Estadios iniciales en el desarrollo grupal
Este capítulo y el siguiente tratan de ser un mapa de carreteras a lo largo de los estadios del progreso grupal. Se basa en mi propia experiencia y en los textos de otros autores y describe los factores fundamentales que caracterizan el desarrollo de un grupo.
Los estadios descritos en este capítulo no responden a las fases discretas y fácilmente diferenciables de la vida de un grupo real. Entre los estadios hay una diferencia considerable y los grupos no se adaptan exactamente a las secuencias de tiempo preordenadas que teóricamente separan una fase de la siguiente. Además, el contenido del proceso varía de un grupo a otro y se pueden encontrar diferentes aspectos del proceso dependiendo de la orientación teórica del terapeuta, de la finalidad del grupo y de la población que lo integra. A pesar de estas diferencias parece haber algunos patrones generalizados en la evolución de un grupo.
Un repaso de los estadios del desarrollo grupal, incluyendo los factores que facilitan e interfieren el proceso grupal maximizará su capacidad para ayudar a los miembros de sus grupos a alcanzar las metas que se propongan. Al conocer los problemas y las posibles crisis de cada estadio, usted aprende cuándo y cómo debe intervenir. Según vaya adquiriendo la imagen de la evolución sistemática de los grupos, será más consciente de las tareas evolutivas que deben efectuarse satisfactoriamente si se desea que el grupo avance y puede también predecir problemas e intervenir terapéuticamente. Por último, el conocimiento de la secuencia evolutiva de los grupos le dará la perspectiva que necesita para dirigir a los miembros en direcciones constructivas, reduciendo la confusión y ansiedad innecesaria.
Muchos autores han comentado los estadios del proceso evolutivo del grupo y de estas descripciones se deduce que, aunque el contenido específico de los grupos varía considerablemente, las tendencias y procesos son muy similares. En otras palabras, independientemente de la naturaleza del grupo y la orientación teórica del terapeuta, algunas tendencias generalizadas se muestran en la mayoría de los grupos que se encuentran durante un período de tiempo. Gazda (1989) observa que los estadios a través de los cuales progresan los grupos terapéuticos son más visibles en los grupos cerrados, aquellos que mantienen los mismos miembros durante toda la existencia del grupo. Schutz (1973b) describe tres estadios: inclusión, poder y afecto. Mahler (1969) se refiere a cinco estadios: formación, implicación, transición, trabajo y finalización. Los cuatro estadios de Gazda son similares a los de Mahler: exploración, transición, acción y finalización. Hansen, Warner y Smith (1980) mencionan cinco estadios: iniciación del grupo, conflicto y confrontación, desarrollo de la cohesión, producción y finalización. Yalom (1985) identifica tres estadios. El estadio inicial se caracteriza por la orientación, participación vacilante y búsqueda de significado; el segundo por el conflicto, dominio y rebelión, y el tercero, el estadio de la cohesión, por un aumento de la moral, confianza y auto-apertura.
Este capítulo empieza con el examen de las responsabilidades del terapeuta en la formación del grupo: preparación, presentación del grupo, selección de miembros y preparación de los mismos para una experiencia satisfactoria. El Estadio según mi propia distribución en cuatro fases, constituye la fase de orientación, un tiempo de exploración durante las sesiones iniciales. El Estadio 2, la fase de
transición caracterizada por el manejo de conflictos, actitudes defensivas y
resistencia. En el Capítulo 5 seguiremos con el Estadio 3, denominado fase de
trabajo. Esta fase está dominada por la acción, manejo de los asuntos personales
significativos y traslado del insight a acción dentro y fuera del grupo. En el Estadio 4, la fase de consolidación, el centro de interés reside en la aplicación de lo aprendido en el grupo a las situaciones cotidianas. Acabaremos con el examen de los problemas postgrupo, incluyendo el seguimiento y la evaluación La descripción de estos estadios se basa en los modelos presentados por varios escritores así como en mis propias observaciones sobre la evolución de los grupos.
