• No results found

Varios escritores, comunicólogos, filósofos y políticos han teorizado, desde hace más de medio siglo, sobre el senti- do de los cambios que provoca en la sociedad industrial la introducción de la inteligencia artificial y las nuevas tecnolo- gías de la comunicación y la información, acuñando térmi- nos como “aldea global”, “era tecnotrónica”, “sociedad post- industrial” o “era de la información”.

La “teoría de la información” en realidad se configura en el siglo pasado (*). Sus propósitos son medir estadísticamente la transmisión de un mensaje, independientemente de su sig- nificado y resolver problemas de calidad y fiabilidad de trans- misión de mensajes entre máquinas (en su momento, telégra- fo y radiotransmisión), eliminando el ruido, la redundancia, etc. Esta teoría permitió dar cuenta de la organización, trans- misión y almacenamiento de la información y, en tal medida, contribuyó significativamente a la ingeniería e informática, pero fracasó cuando se pretendió extrapolarla para dar cuen- ta de los procesos sociales de comunicación. Toda vez, la tendencia a asimilar la información a un término salido de la estadística (datos) y situarla como un elemento derivado de un dispositivo técnico no sólo que se ha mantenido, sino que se ha acentuado, ganando terreno el componente puramente instrumental de la información (Mattelart: 2002).

* Los padres de esta teoría son los estadounidenses Shannon y Weaver, quienes en 1949 publican «La teoría matemática de la comunicación» -posteriormente encuadrada como «teoría de la información»-, la cual, apoyándose en la termodi- námica, formula la ley de la probabilidad y establece como medida de la informa- ción el bit o señal binaria.

La idea de la «sociedad de información» aparece de la mano del sociólogo estadounidense Daniel Bell, quien en 1973 publicó El advenimiento de la sociedad post-industrial don- de formula que el eje principal de ésta será el conocimiento teórico (*) y advierte sobre la transición de una economía de producción hacia una economía de servicios, en la cual los servicios basados en el conocimiento habrían de convertirse en la estructura central de la nueva economía y de una socie- dad apuntalada en la información, donde las ideologías resul- tarían sobrando (**).

Pero no es sino en el curso de los años 90 que el término sociedad de información reaparece con fuerza en los círculos que buscan decantar las repercusiones del vertiginoso desa- rrollo de las TIC y de la Internet, en particular, en los diver- sos ámbitos del convivir social.

Paralelo a estas aproximaciones, se ha desarrollado una visión etapista de la “sociedad de la información”, según la cual la humanidad ha transitado por varios estadios, pasando de la sociedad agraria a la sociedad industrial, y de ésta, a la sociedad post-industrial o postmoderna. Esta evolución es- taría asociada al tránsito progresivo de la economía basada

* Para Bell, a diferencia de la sociedad industrial, donde las innovaciones partieron de pensadores inspirados y talentosos que, en general, eran indiferentes a la ciencia y a las leyes fundamentales que sustentaban sus investigaciones, en la actualidad las innovaciones se dan a partir de premisas teóricas. Y esto, porque se ha tornado factible codificar los principios científicos del conocimiento. De ahí que -considera- la primacía del conocimiento prevalecerá no sólo respecto a la innovación tecnológica, sino también a las cuestiones sociales y políticas. ** Esta tesis ya lo había sustentado Bell en 1960 en su libro El fin de las ideologías.

en el sector primario (agricultura, silvicultura, minería), al sector secundario (industria manufacturera) y finalmente al sector terciario (comercio y servicios) en el que la informa- ción constituye la materia prima fundamental. Desde el pun- to de vista de los ciclos económicos, se señala que la inven- ción de la máquina de vapor impulsó la expansión económi- ca de Europa y América (léase Estados Unidos) durante la revolución industrial, que la electricidad y el motor ocasio- naron el espectacular crecimiento económico de los años 50 y que ahora le toca el turno a las tecnologías de la informa- ción y las comunicaciones (Moore: 1997)

De acuerdo a esta visión lineal solo sería cuestión de tiem- po la integración de los países periféricos al progreso y a los beneficios de la “sociedad de la información”, la cual es asu- mida como un proyecto neutro, apolítico, puramente tecno- lógico, que está por encima de los conflictos sociales, de las diferencias culturales y de los sistemas políticos. Un infor- me de la UNESCO, por ejemplo, señala que en todos los paí- ses, la información juega un papel creciente en la vida econó- mica, social cultural y política y que el objetivo que persigue la creación de la sociedad de la información es el mismo para los países capitalistas de América del Norte que para los esta- dos comunistas de China o Vietnam (Moore: 1997) Sin em- bargo, si escarbamos un poco en la historia de las últimas cuatro décadas, se puede apreciar que la noción de la socie- dad de la información es un concepto geopolítico que se vie- ne empleando en función de garantizar el reacomodo geoeconómico del planeta en torno a los valores de la demo- cracia de mercado y de un mundo unipolar (Mattelart: 2001)

Quizá por ello el tema de la “sociedad de la informa- ción” consta de forma recurrente en las agendas de los países industrializados, abordándose en los más importantes foros de la Comunidad Europea, del G8 (los países más ricos + Rusia), la OCDE (los treinta países más desarrollados del mundo), el gobierno de Estados Unidos así como en varias agencias de Naciones Unidas y el Grupo Banco Mundial. Como antecedente cabe señalar que ya en la década de los 70 del siglo XX las élites de los países industrializadas veían a las tecnologías de la información como la tabla de salvación parta superar las crisis cíclicas del capitalismo y alcanzar la “gobernabilidad de las democracias occidentales”. La infor- mática y la telemática debían abrir el camino para la fase as- cendente de un nuevo ciclo, renovando la demanda y crean- do nuevos productos y servicios (Vanleduc: 2002). La pro- ducción y la distribución de éstos últimos debían generar, a su vez, nuevos empleos susceptibles de compensar las perdidas oca- sionadas por la automatización del sistema productivo. ... Para- lelamente debían tomarse algunas medidas para facilitar las “re- estructuraciones industriales rápidas y sanas”.(*)

* Dos décadas más tarde, se constata que el objeto de incrementar el empleo por medio de las TICs no se ha cumplido: en 1990 los estados industrializados conta- ban con 25 millones de desempleados crónicos o de larga duración, en el 2001 aumentaron a 39 millones. (Ziegler: 2002, p. 131). En el sector de las telecomu- nicaciones, según estimaciones de la OIT solo en el período comprendido entre enero y agosto de 2001, se produjeron 350.000 despidos que afectaron tanto a los fabricantes de equipos como a las empresas de los servicios (OIT b: 2002)

Related documents