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2 Current status of RTD for spent fuel disposal

2.4 Design and technical development

2.4.5 Development of the alternative disposal concept KBS-3H

2.4.5.3 Basic design

¿Qué es el estilo para Umbral? En nuestras conversaciones de Umbral: vida, obra y

pecados le preguntábamos por la literatura, qué es la literatura para él, pero la respuesta que

nos dio vale también para su idea del estilo, y al final nuestro diálogo desembocó en el estilo:

-Y la gran pregunta, la pregunta típica y utópica, respondida tantas veces con vaguedades: ¿qué es literatura, qué entendemos por literatura?

-¿Que qué es literatura? Literatura es escribir las cosas como no las escribe nadie, no digo mejor ni peor, sino distinto.

-De una manera personal.

-Tener una visión personal del mundo, y una manera personal de expresarlo.

-Tú eso está fuera de toda duda que lo has conseguido.

-Hombre, yo creo que sí. Como decía Cela cuando yo era muy pequeñito: “Tú tienes una voz personal, Paco, tú llegarás, tú tienes algo personal”.

-Cuando se habla de la mirada de Umbral, del estilo del Umbral, el mayor estilo en español del siglo, es para constatar que lo has conseguido, una manera personal de decir las cosas.

-De eso no hay duda, para mí es lo más importante.103

Hay dos frases que destacan aquí: “Literatura es escribir las cosas como no las escribe nadie, no digo mejor ni peor, sino distinto”; “tener una visión personal del mundo, y una manera personal de expresarlo”. Y todo ello a través del lenguaje, a través de las

102

Francisco Umbral: “Autorretrato”, en Travesía de Madrid, Madrid, Alfaguara, 1966.

103

Eduardo Martínez Rico: Umbral: vida, obra y pecados. Conversaciones, Madrid, Foca, 2001, p. 161 y 162.

palabras y la gramática que utiliza una comunidad enorme de hablantes y de escribientes. Él ha escrito algunas veces sobre la pasmosa contradicción de su trabajo: ganarse la vida, incluso hacer arte, con la misma materia potencial que está en manos de millones de personas, de todas las clases sociales y todas las formaciones culturales. Por esa razón entra en juego la noción de estilo: el estilo es la forma personal que da cada escritor –o cada hablante, ¿por qué no?, aunque aquí presuponemos una intención literaria- a su discurso. Y esa forma, como puntualiza Umbral, no sólo concierne al lenguaje propiamente dicho, sino también a una forma de ver el mundo. Ambas capacidades, la de la “visión personal del mundo” y la de expresarlo mediante el uso de un código común, de un modo también personal, intransferible, en opinión de Umbral hacen a un escritor.

I.4.2. El estilo como “seducción”:

El estilo es la manera que tiene Umbral de seducir al lector. Es necesario decir las cosas para que llamen la atención, por su belleza o por su fealdad, por su verdad o por su mentira, pero sobre todo, por la forma que ha hallado el escritor de darles salida en el papel. Umbral entiende que al lector hay que seducirlo, y el arma más poderosa que tiene para ello, la que cuida diariamente para mantenerla en perfecto estado, es su estilo: la lengua española interpretada y utilizada por Francisco Umbral, al servicio de la expresión de un mundo propio. Se llega, además, a una conjunción; ya no hay subordinaciones. Ese mundo y ese particular lenguaje son inseparables. Son una realidad única.

