• No results found

episodios)

· De 4 a 30 episodios de maltrato · Casadas y con hijos

· Permanecen en convivencia hasta que los niños crecen o abandonan el hogar · Clase media-alta

· Sin apoyo social

Maltratadores de alto riesgo Nivel 4 Crónico y predecible

· Maltrato grave, repetido y predecible · Viokencia precipitada habitualmente por el consumo de alcohol o drogas · Casada y con hijos

· El maltrato se mantiene hasta que el marido es arrestado, hospitalizado o muere

144

Bender, K. y Roberts, A.R. (2007). Battered women versus male batterer typologies: Same or different based on evidence-based studies? Aggression and Violent Behavior

145 P. Amor, E. Echeburía, I. Loinaz (2009). ¿Se puede establecer un clasificación tipológica de los hombres violentos contra sus parejas?. International

139 La Mediación en la Desviación Social

· Clase baja-media Nivel 5 Homicida

·

La violencia se incrementa hasta llegar al homicidio del agresor, precipitado por amenazas de muerte explícitas · Presencia de armas en casa · Numerosos actos violentos y graves · Casadas o en convivencia con el agresor · Clase social baja; bajo nivel educativo

·

Las mujeres suelen sufrir el trasstorno de estrés postraumático, ideas de suicidio o síndrome de la mujer maltratada

Amor, Echeburúa y Loinaz, concluyen que si bien existen diferentes tipologías de agresores, la mayoría de estos estudios tipológicos giran en torno a las tres categoría delimitadas por Holtzworth-Munroe y Stuart (1994): a) limitados al ámbito familiar; b) borderline/disfóricos; y c) violentos engeneral, y que a su vez, cada uno de estos tipos se corresponde con diferentes niveles de extensión, frecuencia y gravedad de la violencia ejercida, así como de un determinado nivel de psicopatología.

Con posterioridad se han definido otros subtipos, tales como el agresor antisocial de bajo nivel (Holtzworth-Munroe et al., 2000146) y otro relacionado específicamente con el

maltrato sexual (Chiffriller et al., 2006)147. En este sentido, estas nuevas categorías pueden

suponer algunas variaciones con respecto a la triple tipología previa. Asimismo, otras fuentes de variación tienen que ver con la introducción de nuevas variables (tipo de maltrato, control de la ira, variables motivacionales para el cambio, perfil de la víctima, factores , relacionales,etc.) (Echeburúa y Fernández-Montalvo, 2009).

Los autores concluyen las tipologías son útiles en la medida en que van más allá de la descripción y tratan de abordar causas y motivaciones de la conducta violenta. Asimismo, las tipologías desde una perspectiva terapéutica y preventiva, ayudan a decidir las estrategias terapéuticas más adecuadas para cada caso.

3.2.-Agresividad, agresión y violencia:El episodio violento como unidad de análisis.

146 Holtzworth-Munroe, A., Meehan, J.C., Herron, K., Rehman, U. y Stuart, G.L. (2000). Testing the Holtzworth-Munroe and Stuart (1994) batterer

typology. Journal of Consulting and Clinical Psychology,

147

Chiffriller, S.H., Hennessy, J.J. y Zappone, M . (20 06). Understanding a new typology of

140 La Mediación en la Desviación Social 3.2.1.-. Las nuevas teorías del delito.

Las últimas décadas de la criminología han dejado paso a las nuevas teorías del delito. Estas surgen en contraposición a las tradicionales teorías de la criminalidad, herederas de la criminología clásica, iniciadas con las teorías de Lombroso y su criminal atávico. Las teorías de la criminalidad han puesto su énfasis en el sujeto criminal, recogiendo a lo largo de su trayectoria evolutiva, ideas de disciplinas como la psicología, la biología, la sociología o la economía. Los desórdenes de personalidad, la herencia genética, el trauma infantil, o condiciones sociales como el desempleo, han sido sus principales puntos de análisis.

