• No results found

Estrategias en psicoterapia gestáltica de la obra de Marta Atienza

Introducción a la psicoterapia de grupos

La técnica guestáltica, se caracteriza por lograr un contacto directo y rápido con el inconsciente. Es la que brinda al paciente la más clara sensación de que es él mismo el autor de sus cambios, permite percibir al terapeuta como un buen acompañante.

La mayoría de los trabajos consisten en un dialogo que el paciente mantiene entre dos o más símbolos de su mundo interno, a los que usa momentáneamente como interlocutores. Uno de ellos puede ser el mismo paciente. Hay dos momentos que se repiten en forma alternada. Uno, cuando el paciente habla con su símbolo, y otro, cuando se convierte en su símbolo para dialogar desde allí consigo mismo.

Los diálogos que se desarrollan pueden ser de temática muy variada (exigencias, resentimientos, reflexiones sobre el sentido de la vida, etc.). La terapeuta pone énfasis en los hallazgos que “hace el paciente”, fortalece su autoestima, creatividad y autosoporte.

Dinámica de grupos

En el grupo terapéutico la disminución de la enajenación que presenta cada paciente se produce a través del contacto que logra cada uno con sus conflictos irresueltos. Esto es favorecido por el efecto detonante y madurativo que el trabajo de unos tiene sobre los otros, y el trabajo personal de cada uno dentro del grupo.

En el grupo convergen tres tipos de dinámicas: Dinámica de las transformaciones individuales

En esta toda persona se modifica gracias a todo el complejo grupal. Esto significa que todo lo que pasa a unos y otros en el grupo se ensambla y conecta como un rompecabezas. En el contexto grupal cada uno determina el camino que elige para modificarse y el estilo de transformación. La dinámica de las transformaciones individuales es producto del ensamblaje de procesos mentales, afectivos y ensayos que hace cada paciente para lograr cambios duraderos

Dinámica básica

Se compone de todas las experiencias grupales que fueron transcurriendo sesión tras sesión: a través de estas experiencias se arma la trama invisible del inconsciente grupal. Se manifiesta como el clima grupal resultante de la historia y memoria grupal, de las ideas y afectos que se expresan y de la manera en que se emiten.

Dinámica de sesión

Lo importante en dinámica de sesión es darse cuenta de cuáles son los temas que están motorizando la sesión, cual es el punto que enlaza todo.

El grupo internalizado se compone de los recuerdos de lo compartido, los procesos que cada uno viene siguiendo dentro y fuera del grupo, la persona física de los compañeros, sus historias, sus emociones. Así mismo, la terapeuta también tiene internalizado al grupo.

En el caldeamiento se pasa desde el afuera, o sea lo personal e individual, al adentro comprometido con el grupo y con la relación interpersonal que allí se da.

Sobre la terapeuta recaen en sesión tres tipos de inquietudes: una es llevar a buen término el trabajo individual que se está realizando en ese momento. Otra es la necesidad de la resolución total y el cierre de la sesión, y la tercera es la evolución del grupo. Las dos primeras inquietudes se resuelven al final de la sesión y la tercera, recién al final del grupo.

Dinámica de las transformaciones individuales

Consiste en el ensamblaje de procesos mentales y ensayos que hace cada paciente para alcanzar cambios duraderos.

El proceso de proyección-introyección, que cada paciente experimenta con sus compañeros y con el grupo como totalidad permite a cada uno recuperar aquella parte de sí mismo que había proyectado en los otros.

El grupo introyectado sigue trabajando en el mundo interno de sus miembros durante y después de las horas de sesión. Los pacientes pueden dejar volar la imaginación hasta llegar a la idea omnipotente de que el grupo lo puede todo. Fuera de sesión aparecen en la mente de los pacientes recuerdos e imágenes fantaseadas de los compañeros como figuras simbólicas de los roles que les hayan depositado.

En rápidas y sucesivas secuencias, cada paciente pasa de confundirse e identificarse con el que está trabajando, a discriminarse de él. Dentro del mundo interno de los pacientes hay una relación entre el yo y el tú, referido al que está trabajando y a lo proyectado en él. Un fenómeno curioso es que algunos integrantes del grupo “se quedan dormidos durante el tiempo exacto que dura el trabajo que no pueden tolerar o resolver.

Juntos, los pacientes comparten lo que son capaces de ser. Cada uno tiene sensaciones de pertenencia. Los puntos de contacto con los otros generan el nosotros, la identidad grupal. Es necesario que cada uno sienta que su aporte hace la identidad grupal. Es en ella donde se abonan los cambios de la identidad individual.