En El fulgor de África el protagonista, Jonás, reflexiona sobre el estilo y lo entiende principalmente como “seducción”. En esto y en tantas cosas, Umbral se funde con este alter

ego:

La seducción. La Seducción. Jonás el bastardo escribió un capítulo reflexivo sobre esto. La seducción es más importante que la persuasión. Y más eficaz. La seducción no es el amor, sino lo único que está por encima del amor. Los cadetes amaban y los africanistas seducían. Y Jonás se proponía ser, en el futuro, un seductor, no en el sentido sexual de la palabra, sino en el sentido general de la personalidad que se estaba haciendo al margen de lo que él hacía. Entre la seducción y la razón optó en seguida por la seducción. La razón es tiránica, despótica dictatorial. La razón nunca tiene razón. La seducción no se propone nada, sino que seduce mediante la pasividad. (...) En cuanto a la literatura, Jonás anotó en su memorial: “El estilo es la seducción”. Le gustaba aquella idea que se le había ocurrido a él solo. Un filósofo, un narrador, un poeta no basta con que tengan razones y escriban correctamente: han de ser seductores. Si bien se lee la historia de la literatura, del

pensamiento a la lírica, sólo han quedado los seductores. Platón es un seductor. Y Shakespeare es un seductor. Y San Juan de la Cruz, y Proust, y Rubén Darío (...). A partir de aquí, Jonás renunció a convencer con su escritura: prefería seducir. La seducción es más verdad que la convicción. Y de mejor gusto. “El estilo es la seducción”, se decía. “Ya sé lo que tengo que hacer: no una prosa asertiva ni convincente, sino una prosa seductora, como la de D´Annunzio, por ejemplo.”104

“El estilo es la seducción”, concluye el joven Jonás. Recuerda que los grandes filósofos y los grandes escritores han perdurado por haber sido grandes seductores. Cuando Jonás-Umbral (creemos lícito identificarlos aquí) dice preferir “una prosa seductora” a una “prosa convincente”, entendemos que prefiere una prosa que llame la atención por sí misma, más que por la verdad o precisión de sus ideas. La verdad y la precisión la busca en el estilo, y el lector debe quedar atrapado por lo que lee aunque no le guste su contenido, o aunque lo crea erróneo o falso. Porque le ha seducido una prosa, una forma literaria, y lo que haya dentro de esa prosa no es que lo considere secundario, es que le parece aceptable* porque hay un estilo que le ha seducido. Para Umbral esto es lo que diferencia a un escritor de una persona que, siendo otra cosa, escribe, para contar una historia o para convencer sobre unas ideas. El escritor, según Umbral, escribe sin otra justificación que el escribir mismo. Entiende escribir como un “verbo intransitivo”. No necesita convencer de nada, porque utiliza el material con el que otros tratarían de persuadir, para crear simplemente un objeto estético con palabras. En esto hay mucho dandismo literario (y su concepto de la literatura como algo inútil está muy cerca de las ideas de Oscar Wilde sobre la gratuidad del arte). Umbral no desprecia los contenidos pero su prosa aspira a ser artística trate de lo que trate. Aspira a crear el mundo de nuevo convertido en lenguaje.

En el libro de Ángel-Antonio Herrera sobre nuestro autor, ambos tratan estas cuestiones, fundamentales para comprender los planteamientos literarios de Francisco Umbral:

-Reconstruir la cosa con el lenguaje. Hay que sustituir una botella, o sea, hay que hacer una botella con palabras, una botella de palabras. Francis Ponge hace esculturas léxicas, sustituye el objeto material por el objeto léxico.

-Una experiencia apasionante..

-Apasionante, sí, y obliga a llevar el lenguaje a sus últimas consecuencias. Y desde luego no hay que confundir esto con el realismo. Es todo lo contrario.

-Esculpir con palabras.

104

-Claro, claro. Las cosas tienen que estar creadas en el libro. A mí no se me puede decir: “aquel autobús iba atestado de gente”. No lo soporto. En primer lugar, atestado es un participio odioso, y vulgar, y corriente, y luego porque no se está creando nada, eso también lo dice mi tía. Y te he puesto un ejemplo que está en novelas recientes, no tomado del vacío. Yo creo, como Valle-Inclán, que las cosas tienen que estar creadas en el libro. No vale aludirlas, no sirve aludirlas y decir: “era una pensión cochambrosa con unos huéspedes harapientos”. Yo no sigo, yo no sigo, o usted me crea o yo no sigo. Hay que crear la pensión y los huéspedes, pero con palabras. Parece un problema puramente estético, pero es un problema de honestidad literaria. Todos sabemos que es una pensión cochambrosa y unos huéspedes harapientos, pero hay que crearlos, nunca limitarse a aludirlos con un lenguaje pobre y vulgar. Eso no me interesa, no hay creación. Es lo que yo llamo redactar, redactar novelas, que es muy frecuente. Escribir, crear dentro del libro, ya lo ha hecho muy poca gente, modernamente.105

