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CHAPTER 8: FURTHER ANALYSIS

8.2 C OMPLICATING MEDIATED INTERACTION

Por otro lado, la historia del capitán Durham también sirve para analizar algunas de las contradicciones internas del discurso colonial, revelando la complejidad interna de algunas de las construcciones sobre las que pretendía asentarse. Hay un fuerte componente sexual en el relato sobre la relación entre Ambrosia Bowden y el Capitán Durham, un reflejo de cómo sexualidad y colonialismo fueron dos conceptos a menudo indisociables el uno del otro. Veamos el siguiente extracto:

So Ambrosia Bowden, with Hortense inside her, had dashed up to the Captain’s room and returned there three times a week thereafter for instruction. Letters, numbers, the bible, English history, trigonometry – and when that was finished, when Ambrosia’s mother was safely out of the house, anatomy, which was a longer lesson, given on top of the student as she lay on her back giggling. Captain Durham told her not to worry about the baby, he would do no damage to it. Captain Durham told her that their secret child would be the cleverest Negro boy in Jamaica. (357)

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Se ha escrito mucho sobre la voracidad sexual del colonizador. La primera cuestión que esto plantea son las grandes contradicciones que este hecho genera dentro del discurso del colonizador. El siglo XIX es un siglo abundante, pleno de literatura científica que sitúa al hombre blanco en la cúspide del desarrollo racial. El hombre blanco es el prototipo de normalidad racial y cualquier tipo de ser humano que se aleja de estos estándares es considerado un ejemplo de desviación, con las consiguientes implicaciones políticas de este axioma. Sin embargo, estos estándares que servían para el control político y mental de los ciudadanos de las colonias eran a la vez transgredidos por los propios colonizadores, en una especie de giro esquizoide que desestabilizaba el constructo ideológico de su propio discurso. Y es que, como dice Robert Young, “folded within the scientific accounts of race, a central assumption and paranoia fantasy was endlessly repeated: the uncontrollable sexual drive of the non-white races and their limitless fertility” (181). Detrás de la educación, detrás de la supuesta civilización de los territorios conquistados, había un fuerte deseo sexual por lo prohibido, pero sobre todo, una manifestación, a través de este deseo, de la represión moral producida por los mismos valores que pretendían propagar.

No obstante, no se pueden obviar las consecuencias desgarradoras que estas prácticas tenían en el sujeto colonizado. Para entender este proceso, vamos a hacer una pequeña referencia al mundo del psicoanálisis. Wilhelm Reich2 asegura que la sexualidad natural del individuo ha sido reprimida por las estructuras familiares, valedoras de la moral reaccionaria que impera en las

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Para profundizar en el conocimiento de la relación entre neurosis e insatisfacción sexual estudiada por el Dr.Wilhelm Reich, basta acercarse a dos de sus obras fundamentales: La Función del Orgasmo y Análisis del Carácter.

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sociedades occidentales. Esta represión genera en el individuo lo que él convino en denominar “la coraza caractereológica”, un mecanismo de protección del individuo frente a la sociedad pero fuente de insatisfacción al mismo tiempo, pues lo aleja de sus necesidades sexuales naturales. Cuanto más rígida es esta coraza, más dificultad tendrá para desarrollar una sexualidad sana y feliz. En vez de desarrollar “una sexualidad genital” (una sexualidad sana durante la época adulta), desarrollará “una sexualidad pre- genital”, una sexualidad insana, colmada de fantasías y tendencias sádicas que lo alejan de la felicidad y que lo sumen aún más en el oscuro camino de la neurosis. La aplicación de este marco de análisis en el ámbito colonial tiene consecuencias innegables. Por un lado, pone de manifiesto la moral esencialmente represiva de las culturas colonizadoras. Una moral, promovida fundamentalmente desde la religión cristiana, destinada a cronificar la insatisfacción sexual del individuo occidental, primera víctima de este proceso represivo. Por otro lado, también conlleva serios efectos en el sujeto colonizado. Este, objeto de fantasía por parte de una civilización reprimida, pierde desde el principio su condición de sujeto y sufre un proceso de cosificación que anula su dimensión humana.

