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las operaciones de

contrainsurgencia

culina patriarcal”.18El sufrimiento de las mujeres tiene lugar dentro de un cuerpo, que es percibido como viola-ble, que se presenta como un botín de guerra, como el lugar al que se ha trasladado el campo de batalla en muchos conflictos armados.19

Pero por otra parte, la violencia sexual tiene una dimensión colectiva muy importante, puesto que mediante su utilización se pretende humillar a toda la comunidad enemiga y no sólo a la mujer que es víctima de ésta. El cuerpo de la mujer, que es considerado pro-piedad masculina y propro-piedad de la sociedad, es el medio para transmitir un mensaje de humillación y poder al enemigo. Es decir, que mediante el cuerpo de las mujeres no sólo se ejerce un control sobre ellas, sino que este control se hace extensivo a toda la socie-dad enemiga. Las mujeres víctimas de la violencia sexual evidencian el poder que sobre su sociedad tiene el enemigo. Los cuerpos de las mujeres se convierten en transmisores de mensajes de humillación, control y poder.21El patriarcado a lo largo de la historia ha des-arrollado un pensamiento basado en categorías binarias dicotómicas que han sustentado la inferioridad de las mujeres, al asociarlas con la naturaleza, frente a la superioridad del pensamiento racional. El cuerpo se ha

construido como el representante por excelencia de la naturaleza, y por tanto, es una realidad que debe ser controlada y sobre la que se ejerce el poder. Además, a la diferencia corporal entre hombres y mujeres se le atribuye un significado valorativo que sirve para justifi-car y legitimar la subordinación y opresión de las muje-res, al tiempo que garantiza la preeminencia masculina en aquellos ámbitos que son considerados de mayor importancia.

En muchas sociedades, las mujeres son consideradas las depositarias del honor de la comunidad. Además, las mujeres son las transmisoras de generación en generación de los valores y las tradiciones considerados propias de una cultura, puesto que en ellas recae la socialización y educación de los miembros de la comu-nidad.22 Mediante la violación de las mujeres se logra romper esta cadena transgeneracional de honor. Esta situación resulta de particular importancia en los gru-pos etnopolíticos, en muchos de los cuales se han con-trolado los límites del grupo mediante el control de la sexualidad de la mujer: la reproducción del grupo tiene lugar dentro de unos límites establecidos. Así pues, la violencia sexual y los embarazos forzosos en los conflic-tos armados con un componente étnico o nacionalista

Cuadro 8.2. La violencia sexual en Myanmar

A lo largo del año 2007 se produjeron numerosas denuncias relativas a la utilización de la violencia sexual como arma de gue-rra por parte de las FFAA de Myanmar en las operaciones de contrainsurgencia llevadas a cabo en varios estados con presen-cia de grupos armados de oposición étnicos. Estos abusos por parte de las fuerzas de seguridad de Myanmar han sido cons-tantes y continuados en los años de conflicto armado. Las principales víctimas de esta violencia sexual han sido mujeres civiles pertenecientes a los diferentes grupos étnicos del país.

Por este motivo, la organización de mujeres Women’s League of Chinland presentó el informe Unsafe State. State-sanctioned

sexual violence against Chin women in Burmadenunciando la utilización de manera sistemática de la violencia sexual

con-tra las mujeres de la etnia chin, con-tras haber investigado unas 40 denuncias de mujeres víctimas.20El alto grado de

estigmati-zación de las mujeres víctimas de la violencia implica que el número de denuncias sea mínimo, ya que la mayoría de actos de violencia sexual no son denunciados por el temor de las mujeres a las consecuencias de las denuncias y la exclusión que puede conllevar el hecho de revelar el haber sido víctima de la violencia sexual. La Women’s League of Chinland denuncia en su informe que bajo el régimen militar de Myanmar, las mujeres y las niñas se encuentran bajo riesgo constante de violación, y que la violencia sexual es utilizada por las fuerzas de seguridad como una herramienta de control social para aterrorizar a la población civil. La completa impunidad en la que quedan estos crímenes dificulta su denuncia y perpetúa la constante amenaza sobre la población civil. Además, el hecho de que en numerosos casos los responsables de esta violencia sean ofi-ciales de alto rango favorece que sea vista como un patrón de conducta aceptable para las fuerzas de seguridad. Muchas de las mujeres que son víctimas de la violencia sexual se convierten posteriormente en refugiadas o desplazadas como conse-cuencia de ésta.

En ocasiones anteriores, han sido organizaciones de mujeres de otros grupos étnicos, como los karen o los shan, quienes han denunciado la utilización de la violencia sexual de manera sistemática contra las mujeres a las que se acusa de prestar apo-yo o ser simpatizantes de los diferentes grupos armados étnicos que operan en el país. La violencia sexual también es utili-zada como un instrumento de represión contra las activistas de la oposición política al régimen dictatorial, pero a diferencia de las mujeres que pertenecen a algún grupo étnico minoritario, la violencia sexual contra las mujeres birmanas (etnia mayo-ritaria) se produce generalmente como consecuencia de su detención y no tiene un carácter tan indiscriminado como el de la violencia sexual contra las mujeres pertenecientes a algún grupo étnico minoritario.

