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Chapter 5 Train Deep Learning Models in Low Resource Settings

5.2 Background

Baltasar Gracián y Morales

aforismo 74

Escribe Gracián (antes de que se le prohibieran pluma, tinta y papel, por atrevido) que “todos los necios son auda- ces”, lo cual debe de ser probablemente cierto, al menos si se adopta, para necio, la acepción que lo refiere a aquel que obra sin cautela o sensatez. Pero nada dice Gra- cián ni ningún otro puede demostrar que la inversa sea también frase juiciosa, así que nos cabe el alivio de saber que no todos los audaces son necios de hecho. Porque la audacia o el atrevimiento es uno de los ingredientes insustituibles de la creatividad personal y del progre- so, ya sea éste en lo científico, en lo técnico o en lo cul- tural. Hay muchos ejemplos de avances importantes (al menos importantes desde el punto de vista de la pers- pectiva histórica) detrás de los que hubo una intrepidez, un cuestionarse un modo tradicional de hacer e inter- pretar; cualquier lector puesto a pensar, y no muy pro- fundamente, podría sin duda encontrar una larga lista de ellos. Fue atrevimiento lo de Picasso o Braque inven- tando el cubismo contra la perspectiva tradicional, fue

aforismo 78

T E N C U I D A D O A L AT R E V E R T E

L

as necedades siempre sorprenden a todos, pues

el necio es audaz en atrevimiento. Su torpeza le impide advertir que desentonará con su conducta, y eso mismo le quita la vergüenza de hacer el ridí- culo. En cambio, el hombre de cordura entra con gran cuidado. Su escudo es la advertencia y el recato, y va observando y descubriendo lo que hay en el ambiente, para actuar con el mínimo de riesgo. Todo atrevimiento que carezca de reflexión está conde- nado al despeño, aunque tal vez lo salve el azar ven- turoso. Conviene nadar con cuidado en aguas que se temen hondas: ve probando poco a poco con saga- cidad y ganando terreno con prudencia. Hay grandes confusiones hoy en el trato humano: conviene ir siem- pre tirando sondas que vayan orientándote.

atrevimiento lo de Fosbury inventando el salto en altu- ra de espaldas, fue audacia lo de Schoenberg y su dode- cafonía y lo de Böhr y su átomo, y lo de Maxwell y sus modelos electromagnéticos y lo de Darwin y sus espe- cies y lo de El Quijotede Cervantes… y fueron tantas otras novedades para los que no es posible identificar como creador o inspirador a ningún nombre famoso, entra- do en la historia (la inabarcable mayoría, por cierto). Obviamente Gracián no consideraba semejante concep- to del atrevimiento, ni escribía de emprendedores, artis- tas, científicos o inventores cuando compiló su Oráculo manual y arte de prudencia(una obra imprescindible de nuestro XVII, dicho sea de paso), ni quiso llamar necios a los héroes a los que aludo en esta nota. El sólo preve- nía, moralizante, de la imprudencia en el trato huma- no y escribía en este septuagésimo octavo aforismo: “Ai grandes vaxíos(léase peligros, por ejemplo) hoy en el tra- to humano: conviene ir siempre calando sonda”. Nadie le va a quitar razón en eso al ilustre y fracasado jesuita, ni en el tiempo en el que él escribía, ni en el tiempo en el que lo leemos. Esa razón no se la vamos a porfiar. Pero en este aforismo, “Arte en el intentar” (es decir, sobre las “normas para procurar o hacer algo de nuevas), se me sugiere, más que otra cosa, que osar, atreverse, inten- tar… viene siendo la clave del progreso. La audacia, entendida como esa cualidad que se ha de tener para explorar fuera de los caminos trazados, parece ser un motivo recurrente en los casos conocidos del empren- der hacia el progreso, en cualquier disciplina. “Si haces siempre lo mismo, no esperes resultados diferentes”, decía el genio de Einstein. Sin conocer (o conociendo) la frase, así la interpretaron ilustres audaces: Andy Whar- hol, Coco Chanel, Steve Jobs, Henry Ford, Édouard Manet,

Igor Stravinsky, Juan Rulfo,… y tantos otros como el lector decida recordar. Sin duda, el atrevimiento no es todo, ni la mitad, ni la mitad de la mitad…; si lo fue- ra, el progreso estaría en manos de todos los necios (que son ”auda- zes”, escribe Gracián, recuerden); ni es el único elemento de

valor ni garantiza éxito de ninguna clase; el éxito es otra cosa distinta a la aventura de emprender, que requiere con frecuencia de otros integrantes, como por ejemplo de la serendipia, que es lo que tuvo Colón, descubrien- do América por casualidad, o Fleming la penicilina o Bec- querel la radioactividad; todos ellos unos atrevidos, eso sí, por cierto. No es todo el atrevimiento, pero es más que algo.

Y ese más que algo, que es la audacia de intentar inven- tar, no es cualquier atrevimiento imprudente. No es la iniciativa basada en la intuición ignorante, en la cora- zonada sobrevenida o en una elección azarosa la que conduce a gran puerto (así dice Gracián que “todo arro- jamiento está condenado por la discreción a despeño…”). A juzgar por los ejemplos conocidos, ese atrevimiento tie-

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CUID

ADO AL A

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ne que estar basado en el conocimiento cabal del orden planteado. Nadie inventa desde la nada (esto es espe- cialmente cierto en el mundo de la ciencia y la tecno- logía, pero también en otros mundos). Por eso no hay mejor manera de prepararse para la transgresión que adquirir un profundo conocimiento de lo que puede transgredirse. Este es el fundamento de la actividad cien- tífica, pero también de la artística, y, creo que de cual- quier otra actividad creadora.

Así que, concluyo, no es intentar por intentar, impru- dentemente (razón tiene Gracián en eso), pero para innovar hay que intentar. Como escribiera Góngora en su carta (dicen algunos que a Lope) en defensa de sus Soledades:“caso que fuera error, me holgara de haber dado principio a algo; pues es mayor gloria en empezar una acción que consumarla”. Podríamos guar- dar memoria y elogiar esa cualidad que es el princi- piar…, pero sin olvidar la más valiosa de todas las vir- tudes del innovador de éxito, que es la perseverancia, esto es, la constancia en lo comenzado. Que, como dijo, al parecer, Joubert (que no publicó libro alguno en vida): “el genio comienza las grandes obras, pero sólo el tra- bajo las acaba”.

JOSÉRAMÓNCASARCORREDERA

Catedrático de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Telecomunicación de la Universidad Politécnica de Madrid

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