METHDOLOGY 2: STANDING STILL, BUT NOT STANDING STILL
4.2 The Arrival
La acumulación de capital generada por la transformación de las actividades económicas realizadas por los judíos fue el puente que les dio paso al ascenso social y la conformación de los
escenarios necesarios para la consolidación de las prácticas judías en el terreno de la vida comunitaria privada en el seno de la sociedad bogotana.
A la par de su crecimiento económico, la comunidad judía iba migrando hacia lugares más prósperos en el centro de la ciudad y tejiendo relaciones sociales de interés con las clases sociales medias y alta que los iban llevando por el camino de la conquista de su reconocimiento como minoría religiosa; en este caminar se fueron haciendo visibles los referentes identitarios que durante mucho tiempo tuvieron que esconder por miedo a la estigmatización y la
discriminación en una sociedad absolutamente católica.
Las actividades económicas realizadas por los judíos permiten reconocer los diferentes momentos de su paso por la ciudad, su crecimiento comunitario, su ascenso social y la consolidación de sus referentes identitarios a partir de la visibilización de sus ritos.
A su llegada a Bogotá en los años veinte lo primero que hacen los judíos es comerciar con productos importados, telas y paños en general; lo hicieron puerta a puerta, golpeando en las casas y ofreciendo sus productos; la diferencia con cualquier vendedor de la época era que lo hacían a crédito, cosa que resultó ser una novedad extraordinaria.
Los caplers (término en idish que significa golpear), como se decían entre ellos durante su rutina diaria, recogerían mercancía con la cual se irían en busca del cliente a proponerle el novedoso sistema de comprar sin plata en mano. (Torres, 1993, p.42)
Con ello lograron que las clases medias y bajas pudieran acceder a productos que antes ni se hubieran imaginado pues la modalidad del crédito les facilitaba obtener la mercancía de forma inmediata sin tener que ahorrar años para ello.
Así entonces, los judíos:
Inventaron el crédito a personas que siempre se juzgaron insolventes, tal vez porque lo eran. Después de colocar los artículos, establecían una tabla mínima de pagos semanales, cincuenta centavos, un peso, y volvían cada domingo (jamás el sábado sagrado, a pesar de ser día de pagos) a recaudar su crédito de confianza a esos millares de personas humildes, artesanos, empleados domésticos, obreros no calificados, por todos los barrios pobres. Y no sólo en ellos
sino buscando en la capa más pobre de la burguesía su clientela. Y vistiéndola, y cambiando poco a poco la faz de una nación de campesinos en algo mejor, menos pintoresco, más uniforme, pero también más igualitario. (Bibliowicz, 2001, p.14)
Lo anterior muestra la primera relación social de interés que establecieron, en este caso, con las clases bajas; en ese entonces vivían en el barrio Las Nieves, junto a las clases de menores recursos económicos a las que frecuentaban para hacer negocios; eran conocidos como los “polacos” y no propiamente como judíos, pues de haber sido reconocidos como tal hubieran sido discriminados en una sociedad tan católica, razón por la cual debieron vivir sus costumbres en privado, en los inquilinatos y restaurantes que les servían como lugares de reunión para ese entonces.
Los judíos no se quedaron siendo caplers, pues, como lo expresa Simon Guberek, no era esa su intención:
La vida transcurría tranquila, pero monótona. Caminar, vender; golpear a las puertas y recibir centavos; ofrecer mercancías y extender recibos poner al día la libreta de apuntes y borrar uno que otro deudor irredento algo pesado y sin horizontes mayores. (Guberek, 1982, p.102) Por la vía del crédito hicieron que el comercio empezara a crecer en la ciudad: “el oficio de vendedor ambulante había quedado atrás y ahora su mundo era “acicateado” por el ansia febril de prosperar”. (Torres, 1993, p.44). Fue así como comenzaron su proceso de acumulación de capital y ascenso social.
Para los años treinta, cuando se había consolidado el proceso del crédito, los judíos colonizaron la carrera séptima para “montar” sus negocios, locales donde comerciaban telas importadas y electrodomésticos también traídos de Europa. En ese entonces vivían en los barrios Santa Bárbara y Las cruces y empezaron su camino hacia el centro de la ciudad; algunos
empezaron a ubicarse en el barrio Santa Fe y su vida comunitaria comenzó a tomar forma con la fundación de Centro Israelita de Bogotá (CIB), que aunque no tiene una sede física para ese momento, sí mantiene unidos a los judíos en torno a la preservación de sus ritos y costumbres.
La década de los cuarenta significó el florecimiento de la vida judía en Bogotá; la inversión en el sector inmobiliario fue una estrategia de acumulación de capital y actividad económica ejercida por el grueso de la comunidad judía askenazi reunida en torno a una visión de progreso de carácter comunitario, pues:
La inversión en inmuebles fue una estrategia privilegiada de estos inmigrantes para reconstruir su vida individual y comunitaria en la ciudad, al tiempo que los convirtió en actores destacados de su desarrollo urbano. (Martínez, 2010, p.383).
La dinámica era un tanto sencilla: los judíos invertían en la compra de lotes, los cuales
vendían más tarde a un precio 4 ó 5 veces mayor cuando incrementaban su valorización; también construyeron algunas casas y edificios de apartamentos, pero la operación inmobiliaria que más se realizó hacia los años cuarenta en el barrio Santa Fe fue la compra y venta de lotes.
Así entonces:
La Urbanización Santafé de Ospinas & Cía., fue tal vez el primero de este grupo de nuevos barrios en conformarse y por su cercanía al centro, sabemos ahora que fue también el primero de la ciudad que vio florecer con intensidad la vida judía, por lo menos durante las décadas de 1940 y 1950. (Martínez, 2010, p.p. 382 y 383).
Fue allí donde se consolidó esta estrategia económica usada por la comunidad judía para acumular capital, ascender socialmente y fortalecer su vida en comunidad
El barrio Santa Fe fue el puente que dio paso a la consolidación de la vida comunitaria y los referentes identitarios de la comunidad judía; allí se encontró el germen de los elementos que fortalecieron el crecimiento de la comunidad judía askenazi en Bogotá, el CIB, la reunión de las familias en un mismo espacio cercano a la primera sinagoga que fue construida allí, y el inicio de una vida judía en Bogotá; atrás fue quedando el calificativo de “polacos”, y sus ritos y
costumbres se fueron haciendo visibles ante la comunidad receptora.
Entre las décadas de 1950 y 1970, por medio de la transformación del negocio inmobiliario, el barrio Armenia fue el lugar donde se consolidaron los espacios y las condiciones para el
askenazi en Bogotá; los judíos invirtieron su capital en la compra de lotes sobre los que construyeron edificios de apartamentos para vender o arrendar; esta actividad económica les permitió, además de acumular capital, colonizar el espacio pues construían el edificio para vivir en uno de sus apartamentos y vivir cerca del CIB, que tuvo su sede en el barrio Armenia y funcionó como lugar para eventos, sociales, culturales y religiosos; es decir, albergó la vida comunitaria de los judíos por varios años.
En el barrio Armenia se hicieron visibles del todo los referentes identitarios de los askenazis, que lograron consolidar maneras propias de habitar el espacio, un espacio que hicieron suyo a partir de las relaciones sociales de intereses que tejieron con la clase media de aquella época; una clase social emergente de carácter más moderno y liberal.