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Cause effect relations Bayesian Networks

o Failure at pumping stations o Failure of equipment (e.g valves)

6 More advanced risk analysis methods for water supply systems

6.9 Cause effect relations Bayesian Networks

Los componentes no hacen una forma. Un edificio está hecho de varilla, cemento y vidrio, pero estos materiales no hacen su arquitectura que es la elegancia, la amplitud o comodidad. Nunca el agregado de técnicas y materiales bastarán para hacer una forma. La sustancia radical de una forma no es asible o manipulable, ni siquiera planeable. No es mensurable: es la presencia de lo que está más allá de lo mensurable. Puede medirse el número de kilogramos de peso de un objeto, pero cómo medir la intensidad de una mirada, la parsimonia de una tristeza, la densidad del tedio o la tardanza de la eterna espera de un minuto. Las formas no tienen partes, lo que tienen es una misma sustancia que las abarca todas y que puede decirse de muchas maneras, como decir que una forma es lenta, llena, elevada, etc., donde cada propiedad lleva ya en sí misma a todas las otras propiedades y a toda la forma completa. Cada quien puede escoger la que quiera; Virilio escogió la velocidad; Calvino, la levedad; Kundera, la lentitud. Gadamer escogió la luz; hágase, pues, la luz.

Ni onda ni partícula, la luz96 es afectividad97. Las cosas pueden no estar iluminadas y seguir siendo cosas, pero las formas, las apariciones, sin la luz, desaparecen, cesan de ser formas, y de hecho, si la luz varía, la forma cambia. La luz es un algo que no existe de por sí (tal vez porque verla directamente enceguecería), pero sin la cual los objetos no pueden existir: es solamente la sustancia de las formas. La luz es blanca, o lo blanco es luz, y

su falta es lo negro. Son numerósisimos los casos en lo que se utiliza el vocabulario de la luz para referirse a múltiples fenómenos. Comprender es arrojar luz sobre un asunto, "aclararlo"; la vida se da a luz, la inteligencia es "brillante", la felicidad "ilumina" las caras, el conocimiento "ilustra", los mesías son unos "iluminados", según ellos, claro ("claro"); alguien le puso a un siglo un tanto presuntuoso la "Ilustración" o "Iluminismo". Su contrario también es constatable: el luto es negro, la maldad proviene de las tinieblas, lo que no se entiende está oscuro, y ciertas gentes con la conciencia negra extrapolaron extralógicamente esta nomenclatura para justificar su racismo, aunque la raza negra tenga ese color de tanta luz y la blanca de tanta falta de sol; el humor negro no es un buen humor.

La luz es la tinta de todos los colores; el blanco es la síntesis de todos ellos, el negro su ausencia, y entre uno y otro, a diferente distancia, aparecen todos los colores, además del gris, color de la mitad, lo mediano y lo mediocre; por eso Michael Ende, en la historia de Momo, pinta al enemigo de "hombres grises", y Joaquín Sabina lo llama "el hombre del traje gris". Así, por ejemplo, el verde no es ni la desgracia ni la felicidad, sino la tranquilidad, toda vez que está en medio del espectro visual; la ira es roja, la solemnidad morada, la soledad azul oscuro, la alegría amarilla, etc. Sobre las formas de la afectividad, la luz cae de múltiples maneras, y según la luz que tengan, los sentimientos varían.

La luz es ingrávida, pero los colores tienen peso, como los sentimientos. El tedio, el cansancio, la antipatía, son pesados como la pesadez de estómago y la pesantez de un fardo. Los colores oscuros suelen ser pesados. La falta de luz hace que las cosas pesen, mientras que la luz las aligera, las aliviana, las hace leves98, llevaderas. En inglés, lo iluminado y lo ligero se dicen con la misma palabra. Asimismo, lo que tiene luz y ya de por sí es leve, también es suave, como nube, como piel, y terso, que no raspa,

que no daña, acolchonado, mientras que lo grave también es espeso, denso, duro, como la antipatía, la gravedad de la enfermedad o de las circunstancias, la solemnidad, el poder.

