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5.4 A System for Quality Flaw Detection

5.4.1 System Architecture

Resulta substancial tener en cuenta que existen espectáculos creados a partir de un lenguaje estético críptico, donde lo que se muestra arriba del escenario resulta incomprensible o de difícil recepción para espectadores que no están acostumbrados a asistir al teatro.

87 Existen obras teatrales que poseen lenguajes tan específicos y técnicos que pueden generar una sensación de mediocridad a espectadores que desconocen esos términos y conceptos. Esto puede generar en muchas personas una sensación de frustración por no haber entendido la obra y sentir que el lenguaje no iba dirigido hacia ellos como espectadores. En este sentido, Rodríguez afirma que no cree que los directores o artistas deban utilizar un lenguaje más o menos críptico:

Lo que cambia en todo caso es la recepción de determinada obra en un teatro de Palermo que en una sala barrial del conurbano o un teatro para 500 personas en calle Corrientes, o en la plaza de la esquina. Pero creo que uno no debe modificar la obra, o el lenguaje, uno debe confiar en su creación y dejar que lo que se modifique sea el contexto. (Rodriguez, 2010, p.20).

En este caso, el autor propone que lo que se modifica son las condiciones de recepción de los diferentes espectadores. De todas formas, resulta interesante analizar que no todas las personas poseen acceso a determinados tipos de formación y educación que permiten comprender ciertos lenguajes y conceptos. Más allá de que los equipos creativos quieran mantenerse fieles a su creación original, resulta inevitable tener en cuenta que hay personas que no poseen las mismas capacidades intelectuales que otras.

Gómez, reconocido director y dramaturgo teatral, sostiene que la consideración sobre la complejidad o el nivel críptico de un lenguaje es un asunto relativo porque es algo que está construido sobre dos polos: los procedimientos implícitos en una obra de arte, por una parte, y el nivel de competencia del espectador por otra. Para Gómez, nada sería tan críptico o complejo en una obra de arte y ninguna sería completamente simple o transparente, ya que existen lenguajes más aceptados, difundidos y por eso tomados como más accesibles y naturales. (Gomez, 2010).

Para el autor, es importante determinar qué lenguaje es considerado natural o accesible para los espectadores de la actualidad. Esto a su vez está conformado por una gran cantidad de variables a tener en cuenta:

88 Por supuesto, existen desarrollos estéticos muy sesudos que requieren gran trabajo de decodificación por parte del observador. Pero creo que cuando se habla de un teatro “críptico” o “intelectual” se lo refiere generalmente a producciones que podrían ser perfectamente asimiladas y disfrutadas por un público más amplio si no fuera por la nivelación hacia abajo que producen, en términos de procedimientos, los lenguajes masivos de los medios de comunicación. (Gomez, 2010, p.22).

En este caso, el autor asevera que existe un lenguaje nivelado hacia abajo que producen, por ejemplo, la televisión y otros medios de comunicación masivos. Es importante tener en cuenta que esos productos que son consumidos en grandes cantidades por espectadores de todo el país, marcan un estilo y manejo del lenguaje que es inevitable.

Esto en su parte tiene que ver con que si la cultura dominante en términos de construcción estética está monopolizada por las telenovelas de la tarde y sus relatos, marcan un estándar de lectura y construcción de relato para un espectador medio. Todo lo que proponga algo diferente será visto, quizás, como raro o intelectual.

En este caso, la construcción del lenguaje depende en gran medida de los contenidos que las personas consumen en su día a día y de los enunciados que van adoptando como propios. El teatro no es considerado un medio masivo de comunicación y en este sentido no posee competencia probable con la televisión, que marca un estilo y una estética léxica importante.

En este punto es importante resaltar que el teatro en sí mismo es constructor de sentido y, al igual que la televisión, puede generar diferentes lenguajes y estéticas pensadas, o no, para una posterior recepción de los espectadores.

Por otro lugar, también es necesario destacar que en reiteradas ocasiones aparece una estética común en determinados teatros o grupos de artistas que se repiten y los espectadores empiezan a reconocer este tipo de cánones:

No me gusta cuando voy al Teatro San Martín y muchas veces- no siempre- siento que se hizo una obra para el público del San Martín. Quiero decir, con vestuario del San Martín, escenografía del San Martín, etc. Creo que en esos casos se trabaja desde una idea de lo que supuestamente esa sala es o ese público es, y se deja de serle fiel al lenguaje

89 particular de cada creador. Supongo que habría que dejar librado al azar la recepción de ese otro público que ocupa ese otro espacio. (Rodríguez, 2010.p.20)

En este sentido, es importante tener en cuenta que existen ciertas estéticas en espacios teatrales que se repiten en la construcción de las diferentes creaciones. Esto puede generar una idea de que cierto teatro posee un lenguaje o una estética determinada y a su vez, un público específico. El autor propone que se debería liberar la recepción del público para que no se lo condicione como tal. Es importante que no se restrinja una creación artística a un determinado espacio escénico o a un común espectador.

Es trascendental no condicionar al espectador por sus capacidades de interpretación, ya sean de nivel léxico, intelectual o estético ya que cada obra poseerá su propia construcción de sentido.

Las obras teatrales pueden ser percibidas mediante diferentes lenguajes e interpretaciones y eso hace que el teatro posea una gran riqueza a nivel explicativo. Cada respuesta y percepción de un espectador puede ayudar a construir distintas sensibilidades y pensamientos sobre un espectáculo y a que sus creadores puedan obtener diferentes puntos de vista de una misma creación artística.

Como afirma Daulte, el teatro no debería ser para unos pocos, ni podría ser para todos. Debería ser para cualquiera. (Daulte, 2010).