CHAPTER 3: THEORETICAL FRAMEWORK
3.4 B LOGGING AS A TECHNOLOGICALLY MEDIATED PRACTICE
Una vez hemos trabajado sobre el concepto de autoeficacia de manera general, pero habiendo incluido también ejemplos relacionados con el consumo y abandono de drogas, pasamos a estudiar la autoeficacia de manera más concreta en el proceso adictivo, tanto en el mantenimiento de la adicción como en su cese y mantenimiento de la abstinencia.
En el campo de las adicciones, el término autoeficacia se refiere a la expectativa del individuo a resistirse a la urgencia de consumir drogas en situaciones estresantes o de alto riesgo (Sklar, Annis y Turner, 1997), siendo éstas las situaciones más difíciles de afrontar por parte de los consumidores. Cuando hablamos de situaciones estresantes, nos referimos a situaciones que provocan un alto nivel de activación, ya sea por factores negativos (p. ej. pérdida de trabajo) o positivos (p. ej. compra de una nueva vivienda y su posterior fase de organización de ésta para poder vivir con la pareja). Y cuando hablamos de situaciones de alto riesgo nos referimos sobre todo a situaciones en las que para los individuos es más difícil no consumir y mantener la abstinencia. Son situaciones en las que los sujetos han consumido con anterioridad, situaciones en las que hay otras personas consumiendo, o situaciones en que hay droga (p. ej. restos de cocaína de un consumo que una persona ha guardado en la guantera del coche).
La autoeficacia percibida ejerce una función fundamental en el área de las conductas adictivas. La creencia en la propia capacidad influye tanto en el desarrollo inicial de los hábitos adictivos como en el proceso de modificación de conducta que conlleva el cese de tales hábitos y el mantenimiento de la abstinencia (Bandura, 1982; DiClemente, Farirhurst, y Piotrowski, 1995; Marlatt, Baer y Quigley, 1995).
Autoeficacia y conducta adictiva
Una persona ha de sentirse capaz para iniciar el consumo de una sustancia y lo que ello conlleva (posiblemente transgredir una norma familiar, ingerir una sustancia que no sabe bien qué es, aprender a consumir esa sustancia-esnifar, fumar, inhalar-etc.) (López Tordecillas, 2003), y de la misma manera, ha de sentirse capaz para mantener la abstinencia con lo que ello conlleva (abandonar ambientes de consumo, resistir el craving, buscar alternativas de ocio, etc.).
En muchas ocasiones, las personas se sienten ambivalentes entre ambas direcciones (iniciar consumo-no iniciarlo, dejar consumo-no dejarlo) y deciden una u otra en función de la intensidad de la autoeficacia que sientan en ese y otros momentos similares.
La ambivalencia entre comenzar o no comenzar el consumo, o entre abandonarlo o no abandonarlo caracteriza el problema de la conducta adictiva durante gran parte del proceso adictivo y de tratamiento.
En ocasiones, esta ambivalencia viene marcada por una baja autoeficacia respecto a la conducta que se quiere realizar; una persona puede no querer iniciar la abstinencia de una droga porque no se siente capaz para ello.
La ambivalencia produce mayores niveles de ansiedad, que a su vez producen mayor craving y menor sensación de autoeficacia (Weiss, 2003).
Como se ha comentado al principio del capítulo, aparte de las expectativas de eficacia, de la creencia en el “control personal” para consumir o no una droga, otros factores importantes implicados en el consumo y su abstinencia son las expectativas de resultado que la persona tiene respecto al hecho de consumir y a su abstinencia, y los objetivos personales de cada uno.
Si un consumidor de cocaína cree que esa sustancia le ayuda a estar más activo en el trabajo o le proporciona otras ventajas, la eficacia se dirige a las conductas relacionadas con el consumo (consumir, conseguir dinero para comprar cocaína, buscar amigos consumidores, etc.). Cuando ese mismo consumidor siente las consecuencias negativas del consumo y decide abandonarlo, la autoeficacia se dirige a las conductas relacionadas con la abstinencia (no consumir, no frecuentar lugares donde consumía, adquirir nuevos hábitos incompatibles con el consumo, etc.).
En este sentido y siguiendo a Bandura (1982), ambos tipos de expectativas son importantes, pero serán las expectativas de autoeficacia las que finalmente determinen la acción.
En la línea de la Teoría del aprendizaje social propuesta por Bandura (1995) se ha observado que la autoeficacia para resistirse al consumo de sustancias se incrementa durante el curso del tratamiento y es un buen predictor de resultados (Goldbeck, Myatt y Aitchison, 1997; Reilly et. al., 1995), teniendo en cuenta la importancia de las habilidades adquiridas durante el tratamiento (Ilgen, 2007).
Autoeficacia y conducta adictiva
De manera específica, la autoeficacia para mantener la abstinencia, se ha encontrado como predictor del resultado del tratamiento de abusadores de drogas en general (Coon, 1998), de alcohol (Solomon y Annis, 1990; Zingg, 2009), pacientes dependientes de opiáceos (Reilly et al., 1995; Senbanjo et al., 2007), fumadores (Gulliver et al., 1995; Palacios, 2010), pacientes dependientes de cocaína (Dolan et al., 2007), y pacientes dependientes de marihuana (Litt et al., 2005), observándose que los cambios en la autoeficacia, producían cambios en las conductas que ayudaban a disminuir el uso de la sustancia.