Se sabe que los colores tienen temperatura; hay colores cálidos como los amarillos y rojos, y colores fríos como los azules y violetas. El deseo es rojo, como la ira, y ambos son tórridos, candentes: flagran, hierven, queman, y por lo mismo abrazan, cunden. Urgen. Son hervideros. Tienen la forma del fuego. Consumen. Son como excesos de la luz. De color menos encendido son las habitaciones con chimeneas, las ternuras casi rosadas, que son solamente cálidas, muy acogedoras. pero en cambio, hay colores bajo cero, de un azul lívido, color de hielo, que ha de ser el color de la crueldad, y cuando es impecablemente ejecutada, fríamente calculada, de la venganza; sin esa álgida palidez, hay colores más bien frescos, verde como la menta, o como a la sombra de un color más caliente. La temperatura del blanco y de la luz es neutra, sin frío ni calor. Puede también apreciarse cómo la temperatura comporta su dureza, su luminosidad, etc. es decir, todas las cualidades se remiten mutuamente.

La luz, como el pasmo y como la belleza, es estática, como el éxtasis; si se quiere un poco trémula, mientras que la oscuridad es sólo inerte, inánime. Los objetos a los que la luz da y de los que toma forma tienen sin embargo una velocidad, sin que ello quiera decir que se necesariamente se muevan o cambien de sitio, no: su rapidez o lentitud la traen dentro. Los objetos pesados y fríos son lentos; los ligeros y cálidos son más rápidos, pero sobre todo, la velocidad está dada por la cantidad de variaciones, matices, tonos, detalles y cambios de la luz en el objeto, es decir, depende de la rapidez que necesita la percepción para recorrer el objeto; en un objeto muy abigarrado de detalle, como el motor de un coche o el altar barroco de una iglesia, la percepción se tiene que apurar para

cubrirlos, por lo que no puede detenerse para abarcar, abrazar, al objeto. Una película muy rápida tiene cantidad de variaciones, aunque tarde las mismas dos horas que una lenta, en la que no sucede nada mientras transcurre; cuando se dice que una película es lenta, nadie dice que se salga más tarde del cine, sino que la percepción acabó su tarea antes de que la película terminara. La lentitud tiene variaciones muy sutiles a lo largo, ancho y hondo del objeto, y la percepción, si quiere hacer algo ahí, tendrá que refrenarse, y contemplar99. La contemplación es la lentificación de la realidad; "teoría", etimológicamente, significa contemplación. Una superficie lenta es casi lisa, mientras que una rápida es churrigueresca. Lo lento es de un solo color, lo rápido de muchos. El aburrimiento es una percepción rápida sobre un objeto lento, como le ocurre al tedio posmoderno que se hastía de cualquier cosa que mira por más de un minuto, mientras que el vértigo es una percepción lenta que es jalada, tirada, por la velocidad de un acontecimiento, que es la gran fascinación posmoderna. La velocidad de la sensación de la vida cotidiana urbana contemporánea es muy alta, mientras que antaño, o en espacios rurales, se dice que la vida es muy lenta, que "no pasa" nada, como si las agujas de los relojes no avanzaran. Lo caliente es rápido, como la furia, y lo frío es lento, como la elegancia o la tristeza. Cuando de algún deportista se dice que juega con elegancia, se debe a que proporciona la apariencia de lentitud sin menoscabo de su efectividad. La velocidad es lo mismo que la distancia: la distancia es la lentitud del espacio, y por eso, dos kilómetros de superficie lenta de desierto son más largos que dos kilómetros de recargada callejonería de una ciudad gótica.

Y así sucesivamente, podrá colegirse la altura de la luz, su saturación, su tamaño, etc., con lo cual parece metodológicamente viable establecer la afectividad de las distintas situaciones de la realidad, y averiguar de qué color es la democracia, cuál es el peso de la desolación, la

densidad de la misericordia, el sonido de la venganza, el olor de la paz, etcétera. Por si no queda claro, la luz no es sólo una sustancia visual, según se vio en el hecho táctil de su temperatura o dureza, sino un asunto indistinto de todos los sentidos: literalmente, se puede sentir "claramente" y "oscuramente". hay sonidos claros, transparentes, como campana de cristal, y ruidos opacos, sucios, como de niño exhausto en su clase de violín.