Dinámica básica del grupo

Mecanismos que operan en la dinámica básica del grupo terapéutico El grupo que atraviesa un período de desorganización

Este momento ocurre al comienzo de un grupo nuevo. Los pacientes suelen hablar en forma general y sin dirigirse, directamente, a sus compañeros. Cada miembro se preocupa por la imagen que los otros se van a formar de él. El intercambio es social y superficial. El objetivo del terapeuta es ayudar a los pacientes a vencer las barreras previas, y lo alcanza mediante trabajos o ejercicios que favorezcan el autoconocimento y el conocimiento de los otros. La terapeuta facilita la tarea para que se produzca la apertura a lo grupal.

El grupo que atraviesa un período voraz dependiente

En estos momentos el mayor vínculo entre ellos es de competencia dependiente; se pelean por la atención del terapeuta; los separan celos y envidias. La intervención más importante del terapeuta consiste en poner límite a la voracidad y egoísmo, y fomentar el compañerismo.

El grupo que atraviesa un período de condenación

Los miembros del grupo se juzgan y se dan buenos consejos entre ellos; de esta manera hacen sentir inadecuado y equivocado a aquel compañero que se atreve a confiar sus problemas. El objetivo de la terapeuta es que los pacientes se liberen de sus juicios para acompañar realmente a quien plantea un problema, pidiendo que registren lo que sienten al escuchar lo que dice el que está trabajando.

El grupo que atraviesa un período intelectualizador

Predominan en este periodo defensas obsesivas, histéricas y esquizoides. Los pacientes disfrutan de juegos verbales; hablan de los sentimientos y se deleitan con su comprensión intelectual, pero evitan los afectos. Se manifiesta claramente en sesión la competencia y la envidia entre los participantes. El objetivo que la terapeuta se plantea respecto de la dinámica básica grupal es que los pacientes logren incluir en la sesión los afectos como sensación, además de palabra.

El grupo que atraviesa un período expansivo

Los pacientes se interesan por sus compañeros, expresan sus afectos, comparan sus historias, compiten, están atentos, creativos, ingeniosos. La terapeuta se plantea como objetivo respecto de la dinámica básica que los pacientes tomen conciencia de sus problemas y asuman su responsabilidad.

El grupo que atraviesa un período elaborativo

El compromiso de los pacientes con el trabajo es muy bueno; están atentos, interesados y creativos; hay poca envidia y mucho compañerismo. Este es el período en que se produce el mayor número de cambios duraderos y auténticos. La identidad grupal es muy fuerte y no exige especial atención de la terapeuta; esta se puede dedicar casi todo el tiempo a los problemas individuales. El terapeuta tiene un doble objetivo de la dinámica básica que el grupo atraviesa. Uno de estos es hacer funcionar al grupo lo más eficazmente posible dentro del período que está pasando, y otro es llevarlo hacia un período elaborativo.

Dinámica de sesión

Mecanismos que operan en la dinámica de sesión

Lo importante es darse cuenta cuáles son los temas que están motorizando toda la sesión, cuál es el punto que enlaza todo. El terapeuta ayuda al grupo a conectar la temática de la persona elegida con el tema de cada uno.

Cuando comienza la sesión, todos los estímulos inciden en la terapeuta; le despiertan distintos niveles de interés, pensamientos, afectos, que la van preparando para encarar la tarea. La terapeuta hace la lectura global del material, de la dinámica básica y de las necesidades y urgencias del grupo, orienta la sesión.

Durante los trabajos grupales, la terapeuta por momentos se mantiene afuera, observando y organizando. En otros momentos, se inserta en el mundo interno de los pacientes, acompañándolos en su ordenamiento y cambio.

A la hora de los trabajos individuales, la terapeuta acompaña al paciente para que pueda definir, delimitar y resolver su problema. En ese momento, el resto del grupo y la situación grupal pasan al fondo. Cuando termina el trabajo individual, la terapeuta observa, nuevamente, al grupo para detectar la situación grupal y decidir el paso que sigue.

Al finalizar un trabajo individual se pide al grupo que dé sus impresiones acerca del trabajo realizado. En la mayoría de los casos, esos comentarios son más útiles para el resto del grupo que para quien realizó el trabajo.

La terapeuta esta en esta etapa trabajando con todo el grupo para detectar la posibilidad o necesidad de continuar la sesión a partir del material proyectado en estas intervenciones. Nuevamente, ella evalúa todas las dinámicas antes de decidir si ha de continuar con un trabajo grupal o con un trabajo individual, o si es necesario atender ambas demandas.

