Kant comienza esta sección explicándonos el concepto de deducción que él empleará. Para este propósito nos propone un símil propio de la jurisprudencia la cual distingue la cuestión de hecho (quid facti) de la cuestión de derecho (quid juris). La primera es una cuestión que simplemente ocurre y sólo nos basta determinar que ha ocurrido, y la cuestión de derecho o quid juris se refiere a cuestiones de las cuales, además de mostrar su existencia, debemos poder determinar su derecho o si se prefiere, su pretensión de legalidad. Su demostración o pretensión de legalidad se denomina deducción. Kant se sirve de esta distinción jurídica y la aplica a los conceptos: "Questio facti es ¿de qué manera ha llegado uno primero a estar en posesión de un concepto? Questio juris ¿con qué derecho lo posee y lo emplea?"88
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Kant, Immanuel R5636 citada por R. Torreti en: Emanuel Kant, estudio sobre los fundamentos de la filosofía crítica. Editorial Charcas. Buenos Aires 1980. p. 271.
De esta manera Kant nos señala cómo nosotros estamos en posesión de muchos conceptos, algunos de los cuales son empíricos, es decir generados a partir de la experiencia (como el concepto de “mesa” o “perro”) y otros a priori, esto es, con entera independencia de la experiencia. En el caso de los conceptos empíricos es claro que la respuesta a ambas cuestiones coincide: poseemos estos conceptos a raíz de ciertas percepciones sensoriales y ellas legitiman su empelo y su aplicación a objetos sensibles. Esta forma de legitimación la llama Kant deducción empírica, y la distingue de la
deducción trascendental, la cual demandan exclusivamente los conceptos a priori, ya que no basta para legitimar su uso las pruebas extraídas de la experiencia.
Ahora bien, dentro de los conceptos a priori encontramos: los conceptos de espacio y tiempo como formas puras de la sensibilidad, y las doce categorías del entendimiento, entendidas estas últimas como conceptos no empíricos del entendimiento, aunque legítimos por ser la condición de posibilidad para pensar los objetos que se ofrecen en la experiencia. Aunque estas dos clases de conceptos son de naturaleza distinta, coinciden en referirse a objetos de manera a priori, y por ende es inútil pretender deducirlos de una manera empírica, pues “su naturaleza consiste precisamente en que se refieren a sus objetos sin haber tomado nada de la experiencia para representarlos.”89 Según Kant la deducción es aplicable a estos dos géneros de conceptos, sin embargo, dado que la evidencia inmediata de la intuición pura certifica la validez de los conceptos de espacio y tiempo, y dado que las categorías no se fundan en la experiencia, ni pueden exhibir en la intuición a priori ningún objeto en que basar su síntesis ante de toda experiencia, pueden despertar sospecha en lo que concierne a su validez objetiva y los límites de su empleo, y por ende, en el caso de las categorías es apremiante hacer una deducción trascendental de éstas. “En efecto, si se tiene en cuenta que sólo mediante esas formas puras de la sensibilidad se nos puede manifestar un objeto, es decir, convertirse en objeto de la intuición empírica, entonces espacio y tiempo constituyen intuiciones que contiene a priori las condiciones de posibilidad de los objetos como fenómenos”90
En esto orden de ideas podemos decir que el problema de la deducción no es tan fácil cuando se trata de las categorías, pues, éstas no representan las condiciones bajo las
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cuales los objetos pueden ser dados en la intuición y por tanto “se nos pueden manifestar objetos sin que tengan que referirse forzosamente a funciones del entendimiento”91.
Si observamos acá estamos ante una dificultad que no se daba con las condiciones a priori de la sensibilidad, esto es: “cómo pueden tener validez objetiva las condiciones subjetivas del pensar, es decir, cómo pueden éstas proporcionar las condiciones de posibilidad de todo conocimiento de los objetos.”92 Dicho en otras palabras, ¿Con qué legitimidad los conceptos del entendimiento se aplican a intuiciones de la sensibilidad? Podemos decir que es claro que los objetos de la intuición sensible tengan que conformarse a las formas puras de la sensibilidad, pues, de otra manera no serían objetos para nosotros, pero no es tan fácil entender cómo a su vez deben conformarse a las categorías. Kant nos ilustra la dificultad de este problema, planteado inicialmente en la carta a Marcus Herz, con el concepto de causa, y particularmente en la relación de necesidad que existe entre la causa y el efecto que es la que posibilita pensar la validez de la ciencia.