“Yo creo, como Valle-Inclán, que las cosas tienen que estar creadas en el libro”, dice Umbral, y es un presupuesto de su estética literaria. Recordemos los famosos versos de “Arte poética” de Vicente Huidobro, en El espejo de agua, que parecen fundar ellos solos el creacionismo:

Por qué cantáis la rosa, ¡oh, Poetas! Hacedla florecer en el poema; Sólo por nosotros

Viven todas las cosas bajo el Sol. El poeta es un pequeño Dios.106

Eso es lo que le pide Umbral a un escritor, que no se limite a “aludir” sin más un objeto, una persona, un lugar, un ambiente, etc., y con “un lenguaje pobre y vulgar”, sino que los presente a los ojos del lector, para que ese objeto, esa persona... se levanten en la imaginación también creadora del lector. En el texto todo tiene que existir. Y para eso el lenguaje, en este caso el aspecto más material del estilo, tiene que ser rico, sonoro, sorprendente, distinto al de la vida cotidiana, intencionadamente buscado y seleccionado.

Umbral seguía en la misma línea su diálogo con Ángel Antonio Herrera:

-Decía que así nos encontramos ya en el escritor/pintor.

-Retina y muñeca. Un escritor es eso: saber ver y saber mover la muñeca.

-El voyeurismo como estilismo.

105

Ángel-Antonio Herrera: Francisco Umbral, Madrid, Grupo Libro 88, 1991, pp. 105 y 106.

106

Vicente Huidobro: “Arte poética”, El espejo de agua, en Obras Completas, ed. de Hugo Montes, vol. I, Santiago de Chile, Editorial Andrés Bello, 1976, p. 219.

-El estilo supone una doble mirada. Una a las cosas y otra al lenguaje. Para un pintor es tan importante la montaña que está viendo, en la naturaleza, como la montaña que está viendo en el lienzo. Tiene que llegar a un equilibrio entre las dos, del cual surgirá una cosa nueva que no tiene por qué ser una montaña, pero que alude a ella. Eso es escribir, mirada a la cosa y mirada constante al lenguaje, para ver en qué zona de éste se inscribe la cosa, y entonces aparece la palabra.107

“Retina y muñeca. Un escritor es eso: saber ver y saber mover la muñeca.” Podemos relacionarlo con otra frase umbraliana, esa definición personal de la literatura que hemos leído al comienzo de este capítulo: un escritor es aquél que tiene “una visión personal del mundo, y una manera personal de expresarlo”. La retina para ver el mundo, y para verlo de una manera individual, exclusiva; y la muñeca para expresarlo con palabras. No sólo ver y contar lo que se ha visto, sino hacer las dos cosas de una forma especial, como no lo ha hecho nadie antes de este escritor.

-Hay que crear, ya te digo, hay que volver a la escultura léxica, hay que hacer, con palabras, el personaje, pero hay que tener también malicia para alternar con la metáfora datos concretos.

-Incluso calumnias, que tú a veces no tienes medida.