Frente a esta concentración del análisis sobre el sujeto desviado, las teorías del delito han surgido como nueva forma de enfocar el objeto de estudio de la criminología. Para estas teorías, la criminología clásica ha estado tan centrada en el individuo, que ha olvidado el mismo acto criminal, el evento delictivo como unidad de análisis. Desde las teorías del delito, se asume que existe una motivación para cometer el delito, y que existen unas circunstancias de espacio, tiempo y relación en las que los sujetos cometen los delitos.

La noción de oportunidad es lo importante para las teorías del delito. En este sentido, lo que unifica el delito en torno a las tres variables de espacio, tiempo y relación, está estrechamente vinculado con las oportunidades existentes para que el sujeto pueda llevar a cabo tales delitos.

J. Medina148 destaca las teorías de las actividades cotidianas de Cohen y Felson149

, las cuales sostienen que para que un delito ocurra, será necesaria la convergencia de tres elementos fundamentales en los vectores del espacio y el tiempo:

1) La presencia de un delincuente motivado: es decir, un sujeto expuesto a la tentación de cometer un delito.

2) La presencia de un objetivo vulnerable y tentador: esto es, una persona u objeto que además de poder ser atacado por un delincuente, cumpla con las cuatro condiciones de: valor, inercia, visibilidad y acceso. En otras palabras, el objetivo, además de poseer algún valor para el delincuente, tiene que ser visible, accesible, y que las normas de la física favorezcan el acto delictivo.

3) La ausencia de un guardián capaz de prevenir el delito: el guardián eficaz no tienen que ser necesariamente un agente de la autoridad oficial, sino cualquier sujeto con capacidad para intervenir o disuadir al delincuente.

Una variante de este modelo propuesto por Cohen y Felson, ha sido la adaptación que este último ha hecho para los delitos no predatorios. Así, Felson150 establece como elementos

básicos para una pelea: a) los combatientes; b) los provocadores; c) la audiencia, d) la

148

Medina, J. (2002), Violencia contra la mujer en la pareja: investigación comparada y situación en España. Tirant Lo Blanch. Valencia.

149 Cohen, L.; Felson, M., (1979). Social change and crime rate trends: a routine activities approach. American Sociological Review. 150

141 La Mediación en la Desviación Social

ausencia de pacificadores. Para esta perspectiva, los eventos violentos son interacciones entre individuos, en las que influyen las motivaciones personales, el control social de la situación, las armas, y el estatus y significado del acto violento.

Siguiendo a Medina, el matrimonio Dobash151, ha sido quien principalmente ha

destacado la importancia del estudio del momento violento, puesto que los dichos episodios forman una parte fundamental de las relaciones conyugales o de pareja en las que éstos ocurren. Para los Dobash, la importancia de este tipo de momento, no sólo radica en la relevancia que pueden tener sobre la vida cotidiana de las parejas, sino también en el desarrollo de posteriores eventos violentos, y en la evolución de la pareja en general. Es por ello que para los Dobash, es fundamental estudiar la importancia de estos momentos, las circunstancias que los rodean, los procesos dinámicos, los significados y motivos a los que se asocian, y los cambios que experimentan con el paso del tiempo.

Es importante poner en relieve, que estas teorías no ignoran la trascendencia de los factores de la personalidad del individuo, así como sus posibles patologías, no obstante, para las teorías del delito, centrarse únicamente en el análisis de estos factores psicopatológicos, es caer en un determinismo, puesto que los individuos motivados al delito, interactúan en circunstancias en las que confluye un amplio compendio de procesos internos y externos que afectan al resultado y desarrollo de dichos episodios.

3.2.2.-Violencia expresiva vs violencia instrumental.

Tal y como ya quedó expresado en epígrafes anteriores, la violencia expresiva, es la que obedece a sentimientos de ira y refleja dificultades en el control de los impulsos o en la expresión de los afectos. Por su parte, la violencia instrumental, es aquella que tiene en sus actos –o en la mente del agresor-, una finalidad racionalidad.

