3.3 Advanced sampling methods
4.1.1 Approximate summing
El diseño arquitectónico y urbanístico representa el intento de plasmar la imagen de un medio ambiente ideal o de hacer congruentes un medio ambiente ideal y otro real. Cualquier artefacto que resulte de esta experiencia, puede ser la planificación de una ciudad nueva o una zona peatonal moderna, implica elegir determinadas alternativas. Por consiguiente el diseño involucra decisiones humanas, y la forma específica que resulta de este proceso requiere un proceso de gestión.
Los lugares urbanos pertenecientes a distintos grupos sociales tienen significado, simbolizan e indican una identidad social, por lo tanto no son meros receptáculos de actividad. En arquitectura, como señala A. Rapoport (1978: 15), por ejemplo, esto nos conduce a diferenciar entre una ventana como artefacto de ventilación (en algunas culturas de luz) y como medio de comunicación con la calle y con otros edificios. En el contexto urbano podemos distinguir entre una zona verde como espacio abierto y público o como indicador de un status social; una casa como lugar habitable, o como símbolo de identificación del status social; una calle como espacio de paso o como lugar para vivir.
De tal manera que la dimensión sociológica del espacio depende del hecho de que éste sea objeto de representaciones colectivas particulares susceptibles de variar con las culturas, las clases sociales o incluso los grupos sociales. Por lo demás, está socialmente generado y como tal influye sobre las interacciones sociales. El espacio, según R. Ledrut (1974:13), no es una proyección sino una expresión de la realidad de las relaciones sociales. La disposición del espacio, incluso cuando nos parece anárquico o desordenado, traduce una concepción de la vida en sociedad y por lo tanto de las relaciones sociales. Cargado de significado social, el
espacio se convierte en una dimensión susceptible de ser tomada en consideración en la explicación de los fenómenos sociales.
A través de sus instituciones la sociedad define los espacios asignándoles significados específicos: lugares sagrados, lugares profanos; lugares privados, lugares públicos; lugares de trabajo, lugares de ocio etcétera. Estas consideraciones sobre la disposición del espacio y las prácticas que se desarrollan en ellos revelan que si bien efectivamente los “productores” del espacio y de su disposición, arquitectos y empresarios de la construcción, cada uno con su lógica, estética y funcional para unos, comercial para los otros, determinan los usos del espacio, éste puede ser objeto de una recreación por los habitantes que refleja un sentido de pertenencia y asimismo muestra la manera cómo se apropian del espacio a partir de sus códigos culturales.
En el caso del diseño de los campamentos, éstos son concebidos como espacios cerrados, se trata de garantizar la vigilancia, la mirada del que controla es eficaz cuando abarca un campo limitado. Según Foucault (2009:144) la fábrica “se parece explícitamente a la fortaleza, a una
ciudad cerrada”. La empresa que controla el campamento saca un ventajoso partido del encierro: reúne a los trabajadores en un mismo espacio industrial con el fin de controlar, por un lado mejor su proceso de producción, y por otro someterlos a su propia disciplina. El reagrupamiento geográfico de las viviendas de los trabajadores alrededor del centro de producción responde a una preocupación paternalista, ya no tanto de vigilar en efecto al personal, como de hacer sentir la coacción de una vigilancia permanente sobre éste. Estas consideraciones sociológicas sobre estos espacios cerrados, ponen en evidencia las cuestiones de poder y de autoridad, pero no deben hacernos perder de vista la dimensión simbólica de un territorio destinado a controlar la vida privada de los individuos.
Los campamentos en zonas mineras y petroleras revelan una concepción moderna, en la cual la organización social del espacio configura un intento reflexivo del hombre conducente a dominar las formas espaciales de la existencia colectiva. La actividad colectiva de integración y orden se muestra de manera más consciente y sistemática; es decir, más “racionalizada”. El espacio urbano en los campamentos se define por la segregación de usos, la distribución de los sectores sociales en áreas funcionales y diferenciadas. Por consiguiente se ubica a los
habitantes en áreas específicas, de acuerdo al lugar que ocupan en la jerarquía empresarial, como un indicador de status socio-económico (E. Aranda 1998: 79).
La morfología de estas ciudades-empresa manifiesta componentes que son parte de la “lógica campamental”:
- La construcción de un espacio nuevo, ordenado y regulado.
- La educación de los inmigrantes, a los que se les inculca una disciplina basada en el orden y en el trabajo
- La selección y la promoción del personal, destacando el criterio de eficiencia. Se instala un sistema urbano moderno con una forma específica de organización espacial, a nivel estructural y en relación a la vida cotidiana, de tal manera que los valores dominantes en este espacio social: eficacia y productividad, no han de ser asumidos solamente por la empresa y sus trabajadores, sino por el conjunto de la población residente. Se recrean los códigos culturales propios, desarrollándose formas de sociabilidad que expresan una suerte de adaptación conveniente frente a la influencia cultural que ejercen las empresas extranjeras que controlan los campamentos. Con el fin de comprender el proceso de adaptación de los migrantes (campesinos, artesanos) a la nueva experiencia laboral y urbana en estos lugares, tomaremos en cuenta más adelante cómo ellos redimensionan los elementos de su tradición cultural, lo que los lleva a consentir ciertas reglas de juego impuestas por las compañías para resguardar su permanencia en el trabajo y por lo tanto su residencia en estos centros urbanos. Si bien la experiencia de La Oroya y Talara corresponden a nivel general a otros casos similares de campamentos mineros y petroleros en América Latina, es conveniente precisar que tratamos de explicar cómo una forma particular de organización del espacio urbano por las empresas extranjeras (Cerro de Pasco Cooper Corporation e Internacional Petroleum Company respectivamente) procura implantar condiciones singulares en el modo de vida, mientras se va generando una adecuación al cambio entre la población. Hay que considerar que esta experiencia se desarrolla en el contexto del proyecto de modernización del Perú que se lleva a cabo en la posguerra (después de 1945), en el cual se procede a la aplicación fallida del modelo de desarrollo de industrialización por sustitución de importaciones.
