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Appendix D Procedure and example of FMECA Scope and Overview

A esta psicología se le puede acusar de cualquier cargo menos de ser novedosa. es estrictamente, más vieja que aquella "nueva psicología" que se proclamó en 1890 para referirse a ésa cuyo "rasgo distintivo es el uso de métodos experimentales análogos a los de la física y la fisiología" (Baldwin, 1928, p. 387). Y se le denominó "nueva" porque uno de sus criterios tácitos de cientificidad consistía en irse desembarazando de los conocimientos previos, como si mientras más teorías viejas tirara a la papelera del olvido, más científica sería. Y de entonces a la fecha, la carrera de la psicología puede contarse por la cantidad de material que queda deleznado, como si su avance consistiera más en lo que desecha que en lo que produce, toda vez que el olvido ha sido su indicador de progreso. Es obvio que hay algo de coartada en la "nueva psicología", toda vez que muchos de los temas archivados en el basurero no pararon ahí porque estuvieran superados, sino más bien porque no quedaron resueltos, cuyo ejemplo más claro sea probablemente la afectividad, que se encontraba presente en la "psicología de las facultades", aunque más especialmente en el asociacionismo, aquella aproximación que unificó a la disciplina durante la segunda mitad del siglo XIX y que puede verosimilmente ser interpretada como una interrogante sobre lo indecible, sobre aquello que no puede pensarse pero que guía y liga a lo que sí puede pensarse122. Los "nuevos psicólogos" no explicaron la asociación, sólo cambiaron de tema, y de disciplina: se pusieron a estudiar neurofisiología; lo que hace entonces la "nueva psicología" es reducir todo a

neurofisiología susceptible de experimentación en laboratorio. La vieja psicología trató de salvarse por dos vías, las cuales más tarde fueron "cientificadas", es decir, canceladas. Las primera es por la vía de la psicología colectiva, que es, como lo mostró Wundt, en lo que se convierte aquello que no es reductible al laboratorio. La segunda vía fue la teoría de la Gestalt, que intentó, en efecto, una buena respuesta a las preguntas del asociacionismo; está vía fue cerrada por el escrúpulo de querer verificar sus intuiciones con los métodos y pruebas de las ciencias físicas. A la vieja psicología colectiva, por su parte, también le cayó su "psicología social moderna", como la llamó Floyd Allport en los años veinte, que consistió en imponerle los cánones de la "nueva psicología", o sea, en degradar, digamos, la psicología colectiva al método científico, la experimentación y la empirización.

Hechas las cuentas, lo desechado por la "nueva psicología, constituye el corpus de una "veteropsicología", esto, es, una psicología antigua, vieja, veterana. La veteropsicología no es una psicología sistematizada; quizá lo único que la unifique es que estudiaba la dimensión no racional de la vida, como lo hacía Freud, Bergson, o Sighele. No es tampoco una psicología correcta, sino un depósito basto de ideas, y de ideas frescas, o refrescadas por la sombra del olvido, porque paradójicamente, en una actualidad cada vez más encogida en la sobreespecialización que hace que las investigaciones más recientes no pasen de ser la revisión acuciosa del pormenor de otra idea ya gastada, lo más novedoso se encuentra, no en el Journal que aparecerá mañana en la mañana, sino perdido en algún texto irreditable de cuando a la psicología le gustaba especular y se divertía con la polémica, o sea, en algún texto de la veteropsicología. En psicología sucede que lo más renovador no es lo inédito, sino lo fuera de edición. De hecho el éxito del psicoanálisis se debe a que se trata de un fósil viviente, como el

celacanto, o el gink go biloba que Miguel Ángel de Quevedo trasplantó a México desde China; es un teoría decimonónica que pervivió, y hasta trajo consigo la última reliquia del asociacionismo, las asociaciones libres, de amplia vigencia en la cultura cotidiana, donde la gente todavía asocia como no se lo permitirían en ninguna burocracia académica. Asimismo, autores que hoy están revolviendo la psicología, han sido llamados desde el limbo de la veteropsicología, como son Vygostky o Luria, Tarde o Simmel: hoy son los viejos quienes saben algo nuevo, es decir, algo olvidado, porque los jóvenes envejecen muy pronto y solamente saben lo demasiado sabido. todavía falta traer a Cooley, Ribot, Paulhan o Baldwin. Además, hay psicologías hoy en boga, como la representación social de Moscovici, que viene de Peirce, y de Durkheim y de Levy-Bruhl, o la retórica de Billig que viene desde Protágoras pero que todavía en el siglo pasado era una sabiduría al uso, que son directamente veteropsicologías. Y ciertamente, muchos argumentos de la afectividad colectiva se encuentran en la veteropsicología: ya había desde antes una "psicología estética" y una "psicología animista" que concebía a los objetos de la realidad como depositarios de afectividad, y por lo demás, se publicaban libros con títulos como los siguientes: Los Fenómenos Afectivos y las Leyes de su Aparición (Paulhan, 1887); La Lógica de los Sentimientos, Problemas de Psicología Afectiva (Ribot, 1904, 1910); Las Reglas Estéticas y las Leyes del Sentimiento (Dussauze, 1911); La Abstracción Sentimental (Soriau, 1925); La Estética del Sentimiento (Segond, 1927), ninguno traducido al castellano, y donde se encuentran, por decir lo menos, algunas ideas que se perdieron cuando la "nueva psicología" quitó la afectividad y se puso a cuantificar las emociones. En efecto, parece una mina de ideas, por lo que no debe extrañar que muchas estén en bruto. En todo caso, el posible lector actual de una veteropsicología no es uno decimonónico, sino otro, posmoderno, tocado por el giro lingüístico, con la

criba del surrealismo, el realismo mágico, desencantado de la verdad científica, globalizado por las supercarreteras de la información, saturado por los discursos y la demagogia, y necesitado, por lo mismo, de que los verbos creer y saber, o sentir y entender, vuelvan a ser sinónimos.

Una veteropsicología no es una psicología "retro", y por lo tanto de moda. No. Pretende ser meramente una disciplina que se conozca a sí misma123, que sepa lo que ha hecho para saber lo que hace y para saber lo que hay que hacer, o sea, que conozca su propio significado, lo cual permite de paso una cierta alfabetización de los psicólogos en cosa de historia y tradición, porque en efecto, forma parte de su idea de "cientificidad" el poseer una incultura de magnitudes respetables; la veteropsicología resulta opuesta a otras corrientes psicológicas de talante antiíntelectualista (según las cuales, por ejemplo, leer a los clásicos de la disciplina es hacerles el juego, ergo no hay que leer), que sí se ponen de moda.

La veteropsicología es una psicología filosófica, teórica y

cultural124. Es filosófica en el sentido que le da Susanne Langer: filosofía es averiguar lo que sabemos125. Por esta razón, por ejemplo, el presente trabajo ha consistido, entre otras cosas, en una investigación sobre el lenguaje cotidiano, sus formas de aproximarse a la afectividad. Es teórica dado que privilegia el lenguaje sobre los números, es decir, que su criterio de validez o veracidad radica en la argumentación, y no en la verificación o demostración por medio de datos o de aplicaciones: es una psicología ilustrada, es decir, que todavía cree en el lenguaje, incluso para hablar de lo que no se puede decir, como los afectos. Y es cultural porque sus problemas y preguntas provienen de la cultura general de la época, y se le responden a la cultura que los generó, usando el lenguaje de esa cultura, no una jerga técnica. La veteropsicología no es una psicología "sobre" la cultura, sino dentro de la cultura.