-Lo que pasa es que no hay que quedarse sólo en el lirismo. Te pongo un ejemplo muy breve. Hace años, cuando murió Ignacio Aldecoa yo hice uno o varios artículos sobre él. Ignacio, muy amigo mío, admitía toda la literatura que quisieras pero yo, de pronto, escribiendo, decía, más o menos: le recuerdo en Ibiza, con un pantalón corto, pescando cangrejos o no sé qué, con unas piernas ridículas, llenas de pelos, vamos, en fin, lo que una tía no entendería jamás como unas maravillosas piernas de hombre. Un amigo mío, un gran amigo común, me comentaba después: “qué bien, Paco, aquel artículo, pero qué falta de caridad con el pobre Ignacio”. Eso, sin embargo, era también la semblanza del gran Aldecoa. Si yo me limito al lirismo no está el personaje, no doy a Aldecoa. Es, por resumir, la técnica de la rosa y el látigo: lirismo, sí, pero ahora vamos a decir una cosa concreta, y a ser posible negativa, y el retrato cobrará más fuerza.108

En apenas dos páginas de entrevista Umbral ha sintetizado los elementos básicos de su concepto de la literatura, ha trazado la frontera entre lo que él entiende por literatura y lo que se queda fuera de ella, y ha encerrado la complejidad de su estilo en una fórmula, breve y poética, reduccionista, por supuesto, pero no mucho si aceptamos que se trata de una fórmula: “la rosa y el látigo”. Es su “técnica”, uno de los fundamentos de su prosa.

La técnica de “la rosa y el látigo” funciona como un sistema muy complicado de contrapesos en la obra de Umbral, como un entramado de contrapuntos, tanto de fondo

107

Op. cit., pp. 106 y 107.

108

como de forma. El equilibrio literario se mantiene porque unos elementos no ahogan a otros, y así, como dice Umbral, el lirismo se potencia y no fatiga al lector, si está corregido por un dato muy concreto, muy cotidiano o especialmente duro. Basta con que sea

chocante, que el lector experimente un sobresalto. Entonces todo el conjunto de esa prosa

que está leyendo adquiere un tono de verdad que el excesivo lirismo o complacencia impediría. Con “la rosa y el látigo” Umbral puede lograr que sus textos sean, al mismo tiempo, poéticos y prosaicos, en el sentido más común de estas dos palabras, pero también consigue que sean puramente literarios según esa idea de la literatura que ya hemos estudiado. Cuando Miguel García-Posada tituló así su antología de textos umbralianos,109 debió de pensar que esa fórmula sugería muy bien el contenido y el estilo de la obra de Umbral.

El mismo arranque de Mortal y rosa nos brinda un ejemplo de esta técnica. El lector no espera encontrar después de las dos primeras frases una expresión despectiva, tan explícita, sobre Freud:

Cuando me arranco al bosque de los sueños, a la selva oscura del dormir, y me cobro a mí mismo, me voy lentamente completando. Porque he dejado de interesarme por mis sueños. A la mierda con Freud.110

Miguel García-Posada también hace referencia a este inicio del libro, y explica cómo en Mortal y rosa, quizá la obra más lírica de Francisco Umbral (más desnuda de contenidos no-poéticos que cualquier otra del autor si exceptuamos su reciente Un ser de

lejanías), el estilo se mantiene monocorde salvo en algunos casos, muy llamativos. En ellos

podría funcionar esta técnica de “la rosa y el látigo”, aunque en este caso particular el editor lo acusa al “profundo nihilismo del libro, la desesperación de raíz que lo habita y lo nutre”,111 y no a una mera técnica literaria. Acaso Umbral sufrió, en las circunstancias en las que nació Mortal y rosa, toda la verdad de la síntesis literaria que enunciaría más tarde.

El estilo de Mortal y rosa es lírico o ensayístico, además de narrativo, y casi siempre elevado, grave. Pero existe la tendencia a romper este sistema en determinados momentos. No son muy frecuentes, pero sí son notorios. Así, el primer párrafo del libro,

109

Miguel García-Posada: La rosa y el látigo, Madrid, Espasa-Calpe, 1994.

110

Francisco Umbral: Mortal y rosa, ed. de Miguel García-Posada, Madrid Cátedra-Destino, 1995, p. 53.