Aspectos previos: formación del grupo
Si usted desea que un grupo tenga éxito necesita dedicar un tiempo considerable a la planificación. En mi opinión, la planificación debería empezar con la elaboración de un borrador de la propuesta. Los aspectos que deberán incluirse en la propuesta son los principales objetivos del grupo, la población a la que va dirigida, una justificación clara del mismo, formas de presentar el grupo y captar miembros, la selección de miembros, el tamaño y duración del grupo, la frecuencia y tiempo de las sesiones, estructura y formato del grupo, los métodos de preparación de los miembros, si el grupo será abierto o cerrado, si la participación será voluntaria o involuntaria y los procedimientos de seguimiento y evaluación.
La preparación del terapeuta para esta fase formativa influye de forma capital en los resultados del grupo. Así, los terapeutas experimentados dedican tiempo a pensar en el tipo de grupo que desean y a prepararse psicológicamente. Si sus expectativas son inciertas y los objetivos y estructura del grupo son vagos, los miembros adoptarán una actitud innecesariamente titubeante.
Presentación del grupo y captación de miembros
La presentación de un grupo influye sobre las formas de recepción de los posibles miembros y sobre el tipo de personas que se sentirán atraídos por él. Es imprescindible expresar las ideas suficientes para que los futuros miembros puedan hacerse una idea de la razón de ser y de las metas del grupo.
Aunque los anuncios impresos tienen cierto valor si llegan al sector de población al que van dirigidos, presentan algunas limitaciones. Independientemente de la especificidad con que se exprese en los anuncios, los lectores, como mínimo algunos de ellos, pueden malinterpretarlos. Teniendo en cuenta este riesgo, soy partidario de establecer un contacto directo con la población que probablemente más se beneficiará del grupo. Por ejemplo, si usted programa un grupo escolar, es una idea válida visitar múltiples clases para presentarse a sí mismo y contar a los estudiantes las características más significativas del grupo. Podría también distribuir una hoja de solicitud para los interesados en recibir más información sobre el grupo. Selección de los miembros del grupo
La American Counseling Association (ACA) y la Association for Specialists in Group Work (ASGW) incluyen normas éticas relacionadas con la selección de los miembros del grupo. La norma de la ACA (1988) correspondiente a este aspecto dice: “El miembro terapeuta debe cuidar la compatibilidad de los participantes en el grupo durante todo el transcurso del mismo”. La norma propuesta por el ACA (1993) referente a la selección de miembros afirma:
“Los terapeutas profesionales seleccionan a los futuros participantes del grupo y se preocupan por la idoneidad de los participantes durante todo el transcurso del grupo” (p. 7). La norma de la ASGW (1989) dice: “El consultor del grupo selecciona a
los futuros miembros (cuando se adecuen a su orientación teórica). “En la medida de lo posible, el consultor selecciona los miembros cuyas necesidades y metas son compatibles con las metas del grupo, que no impidan el progreso del grupo y cuyo bienestar no será afectado por la experiencia grupal”.
El entorno en el que trabajan los terapeutas puede dificultar la selección individual de los miembros. Existen vías alternativas para cumplir los mismos objetivos. Por ejemplo, los terapeutas pueden hacer que los futuros miembros cumplimenten un cuestionario escrito y posteriormente pueden establecer entrevistas con ellos. Si estos métodos de selección no son realistas, la sesión inicial puede ser usada como sesión de recogida de información y de selección. Esta idea de reunión previa tiene una importancia especial en los entornos donde no es posible entrevistar individualmente a los miembros.