La terapeuta y los trabajos individuales

Desde la terapeuta, varios elementos son fundamentales para que el trabajo sea efectivo:

El lenguaje, las directivas, el tono de voz y acompañamiento emocional al paciente que está trabajando. Con estos elementos la terapeuta puede ayudar al paciente a contactar con sus símbolos, sentimientos y pensamientos que lo llevan al procesamiento que finaliza en el insight. El paciente debe entregarse a ser sus símbolos y hacer el diálogo entre los distintos personajes que imagina ser.

La terapeuta debe de estar atenta a las alteraciones corporales que produce el sistema nervioso autónomo del paciente. Debe incluir esas sensaciones en el trabajo y sugerir al paciente que se entregue a ser el síntoma, hablar desde él y con él. Es muy importante evaluar las situaciones de la vida real que el paciente está atravesando para saber a qué atenerse, según se desarrolla el trabajo.

Aunque la terapeuta conozca mucho al paciente, su selección del símbolo para que el paciente trabaje está relacionada con su propia fantasía y curiosidad acerca del mundo interno del paciente. La terapeuta usa su experiencia subjetiva para guiar al paciente, esta muestra, paso a paso, los contenidos de sus símbolos y así reorienta a la terapeuta sobre lo que le está pasando.

A veces, durante el trabajo, la terapeuta llevada por la necesidad de saber lo que está pasando pregunta: ¿Qué sientes ahora? Es conveniente que agregue: Cuéntale lo que sientes al personaje con el que hablas. La terapeuta debe proponer volver a la conversación con sus personajes, cada vez que esta se interrumpa, a través de un diálogo con él.

El paciente y los trabajos individuales

En el transcurso del trabajo guestáltico, el paciente se entrega cada vez con mayor soltura a la sensación de ser sus símbolos; de esta manera permite al inconsciente emerger y manifestarse. Se observa cómo el paciente alcanza el insight. Para lograrlo, se sumerge en el inconsciente libre de las barreras y control de la parte consciente de la mente; o bien, la parte consciente e inconsciente de la mente trabajan juntas y en una misma dirección. Se modifican símbolos interrelacionados y se crean nuevos símbolos. El paciente produce un cambio en su actitud frente al conflicto para poder resolverlo.

Con las pesadillas repetitivas ocurre que si son trabajadas con técnica guestáltica y el trabajo es resolutivo, se producen cambios en los símbolos y las pesadillas no vuelven a repetirse.

En el trabajo con cartas, (Trabajos con símbolos a partir de lo proyectado en una carta española. La terapeuta coloca sobre la alfombra un mazo de cartas. Las

desparrama y le pide a cada miembro del grupo que elija lo que más le gusta. Una misma carta puede ser elegida por más de un paciente para trabajar), se puede observar cómo toma contacto con distintas áreas de su identidad. Para ello respeta el procesamiento natural de su organismo, crea símbolos y se entrega a ser ellos. La paciente hace un contacto vivencial con los nuevos símbolos creados, a consecuencia de lo cual se siente más energizada, y al final llega a un estado de éxtasis y alivio.

En los trabajos guestálticos, cuando los pacientes se contacten con una sensación de fuerza desde un rol dado, al cambiar de rol, generalmente la sensación de fuerza se mantiene y el segundo rol cambia sus características.

Aquí trabajamos con los opuestos, “denominación” (armero) - “sumisión” (mostrador). El rol que representa la fuerza es siempre externalizado. El paciente se identifica en forma fija con el rol de sometido, impidiéndole esto último pasar la fuerza de un rol a otro.

Los símbolos en la neurosis

Cuando un paciente comienza a trabajar con sus símbolos, su mente transita fluidamente entre el ámbito real y el imaginario.

Durante los trabajos guestálticos hay una participación simultánea de las partes consciente e inconsciente de la mente.

Pero la participación de la parte consciente va decreciendo, al tiempo que el inconsciente se expresa progresivamente, pudiendo llegar a manifestarse en forma totalmente autónoma.

El paciente profundiza en forma progresiva en el trabajo porque, apoyado en sus símbolos, se compromete cada vez más con lo que está vivenciando. Es así como de una manera suave y gradual pasa de imaginar a alucinar sus símbolos.

En otras palabras, pasa de representarlos y sentir a medias que él es sus símbolos, a sentirse siendo completamente sus símbolos. En este momento de trabajo directo con el inconsciente cuando se dan más fluidamente los cambios en los símbolos representados y se crean nuevos símbolos.

Durante el trabajo con sus símbolos, el paciente también sufre alteraciones del sistema nervioso autónomo, que se expresan como reacciones vasomotoras. Puede tener una mano caliente y la otra fría, o tener la piel de la mitad del cuerpo caliente y la otra mitad fría. También pueden ocurrir alteraciones del ritmo cardiaco, palidez, sudoración, manchas en la piel, náuseas, vómito y vértigo.