La herencia de la criminología clásica, es la que ha conducido a una clásica conceptualización de la violencia como expresiva, esto es, como una respuesta agresiva a un sentimiento de frustración. Las teorías de la fustración-agresión, representadas por Dollard, fueron posteriormente matizadas por Berkowitz, quien estableció las reacciones lucha-huida.

Echeburúa y Fernández-Montalvo152, han llevado esta perspectiva teórica al escenario

de la violencia doméstica, señalando que la conducta violenta en el hogar “es un estado emocional intenso, que interactúa con unas actitudes de hostilidad, un repertorio pobre de conductas (déficit de habilidades de comunicación y de solución de problemas) y unos factores precipitantes”.

151

Dobash, R; Dobash, R. E; Cavanaugh, K.; Lewis, R., (1998) <<Separate end Intersecting realities: a comparison of men´s and women´s accounts of violence against women>>. Violence against women.

152

142 La Mediación en la Desviación Social

Las críticas a esta perspectiva del comportamiento violento, han llegado principalmente de la mano de Bandura153, para quien la violencia es un acto fundamentalmente instrumental.

Este psicólogo, afirmará que no por no ser aparente la finalidad del acto del delincuente, ésta no tenga que existir. Así, para Bandura, el uso de la violencia responde a un medio que empleamos para alcanzar nuestros objetivos, cuando no sabemos o no podemos hacerlo de otra forma.

Tedeschi y Felson154 recogerán las ideas de Bandura y desarrollarán una teoría del

comportamiento violento como acción orientada a la consecución de un fin. Para estos autores la violencia expresiva no existe, puesto que toda acción coercitiva, implica necesariamente una serie de decisiones: la decisión del actor sobre si empleará una conducta coercitiva, así como dónde, cuándo y cómo hacerlo. Para la evaluación de esta acción, el individuo tendrá en cuenta cuestiones como: a) el valor del resultado o ganancia; b) las expectativas sobre el éxito de la acción; c) las expectativas sobre los costes de la acción; y d) el valor negativo de dichos costes. Así, según esta teoría, la probabilidad de que un delincuente adopte una respuesta coercitiva, será mayor cuanto más grande sea el valor de la ganancia, y menor el valor negativo de los costes.

Para Tedeschi y Felson, aunque la conducta agresiva pueda aparecer como impulsiva e irracional, los seres humanos son capaces de inhibir su respuesta al anticipar unos elevados costes. En definitiva, para estos autores, a pesar de que no siempre sean tenidas en cuenta todas las categorías de valoración de la acción, los seres humanos, llegado el momento, siempre emplearán un margen de decisión.

La violencia, como acto programado, está compuesta por una estructura, un guión, que el individuo emplea durante el proceso de la toma de decisiones. Estos guiones son concebidos como esquemas aprendidos que organizan la información y condicionan la manera en la que los actores responden a determinados estímulos. La importancia de estos guiones, radica en que permiten comprender la toma de decisiones durante episodios violentos en diferentes aspectos155:

1. Los guiones son alternativas conductuales y formas de organizar el conocimiento. 2. Los individuos aprenden repertorios conductuales para diferentes situaciones.

3. Estos repertorios, almacenados en la memoria como guiones, son activados a través de diferentes estímulos ambientales.

4. La elección de guiones varía entre los individuos, y algunos se guían por guiones más limitados.

5. Los sujetos son más proclives a repetir conductas programadas cuando éstas han tenido éxito.

153

Bandura, A. (1973). Agresion: a social learning analisis. Prentice Hall. Englewood Cliffs. New Jersey.

