La segunda parte del Proyecto está dedicada al esclarecimiento de la histeria con base en dos ele- mentos. El primero es, como ya vimos, la formación del símbolo; el segundo es la instauración de la
proton pseudos como el mecanismo del que depende el enlace falso, del que a su vez depende la formación del símbolo histérico. Esta noción proviene de la lógica clásica. Su origen se remonta al libro II de los Analíticos primeros de Aristóteles (2007), donde es señalada como una importante fuente de error en el razonamiento lógico. (p.471). Freud retoma esta noción de la lógica para expli- car la formación de enlaces falsos en la deformación del juicio que tiene lugar en la histeria.
La manera en que Freud ilustra esto es mediante el ejemplo de una paciente a la que llama Emma. Esta joven mujer presenta una reticencia compulsiva a entrar sola en cualquier negocio. Cosa que ella misma juzga (conscientemente) absurda. Esto la lleva a recordar una escena vivida a los doce años que, en apariencia, es totalmente inadecuada para despertar dicho afecto. La escena en cuestión es la siguiente: ella entra a una tienda que es atendida por dos sujetos. Ellos ríen y ella siente un terror extremo, a lo que se añade la idea de que su risa es motivada por sus vestidos. Otra idea que surge durante la exploración inicial del evento es que uno de los empleados le parece atrac- tivo sexualmente. Con todo, antes del análisis nada de esto permite explicar el estallido de afecto.
Antes que nada, conviene recordar que sólo un fenómeno anímico como este, que perma- nezca refractario a ser explicado mediante encadenamientos conscientes, hace necesaria la hipótesis de lo inconsciente. Pero la pura postulación de lo inconsciente no sirve de nada si los eslabones au- sentes no logran ser recobrados o inferidos. Observaremos el análisis de este caso como un ejemplo de la comprobación empírica de actos anímicos inconscientes. Con ello se entenderá de que manera Freud se sirve de un juicio analítico formal en el abordaje del fenómeno por explicar.
Como es bien sabido, Freud pedía a sus pacientes, ya desde los tiempos de Estudios sobre la histeria, que permitieran al curso de sus pensamientos librarse a las primeras asociaciones emergen- tes, sin selección ni censura por parte del sujeto. Esto conlleva la posibilidad de superar artificial- mente el estado de la defensa para permitir la floración de los pensamientos latentes. Por supuesto, esto implica entrever un decurso más allá de la consciencia, que de ser cierto, puede demostrarse una vez sacado a la luz del recuerdo. Por ahora esto limita el problema de lo inconsciente al puro ámbito de lo reprimido pero susceptible de consciencia. Sólo más adelante podrá Freud extender este concepto hasta deducir por medio del mismo otros actos anímicos inconscientes. Por ahora li- mitémonos a esta primera comprobación.
Emma entra en el juego del análisis, y en el proceso de sus asociaciones recupera una escena que explica la conexión entre risa y el vestido mediante un enlace falso. Emma recupera del olvido una escena más antigua en que, siendo aun una niña, entró en una pastelería, y donde el pastelero que la atendía pellizcó sus genitales a través de su vestido. también recuerda que este acto fue acompañando por una fuerte risotada. Freud señala que, no obstante la primera experiencia, regresó al lugar del incidente. Al recordarlo, se reprocha a sí misma el haber podido provocar nuevamente el incidente. Recodemos que después de superar la represión el sujeto suele alcanzar el juicio ad- verso, tal como ocurre en este caso. (Freud, 2004o, pp. 339-403).
El proceso se puede reconstruir como sigue: En la tienda los dos empleados ríen, esta risa evoca (inconsciente- mente) el recuerdo del pastelero. La situación presenta otra semejanza: de nuevo está sola en un negocio. Junto con el pastelero es recordado el pellizco a través del vestido, pero ella entretanto se ha vuelto púber. El recuerdo despierta (cosa que en aquél momento era incapaz de hacer) un 8 desprendimiento sexual que se traspone en an- gustia. Con esta angustia tiene miedo de que los empleados pudieran repetir el atentado, y se escapa (…). Que el desprendimiento sexual también llegó al devenir-consciente, lo prueba esta idea de otro modo incompren- sible: el empleado riente le ha gustado. La conclusión de no permanecer sola en la tienda a causa del peligro de atentado se formó de manera enteramente correcta, con miramiento por todos los fragmentos del proceso asocia- tivo. Empero, del proceso no ha llegado a la conciencia nada más que el fragmento “vestidos”; y el pensar que trabaja con consciencia ha plasmado dos enlaces falsos con el material preexistente (empleados, risa, vestidos, sensación sexual): que se le ríen a causa de sus vestidos, y que uno de los empleados ha excitado su gusto sexual. (Freud, 2004o, pp. 401-402).
Ahora hemos comprobamos que un fenómeno del juicio se encuentra desde el estado de la plena represión, como en la base de todo el proceso posterior. Pero este juicio no es un asunto del razo- namiento consciente, sino una afirmación del sujeto anterior a la posición reflexiva del yo. Claro, hay en ello un yo que inviste objetos, de donde surge el intento por encubrir la pulsión. El problema
Freud aún no ha llegado a la consideración de la sexualidad infantil que más tarde expondráen sus famosos Tres ensa
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es complejo y nos lleva a preguntar por la diversidad de formas que la clínica nos enseña a recono- cer en la vida del sujeto.