagar los salarios. Funcionan principalmente como medio de cambio y atesoramiento al final de la cir- culación de la renta individual49. La confianza que se necesita para que los billetes funcionen como dinero —su aceptabilidad social— se genera gracias al respaldo del Estado, así como mediante la costumbre del uso cotidiano. El uso de billetes varía significativamente entre los países avan- zados, en función de los mecanismos institucionales de la banca, pero también de las costumbres y los hábitos de gasto de la renta personal. Los bancos centrales ofertan los billetes pasivamente, puesto que consideran que son en gran parte irrelevantes para la gestión del dinero crediticio y de los flujos de crédito en general50.

Las reservas bancarias, por otro lado, son el principal medio de atesora- miento y pago entre las grandes instituciones financieras; proporcionan el medio de pago definitivo del dinero crediticio privado. De este modo, las reservas bancarias son un mecanismo vital del Estado no solo para gestio- nar el dinero doméstico, sino también para influir en los flujos de crédito. El desarrollo de las reservas bancarias depende, en primer lugar, de la con- fianza que los bancos privados tengan en el banco central y, en segundo lugar, del coste de su mantenimiento. La confianza en el banco central, a su vez, depende del respaldo del Estado, pero también de la calidad de sus propios activos. Los bancos centrales y los privados juegan continuamente con un complejo entramado de normas y prácticas institucionales para asegurar que las instituciones financieras, entre otras, sigan prefiriendo las reservas bancarias como forma primordial para la liquidación del dinero crediticio privado por parte de las instituciones financieras y no financie- ras. Esto inevitablemente tiene como resultado que, en la práctica, existan diferencias en el uso de los depósitos de reserva entre los países capitalistas desarrollados, lo que se discute en la siguiente sección.

49Los billetes también se usan en las transacciones criminales, ilícitas o «grises» y suele haber

grandes volúmenes de billetes fuera del país de emisión; en lo que se refiere a los datos de los paí- ses más grandes, véase Kenneth Rogoff, «Blessing or Curse? Foreign and Underground Demand for Euro Notes», Economic Policy, núm. 13:26, abril de 1998. Esta cuestión también se considera en la siguiente sección.

50Como se establece claramente en Charles Freedman, «Monetary Policy Implementation: Past,

El dinero doméstico sin valor intrínseco durante el proceso de financiarización:

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