En este mismo orden, el terapeuta tras captar a los posibles miembros, debe determinar seguidamente quién de ellos (si procede) será excluido. Una buena selección disminuye los riesgos psicológicos de la participación inadecuada en el grupo (comentado en el Capítulo 2). Durante la sesión de selección, el terapeuta puede dedicar algún tiempo a examinar con los posibles miembros sus temores o preocupaciones con respecto a la participación en un grupo. El terapeuta puede ayudarles a evaluar su disposición para participar en grupo y comentar los posibles cambios que pueden sobrevenir en sus vidas. Los miembros deberían saber que existe un precio si permanecen como hasta el momento y también existe otro si efectúan cambios sustanciales. Si participan en el grupo sin conocer los posibles impactos que sus cambios personales tendrán sobre sus vidas su motivación puede reducirse cuando se encuentren con problemas familiares. Los esfuerzos que efectúe el terapeuta para la selección y orientación de los miembros pueden generar la motivación y disposición del grupo a trabajar y contribuir.
Las siguientes preguntas también le ayudarán a seleccionar a los miembros del grupo; “¿Cómo puedo decidir quién se beneficiará más del grupo que pretendo planificar?”, “¿Quién tiene más probabilidades de ser perturbado por la participación grupal o de ser negativamente influido por el resto de los miembros?”.
La selección debería de ser un proceso de doble vía. Por lo tanto, los posibles miembros deberían disponer de la posibilidad de una entrevista privada para formular dudas y determinar si el grupo es idóneo para ellos. Los terapeutas deberían animar a los futuros miembros a implicarse en la decisión de la idoneidad de su participación en el grupo. Evidentemente siempre existe la posibilidad de que el terapeuta tenga algunas reservas sobre la participación en el grupo de algunas personas que están dispuestas a ello. En última instancia es tarea del terapeuta tomar la decisión. Es una decisión difícil y reconozco que los procedimientos de selección son subjetivos. De cualquier modo, ciertas reglas pueden ayudar al terapeuta a tomar esta decisión de forma más consciente. Encuentro que a menudo es difícil prever cuál de los candidatos saldrá beneficiado del grupo. Durante la entrevista individual muchas veces las personas describen de forma vaga sus expectativas del proceso grupal. Pueden sentirse asustados, tensos, pueden adoptar una actitud defensiva y pueden
enfocar la entrevista individual del mismo modo que harían con una entrevista laboral, especialmente si piensan que la admisión en el grupo depende de ésta. En mi experiencia he encontrado personas que tratan de ser vagas es sus respuestas y que se esfuerzan por contestar lo que creen que yo espero oír, casi de forma idéntica lo que harían en una entrevista laboral.
El criterio básico para la selección de los miembros del grupo es determinar si contribuirán a la labor del grupo o por el contrario serán contraproducentes. Algunas personas pueden absorber de tal forma la energía del grupo que quede poco para el trabajo productivo. En el mismo orden, la presencia de determinadas personas puede dificultar el logro de la cohesión del grupo. Esto es frecuente con los individuos que sienten necesidad de monopolizar y dominar, con los clientes hostiles o agresivos con necesidad de actuar y con las personas excesivamente centradas en sí mismas que conciben el grupo como una audiencia. Otros que también deberían ser excluidos de la mayoría de los grupos son las personas en situaciones de crisis extremas, personas con tendencias suicidas, con personalidades sociopáticas, personas excesivamente suspicaces o aquellas que carecen de la suficiente fuerza del ego y tienen tendencia a la conducta fragmentada y extraña. Es difícil afirmar categóricamente que cierto tipo de persona debería ser excluida de todos los grupos, como norma podríamos decir que el tipo de grupo debería determinar la admisión o rechazo de los miembros. Así, un alcohólico puede ser excluido de un grupo de crecimiento personal pero puede ser un candidato idóneo para un grupo de individuos afectados por problemas de adicción, adictos al alcohol, u otras drogas o a los alimentos.