Pues, en todo caso, los fenómenos podrían ser de tal naturaleza, que el entendimiento no los hallara conformes a las condiciones de su unidad, con lo cual se hallaría todo en una confusión tal, que en la seri de los fenómenos, por ejemplo, no se presentaría nada que proporcionara una regla de la síntesis ni correspondiera, por tanto, al concepto de causa y efecto, de forma que este concepto resultaría completamente vacío, nulo y desprovisto de sentido. A pesar de lo cual, los fenómenos ofrecerían objetos a nuestra intuición, ya que ésta no necesita en absoluto las funciones del pensar.93
Según Kant, Hume entendía que en la conexión que establecemos entre causa y efecto hay sólo una asociación psicológica carente de objetividad y sólo fundamentada en la costumbre, de la cual inferimos el enlace entre la causa y el efecto. Para Kant, esta regla no puede extraerse de los fenómenos, porque el efecto se sigue “necesariamente y según una regla absolutamente universal.”94 Por tanto debe “fundarse enteramente a priori en el entendimiento.”95 91 Ibid. 92 A90/B123 93 Ibid. 94 A92/B124 95 Ibid.
En el segundo parágrafo de esta primera sección titulado Paso a la deducción trascendental de las categorías Kant, abruptamente y sin hacer más alusión al parágrafo 13, procede a señalar cómo, para que puedan concordar las representaciones sintéticas con sus objetos, hay sólo dos posibilidades: Que el objeto haga posible la representación (relación empírica), o que ésta haga posible al objeto. Es importante precisar que este último caso, el cual es la tarea de una deducción de las categorías, la representación no se entiende como productora en sí misma del objeto, es decir, no contiene su existencia sino que la representación es a priori en relación con su objeto, siempre que no haya otra posibilidad de conocerlo como objeto. En este sentido lo que aquí está en juego no es propiamente la existencia del objeto como tal, sino la posibilidad de que éste pueda ser conocido.
En este punto podemos ver claramente cómo Kant plantea el problema de la referencia de la representación a su objeto en términos muy similares a los de la carta a Marcus Herz, recordemos como en ella Kant se pregunta “¿en qué razón se basa la relación de aquello que en nosotros llamamos representación con el objeto?”96 Aun cuando en la carta todavía no es del todo claro el papel de los conceptos en esta relación, de las
Reflexiones sobre metafísica sí es posible extraer una respuesta, la cual apela precisamente a los conceptos puros del entendimiento, (entendidos éstos como funciones que confieren posiciones fijas a los conceptos en concordancia con la posición correspondiente de las representaciones sensibles en el espacio y en el tiempo), para explicar este problema.
Ahora bien, el argumento del parágrafo 14 de la Crítica continúa señalando que toda experiencia contiene, además de la intuición por la cual se nos dan los objetos, el concepto gracias al cual es pensado el objeto dado en la intuición. Seguidamente afirma que, para que las categorías sean válidas como conceptos a priori, éstas deben ser, necesariamente, la condición de posibilidad de la experiencia. Se refieren pues de modo necesario y a priori a objetos de la experiencia, ya que sólo por su medio pueden ser pensados dichos objetos “Los conceptos que suministran el fundamento objetivo de la
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posibilidad de la experiencia son, por ello mismo, necesarios.”97 En este orden de ideas podemos ver cómo se trata de argumentar que los conceptos a priori son condiciones imprescindibles de la intuición del objeto. Si esto es así “todo conocimiento empírico de los objetos ha de conformarse forzosamente a esos conceptos, ya que, si dejamos de presuponerlos, nada puede ser objeto de la experiencia”.98 Por esta razón la deducción trascendental de los conceptos a priori debe orientar toda su investigación hacia este principio: que los conceptos son condiciones a priori de la posibilidad de la experiencia, y por ende dichos conceptos serán pues necesarios.
