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prende, entonces, que al cabo de un tiem- po (en algunos casos incluso en un corto período) estos hombres inicien un paula­ tino proceso de abandono y desentendi­ miento económico -e incluso afectivo- respecto de su esposa e hijos/as; y sean las mujeres jefas de hogar quienes asuman to­ das estas responsabilidades y hagan frente a la situación.

N o sucede lo mismo con los esposos de

migrantes ni con las tutoras pues de su ex­

periencia, sus esposas, hijas, hermanas o cuñadas, siempre están presentes, tanto a través de la permanente comunicación telefónica que mantienen ,así como me­ diante el envío regular de dinero, aunque “no sea mucho". Así, del grupo de espo­ sos de migrantes entrevistados, todos - salvo uno- manifestaron que su compa­ ñera se comunica cada dos o tres días tanto con los hijos como con ellos, y que mensualmente envían algo de dinero ya sea para los gastos de los hijos y/o para la manutención del hogar. Lo propio seña­ lan las tutoras; sus parientes llaman cada semana o cada quince días y, por lo gene­ ral, envían dinero mensualmente para el pago de la deuda (al inicio), los gastos de la casa ( “aunque no siempre alcanza”), y cierta “bonificación” para ellas por cui­ dar a sus hijos/as. Adicionalmente, quie­ nes ya están más de un año envían pre­ sentes y regalos para sus hijos/as (cum­ pleaños, navidad, otros), como una for­ ma de hacerse presente ante ellos y ellas y de mitigar en algo el no poder hacerse cargo directo de su cuidado, así como de las tareas reproductivas dentro de sus ho­ gares.

Recordemos que tal como lo manifestaron las tutoras y los esposos de migrantes, ellas y ellos si participaron en mayor o menor grado en la decisión de migrar de sus fami­ liares, una decisión que además estuvo atravesada -unos casos más otros menos-

por un proyecto familiar. Por estas cir­ cunstancias, otros son los ámbitos más es­ pecíficos en los que los esposos de migran- tes y las tutoras se sienten afectados respec­ to de estos nuevos roles, responsabilidades y tareas.

Empezamos a hacer de papá y mamá...

Para los esposos de migrantes el impacto central de la partida de sus compañeras es­ tá relacionado con la asunción más activa de nuevas tareas consideradas socialmente y por ellos mismo como propias de las mu- jeres; a pesar de que, como anotáramos en acápites anteriores, siempre cuentan para ello con el concurso de otras mujeres de su círculo familiar (madres, suegras, herma­ nas, cuñadas). Nos referimos al cuidado de los hijos/as y a las actividades reproduc­ tivas, las mismas que -vistas desde los pa­ trones tradicionales de género- requieren

“además del desgaste físico o intelectual, ... de habilidades y conocimientos especiales y de afectividad, elementos que son caracterizados como femeninos (y que) definen fuertemente la identidad de las mujeres” (Herrera y Mar-

tínez:2002:49)

La asunción de estos nuevos roles, consti­ tuye para ellos una tarea sumamente difí­ cil sobre todo cuando se quedan a cargo de hij as adolescentes o pequeñas, aunque tengan el apoyo de otras mujeres adultas:

...mi hija ya la necesita ...y yo como padre no puedo también diga usted hacer las veces de madre porque hay cosas que uno no se puede intervenir... quedarme yo con mi hija es bastante du­ ro, más que todo acostumbrarme a es­ tar solo con mi hija, ponerme a cargo, cuidarle, organizarme un poco más... pero como le digo me hace más duro porque una niña es más confianza con la mamá que conmigo que soy su padre, yo tampoco puedo adentrarme más en

Impactos de la migración en quienes se quedan / CAPÍTULO V 1 0 5

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la intimidad de mi hija ahora que se es- tá haciendo señorita... es un poquito re­

celoso uno... (RLL, esposo de mi­ grante, Cotogchoa)

Dificultad que se acrecienta cuando no han estado acostumbrados a ello y han de­ jado siempre esta responsabilidad en ma­ nos de sus esposas:

...he tenido que hacer de papá y mamá. Cuando ella (la esposa) estaba aquí

yo no lo hacía porque normalmente

le correspondía a ella como mamá; y, por ser mujercita (la hija) hay un pe­ queño problema ahí, usted sabe cuando le toca bañarse ... lógicamente es mi obligación atenderla, pero yo le pongo todas sus cosas en el baño para que ella se bañe sólita, no tenga que yo tener ningún contacto con ella visualmente, porque eso por recomendación de la mis­ ma mamá, me decía: ‘tú no la bañes a la bebe, si no está Leonor... (la abuela), ponle a la bebe las cosas en el baño y re­ comiéndale, aconséjale que se bañe bien y déjala sólita ...' De ahí yo en el cuar­ to le pongo toda su ropa y ella se viste so­ la, yo lo que hago es peinarla, le prepa­ ro la teta, el desayuno, ella va a cumplir 6 años y no quiere soltar la teta ... paso siempre más tiempo con ella ... siempre estoy pendiente de ella ... (RM, esposo

de migrante, Guayaquil)

Aquellos que han asumido estas tareas re­ productivas absolutamente solos, que son la minoría, sienten que sus vidas han cam­ biando drásticamente, como lo dice un es­ poso de migrante de Guayaquil cuya mu­ jer está en España y él se ha quedado a cargo de su único hijo:

Ha sido un cambio brusco para mí, un cambio de 360 grados. Ahora cumplo las funciones de padre y madre, tengo que preocuparme de mi hijo, que no es­ tá aquí la madre, cuidarlo, que arrégla­

te, límpiate, cepíllate los dientes, aséate ... lo que antes ella se encargaba ... ahora yo soy el que está ahí lavan­ do la ropa, lo que antes ella lavaba, cocinándole para él, lo que antes ella cocinaba ... me ha entrado más respon­ sabilidades...” (MR esposo de mi­

grante, Guayaquil).

U n cambio que proviene no solo porque sienten tener más trabajo, sino por la res­ ponsabilidad que implica asumir solos la educación y orientación de sus hijos, y apuntalar su parte afectiva ante la ausen­ cia de sus madres; algo que culturalmente está reñido con su identidad masculina

... ai tener un niño de 13 años usted sa­

be que ya mismo pasa a ser jovencito ... entonces tengo que estar al tanto de que el niño no vaya a coger el mal camino, y en este caso que no está la mamá, ten­ go que hacer de padre y madre ... estan­ do la mamá ya es más fácil porque si no está el papá que está en el trabajo, está la mamá... (JV, esposo de migrante,

Guayaquil)

A pesar de que estos hombres cuentan con el apoyo de familiares mujeres para el cui­ dado de sus hijos/as, esta experiencia ha su­ puesto en varios de ellos vivir en “carne propia” la dificultad y el esfuerzo que repre­ senta combinar el trabajo productivo y re­ productivo; algo que es visto como “natu­ ral” para las mujeres. Nos preguntamos has­ ta dónde esta nueva vivencia está llevando a revalorizar el trabajo femenino. N o tene­ mos respuestas, pero el análisis de algunos datos de campo nos llevan a plantear, a ma­ nera de hipótesis, que aunque el trabajo re­ productivo se estuviera revalorizando, éste sigue siendo visto por los hombres como un trabajo femenino, más que como una res­ ponsabilidad compartida. Lo que si recono­ cen los esposos de migrantes es que esta nueva situación por la que están atravesan­ do les ha permitido ganar mayor cercanía

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