18. Aguilar, Y., “El carácter sexual de la violencia contra las mujeres” en Las violencias en Guatemala. Algunas perspectivas, UNESCO, Colección Cultura de Paz No. 10. Guatemala, 2005.

19. Bocchetti, A., Lo que quiere una mujer, Ediciones Cátedra, colección Feminismos, 1996. 20. <http://www.womenofburma.org/Report/UnsafeState.pdf>.

21. Coomaraswamy, R. , A Question of Honour: Women, Ethnicity and Armed Conflict, 1999 <http://www.sacw.net/Wmov/RCoomaraswamyOn Honour.html>.

22. Kandiyoti, D., “Guest Editor’s Introduction. The Awkward Relationship: Gender an Nationalism” en Nations and Nationalism, Vol. 6, No. 4, 2000, pp. 491-99.

tienen también el objetivo de romper estas fronteras creadas. El ejemplo más conocido tal vez sea de la gue-rra de Bosnia y Herzegovina, cuando miles de mujeres bosnias fueron violadas por serbios con la intención explícita de que engendraran un hijo serbio. Además, muchas mujeres fueron encarceladas en el transcurso de su embarazo para garantizar que no abortarían.23En estos casos se puede hablar de un doble control sobre el cuerpo de las mujeres: por un lado, el que ejerce la comunidad de origen al conferirle la obligación de reproducirse dentro de los límites de su grupo de refe-rencia y siguiendo las pautas impuestas por dicho gru-po; en segundo lugar, el control forzado por el enemigo al obligarle a transgredir estos límites, que además se convierte en el símbolo del control sobre todo el grupo al que la mujer pertenece.

Hay que añadir que el proceso posterior a la violencia sexual suele estar caracterizado por la marginación y la estigmatización de las mujeres que han sido víctimas de esta violencia, a las que se culpabiliza y responsabi-liza de lo ocurrido, de no haber sido capaces de evitar-lo, acusándolas incluso de haber experimentado disfru-te de la experiencia sexual. La sexualidad femenina, como casi siempre, aparece rodeada del aura de la cul-pabilidad, a pesar de tratarse de situaciones forzadas de enorme violencia.

Esta estigmatización refuerza la invisibilidad en la que acostumbra a tener lugar la violencia sexual, puesto que apenas es denunciada por el temor de las víctimas a ser consideradas culpables. Tal invisibili-dad por un lado perpetúa la impuniinvisibili-dad de los

agreso-23. Rehn, E. y Johnson Sirleaf, E., Women, War and Peace: The Independent Experts’ Assessment on the Impact of Armed Conflict on Women and Women’s Role in Peace-building, UNIFEM, 2002.

24. Para más información sobre los crímenes cometidos puede consultarse la declaración pública hecha por Yakin Ertük el 27 de julio en <http://www.monuc.org/News.aspx?newsId=15062>.

Cuadro 8.3. La violencia sexual en RD Congo

Durante el mes de julio la Relatora Especial de Naciones Unidas sobre la Violencia Contra las Mujeres, Yakin Ertük, llevó a cabo una visita a RD Congo para evaluar sobre el terreno la situación de las mujeres en el país. La visita estuvo fundamental-mente centrada en la cuestión de la violencia sexual, dada la gravedad y el impacto que esta violencia está teniendo sobre las mujeres en el país, especialmente en las que viven en la zona del este. La Relatora Especial calificó la situación que atravie-san las mujeres en los Kivus como la crisis más grave en el ámbito internacional de la que tiene noticia. No obstante, Yakin Ertük señaló que no puede aislarse la situación de violencia sexual que padecen las mujeres, del continuo de violencia al que se ven sometidas diariamente en sus hogares y comunidades, en una sociedad en la que esta violencia ha pasado a ser percibida como un hecho normal.

La violencia sexual es utilizada contra las mujeres en RD Congo, y especialmente en las provincias de Kivu Sur y Equateur, de manera sistemática y generalizada por los grupos armados de oposición, las FFAA, la Policía Nacional Congoleña y de manera creciente por la población civil. Según las cifras ofrecidas por la coalición South Kivu Provincial Synergie on Sexual Violence, integrada por el Gobierno, Naciones Unidas y representantes de la sociedad civil, en los primeros seis meses del año, sólo en esta provincia se habían registrado 4.500 casos. Por su parte, la comisión local sobre violencia sexual habla-ba de 5.470 casos de violencia sexual denunciados en este mismo periodo. En cualquier caso, hay que señalar que se tra-ta de los casos denunciados, y que la violencia sexual es uno de los crímenes menos denunciados, por lo que cabe prever que la cifra real de víctimas sea mucho mayor. Por otra parte, los servicios sanitarios de la zona atienden alrededor de 3.500 casos anuales de mujeres con fístula obstétrica causada por las agresiones sexuales, una de las más graves consecuencias de esta violencia, no sólo por el sufrimiento que provoca, sino también por el ostracismo social que acarrea a las mujeres que la padecen.