154 Tedeschi, J.; Felson, R. (1994). Violence, aggression and coercitive actions. American Psychological Association. Washinton DC. 155

143 La Mediación en la Desviación Social

6. Las conductas programadas pueden hacerse automáticas sin mucho pensamiento o consideración de alternativas.

Llevado este esquema al caso de la violencia doméstica, debido a que ésta se desarrolla a través de continuos episodios de conflicto, posibilita que los repertorios o guiones de conducta del agresor se conviertan paulatinamente en más limitados, facilitando que ante las situaciones conflictivas, sean empleados determinados ejemplos de conductas programadas como única forma de respuesta. Ésta podría ser la explicación al porqué de las inexplicables respuestas de ira desmedida en ciertos agresores. Para Perrone y Nannini156, la violencia

doméstica se presenta de forma ritualizada, siendo los episodios violentos, prácticamente idénticos entre sí.

Medina cita a Gelles como uno de los primeros autores que aplicó los juicios de racionalidad a los casos de violencia doméstica. Conjugando aspectos de la teoría de la elección racional y del control social, propuso la teoría del intercambio social. Esta teoría se fundamenta en dos premisas: 1) los hombres son violentos en el hogar si los costes de la violencia no superan los de la recompensa; y 2) los individuos emplean la violencia cuando no existen controles sociales que impidan el acto violento. En base a estas premisas, Gelles elabora los siguientes postulados:

1. Los miembros de una familia son más propensos a emplear la violencia cuando las recompensas superan a los costes negativos de la acción.

2. Los costes negativos se ven fuertemente disminuidos debido a la ausencia de controles sociales efectivos.

3. Los costes negativos se ven disminuidos y las recompensas aumentadas, a través de ciertas estructuras sociales y familiares.

De este modo, para Gelles, la relación entre costes y recompensasen en el uso de la violencia, estará determinada en gran medida, por tres elementos que favorecen al género masculino: 1) las diferencias sociales y biológicas entre hombres y mujeres; 2) la naturaleza privada del ámbito familiar que reduce el control social; 3) las atribuciones sociales de masculinidad y machismo.

El matrimonio Dobash, desde la perspectiva feminista, han corroborado la existencia de la racionalidad dentro del acto violento. Para estos autores, es fundamental que se entienda la violencia doméstica como una conducta que busca un fin, finalidad que está íntimamente relacionada con las desiguales relaciones de poder entre mujeres y hombres. Así, para Dobash y Dobash157, “las concepciones de los actos violentos como actos imprevisibles, expresivos e

incontrolables que son cometidos por sujetos alcohólicos, mentalmente inestables o socialmente

156 Perrone, R., y Nannini, M.,(1997) Violencia y abusos sexuales en la familia. Paidós. Buenos Aires. 157

144 La Mediación en la Desviación Social

desesperados, deben su popularidad a que resultan más confortables y más tranquilizadoras que las teorías que explican estos actos violentos como actos funcionales, instrumentales y sistemáticos. Si la violencia fuera una forma de desviación aleatoria más que un reflejo de relaciones sociales recurrentes, entonces uno no debería preocuparse por la forma y configuración de la vida social cotidiana, sino simplemente por sus desviaciones. Si, sin embargo, la violencia es conceptualizada como un acto intencional que se ejecuta para obtener unos fines determinados que se encuentran enraizados en la vida cotidiana, se convierte en un tema que nos afecta a todos y que forma parte de la vida cotidiana”.158

3.2.3.-La importancia del análisis secuencial de la violencia

Para J. Medina, el análisis del juicio racional dentro del comportamiento violento, implica necesariamente el estudio del episodio violento como unidad de análisis.