Los elementos ideológico-morfológicos de la estructura urbanística de los campamentos corresponden a la concepción funcionalista del urbanismo que se consolidará después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el modernismo de los CIAM, como hemos señalado anteriormente, hará sentir su influencia en la modernización urbanística de América Latina. La década de 1940 representa, según W. Ludeña (2003: 168) un periodo fundacional para el urbanismo peruano y la instauración de los ideales del Movimiento Moderno en este ámbito, desde el punto de vista institucional, normativo y de formación profesional23
El diseño arquitectónico y urbanístico de los campamentos puede ser considerado una versión local de la influencia de los modelos de análisis y acción del urbanismo de la Carta de Atenas. El sustrato teórico y práctico del Movimiento Moderno (en arquitectura y urbanismo) fue difundido en el Perú, según J.C. Huapaya (2014: 185), bajo la tutela de colectivos como la Agrupación Espacio24, y destacados profesionales como el arquitecto Fernando Belaunde Terry y el urbanista Luis Dorich que contribuyeron a institucionalizar el urbanismo y el planeamiento urbano en el país. El racionalismo modernista y la planificación de la intervención en los proyectos de arquitectura y proyectos urbanos se convierten en el norte programático de estos nuevos reformadores.
Como hemos mencionado, la ordenación del espacio en los campamentos se basó en los principios de estructuración social que inspiraban el urbanismo moderno, lo que Murard y Zylberman (citados por L. Sanz 1981: 28) han denominado:
“Laboratorios para una sociedad disciplinaria las ciudades mineras rompen los lazos con las ciudades de la primera edad industrial y prefiguran el funcionalismo de las
23Para la divulgación de las ideas sobre urbanismo y, posteriormente, sobre planeamiento urbano, fue decisiva la participación del urbanista Luis Dórich Torres, quien regresó al Perú a inicios de 1944, después de concluir un curso de posgrado en el Massachusetts Institute of Technology (MIT). Junto con él y con otros profesionales peruanos, el arquitecto Fernando Belaunde Terry decidió crear, en 1944, el Instituto de Urbanismo del Perú (IUP), institución privada dirigida a graduados en arquitectura e ingeniería civil, pionera en el ramo a nivel nacional y sudamericano (Huapaya , J.C. 2014). Asimismo en 1946 se crea la Oficina Nacional de Planeamiento y Urbanismo y la Corporación Nacional de la Vivienda. Cabe destacar que el urbanista Luis Dorich fue el encargado de dirigir el planeamiento urbano de Talara.
24 La Agrupación Espacio (AE) integrada por arquitectos, artistas e intelectuales, surge tras la publicación de su manifiesto en mayo de 1947: “Expresión de Principios de la Agrupación”. Según López Soria (1997: 23) “Vemos la AE como un semillero de modernidad en cuyos talleres se comienza a preparar parte de las categorías conceptuales, valores, claves ideológicas, actitudes, percepciones, etc. que informan las propuestas modernas en el Perú contemporáneo tanto en términos culturales, artísticos y urbanísticos como políticos e ideológicos”.
ciudades de Le Corbusier (…). Al recorrer sus calles, enseguida se comprende que se está en una ciudad, no de placer, sino de trabajo”.
En la concepción modernizante de las ciudades empresa se propiciaba la segregación social acompañada por la segregación espacial, que tenía como referente la estratificación social dada por la jerarquía existente dentro de las empresas entre ejecutivos, empleados y obreros. En estos lugares se producía, en cierta forma, la unificación del trabajo y de la vida, al prolongarse las determinaciones de la acumulación capitalista en ámbitos de la vida cotidiana, es decir, todo giraba en torno a un principio de organización: la extracción de recursos mineros y petroleros.
De tal manera que se produce una articulación entre lo heredado y lo nuevo. Cada experiencia como el habitar en un determinado lugar y tipo de vivienda, la relación de trabajo, la relación familiar y los hábitos de consumo, entre otras, son componentes que caracterizan el estilo de vida. Estas vivencias son afectadas por determinantes estructurales, entre ellos: procedencias sociales, situación socio-profesional, ideología, biografía etcétera. Nos interesa dilucidar más adelante, los vínculos esenciales que existen en la relación: trabajo-modo de habitar, más vida cotidiana en el contexto de los campamentos concebidos como una morfología urbana modernizante.
Capitulo III
El proyecto urbano moderno de La Oroya, company town minero: 1940-1970