Además de la magnitud de las cifras, la Relatora Especial puso un especial énfasis en denunciar la brutalidad de la violencia sexual en esta zona, con actos que traspasaban con creces la gravedad de la violación.24Gran parte de las agresiones son cometidas por integrantes de los grupos armados de oposición extranjeros que operan en la región, algunos de los cuales estuvieron implicados en el genocidio de Rwanda en 1994. Según señala la Relatora Especial en su declaración, muchas de las atrocidades cometidas en la actualidad en los Kivus repiten los patrones de las que se cometieron por las milicias Inter-ahamwe en aquella ocasión. Esta situación pone de manifiesto las consecuencias a largo plazo que sobre la población civil, y en concreto sobre las mujeres, tiene el hecho de que queden impunes graves violaciones de los derechos humanos como es la utilización de la violencia sexual como arma de guerra.

Las fuerzas de seguridad de RD Congo, tanto policía como FFAA, son responsables de aproximadamente un 20% de los casos de violencia sexual que se denuncian, según el informe de la relatora. Además, cabe señalar que las fuerzas de seguridad no son responsables únicamente de la violencia sexual que se comete en zonas en conflicto armado, sino que ésta también es cometida en otras zonas donde las disputas ya han finalizado por parte de antiguos integrantes de grupos armados de oposi-ción que se han integrado en la policía o FFAA sin que haya habido mecanismos para excluir de estos procesos a responsa-bles de graves violaciones de derechos humanos. También algunos combatientes desmovilizados están siendo responsaresponsa-bles de la violencia sexual, que de manera creciente se está extendiendo entre la población civil. Por otra parte, en varias ocasio-nes el personal de la MONUC ha sido objeto de denuncias y de investigacioocasio-nes sobre la comisión por parte de algunos de sus integrantes de actos de violencia sexual.

res, y por otro multiplica los obstáculos a los que debe hacer frente la víctima para superar lo ocurrido, pues-to que se restringe el apoyo social con el que puede contar. Además, esta estigmatización también tiene consecuencias de tipo económico, puesto que gene-ralmente lleva a la exclusión del tejido social, laboral y productivo comunitario y, en muchas ocasiones, al rechazo familiar de las mujeres que han sufrido la vio-lencia sexual. Por otra parte, en el caso de las mujeres dependientes económicamente o con muy escasos recursos, las dificultades para poder salir de una situación de violencia son mucho mayores. Esta situa-ción se agrava todavía más en el caso de

aquellas personas que como resultado de la violencia sexual han sido contagiadas de enfermedades de transmisión sexual, como el VIH/SIDA.

A las denuncias de la Relatora Especial sobre la Violencia contra las Mujeres se sumaron las de Stephen Lewis, antiguo Enviado Especial de Naciones Unidas para el SIDA en África, quien también denunció

la gravedad de la situación en RD Congo, calificándola de “holocausto” para las mujeres. El antiguo Enviado de Naciones Unidas señaló que medidas como el incre-mento en el número de tropas desplegadas así como la intervención de la Corte Penal Internacional eran insu-ficientes e inadecuadas para hacer frente a una situa-ción como la de RD Congo, dada la magnitud del impacto de la violencia sexual.

En el mes de noviembre, la Asamblea General de la ONU aprobó la resolución para la “Eliminación de la

violación y otras formas de violencia sexual en todas sus manifestaciones, incluso como instrumentos para alcanzar objetivos políticos”. Dicha resolución insta al

Secretario General a que se haga un seguimiento de los contextos en los que la violencia sexual es utilizada como un instrumento para alcanzar objetivos políticos y de cuenta de este seguimiento a la Asamblea General. En este sentido, UNIFEM ha señalado que en al menos

15 contextos que se encuentran actualmente en situa-ción de conflicto armado, o lo han estado en años recientes, se han registrado denuncias sobre la utiliza-ción de la violencia sexual como arma de guerra:

Afga-nistán, Burundi, Chad, Colombia, Côte d’Ivoire, RD Congo, Liberia, Perú, Rwanda, Sierra Leona,

Cheche-nia, Darfur, Sudán, Uganda y la antigua Yugoslavia. Por otra parte, de acuerdo con el informe publicado por elcentro de investigación Geneva Centre for the Demo-cratic Control of Armed Forces en este año, en 49 de

51 casos analizados de contextos que en los últimos 20 años han atravesado un conflicto armado, se ha

docu-mentado la utilización de la violencia sexual como arma de guerra por parte de los diferentes actores armados.25

Además, en esta resolución se pide a los Estados que redoblen las medidas para poner fin a la impunidad y se destinen más recursos a la atención a las víctimas, en especial en lo que respecta a la salud sexual y reproductiva así como a las consecuencias psicosociales de esta violen-cia. La resolución reconoce explícitamente que la violencia sexual es una consecuencia directa de las relaciones desiguales de poder que hombres y mujeres han manteni-do a lo largo de la historia, y pone especial énfasis en la utilización de la violencia sexual como un instrumento que persigue objetivos políticos como la humillación y la dominación de determinados grupos étnicos o de otra índole.