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3.2 Speech and Language Therapy Services Questionnaire

3.2.1 Autistic Spectrum Disorders 1 Present practice

Como ya habíamos señalado, hasta la década de los ochenta del siglo pasado fue principalmente la UNESCO el escenario en el que se ventilaban las cuestiones relacionadas con la comunicación y la información mundiales. Actual- mente, este lugar ha sido ocupado por la Organización Mun- dial de Comercio (OMC), y en menor medida en la Organi- zación Mundial para la Propiedad Intelectual (OMPI) y la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT). De estos temas, así como de las TICs, se ocupan igualmente instancias como el G8 y la OCDE. Este desplazamiento es un indicati- vo del poder que han ganado las industrias de la comunica-

ción, que son más poderosas que muchos Estados y ejercen una fuerte influencia sobre la OMC, presionando por impo- ner sus propias reglas. Por otro lado, esto también es un indi- cativo de que se está imponiendo la tendencia neoliberal que considera a la información como una mercadería más, sujeta a la oferta y a la demanda, y no como un bien público que debe estar a disposición de los/as ciudadanos/as.

Para las transnacionales, ubicadas mayoritariamente en los países del Norte, ya no se trata solo de conquistar merca- dos y explotar la mano de obra de los países periféricos sino también de controlar el espacio virtual, el ciberespacio, el cual es considerado como un factor estratégico y un campo para extender los negocios a todo el mundo y explotar nue- vas nichos de mercado. La “nueva economía”, “economía digital” o “sector de las TICs”, pese a los reveses especulati- vos de comienzos de siglo, se presenta como un plato apeti- toso pues mueve miles de millones de dólares anuales en el comercio de equipos, programas computacionales, venta de información, telefonía móvil y una gran cantidad de servi- cios. Solo el mercado mundial de las telecomunicaciones alcanzó, en el año 2000, la cifra de 840.000 millones de dóla- res de Estados Unidos y crece a un ritmo del 10 por ciento anual. (OIT: 2002b)

Para lograr la expansión de la “nueva economía” la insti- tución clave es la OMC, pues en ella se aborda la liberaliza- ción de las telecomunicaciones, los audiovisuales, la infor- mática y la publicidad (que son considerados como “servi- cios”) a través del Acuerdo General sobre el Comercio de los Servicios (AGCS), el Acuerdo General sobre Aranceles Adua-

neros y Comercio (GATT) y el Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC). La OMC cumple un doble rol, bastante contradictorio, por un lado propugna la liberalización de los servicios, es decir, levantar todas las barreras que obstaculi- zan la expansión de los negocios de las transnacionales, pero al mismo tiempo propugna una fuerte y severa regulación de los mismos a través de los acuerdos sobre propiedad intelec- tual que protegen y aseguran las ganancias de esas mismas empresas (*)

La OMC, que nació en abril de 1994 en Marrakech (Ma- rruecos), entró a funcionar oficialmente el 1 de enero de 1995. Su antecedente inmediato fue el GATT creado en 1947, cuyo ámbito básicamente comprendía el comercio transfronterizo y los aranceles aduaneros. Dentro del proceso de globalización neoliberal, la OMC adquiere una importancia inusitada pues se convierte en un verdadero poder supranacional que escapa a cualquier control democrático, situándose incluso por encima de los parlamentos naciona- les. Creada para liberalizar el comercio mundial y ayudar a los productores de mercaderías y de servicios, a los exportadores e importadores y resolver las diferencias comer- ciales entre los países, en realidad, lo que ha hecho es acen-

* La aplicación de los ADPIC, ha posibilitado, por ejemplo, que Microsoft pueda extender, captar y dominar el negocio mundial de software propietario, obteniendo ganancias fabulosas, que han convertido a su dueño, Bill Gates, en el hombre más rico del mundo con una fortuna de 40.700 millones de dólares en el 2003, según la revista Forbes (2003).

tuar las diferencias entre el Norte y el Sur y entre ricos y pobres. (*)

Luego de los fracasos de sus conferencias ministeriales de Seattle y Cancún, la OMC se ha ganado la reputación de ser un organismo anti-democrático que toma las decisiones de forma poco transparente. Si bien cada uno de sus 144 Estados miembros cuenta con un voto, los países del Norte imponen sus decisiones. Los países del Sur tienen una serie de desventajas con relación a los primeros, pues muchos de ellos ni siquiera tienen representación permanente ante la sede de la OMC en Ginebra. Los que la tienen, están sujetos a permanentes chantajes y presiones que les impiden actuar con libertad e independencia. En las complejas y numerosas ne- gociaciones que se realizan sector por sector en realidad par- ticipan unos 30 o 35 estados. Los países del G8 y particular- mente Estados Unidos, cuentan con un batallón de funciona- rios, negociadores y asesores (que incluyen gabinetes de abo- gados especializados, ligados generalmente a las empresas transnacionales) para aprovechar en su beneficio las dificul- tades técnicas que entrañan las negociaciones. Los mecanis- mos de arreglo de las controversias son poco transparentes

* El comercio mundial se ha desarrollado de una manera impresionante, pero los beneficiados han ido a unos pocos. En el 2000, éste alcanzó los 6.200 millardos de dólares, un crecimiento del 12.4% con relación al año precedente. Junto con el petróleo, el sector de la información y las telecomunicaciones fueron uno de los más dinámicos antes de la desaceleración del último semestre de 2000. El creci- miento de los semi-conductores fue del 37%, el de los teléfonos móviles del 46%, el de las computadoras personales del 15%. Este fenómeno, sin embargo, favo- reció fundamentalmente a los países desarrollados y a las transnacionales que controlan el 82% del comercio mundial. (Ziegler: 2002)

pues el Órgano de Solución de las Controversias, compuesto por tres personas nominadas para cada caso, delibera en se- creto (está vetada la presencia de la prensa o de representan- tes de organizaciones civiles) y no tiene obligación de publi- car el contenido de sus resoluciones. (Teitelbaum: 2000).

Básicamente dos principios fundamentales guían las ac- tividades de la OMC. El primero es el “Trato de la nación menos favorecida” que rige tanto para las mercancías como para los servicios y la propiedad intelectual. Se trata, en esen- cia, de que los países miembros de la OMC no pueden en principio discriminar entre sus interlocutores comerciales. En virtud de este principio toda ventaja especial otorgada a un país (como la reducción de los aranceles aplicados a uno de sus productos) ha de otorgarse a todos los miembros de la OMC, sean estos ricos o pobres, débiles o poderosos. El se- gundo principio es el de trato nacional o igualdad de trato para extranjeros y nacionales. Este precepto exige que reci- ban el mismo trato, en cuanto a oportunidades de competir en el mercado del país importador, los productos importados y los de producción nacional. (OMC-OPS: 2002)