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Application of QFD on OHS practices

Framework for System Design Requirement

5.2 Quality function deployment (QFD) as a planning tool

5.2.2 Application of QFD on OHS practices

Seleccionamos un total de 40 variables del primer barómetro, el de 2007, agrupadas en 10 áreas temáticas e hicimos pruebas con el objeto de resumir las respuestas de cada persona en un solo valor, en una sola cifra que la posicionara en una escala que se mueve entre 0 y 100 puntos, donde 100 puntos representaría la postura más abierta y tolerante ante la inmigración extranjera y 0 puntos manifestara el más fuerte rechazo e intolerancia.

Posteriormente, en 2008, completamos el Índice con otras 22 variables, de forma que a partir de ese año trabajamos con 62 variables para el cálculo del Índice de Tolerancia. Si ampliamos el número fue para dotar de más estabilidad y solidez al índice, de manera que no quede al albur de la respuesta a unos pocos ítems y que se base lo más posible en las actitudes ante la inmi- gración, más profundas y estables, y no tanto al estado de la opinión pública sobre ellas, más voluble y cambiante al ritmo de los acontecimientos sociales, económicos, políticos y, sobre todo, mediáticos.

Nuestro conocimiento del fenómeno de la inmigración, en la sociedad vasca y en otros contex- tos poblacionales próximos y extrapolables, nos llevaba a pensar que la puntuación que obten- dría la población vasca, si el Índice medía lo que tenía que medir, debería situarse en posicio- nes intermedias. Quizá entre los 50 y los 60 puntos, lo que significaría que, a grandes rasgos, la población vasca obtendría “un aprobado” con amplio margen de mejora. Estamos hablando de 2007, de un momento en el que la palabra crisis sólo se asociaba al crack del 29 o a la lle- gada de alguien a la cuarentena. Hasta ese momento la inmigración extranjera, fenómeno nove- doso e impactante, había mostrado su mejor cara, sobre todo en sociedades como la vasca, donde las cifras relativas de estos colectivos rondaban el 5% de la población empadronada.

Efectivamente nuestro Índice obtuvo una puntuación de 53,81 puntos y nos pareció que resu- mía perfectamente al conjunto de la población vasca. Además, la distribución de las puntuacio- nes de la población vasca, desde quien obtuvo la menor puntuación hasta quien obtuvo la mayor, se comportó coherentemente con impresiones cualitativas de expertos: la población vasca no presentaba grupos de actitudes y percepciones polarizadas y extremas, sino que la mayor parte se agrupaba en torno al valor de la media y en torno a puntuaciones intermedias. Es decir, que tenemos más cosas en común que diferencias y que las diferencias son más bien de matiz o de intensidad que de adoptar posturas contrapuestas.

En 2008, volvimos a calcular nuestro Índice Tolerancia ante la inmigración y comprobamos que la población vasca había mejorado sus actitudes y percepciones ante la inmigración extranjera, aunque la mejora tampoco fuera excesiva: la cifra obtenida fue de 58,74 puntos. Este avance nos indicó que la población vasca apreciaba los beneficios de la llegada de personas inmigran- tes, aunque fuera a un ritmo (en el caso español) mucho más vivo que el que se había dado en los grandes procesos migratorios de otros países europeos de nuestro entorno.

Todavía, en el momento de hacer el trabajo de campo, en el primer trimestre de 2008, no se podía decir que hubiera ninguna crisis ni que hubiera ningún problema económico. De hecho, ese año, en marzo, se celebraron elecciones generales y sólo los partidos de la oposición empe- zaron a hablar de crisis económica (española y no mundial, más por intereses electorales que por otros motivos) en la campaña electoral. Y no fue hasta celebradas las elecciones cuando el partido triunfante y gobernante empezó a hacer suya la cantinela de la crisis.

En todo caso, las específicas circunstancias económicas e industriales de la economía vasca, permitieron en la primera mitad de 2008 un buen comportamiento de los indicadores macro y microeconómicos y, en consecuencia, un discurso del partido en el gobierno vasco que minimi- zó el efecto de la crisis mundial, europea y española en la sociedad vasca. Este discurso opti- mista imperante se quebró a la vuelta del verano de 2008 cuando los indicadores de la activi- dad comercial, de las exportaciones, de la actividad industrial, del paro, de la seguridad social, del PIB, etc. no dejaron lugar a dudas sobre la magnitud y alcance universal (al menos en las economías occidentales y/o supuestamente avanzadas) de la crisis. Es decir, que el Índice de 2008 reflejó el estado del momento: todavía creíamos que estábamos en la cresta de la ola del crecimiento (la famosa rip curlde los surfistas) y no vislumbrábamos el revolcón y la resaca de semejante ola.

Gráfico 1. Índice de Tolerancia de los Barómetros

Fuente: Elaboración propia 53,81 57,18 56,65 58,74 50 52 54 56 58 60 2007 2008 2009 2010 Índice de Tolerancia

En ese contexto predominaron los beneficios de la llegada de personas inmigrantes a nuestra comunidad, sobre todo económicos (trabajadores para trabajos duros que no se cubrían con la población autóctona) pero también sociales (más personas ayudando a mantener el sistema de pensiones) y afectivos (personas que nos ayudaban a cuidar a nuestros pequeños y mayores y a aumentar su calidad de vida y la nuestra).

Es a partir de 2009, cuando ya es consciente plenamente la sociedad vasca del contexto de cri- sis duradera en el que nos encontramos, cuando apreciamos retrocesos en la actitud y percep- ciones generales de la población vasca ante la inmigración extranjera. Ese año, nuestro Índice se queda en 57,18 puntos. Y en 2010 sigue descendiendo: el año pasado nos quedamos en 56,65 puntos. Hemos perdido más de 2 puntos en dos años, a pesar de que, como ya hemos comentado antes, construimos un índice sólido que evite fluctuaciones ostensibles.

En cualquier caso, a lo largo de estos años hemos comprobado lo sólidas que son las actitudes, percepciones y predisposiciones al comportamiento: a pesar del fuerte contexto de crisis econó- mica, no se ha producido un deterioro importante de nuestras actitudes, percepciones y/o pre- disposiciones a la acción. Y en parte es debido a que la sociedad y sus dirigentes políticos, muy criticables en algunos aspectos, se han comportado con responsabilidad (si exceptuamos algu- na salida de tono de algún outsiderde corto recorrido y caletre) y no han buscado chivos expia- torios y brujas donde no los hay. Ha imperado la calma y la serenidad, y la sociedad vasca ha mostrado en términos generales madurez para no culpabilizar a la población extranjera de situa- ciones en las que, muchas veces, ella sale incluso peor parada (no hay más ver los porcentajes de paro por grupos).