Si la entrevista individual de selección es una oportunidad para que el terapeuta evalúe a los candidatos y determine lo que estos desean lograr de la experiencia grupal, es también una posibilidad para que los futuros miembros lleguen a conocer al terapeuta y desarrollen un sentimiento de confianza. La forma en que esta entrevista inicial sea dirigida está muy vinculada al establecimiento del nivel de confianza en el grupo. Por esta razón subrayo el intercambio de doble vía durante la entrevista, en espera de que los miembros se sientan libres para preguntar cualquier aspecto que les ayude a decidir si desean o no participar en el grupo. Algunas consideraciones que yo hago son:
¿Parece esta persona dispuesta a hacer lo necesario para ser un miembro productivo del grupo?, ¿Ha tomado la persona la decisión de participar en el grupo o ha estado influido por opinión de alguna otra personas?, ¿Dispone el candidato de metas claras y entiende la utilidad del grupo para ayudarle a conseguirlas?, ¿Tiene la persona voluntad y disposición para compartir algo personal?
La selección de miembros para garantizar el equilibrio óptimo del grupo a menudo parece ser una tarea imposible. Yalom (1985) propone que la cohesión es el principal criterio de selección de los participantes. Por lo tanto, lo más importante es seleccionar personas que preferentemente sean compatibles, incluso aunque el grupo sea heterogéneo.
En el contexto de la psicoterapia de grupo, Yalom plantea que los clientes pueden sentirse frustrados salvo que se hayan empleado unos criterios de selección muy prudentes. Mantiene que es más fácil identificar a las personas que deberían ser excluidas que a quienes deberían ser incluidas. En sus citas de estudios clínicos, menciona a los siguientes como candidatos poco apropiados para una terapia intensiva de grupo, externa y heterogénea: personas con trastornos cerebrales, hipocondríacos, adictos al alcohol o drogas, individuos psicóticos y personalidades sociopáticas. En términos de criterios para la admisión, Yalom mantiene que la variable más importante es el nivel de motivación del cliente para trabajar. Desde su perspectiva los grupos son útiles para las personas que tienen problemas interpersonales como soledad, incapacidad para establecer o mantener relaciones íntimas, sentimientos de incapacidad para amar, temor a mostrarse asertivo y dependencia. Los clientes que carecen de un sentido en la vida, que sufren de ansiedad difusa, que buscan su identidad, que temen el éxito y que son trabajadores compulsivos pueden beneficiarse de una experiencia grupal.
El punto clave consiste en seleccionar a los candidatos dentro del contexto del tipo de grupo que ofrece un profesional. Si un cliente es admitido o excluido depende sobre todo de los objetivos del grupo.
Aspectos prácticos en la formación de un grupo
Grupos cerrados versus abiertos. La población y el entorno determinarán en parte si los grupos son cerrados o abiertos. De cualquier modo este aspecto debe comentarse y decidirse durante la sesión inicial. Cada tipo de grupo presenta sus propias ventajas. En los grupos cerrados ningún miembro nuevo se admite al grupo hasta que el actual finalice. Esta práctica ofrece estabilidad a sus miembros porque posibilita la continuidad y potencia la cohesión. El problema que plantean los grupos cerrados es que cuando muchos miembros abandonan el grupo, el proceso grupal se ve drásticamente afectado.
En un grupo abierto, los miembros nuevos reemplazan a los que abandonan y esto puede imprimir un nuevo estímulo. Una desventaja de los grupos abiertos es la dificultad de los nuevos miembros para llegar a ser parte del grupo porque desconocen lo comentado hasta el momento de su admisión. Otra desventaja es que la modificación de los miembros puede producir efectos indeseados sobre la cohesión del grupo. Por lo tanto, si el flujo del grupo se mantiene, el terapeuta debe dedicar tiempo y atención a preparar a los nuevos miembros y ayudarles a integrarse.
