• No results found

3.2 Alternative sampling spaces

3.2.3 Nested sampling of structures

En las capitales latinoamericanas, durante las primeras décadas del siglo XX, la modernización urbanística presenta tres vertientes principales: las reformas sanitarias, las propuestas de renovación urbana y la expansión residencial. Cabe destacar en el europeizado clima de la Bella Época, el debate sanitario como eje central en la formulación de las diversas propuestas de renovación y extensión urbana en las ciudades latinoamericanas (A. Almandoz 2007: 62). Pero la mayoría de los proyectos urbanos eran más cercanos al linaje del “urbanismo académico” representado por la École des Beaux-Arts, y más tarde por el Instituto de Urbanismo de la Universidad de París, se trataba de un academicismo formalista y poco innovador. Si bien, señala Almandoz, había algunas intervenciones inspiradas en el modernismo funcionalista, los planes de renovación permanecieron apegados a la aproximación parcial sobre el tráfico, los espacios verdes o el embellecimiento, sin incorporar dimensiones económicas, sociales o ambientales propias de la planificación técnica.

En el caso nuestro, según F. Muñoz (2002:34), desde finales del siglo XIX y durante el inicio del siglo XX, Lima como sede del poder político y social, se transformó en el espacio de realización de la anhelada modernización, considerando que su desarrollo tendría influencia sobre el resto del país. La ciudad se constituyó en un referente a través del cual se podía mostrar hacia el exterior el grado de progreso que alcanzaba el país. Sin embargo, este proceso de transformación no discurrió sin obstáculos. Simultáneamente la asimilación y el rechazo a los cambios actuaron en la mentalidad de los diferentes sectores de la población. La modificación de las costumbres y del estilo de vida, como consecuencia de las reformas fue un proceso mucho más lento que el esperado por la elite21

21 Como señala F. Muñoz (2002: 46) entre 1860 y 1890, cambiar la imagen de Lima a la altura de las principales ciudades del mundo se convirtió en un elemento central del discurso de la “elite modernizante” y del Estado. Sin embargo, en el caso de Lima, a diferencia de lo que sí ocurrió en Buenos Aires y México, el ejemplo del barón Haussmann no se siguió exactamente, pues las transformaciones que se emprendieron no afectaron la antigua estructura del casco urbano.

En relación a las primeras décadas del siglo XX, la historiografía social y política del Perú considera al gobierno de Augusto B. Leguía (1919-1930) como un hito que marca el fin de la llamada República Aristocrática y el inicio de la modernización capitalista de la sociedad peruana. Sin embargo, como señala W. Ludeña (2002: 53), el tránsito de una etapa a otra no significó un cambio profundo en la esfera de la acción urbanística, en particular acerca de la idea de ciudad, que estuvo a la base tanto del urbanismo oligárquico como del discurso urbanístico de la administración Leguía.

La ciudad muestra en su morfología símbolos de una modernidad capitalista dependiente, y a la vez en la escena urbana se desencadena un proceso caótico de urbanización, que atrae en la segunda década del siglo XX los primeros contingentes de la migración campo-ciudad. A inicios del mencionado siglo se establecen tendencias en la dinámica urbana que no presentan cambios notables en las décadas posteriores, entre ellas destaca la consolidación del centralismo limeño. Durante este período de la historia republicana, se renueva la antigua estructura de Lima que se habían mantenido prácticamente sin alteraciones significativas por más de trescientos años. En este contexto, el desarrollo urbano de la ciudad mantendrá ciertos patrones básicos aproximadamente hasta mediados del siglo XX.

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta mediados de los años 1960, las mayores economías latinoamericanas mostraron relativa prosperidad, caracterizada por un crecimiento industrial por sustitución de importaciones, con una sostenida urbanización que supuestamente ampliaba los mercados de consumo. Las sociedades latinoamericanas en proceso de industrialización eran también consideradas como exponentes de la teoría clásica de modernización en la concepción del desarrollismo económico y la sociología funcionalista. Sin embargo, estas sociedades padecían profundas distorsiones en comparación con exitosas experiencias de modernización en Europa, Norteamérica y otras partes del mundo (P. Hauser, 1967). Entre otros aspectos, la frágil industrialización no había precedido sino más bien seguido a la urbanización latinoamericana, asimismo buena parte del excedente de población improductiva en las ciudades habitaba en barriadas, dependiendo de la economía informal. En la segunda posguerra el término urbanismo es sustituido por los vocablos “planificación” o “planeamiento”, este tránsito epistemológico manifiesta también el desplazamiento de los centros de influencia desde donde era importada la modernidad: de Europa a Estados Unidos.

Desde el enfoque de la planificación se produce una renovación técnica, procedimental e institucional. Las principales influencias foráneas en América Latina de la posguerra transitaron del academicismo al modernismo funcionalista del CIAM, el cual sirvió al objetivo progresista de regímenes latinoamericanos, tanto democráticos como dictatoriales. El legado del CIAM se extendió en diversas capitales latinoamericanas durante los años 1940, a través de la intervención de algunos de sus representantes como consultores o consejeros de los nuevos organismos de planificación (A. Almandoz 2007: 71).

Related documents