Por otro lado, los pacientes que manifiestan su intención de mantener una abstinencia total parecen tener menos probabilidades de recaída que los que no se plantean una abstinencia absoluta En el trabajo de Dolan et al. (2008), se encontró una asociación entre autoeficacia y un mayor deseo de dejar de consumir y menor necesidad de uso en situaciones de alto riesgo. La edad, los síntomas depresivos, el funcionamiento cognitivo, el consumo de sustancias recientes, y los éxitos del pasado en dejar el consumo también se correlacionaron con la autoeficacia (Sánchez-Hervás y Llorente del Pozo, 2012). La autoeficacia también parece predecir el consumo de cocaína en usuarios de crack. Una mayor autoeficacia se ha relacionado con menor gravedad percibida del uso de sustancias y menor frecuencia de uso de alcohol (McKay et al., 2005).
Sin embargo, diferentes autores sitúan la fuente del sentimiento de autoeficacia para el abandono de las drogas en diferentes procesos tanto personales (personalidad, estabilidad emocional, etc.) como del tratamiento. No hay que olvidar que el sentimiento de autoeficacia es específico para conductas concretas, pero que también está influenciado por otras variables personales y sociales.
Según Marlat y Gordon (1985) una elevada autoeficacia está fuertemente relacionada con estrategias de afrontamiento a situaciones de alto riesgo de consumo eficaces y cuanto mayor es el período que consigue una persona estar abstinente, mayor percepción de autocontrol tiene sobre sí mismo y por tanto mayor autoeficacia siente, obteniéndose las puntuaciones más bajas en autoeficacia en las fases de precontemplación (cuando el paciente no siente que tenga ningún problema con la sustancia en cuestión), y aumentando casi de manera lineal a lo largo del resto de etapas de cambio - contemplación, determinación, acción y mantenimiento- (Yalçınkaya-Alkar y Nuray Karanci, 2006). Para que este aumento lineal de la sensación de autoeficacia se produzca, es fundamental el desarrollo de habilidades de afrontamiento y la renovación constante de la decisión y compromiso de mantenerse abstinente, que es lo que al individuo le va a permitir sentirse eficaz.
Chicharro (2005) propone que la autoeficacia percibida está modulada por rasgos de personalidad como el control de emociones, la cooperatividad, la perseverancia y la apertura a la cultura; siendo la evaluación de la personalidad, según él, un mejor predictor de la abstinencia y el elemento clave para programar, desarrollar y evaluar los tratamientos que la autoeficacia.
Autoeficacia y conducta adictiva
En la misma línea, Garrido y colaboradores (2005) proponen un modelo a partir del cual, sea la personalidad del sujeto la que determine el menú de técnicas y las estrategias de intervención más adecuadas.
Reilly y colaboradores (1995) observaron en una muestra de pacientes adictos a la heroína, en los cuales realizaron distintas evaluaciones de autoeficacia, que la capacidad de estos pacientes para no consumir heroína aumentaba cuando recibían la primera dosis de metadona y justo antes de pasar a un estado crónico en el tratamiento con metadona (tratamiento de larga duración en la mayoría de casos), y disminuía cuando el paciente pasaba al estado crónico de tratamiento y se enfrentaba a situaciones de alto riesgo, siendo por tanto el momento del tratamiento y las situaciones enfrentadas las que determinaban el nivel de autoeficacia, más incluso que la percepción de una dosis de metadona satisfactorio (Senbanjo, 2009).
Estos estudios, plantean varias dudas respecto a la utilidad de la medida de la autoeficacia en el tratamiento de conductas adictivas; en primer lugar, si es la variable idónea para predecir la evolución del paciente adicto en el tratamiento de desintoxicación y deshabituación, y en segundo lugar, si es una variable generalizable o específica de determinadas situaciones concretas.
Muy posiblemente, es una variable no tan estática, como muestra un valor absoluto en su medida en un momento determinado, y justamente ese es su valor, el hecho de que es una variable trabajable, y con gran potencial de cambio, con el paciente.
Hay autores que postulan que la autoeficacia es específica de determinadas situaciones (Annis, 1982) y difícilmente generalizable a otra situación; otros sin embargo, concluyen que la autoeficacia no es específica de la situación, sugiriendo que las evaluaciones de eficacia, pueden ser predictores útiles de recaída, particularmente cuando se evalúa durante la fase de cambio de mantenimiento (Baer et al., 1986; Diclemente et al., 1985).
En este sentido, desde una perspectiva motivacional, la autoeficacia no es una característica estable y directamente dependiente de la personalidad del individuo como indicaban Chicharro (2005) y Garrido (2005) aceptándose que la personalidad puede influir en ella, así como diferentes estados como encontró Dolan (2008) en su estudio en el que observaron que la edad, los síntomas depresivos, las funciones cognitivas, el uso reciente de sustancias de abuso y el acontecimiento de éxitos recientes, correlacionan con la autoeficacia.
Desde el trabajo que parte de la Entrevista Motivacional, la autoeficacia es una característica específica para cada tipo de conducta y que depende no sólo del paciente consumidor, sino también de la relación terapéutica que se establece en terapia, de la creencia por parte del terapeuta en la capacidad de cambio del paciente y de la capacidad de rescatar aspectos autoeficaces del paciente en situaciones comparables con el mantenimiento de la autoeficacia.
Autoeficacia y conducta adictiva
Ésta es una forma dinámica de entender el concepto y que ofrece la posibilidad de trabajar sobre él, potenciando la capacidad del paciente durante todo el proceso de tratamiento.