Participación voluntaria versus involuntaria. ¿Deberían estar formados los grupos sólo por miembros cuya participación es voluntaria o también pueden funcionar con miembros involuntarios? Previsiblemente, existen ventajas al trabajar con un grupo de clientes que desean invertir sus esfuerzos en el proceso grupal. Como hemos visto, Yalom (1985) mantiene que para beneficiarse de la experiencia grupal, es fundamental que la persona se encuentre motivada. Participar en un grupo porque alguien le ha “mandado” allí reduce las posibilidades de éxito. Yalom cree
que las personas con involuntariedad manifiesta a participar en el grupo no deberían ser aceptadas. Sin embargo, opina también que muchas de las actitudes negativas que muestran los candidatos involuntarios hacia los grupos pueden ser modificadas mediante la adecuada preparación de los miembros.
En la misma línea de Yalom, he descubierto que muchos miembros involuntarios aprenden que la experiencia grupal puede ayudarles a efectuar cambios que ellos desean lograr. En muchos centros e instituciones, los profesionales tienen que dirigir grupos de clientela involuntaria. Por lo tanto es Importante que dichos profesionales aprendan a trabajar dentro de tal contexto en vez de aferrarse a la idea de que sólo son efectivos cuando trabajan con grupos integrados por miembros voluntarios. Si al presentar la experiencia grupal bajo una perspectiva favorable el terapeuta ayuda a los miembros involuntarios a ver los posibles beneficios de la experiencia, aumentarán las posibilidades de efectuar un trabajo productivo. La clave de la participación satisfactoria reside en la orientación y preparación de los miembros así como en la confianza del terapeuta en que el proceso grupal tiene algo que ofrecer a estos futuros miembros.
Grupos homogéneos versus heterogéneos. Los terapeutas deben decidir las bases de la homogeneidad de sus grupos. Por homogeneidad entiendo el grupo compuesto por personas que, por ejemplo, son de edades similares, tales como grupos de niños, de adolescentes o de ancianos. Otros grupos homogéneos son aquellos basados en un interés o problema común. Así, existen grupos diseñados para personas con problemas de sobrepeso o personas adictas a drogas o alcohol, o grupos de concienciación de hombres o de mujeres. Algunos grupos escolares están diseñados exclusivamente para niños y adolescentes con dificultades de aprendizaje o para niños con problemas graves de adaptación al contexto del aula.
Para una determinada población con ciertas necesidades, un grupo compuesto por miembros homogéneos es más funcional que uno grupos compuestos por miembros diferentes. Piense por ejemplo en un grupo de adolescentes. Tal grupo puede centrarse exclusivamente en los problemas evolutivos únicos que encaran los adolescentes tales como las relaciones interpersonales, el desarrollo y la identidad sexual y la lucha por la autonomía. En un grupo diseñado y compuesto exclusivamente por adolescentes, se anima a los participantes a expresar muchos de los sentimientos que han guardado para sí; mediante la interacción con otros de su misma edad, pueden compartir sus conflictos y recibir apoyo y comprensión.
Aunque los grupos homogéneos sean más apropiados para ciertas poblaciones con necesidades específicas, los grupos heterogéneos presentan algunas ventajas decisivas para el crecimiento personal. Un grupo heterogéneo, como microcosmos de la estructura social que existe en el mundo cotidiano, ofrece a los participantes la oportunidad de experimentar una nueva conducta, desarrollar habilidades sociales y obtener feedback de muchas y diversas fuentes. Si se desea simular la vida cotidiana es preferible disponer de miembros de diferentes edades, entornos sociales, intereses y problemas.
Tamaño del grupo. El tamaño deseable del grupo depende de factores como la edad de los clientes, el tipo de grupo, la experiencia de los terapeutas y el tipo de problema examinado. Otro elemento a considerar es el número de terapeutas con que cuenta el grupo. Para grupos continuados con adultos, una proporción adecuada parece ser la de ocho miembros por cada terapeuta. Los grupos de niños pueden reducirse a tres o cuatro niños. En general, el grupo debería tener suficientes