En este sentido la deducción habrá logrado su propósito si logra establecer que cualquier experiencia, además de la intuición sensible contiene un concepto, pues en tal caso, en la base de todo conocimiento de experiencia se encontraran, como sus condiciones conceptos de objetos. De esta manera:
La validez objetiva de las categorías como conceptos a priori residirá, pues, en el hecho de que sólo gracias a ellas sea posible la experiencia. La deducción trascendental de todos los conceptos a priori tiene, pues, un principio por el que debe regirse toda investigación y que consiste en que tales conceptos han de ser reconocidos como condiciones a priori de la posibilidad de la experiencia.99
Como pudimos ver el eje argumentativo de esta primera sección de la deducción es el intento por responder a la pregunta planteada en la carta a Marcus Herz, esta es: cómo conceptos pueden referirse a objetos. A su vez, podemos ver la estrecha relación que hay entre la carta a Marcus Herz y las Reflexiones sobre metafísica como respuesta a la pregunta plantead en la carta, y el proyecto que como tal persigue la deducción objetiva. Si observamos las Reflexiones, podemos ver cómo en ellas Kant da por hecho que las representaciones sensibles se refieren a objetos, así como da por hecho que tenemos conocimiento de objetos independientes de nuestros estados mentales. En este sentido podemos decir que ya para ese momento Kant parte de uno de los presupuestos fundamentales de esta sección de la deducción, este es, el de la experiencia entendida como conocimiento de objetos independientes de nuestros estados mentales. Al partir de este presupuesto como dado, Kant procede, tanto en esta sección como en las 97 A94/B126 98 A93/B126 99 Op. Cit.
Reflexiones, analíticamente, es decir, que parte de lo que se busca como si fuera dado y asciende a las condiciones bajo las cuales solamente es posible.
Por esta razón estoy de acuerdo con Stepanenko cuando sostiene que, aun cuando Kant señala proceder sintéticamente en la Crítica, "Sin embargo muchos pasajes de la propia
Crítica, sobre todo de la introducción y la estética (en la definición de una exposición trascendental), hacen pensar que ahí también siguió el método analítico."100
Ahora bien, Kant destaca en el prólogo de la primera edición el valor de esta sección, y sobre todo del último pasaje, ya que, según él, da la esencia de lo que el llama la deducción objetiva la cual debe bastar para convencer al lector a quien no convenza la deducción subjetiva. Pero, ¿logra realmente dar respuesta esta deducción objetiva al problema inicialmente planteado en la carta?
A partir de la tarea que Kant le otorga a la deducción objetiva, este es: establecer los límites de la validez objetiva de las categorías en cuanto condiciones a priori de posibilidad del pensar objetos de la experiencia, considero que esta primera sección, acompañada de la deducción metafísica, sí logra responder al problema planteado en la carta. Sostengo esto porque considero que estas secciones establecen claramente la necesidad de las categorías para representarnos un objeto en el sentido lógico o judicativo, así como logran mostrar que las categorías expresan las condiciones de posibilidad del objeto empírico. A su vez Kant logra mostrar en la primera sección de la deducción cómo las condiciones subjetivas del pensar no carecen de validez objetiva, pues ese mismo pensar que condicionan es una de las fuentes de la objetividad.
No obstante, de este proyecto sólo no se sigue que las categorías tengan una aplicación al contenido real de la experiencia humana, y mucho menos se sigue que las categorías hagan posible, de alguna manera, la experiencia, especialmente si por experiencia se entiende un conocimiento empírico de objetos. Creo que por esta razón, y como mostraré a continuación, Kant se ve en la necesidad de desarrollar una deducción subjetiva la cual permita señalar la relación entre las categorías y el modo
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Stepanenko, Pedro. Categorías y Autoconciencia en Kant, Antecedentes y objetivos de la deducción trascendental de las categorías. México: Editorial UNAM 2000. p. 100
específicamente humano de sensibilidad del cual se hizo abstracción en esta la primera parte de la deducción.