Siguiendo a este autor, los pioneros en el estudio del proceso de interacción entre agresor y víctima, han sido Toch y Luckenbill. Este último, centrado en el análisis de los homicidios, argumentó que las transacciones interpersonales que desembocan en homicidios, implican la participación conjunta de agresor y víctima, en una confrontación en la que al menos uno de los contendientes trata de imponer su identidad o reputación a expensas del otro. Las etapas de estas transacciones, vienen marcadas en primera instancia, por un momento de apertura, el cual es un acto realizado por la víctima, y posteriormente definido por el agresor como una ofensa hacia sí mismo. Este primer movimiento, puede ser llevado a cabo por una expresión verbal o no verbal, que el agresor entiende como una negativa a no obedecer o cooperar. En un segundo paso, el agresor, que interpreta estos movimientos como ofensivos, responde a esta ofensa, con un ataque verbal o físico, que le permite establecer su posición. Si después de estos acontecimientos, la víctima no ha sido eliminada, las etapas se repetirán hasta que uno de los contendientes muera a manos del otro.

Las críticas de la perspectiva feminista, se basarán en que este tipo de análisis, presenta a la víctima como provocadora del episodio violento, convirtiéndola así, en responsable de su propia victimización. Asimismo, criticarán la ausencia de la perspectiva de género.

Walker, será la primera es analizar la secuencia de los episodios en la violencia de género. La psicóloga establecerá así su ya clásico ciclo de la violencia159. Las tres etapas de

este ciclo, aumento de tensión, explosión de la violencia y descompresión y perdón, a pesar de su gran popularidad en esta área de investigación, no han pasado con holgura las críticas realizadas por diferentes autores. Incluso Walker, reconoció posteriormente, que en los estudios por ella realizados no aparecía siempre el ciclo de la violencia, puesto que sólo un 65% de los

158

Medina, J. (2002), Violencia contra la mujer en la pareja: investigación comparada y situación en España. Tirant Lo Blanch. Valencia.

159

145 La Mediación en la Desviación Social

casos examinados manifestaban la fase de tensión, y tan sólo un 58% atravesaba la etapa de descompresión.

J. Medina sitúa a Dobash y Dobash, como los primeros autores en destacar la similitud entre los episodios de violencia doméstica, y la secuencia de los episodios violentos en general. A través de un estudio que realizaron con mujeres maltratadas refugiadas en casas de acogida, los investigadores llegaron a la conclusión de que los episodios violentos entre los integrantes de la pareja, forman parte de la estructura de la relación, por lo que no poseen un comienzo o un fin determinado: “los factores asociados con el uso de la violencia por parte del hombre contra su mujer están presentes la mayor parte del tiempo, y los factores específicos que conducen a un particular episodio pueden tener lugar días, meses o incluso años antes de dicho episodio”160.

No obstante, el grueso de los episodios violentos se inician tras las discrepancias sobre alguna cuestión o una queja en particular. Los Dobash afirmarán que sus estudios demostraron que las discusión previa al ataque físico es relativamente corta, puesto que en un 54% de los casos, la discusión duraba menos de cinco minutos. En otros casos, el ataque físico comenzó sin discusión previa, aunque el tema del conflicto es mencionado por el hombre durante o después de la agresión.

Así, Dobash y Dobash, establecen una clasificación de los temas que actúan como detonantes del evento violento:

1) los celos: un alto porcentaje de los agresores son personas altamente posesivas. Estos celos, que no necesariamente tienen que ser de tipo sexual, sirven al agresor como justificación para aplicar un aislamiento social de su pareja, a través de una hipervigilancia de las conductas y movimientos de la misma. También la crítica de las infidelidades del marido por parte de la víctima pueden originar el principio de un episodio violento.

2) El trabajo doméstico y los recursos económicos de la familia: el código patriarcal ha establecido unos rígidos roles de género, manifestados a través de la división sexual del trabajo. La imposición a la mujer de las tareas domésticas, conlleva el derecho por parte del hombre, de la evaluación y aprobación de las mismas. Cuando las mujeres no cumplen con las expectativas de los agresores, éstos recurren al uso de la violencia como herramienta de castigo y de imposición de su autoridad.

3) el sentimiento masculino de su derecho para castigar a las mujeres cuando hacen algo “malo”: los agresores suelen culpar a sus mujeres por sus propios

Related documents