111

que se abre con tono solemne, concluye con un repentino “a la mierda con Freud”; el exabrupto reaparece en la página siguiente: “A la mierda con Breton”, y lo volvemos a encontrar hacia la mitad del libro: “A la mierda con todo” (151).112

La obra umbraliana está llena de rosas y látigos, combinados, porque es una constante en el escritor. Ya no podemos hablar, como hace él, de una técnica, o de un recurso literario, sino de un aspecto esencial de su estilo que debe de serlo también de su personalidad. Umbral, en su prosa, es igualmente capaz de las mayores elevaciones poéticas y evocadoras como de esos “exabruptos” que ha comentado García-Posada. Hay un equilibrio, del mismo modo, entre palabras en principio más dignas, o popularmente más respetables, palabras que se identifican fácilmente con la poesía, el lirismo o el pensamiento, y otras malsonantes, callejeras, ofensivas, etc. Muchas veces son palabras tópicas, en el fondo, tanto las unas como las otras, que el escritor debe corregir con otras más plebeyas o más aristocráticas, también tópicas, para que brillen en un hallazgo. Esto se da a todos los niveles de su prosa. Desde la mera unión de palabras hasta el discurso conceptual del texto. Por ejemplo, en la adjetivación. Umbral habla en algunas ocasiones del placer que supone para él juntar un adjetivo y un sustantivo que nunca antes se habían visto las caras.113 Y ahí puede funcionar “la rosa y el látigo”. Un ejemplo más amplio de esto nos lo encontramos en lo que explica Umbral a Herrera sobre aquel artículo en torno a Aldecoa. Allí había lirismo y cariño, nos dice, pero lo uno y lo otro estaban corregidos por una cierta maldad, a juzgar por el comentario de un amigo del escritor. Esa maldad no era otra cosa que malicia literaria, artística. Para dar el retrato completo de Aldecoa, y más verosímil, Umbral tenía que recurrir a la rosa y el látigo, porque, al igual que no todo es

112

Op. cit., “Introducción” de Miguel García-Posada, p. 42.

113

Cesare Pavese, en una de las primeras anotaciones de su diario El oficio de vivir trata también este tema de la adjetivación creadora. Pavese escribe sobre ese fenómeno en la poesía, pero sus términos son los mismos que podemos reconocer en Umbral, lo que indica la intención poética de nuestro escritor. Por otra parte, su discernimiento de esas combinaciones nuevas de sustantivo y adjetivo como generadoras de “nuevas realidades sacadas a la luz”, nos remite a esa concepción umbraliana de la literatura como creadora, en verso o en prosa:

Todo poeta se ha angustiado, se ha asombrado y ha gozado. La admiración por un pasaje de poesía no se dirige nunca a su pasmosa habilidad sino a la novedad del descubrimiento que contiene. Incluso cuando sentimos un latido de alegría al encontrar un adjetivo acoplado con felicidad a un sustantivo, que nunca se vieron juntos, no es el estupor por la elegancia de la cosa, por la prontitud del ingenio, por la habilidad técnica del poeta lo que nos impresiona, sino la maravilla ante la nueva realidad sacada a la luz. (El oficio de vivir. El oficio de poeta, traducción de Esther Benítez, Barcelona, Bruguera, 1979, p. 39.)

positivo en una persona, ni en la mejor, tampoco todo tiene que ser poesía y palabras graves, bellas. El texto mejora ostensiblemente con estos quiebros, porque el lector ya no sabe a qué atenerse. Y Umbral busca la sorpresa, la emoción, incluso el enfado del lector, como lo busca en sí mismo.

En esta Tesis Doctoral nos iremos encontrando ejemplos de “la rosa y el látigo”, y algunas veces –cuando es más exagerado el efecto y la intención- los comentaremos. No siempre, porque eso significaría prácticamente pararse en cada línea de Umbral, en cada pareja sustantivo-adjetivo, o grupo de adjetivos. Es una técnica a favor del contraste, entre palabras y entre conceptos, pero creemos que está en la base, no sólo del quehacer del