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B Decomposing realized bond returns

Kui coinciden en esta apreciación

Mi hermana manda plata al esposo pa­

ra que pague las deudas de la cooperati­ va, a mí me manda para la comida de los guaguas y también me manda cualquier cosita, así ropa, cualquier cosita por lo que estoy con ellos (los sobrinos)... (NT, tía tutora, Cotog-

choa)

... hasta ahorita sí me han recono­

cido por lo que hago. Pero bueno no es mucho, pero lo poco sí lo cojo con vo­ luntad porque a veces yo sí necesito ... cincuenta me mandan al mes ...en mi casa trabajaba los huertos de hortali­ zas y ahora que se fue mi cuñada (y hermano) a veces como no tengo tiem­ po porque estoy aquí casi todo el día (en casa sobrinos) entonces ya no me dedi­ co mucho a eso, ahora tengo un peque- ñito (huerto) que a veces da para ven­ der algo... por eso sí cojo con voluntad

... (JT, tía tutora, Cotogchoa)

Es frecuente, entonces, tanto en Guaya­ quil como en el Cantón Rumiñahui que se recurra a “pagar” el trabajo doméstico asumido por abuelas, tías, hermanas tuto- ras en reemplazo de las mujeres migran­ tes; sin embargo de ello, dice Gregorio (1998), se debe tener en cuenta que éste es el trabajo más infravalorado y, como consecuencia, peor remunerado. Efecti­ vamente, el “pago” que se hace mensual­ mente -cuando es con tal periodicidad- no sobrepasa los cincuenta dólares; otras veces el envío es puntual sea en navidad, cumpleaños o alguna otra fecha “espe­ cial”, o sino la “paga” es en “especies” (ro­ pa, recuerdos, etc.). N o obstante de que la remuneración que perciben las tutoras sea baja, es menester anotar que esto ya constituye una “ruptura” con los patrones tradicionales de género, puesto que es la primera vez que a una mujer se le paga

por el trabajo doméstico que realiza, con lo que se empieza a visibilizar y valorar la­ bores que culturalmente han sido poco valoradas.

A pesar de darse en la práctica esto que hemos llamado “ruptura”, no hay que ol­ vidar que la “ ... nueva organización del tra­

bajo dentro de los grupos domésticos . . . h a venido dada en el marco de una ideología se­ xual que exime al hombre de la realización de las tareas de reproducción social y material del grupo doméstico, y mantiene a la mujer dentro de éstas" (Gregorio: 1998:199). Ello

explica que, en el imaginario de las muje­ res tutoras y de la sociedad en general, las responsabilidades por ellas asumidas con sus nietos/as, sobrinos/as, etc., no ten­ drían que ser pagadas, pues es una activi­ dad que no la están haciendo por un inte­ rés económico, sino sobre todo por un afán de ayudar y apoyar a sus parientes emigrantes. Lo que ellas perciben, enton­ ces, no es considerado un pago sino un aporte, un reconocimiento que, en tanto tal, podría o no podría ser hecho y depen­ de exclusivamente de la voluntad de las madres/padres de las criaturas que están a su cargo.

Vulneración de las id e n tid a d es de género

Este es un aspecto resaltado exclusivamen­ te por los esposos de migrantes y por las jefas

de hogar de ambas regiones donde se realizó

el estudio. Ambos coinciden en que esta experiencia les enfrenta a veces a situacio­ nes y sensaciones que no saben cómo ma­ nejar, lo que las y los hace sentir vulnera­ bles, así como vulneradas sus identidades. U na vez más, en tanto estas experiencias están atravesadas —y deben ser entendi­ das— en el marco de los sistemas de géne­ ro, estas situaciones y sensaciones se ma­ nifiestan en ámbitos particulares y espe­

Impactos de la migración en quienes se'quedan / CAPÍTULO V 1 0 9

cíficos para unas y otros, y que dicen re­ lación a los “pilares” sobre los cuales so­ cial, cultural e individualmente sus iden­ tidades se han ido construyendo y re­ construyendo.

Para las m ujeres je f a s de hogar

el nudo crítico está en dos ejes:

El primero relacionado con sus capacida­ des para sacar adelante emocional y afec­ tivamente a sus hijos/as ahora que su espo­ so no está. Aunque autovaloran el haber podido hacer frente económicamente a la situación cuando sus esposos no han podi­ do enviar dinero o cuando simplemente han decidido desentenderse del asunto; estas mujeres se sienten poco capaces de ejercer satisfactoriamente su rol materno, y por consiguiente, se sienten vulnerables ante el hecho de que frente a esta ausen­ cia paterna ellas deben probarse y probar al resto que es una “buena madre”.

... a veces me siento así cansada, no

avanzo para dominar a los hijos, pa-

ra aconsejar a los hijos ... a veces con­

migo se propasan, a veces no me sien­ to capaz • •• cuando se ponen rebeldes así a veces creo que fallo ... entonces uno se siente mal ... (BE jefa hogar,

Guayaquil)

El segundo nudo crítico se centra en la tensión entre sus deseos, expectativas y bie­

nestar personales, y, el bienestar de sus hi­

jos/as que implicaría la presencia paterna. En este sentido, aquellas mujeres cuya re­ lación de pareja estaba atravesada por maltrato o infidelidad, sienten que han

ganado cierta tranquilidad en su cotidiani­

dad con la partida de sus esposos pues con ello cesaron los problemas, las discusiones y la violencia; una ganancia que es puesta en cuestión por ellas mismas cuando refle­ xionan sobre los costos que la ausencia del padre tiene para los y las hijas.

... lo que dejé de sufrir con lo que él

nos trataba mal, o sea eso ha cambia­ do para bien, ya en eso yo me siento tranquila ... como que siento una paz, una tranquilidad ... aunque a veces sí me hace falta pero vuelta cuando me acuerdo de las discusiones que había .. mejor que capaz que no vuelva no sé

... por eso a veces digo que estoy tran­ quila con que él estese allá, por lo menos problemas no tengo, ..., pero no puedo ser egoísta tampoco porque los hijos le necesitan a él, entonces no voy a pensar solo en mí sino en los hijos también por­ que le necesitan a él ... no sé, digo yo

(BF, jefa hogar, Guayaquil)

Como se desprende de estos testimonios, las mujeres jefas de hogar viven la expe­ riencia de una manera ambivalente; sus posibles ganancias que la emigración de sus esposos haya significado a nivel más per­ sonal, se riñen y están siempre subordina­ das a su identidad primaria de madre, como dice Pessar, quien añade que la emigra­ ción no rompe, por lo tanto, el escenario social en el que las mujeres son concep­ tuadas (y nosotras diríamos autoconcep- tuadas), sino que por el contrario, la mi­ gración refuerza las ataduras de las muje­ res a su grupo doméstico (Pessar:198 657 en Gregorio: 1998:194)

En lo que respecta a los

e sp o so s de m igran tes:

Esta sensación de vulnerabilidad está principal y estrechamente relacionada con su rol de proveedor, muchas veces puesto en cuestión por el protagonismo que sus esposas migrantes están teniendo como mantenedoras del hogar. Este prota­

57 La autora hace estos planteamientos al analizar la m i' gración femenina internacional, sin embargo, son planteamientos que se hacen extensivos al analizar - como aquí se hace- los efectos de la migración mascu­ lina sobre las mujeres jefas de hogar.

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1 1 0 CAPÍTULO V / Impactos de la migración en quienes se quedan

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