Es muy común que no coincida la duración real de la experiencia con el tiempo que el paciente cree que pasó. Por ejemplo puede creer que su trabajo duró

apenas media hora cuando en realidad llevó tres. La orientación espacial también cambia: no coincide el espacio alucinado con el real. El paciente puede estar convencido de que caminó largo tiempo cuando en realidad solo recorrió tres metros de la habitación.

Al finalizar el trabajo y abrir los ojos, el paciente se reorienta en el tiempo y el espacio y se reconecta con la realidad del consultorio. Puede olvidar total o parcialmente lo experimentado de una manera similar al fenómeno de olvido que ocurre con los sueños.

Mecanismos de reactivación de símbolos infantiles.

Muchas veces los pacientes sostienen que ellos no determinan lo que les pasa; que las cosas simplemente les ocurren, más en realidad, en la gran mayoría de los casos ellos provocan activamente su circunstancia. Es importante que tomen conciencia de ello. También es importante que se den cuenta de lo qué estaban sintiendo y pensando antes de provocar la situación y del momento en que la generan.

Los símbolos y la identidad.

Las características de la personalidad de cada ser humano están determinadas en parte por el grupo de conceptos y significados con los cuales se identifica. Estos significados grafican en el mundo interno con símbolos. A través de ellos se puede tomar contacto con los significados de la identidad.

Dentro de las necesidades psíquicas del ser humano está la de preservar y reasegurar su identidad. Muchas veces el ser humano logra este objetivo, activando los símbolos de que dispone para identificarse.

Por ejemplo, si para un paciente la violencia es un elemento importante de su identidad, buscará aquellas circunstancias que le despierten sentimientos de violencia. Buscará esos detonantes en su memoria, en su imaginación y en la realidad.

Para que un paciente abandone la necesidad de repetir su simbología dramática, es necesario hacer cambios en los símbolos del mundo interno implicados en esa actividad.

A medida que se trabaja con los símbolos se hace la lectura de sus significados y, muchas veces, se reconocen las circunstancias en que éstos se imprimieron.

Para alguien que nació durante la Segunda Guerra Mundial, la angustia puede ser un componente importante de su identidad. Dicha angustia introyectada es representada por símbolos.

La presencia de la angustia como sensación fuerte le indica que ‘no ha dejado de ser”, aliviando así el temor a la desaparición física.

Para algunas personas que descienden de familias perseguidas durante la guerra, la ambivalencia, la muerte, la culpa y el sentimiento de minusvalía forman parte de su identidad. Estos sentimientos se grafican en el mundo interno con símbolos.

Como se puede observar en los dos trabajos de sueño de Ana que se desarrollan a continuación, la paciente trata de modificar estas identificaciones. Los momentos de cambio coinciden con la aparición de manchas pasajeras en su piel, erupciones, picazones en la cabeza, el cuello y sobre todo en las manos. Estos síntomas desaparecen cuando ella consigue rescatar y valorar sus más profundos sentimientos. Los deja crecer y abandona los roles de quejosa y víctima.

Comentario general del primer trabajo con un sueño de Ana.

Ana trata de abandonar su identificación con la muerte. Relaciona esta identificación con ideas que le inculcaron sus padres y su colectividad. Ella trata de crear una identidad nueva que le permita sentir que está viva. Para lograrlo crea nuevos símbolos. Cuando el trabajo del sueño está cerca del final, ella no puede zafarse de cumplir el mandato —“NO OLVIDARAS”- y siente nuevamente culpa. Con la culpa sabotea la recuperación de los otros sentimientos —amor, alegría, rabia, calentura- transformándose en una máquina de pensar.

Repetición parcial de significados en los símbolos de un mismo sueño.

La detallada investigación de diferentes símbolos que aparecen en los sueños permite ver como ellos repiten significados básicos de la identidad y como cada símbolo aporta un aspecto de ella. Distintos grupos de símbolos expresan diferentes facetas del mismo conflicto. Por esta razón, no es importante a partir de qué símbolos se comienza a trabajar un sueño; el mismo problema emergerá desde cualquiera de los elementos componentes del mismo. Por ejemplo, en el sueño de Nicolás aparecen los símbolos paraguas negro para representar “masculino”, paraguas verde para representar “femenino”, y paraguas rayados para representar “integración”.

El mismo conflicto está representado en los broches del paraguas. El broche macho significa “masculino”, el broche hembra significa “femenino” y los dos juntos abrochados significan “integración”.

Comentario del trabajo del sueño de Nicolás.

Nicolás tiene conflictos con su identidad, porque en su mundo interno existen