Sin embargo, la relación entre educación y posesión sexual que nos plantea la novela me lleva a hacerme la siguiente pregunta: ¿Es posible hablar, a la luz de la historia entre Ambrosia y el capitán Durham de una verdadera historia de amor en el contexto colonial? ¿En qué circunstancias? Frantz Fanon habla en Black Skin, White Mask sobre este supuesto. Cita en su libro un fragmento de la obra Je suis Martiniquese, de Mayotte Capecia, que resulta bastante interesante: “I should have liked to be married, but to a white man. But

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a woman of color is never altogether respectable in a white man’s eyes. Even when he loves her” (42). Fanon habla sobre la existencia en el subconsciente de muchas mujeres negras del deseo patológico de convertirse en mujeres blancas, negando su negritud. Para él, el colonialismo genera este tipo de bipolaridad, esta tensión entre identidad racial e identidad social. Esta situación hace imposible una verdadera relación amorosa, pues nunca será una relación entre iguales. La mujer negra intentará cada vez ir más lejos en el proceso de “blanquear” su negritud, pero a la vez acentuará su dependencia del hombre blanco y se alejará cada vez más de sí misma. En el texto de Zadie Smith vemos cómo el capitán Durham necesita “blanquear” a Ambrosia antes de poseerla sexualmente. Pero también, como dije anteriormente, observamos cómo este proceso aleja a Ambrosia de sus referentes culturales originarios. Ella es cada vez más blanca, más cristiana, pero su amor es cada vez más imposible. Hasta que al final el capitán, obligado a marcharse sin ella, la deja definitivamente. Él se va simplemente de vuelta a su casa, a pesar de sus promesas. Y ella se queda esperando. Pero en el fondo, lo que subyace es que los dos no son en absoluto iguales. Y sobre todo, que a Ambrosia esa relación desigual la ha dejado sin identidad. O con una identidad, la cristiana, completamente ajena a sí misma.

No debemos subestimar la importancia de la religión en White Teeth, porque la fe que Ambrosia profesa con tanta dedicación va a ser la fe que su hija Hortense profese durante toda su vida. Y toda religión tiene una serie de consecuencias epistemológicas y culturales importantes. En el caso de las religiones cristianas, no se puede olvidar la vinculación entre Cristo y el hombre blanco que ha hecho el colonialismo. Deleuze y Guattari dicen que “In the face

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is in fact Christ, in other words, your average ordinary White Man” (ctd en Young 180). Esta visión de la religión y su identificación con el hombre blanco nos lleva a una lectura interesante del radicalismo religioso de Hortense Bowden.

Hortense se agarra a su fe religiosa como si fuera la única cosa sólida en el mundo. Como dice Elaine Childs en su ensayo “Insular Utopias and Religious Neuroses” (2006),

religion can seem to empower the disempowered. […] Although Hortense’s religious faith does ‘cut into’ her daily life to a certain extent (evidenced by her compassion and hospitality to Ryan Topps [el primer novio de su hija] and Irie), religion’s hold on her seems to be derived from other origins rather than a passion for the impossible that leads to generosity toward otherness. (9)

Con la adopción de su extremismo religioso, Hortense profundiza aún más su vínculo con el yugo colonial. Profundiza en su situación de desplazamiento cultural. Y por encima de todo, la religión se convierte en un narcótico, en una ensoñación que le impide transformar objetivamente su vida y afrontar las condiciones estructurales de una realidad miserable. Su fe ha quedado compartimentada entre las narrativas olvidadas de la historia, alejadas de cualquier vínculo con la realidad. En otras palabras, Hortense se ha quedado a principios del siglo XX, pues cualquier desplazamiento de identidad impide una evolución cultural sana y desarrollada. En última instancia, la religión que profesa ha terminado convertida en un constructo a través del cual poder negociar sus relaciones cotidianas, en un arma de doble filo que la ha subyugado, pero que al mismo tiempo le sirve para defenderse del mundo que la rodea: “On the other side, Hortense, her hair all wrapped up in iron rollers,

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tossing and turning in her sheets, gleefully awaiting the rains of sulphur to pour down upon the sinners, particularly the woman at No. 53” (39). Poco hay en este extracto de trascendencia. Queda más bien el odio frente al mundo y una cierta esperanza en la muerte más que en la vida, la desintegración psíquica de una persona que ha permanecido encerrada en las perversidades inherentes al desplazamiento cultural producido por la colonización.

3.4. Discurso orientalista e ideología capitalista: la